De mi deber con la literatura y las letras

La revista de literatura de ciencia ficción y fantasía “El Club de la Fábula” ha publicado una entrada sobre “Mensajero del Nastrond I: Omega”, Libro XIV de la saga Aesir-Vanir. Pero, antes de que deje de leer pensando que esto es publicidad, permítame indicarle que no es así. Si quiere seguir leyendo, verá que no voy a hablar de mi trabajo en este medio siglo soñando con las letras; voy a hablar de mi experiencia personal como resultado de ese trabajo. Y voy a hablar de la revista que El Club de la Fábula publica. Porque lo merecen. Y mucho.

Sí, vengo a hablar de “El Club de la Fábula”. Y no, no vengo a marearle con mis libros, cuyos datos están en portada para quien quiera verlos. Ya he dicho muchas veces que me es indiferente la publicidad de los libros, me es indiferente que me publiquen editoriales, y me es indiferente que en cinco años no se haya hecho una reseña de ninguno de los libros de la saga. Y no, no es una ira escondida, soy infantil pero no tanto; es algo más elaborado que una rabieta de niño enfadado y caprichoso. Ya tengo una edad para esas cosas.

De eso quiero hablar hoy. De mi deber con la literatura.

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En todos estos años como escritor anónimo, como amante de las letras, como soñador de mundos, ¿a quién le debo yo algo? ¿Con quién me debo sentir recompensado en los más de cincuenta años que llevo escribiendo? O, dicho de otro modo: ¿quién es el que me preocupa y me interesa como escritor?

Se lo diré: el lector. Solo el lector.

Mi objetivo cuando escribo un libro, mi deber cuando escribo en este blog, son los lectores. Las personas que se interesan por la historia de la saga. Y las personas que se interesan por este blog. Son ellos, son ustedes, la razón por la que existe esta saga, y este blog.

¿Qué he aprendido de los concursos de literatura? ¿Qué he aprendido de las editoriales? ¿Qué he aprendido de buscar una palabra de apoyo fuera para mi trabajo? He aprendido que he de competir. Debo presentarme, y competir. Debo pedirle a una editorial que tenga a bien leer mi libro. Debo pedirle a un concurso que tenga a bien considerar mi libro para un premio. Debo pedirle a una web de literatura que tenga a bien hacer una reseña de mis libros. Y, con todo ello, estoy vendiendo mi trabajo a gente que no tiene interés en mi trabajo. Y muchas veces tampoco tienen interés en la editorial, sino solo en el término “vamos a ver qué podemos sacar de este escritor incauto”.

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¿Significa eso que soy una persona cerrada, que he dado un portazo al mundo, y me he aislado en un castillo de cristal? Ni mucho menos. ¿Por qué? Por las siguientes razones:

  • La editorial que algún día quiera publicar alguno de mis libros, podrá solicitarlo sin ningún problema. Y sin ningún problema, hablando de editor a escritor, seré muy feliz de publicar con ellos, si llegamos a un acuerdo.
  • El concurso es una competición. Queda por lo tanto descartado. Sí, me presenté a concursos cuando la mayoría de gente que escribe hoy día iba en pañales o no habían nacido. Y gané concursos, y perdí concursos. En el instituto, y luego en concursos en una época en que no existía Internet. Incluso gané un concurso literario en el ejército, en la revista militar Moncayo. Está ahí, pueden leer mi texto firmado por mí en la hemeroteca militar, me dieron una semana de permiso por ganar el concurso. ¿Y qué aprendí de los concursos? Que la única competición que vale la pena ganar es con uno mismo. ¿Qué sentí cuando gané algún concurso? Nada. Un vacío inmenso. Gané incluso algún dinero, y no sentía nada. Los concursos no me daban nada. Solo un interés creciente por seguir compitiendo. Los concursos dopan. Especialmente cuando ganas. Quieres más. Y cuando pierdes es peor, porque al final casi siempre pierdes; el dolor es enorme. No. Decidí hace más de treinta años que son los lectores con los que compito. Y conmigo. Y nada más.
  • Por las reseñas de blogs ahora, y de revistas literarias antes. Porque cuando empecé solo había revistas literarias en papel claro. ¿Tengo que ir rogando que me hagan una reseña? ¿A cambio de qué? ¿De dinero? ¿Soy bueno porque salgo en una revista, y salgo en una revista literaria porque he pagado? Eso es comprar un anuncio disfrazado de reseña literaria. Eso no es una reseña: eso es mercancía. Que digan que mi obra es fantástica porque he pagado es un insulto a mi trabajo. Por lo tanto, no hay reseñas. Ni quiero que las haya. No pagaré ni un euro por ellas.
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Cuando la máquina de escribir arda y se rompa en pedazos comenzaremos a sentirnos verdaderos escritores

Entonces, ¿por qué sale una entrada de uno de mis libros en “El Club de la Fábula? Porque ellos son especiales. ¿En qué sentido? Ellos lo dejan muy claro: “paga por una promoción, y hablaremos de tu libro”. Pero no lo pondremos por las nubes. Simplemente, informaremos de ello. Es publicidad. Y aquí viene la pregunta: ¿por qué en esta ocasión he pagado por publicidad?

Porque ellos hacen un trabajo de divulgación de la ciencia ficción y la fantasía con unas ganas y un entusiasmo enormes. Y yo he decidido que voy a apoyar ese trabajo con algo de dinero. Por eso me hice socio de la revista. Por eso he contratado su servicio, en el cual ganamos todos. Ellos cobran por un trabajo excelente, y yo obtengo una publicidad. Y por eso voy a seguir apoyándoles, hablando de ellos, y con dinero por supuesto.

Muchos piensan, creen, que una revista como la que ellos publican aparece por generación espontánea. Y no es así. En absoluto es así. El trabajo que hay detrás de cada número en papel es enorme, es brutal, es un trabajo durísimo. Pero, ¿por qué lo hacen entonces? Yo se lo diré:

Porque aman su trabajo. Aman la literatura. Aman la ciencia ficción. Aman la fantasía.

¿Cómo no voy a estar entonces con ellos? Son gente real, que hace un trabajo real. No vienen engañándote como otros, como esas editoriales que te venden un sueño que es una mentira gigantesca. Esta gente es simplemente auténtica, real, y ama la literatura, y lo demuestran cada día. Por eso, por ese motivo, yo estoy con ellos. Ahora. Y siempre.

De eso va la entrada de hoy. De un grupo de gente entusiasta de la literatura. Del sueño de crear, y sobre todo mantener, una revista literaria. Ese trabajo no solo merece un total respeto; merece un apoyo total.  Y en mí tendrán, siempre, un apoyo total. Con anuncios, y sin anuncios.

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La revista nº 5 de El Club de la Fábula en papel, y mi perrita Lyra por supuesto

Seamos auténticos, por favor. Seamos sinceros, para la vida, y para las letras. Dejemos ya de una vez ese mercantilismo brutal y monstruoso que lo ha inundado todo. Volvamos a las letras puras y desnudas de los libros. Volvamos a hablar de literatura y de escritores, no de balances contables ni de facturación. Volvamos a pensar en mundos imposibles, y a soñar con historias maravillosas, y dejemos ya de lado de una vez el querer abarcar el mundo de las letras, y del arte, a base de talonario.

Seamos auténticos. Por una vez en la vida. Entonces podremos volver a sentir que el arte se expresa por sí mismo, sin el control del dinero, sin la presión de la competición, sin tener que escalar puestos en blogs y concursos.

Seamos escritores y lectores. Nada más. Y nada menos.


 

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Autor: Fenrir

Escritor aficionado, me gusta la aviación, el cine, la cerveza, y una buena charla sobre cualquier cosa que ataña al ser humano.

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