Conocimiento y mente racional

Nota: llevaba unos días sin consultar las estadísticas. Suelo hacerlo cada dos, tres días. Pero ayer se sobrepasaron las 350 lecturas de artículos en un solo día, muchos de esos artículos relacionados con temas de filosofía y humanidades. A primera hora de la mañana ya se llevan 130 lecturas también sobre todo en humanidades.

Para un blog sencillo y sin eco como este, es todo un logro. Y es por ustedes. Así que, desde el fondo de mi corazón: muchas gracias.

Generalizaciones y determinismo intelectual.

Aunque generalizar es muy problemático, nos vemos obligados a hacerlo para poder definir normas, estilos y diseños en el universo en el que vivimos. A veces las generalizaciones son muy crueles, cuando tratan al individuo, pero incluso así nos dan una guía del comportamiento del ser humano. “Las rubias son tontas”. “las mujeres no saben conducir”. “Los japoneses tienen peor vista que los occidentales” (esto se decía en los años 30 del siglo XX).

Estas generalizaciones son absurdas y estériles, y nos determinan a seguir estereotipos, porque las mujeres, sean rubias o morenas o pelirrojas, nunca son tontas. Son mujeres, y son seres humanos, y lo que estamos haciendo es menospreciar algo de ellas por un tinte machista que se nos ha enseñado e inculcado en una sociedad que enseña que las rubias son guapas y tontas, y las morenas feas e inteligentes. Los tópicos poblacionales son igualmente absurdos. Yo he vivido en Andalucía, en Cataluña, en Madrid, y en otras zonas de España y del mundo. Y en todas partes he encontrado de todo, como no podía ser de otra forma.

conocimiento-empirico

Las sociedades cambian; el individuo es constante.

Es más: si pudiésemos viajar a, por ejemplo, la Atenas de Pericles, o a la Roma de Claudio, ¿qué encontraríamos? Ya se lo digo yo: los mismos seres humanos. Veríamos a hombres y mujeres que nos recordarían muchísimo a nuestros vecinos, hermanos, padres, amigos. No tendrían teléfonos móviles ni tendrían televisión, pero no serían unos bárbaros ignorantes. Nos sorprenderíamos de las cualidades humanas y de conocimiento de muchos de ellos. Adaptadas a la época, claro. Pero no olvidemos una frase fundamental sobre el ser humano:

“No es más inteligente quien más conocimientos tiene, sino aquel que sabe extraer mejores resultados de sus conocimientos y obtener un beneficio por ello, sea personal, laboral, social, o político”.

El problema del modelo educativo.

El problema deviene del modelo educativo occidental, basado en la simple acumulación de conocimientos. Si bien no deja de ser importante mantener la mente fresca y activa mediante la recolección de datos y su memorización, centrar compulsivamente el objetivo educativo en que los estudiantes dispongan de enormes almacenes de datos en sus mentes, y felicitar a quien tiene más capacidad para ello, no hace más que desviar la atención del objetivo real: que el estudiante puede terminar su vida educativa con una, dos, tres carreras. Y será felicitado por ello. Y luego veremos cómo ese mismo estudiante no sabe aplicar esos conocimientos. ¿De qué le vale tener una memoria enciclopédica, o una gran rapidez resolviendo problemas matemáticos, si no sabe deducir ni una sola conclusión válida y efectiva, mucho menos crear una sola teoría que le permita obtener un rendimiento de esos datos?

Recordemos una frase crítica:

“La humanidad no ha evolucionado en una sociedad moderna tanto porque sabe resolver problemas, sino por saber crearlos, y luego, resolverlos”.

Ese es el secreto: plantear problemas, y mucho más, poder resolverlos convenientemente.

La paradoja del individuo de silicio.

La paradoja del individuo de silicio (término que me acabo de inventar en este momento) dice que,

“Para que un individuo obtenga un beneficio del conocimiento, debe dejar de almacenar información en la forma en la que lo hacen los ordenadores con sus chips de silicio, para empezar a desarrollar esa información en forma de hipótesis, teorías, teoremas, y axiomas, con el fin de dar finalidad a nuevas herramientas que permitan al ser humano mejorar en su comprensión del universo. Pasará entonces de ser un individuo de silicio a ser un individuo de carbono, y podrá hacer uso de ese conocimiento”.

Los ordenadores, las computadoras, son enormes almacenes de datos. Saben gestionarlos. Saben clasificarlos y calcularlos. Pero no saben qué hacer con ellos. Para eso los hemos de programar. El resultado es conocimiento. Pero atención: ese conocimiento no deviene del ordenador, sino del programador que ha sabido modelar un algoritmo que extrae información. Y eso me recuerda a algo que nos dijo un viejo profesor de arquitectura de computadoras el primer día de mis clases de informática:

“No debe confundirse dato con información. El dato es un valor absoluto sin más. La información es la obtención de conocimiento. Por ejemplo. Dos toneladas de manzanas, tres toneladas de naranjas. Derivo de ello que es posible que las manzanas tengan este año un coste más caro en el mercado debido a su menor producción. Luego me quedo con las manzanas. Pero las ventas de naranjas serán mayores. Deberé decidir dónde voy a obtener mayor beneficio”. 

Esa conclusión es información. De manzanas y naranjas, datos, obtenemos información: beneficio de ventas.

Capacidad analítica.

El fin último del individuo en relación al conocimiento no es por tanto la obtención de datos que pueda almacenar, sino el análisis de ese conocimiento. Esto lo vemos constantemente con los famosos “bulos” o “fakes” de Internet.

Le pongo un ejemplo de bulo que he preparado de un conocido periódico español, “El Periódico”. He elegido este como podría haber elegido cualquier otro.

bulo_elperiodico1

¿Ha visto? Quién lo iba a decir. Donald Trump, que sugirió inyectarse jabón en los pulmones para curar el Covid-19, resulta que tenía razón, y le van a dar el Premio Nobel de Medicina.

Esto, por supuesto, es un montaje que he hecho, y me ha llevado tres minutos, de reloj, prepararlo. Si a mí me cuesta tres minutos hacer algo así, piense lo que puede montar un equipo profesional de bulos con tiempo y dinero.

Sin embargo, que Donald Trump diga que sería bueno inyectarse jabón en los pulmones ha tenido un efecto en parte de la población, teniendo que ser tratada por seguir los consejos de su líder. ¿Cómo puede alguien llegar a  tragar o inyectarse jabón para curarse de un virus? Por una sencilla razón: no han sido formados en la técnica de usar un espíritu crítico, y cuando su líder les dice que hagan algo, lo hacen, como si fuesen robots.

Manipulación política: no siempre, y no todos, pero sí existe.

Esto, que aquí es tan evidente, está sucediendo constantemente con los líderes políticos. ¿Es usted de derechas, o de izquierdas, o de centro? Sea como sea, sepa que los líderes de partidos del otro bando manipulan y usan todo tipo de técnicas para convencer a sus seguidores. Si usted es de izquierdas, verá que la derecha manipula. Si usted es de derechas, verá que la izquierda manipula. Pero, ¿por qué a muchos les cuesta aceptar que sus propios líderes también manipulan, o mienten? No todos. Y no siempre. Pero un político es un individuo que no confía en la verdad, sino en el uso de una verdad configurada para ser agradable al oído de sus seguidores. Otros, directamente, manipulan la información.

Usted deberá aprender a ver cuándo los políticos, sean del partido que sean, están manipulando y tergiversando la información, y cómo. Porque hay muchas formas de decir la verdad, sin llegar a mentir, pero sin contar la historia completa. Y de eso se sirven y se valen los políticos para usar la información para obtener el máximo rédito político.

Asimov y la era anti-intelectual.

Ya comenté una vez, y me gustaría incidir en ello, cómo el famoso escritor Isaac Asimov, mi padre intelectual, denunció en los años ochenta el problema de lo que ahora llamamos “fakes” o bulos. Se resume de forma muy sencilla:

“Mi ignorancia vale tanto como tu conocimiento”.

Bajo este argumento, y amparados en grandiosas frases sobre la libertad del individuo y la libertad de expresión, muchos insisten en que se deben tener en cuenta argumentos y falacias totalmente falsos, porque es su derecho constitucional expresarlos, y mucho más, tenerlos en cuenta.

Así, nos encontramos con absurdos debates televisivos donde prestigiosos científicos tienen que contraargumentar los argumentos pseudocientíficos de personas, con el agravante de que los periodistas y televisiones y radios insisten en que tienen derecho a expresarse y a hablar libremente, por una confusión muy evidente: la libertad de expresión no implica que deba valorarse igual siempre y con el mismo peso lo que cualquier individuo diga. Porque, bajo esa premisa, podemos llegar a defender que la Tierra es plana, y encontrarnos debates sobre si es realmente plana o no.

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El mundo es complejo.

Cuando un político dice “verdades como puños” o tiene “soluciones definitivas que la oposición no sabe aplicar” debe usted empezar a preocuparse. Cuando los políticos hablan de patria, de banderas, de himnos, de orgullo, de historia, de fuerza de la raza, de la superioridad de sus seguidores, y de los enormes errores de los demás, y cuando nunca reconocen ni un solo éxito de aquellos que no son sus benefactores, entonces debe usted empezar a preocuparse. Cuando todo se soluciona en base a discursos y aplausos, y cuando todo es crítica hacia afuera, debe usted comenzar a preocuparse.

Unos partidos lo hacen más, otros menos. Todos usan algunas veces estas técnicas. Pero, para algunos, es su estrategia fundamental, y es más, es su única estrategia.

¿Por qué funciona? Por lo que comentaba al principio: porque esos discursos van dirigidos a personas que no han desarrollado un espíritu crítico, y siguen esta máxima:

“La verdad es aquello que quiero oír”.

Por lo tanto, para captar a estos individuos, ¿qué hay que hacer? Fácil: decirles lo que quieren oír. Se unirán a nuestros argumentos, y nos seguirán ciegamente. Cuanto más se les intente demostrar lo contrario, más se encapsularán en sus ideas. Terminarán escuchando solo las noticias de su interés, los periódicos de sus interés, y los grupos de Facebook de sus interés. En Twitter denotarán un apoyo ciego a los suyos, y un ataque casi enfermizo a los demás.

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Solución: capacidad analítica.

La solución pasa por desarrollar en el individuo capacidades analíticas, que le permitan distinguir cuándo está siendo manipulado, y en qué grado. Para ello, el individuo debe haber sido formado, desde su juventud, en un espíritu crítico, pero con mente abierta. No vale criticarlo todo, ni vale no criticar nada. Vale analizar los hechos, contrastarlos, buscar las fuentes, verificarlos, y compararlos con otros estudios y fuentes.

La filosofía, una vez más, es una herramienta fundamental para ello. Como ya he explicado otras veces, formar a las personas en el conocimiento de la filosofía es enseñarles a pensar de forma crítica y racional. Y, de este modo, podrán disponer de una herramienta de primer orden para poder valorar cada hecho, cada imagen, cada palabra, y obtener las conclusiones racionales y lógicas esperadas.

Si quiere más información, este enlace lleva a uno de los artículos más leídos en el blog, y en el mismo expongo qué es la filosofía, y cómo puede ayudarnos. No seremos críticos perfectos. Pero podremos dudar. Y la duda es el origen del conocimiento y de la verdad. Muchas gracias.


 

Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

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