Mundos de ayer y de hoy

Nota: este texto es una introspección personal.

Uno de los signos más claros de que estoy en la etapa final de mi vida es el comportamiento de la gente a mi alrededor. En el tren, o en el metro, la gente se ofrece amablemente a cederme su asiento. Dos veces me ha ocurrido recientemente, y en la segunda han insistido tanto que casi me he visto obligado a aceptar.

Han pasado los años, y eso se ve y se nota, y quizás yo tenga una parte de responsabilidad, por haber vivido tantos años. Si me hubiese muerto, digamos, con cuarenta años, no habría tenido que pasar por esta situación de ver cómo me ceden el asiento. Pero no me morí con cuarenta años, y ahora estoy terminado y decrépito. Las veces que he pasado por el hospital y las tres ocasiones en las que casi dejé este mundo no ayudan, es evidente.

galaxia
Las estrellas son el camino para encontrarnos con nosotros mismos, mirarlas es mirar nuestro pasado, y nuestro futuro

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