Entrevista a Carla Subirana, directora de «Volar»

Corría el año 2013, y yo era el responsable de una web de aviación y simulación aérea con más de quince mil inscritos, medio millón de visitas mensuales, y más de veinte foros de aeronáutica. Una web que creé en agosto de 2003.

También escribía decenas de artículos sobre aeronáutica, y yo mismo daba formación de vuelo en clases online, además de hacer de «agressor» con aviones rusos MiG-29 y Su-27. Los «Agressor» son pilotos que hacen de «malos» usando tácticas rusas para entrenar a otros pilotos.

Conferencias, charlas, comidas, presentaciones, incluso charlas sobre aeronáutica y astronáutica en escuelas de ingeniería de aviación, como la que se puede escuchar en este enlace.

Pero la presión era excesiva, y lo fui dejando. Aquello ya no era un entretenimiento, era un trabajo. Gestionar las alas de vuelo, los foros, las reuniones, las presentaciones, todo aquello me estaba volviendo loco. Tenía que dejarlo todo. Y, un día, les dije: «adiós amigos, muchas gracias por todo». Lo siguiente fue escribir los libros de la saga que se inició con «La leyenda de Darwan», donde los tres libros fueron número 1 durante un año en categoría absoluta en la web literaria de «Entreescritores» con decenas de comentarios muy amables de los lectores.

Pero de aquella época he querido rescatar un documento al que le tengo un cariño especial, porque me metió en la piel de algo lejanamente parecido al papel de periodista. Tuve la oportunidad de entrevistar a Carla Subirana, profesora en la Universidad de Barcelona, y directora de cine. Acababa de rodar su último trabajo: «Volar», que estaba centrado en la Academia General del Aire.

Carla Subirana, directora de «Volar».
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Mamá: yo quiero ser piloto

Estaba el otro día en una playa de la Costa Dorada, en la provincia de Tarragona. Era de noche, y estaba todo muy animado, con restaurantes a todo tren y gente en la playa, la cual está perfectamente iluminada con el fin de evitar peligros.

En ese momento, apareció un helicóptero a baja altura, pasando muy lento. Posiblemente algún rescate, alguna búsqueda. De pronto, cien mil niños de entre dos y doce años aparecieron de no se sabe dónde, e invadieron la playa señalando el helicóptero.

¿Qué había ocurrido? Algo que lleva pasando desde que los hermanos Wright realizan su primer vuelo en 1903: que a muchos de nosotros, desde que somos unos pequeñajos, nos gustan los aviones, y los helicópteros. O, al menos, nos llaman la atención. Ya de mayores muchos pierden el interés claro, pero otros muchos, entre ellos yo, seguimos con nuestra pasión por la aeronáutica. Algunos de forma activa incluso.

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Chicas, ¿queréis ser piloto de líneas aéreas? Adelante y no dudéis, el cielo también es vuestro.

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