Fronteras de la ciencia y mentiras sociales

Vamos hoy a adentrarnos en un tema que es una constante universal en el comportamiento humano: el difícil, precario, y siempre complejo equilibrio entre ciencia, conocimiento, y mística. Ciencia para conocer el mundo, conocimiento para poder seguir creando ciencia, y mística para dotar al ser humano de ese componente único que le lleva a plantearse cuestiones que la ciencia no puede responder, y quizás no pueda nunca. O quizás sí. Todo ello aderezado por la inagotable y casi siempre distorsionada información de las redes sociales, especialmente de ese monstruo llamado Facebook, verdadero devorador de mentes.

En mi vida diaria, por distintos motivos, suelo tener conversaciones con dos personas que no se conocen entre sí, y que no tienen nada que ver el uno con la otra. Cuando hablo de conversaciones, no me refiero a WhatsApp, a chats, a correos, o al Messenger. Me refiero a esas conversaciones que tenía antes la gente, cara a cara, y escuchando el sonido directo que emana de sus gargantas.

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Elon Musk, que dice que llevará 100 seres humanos a Marte para 2022 y sus motores siguen explotando, es uno de esos hombres que se mueven con grandes noticias llenas de interrogantes

Uno de los dos a los que me refiero es un científico, un doctor en física teórica que trabaja en la facultad de física de una universidad, tocando temas relacionados con la mecánica cuántica. Ha publicado varios artículos recientemente en revistas especializadas en la materia. La otra, una mujer que dirige una empresa, y que considera al universo un sistema en el que la ciencia juega un papel, pero siempre teniendo en cuenta, en su opinión, que el universo trasciende la ciencia, existiendo componentes del mismo que nunca podrán ser explicados, y que son consustanciales con el propio universo. Fenómenos enlazados con el ser humano de formas no explicables racionalmente, o, al menos, no con la racionalidad que la ciencia puede aportar en la actualidad.

Yo mantengo con cierta regularidad conversaciones con estas dos personas, que se hallan sin duda en polos opuestos en muchos aspectos. Y me ocurre un extraño fenómeno: cuando estoy con el científico, intento abrir su mente a nuevas posibilidades. Le explico que la imaginación, los sueños, el ansia de conocimiento, han abierto la ciencia a elementos que científicos antiguos consideraban completamente fuera de la ciencia, y que descartaban sistemáticamente. Fue la imaginación de hombres y mujeres que fueron más allá de la ciencia las que abrieron las puertas a nuevas posibilidades. A nuevos futuros. A nuevos retos.

Cuando estoy con la empresaria, mi camino es el contrario: le explico que no puede abrir la mente a posibilidades ilimitadas y creer en cada nueva idea que no tiene base científica alguna. Que todo fenómeno, por inexplicable que parezca, debe ser medido, consensuado, y analizado por el método científico. Que el universo es increíblemente complejo, y que estamos muy lejos de comprenderlo en su totalidad, y puede que nunca lo consigamos. Pero que eso no es motivo para abrir las puertas a la imaginación, y a crear teorías sin ninguna base, para explicar cada pequeño detalle no explicado por el método científico en la actualidad.

Llegados a este punto, me veo a mí mismo tomando partido por la postura del otro individuo cuando hablo con cada uno de ellos. Uno, el pragmático, el frío, el que solo da valor a las cosas cuando las cosas tienen valor medible y cuantificable. Otra, que da rienda suelta a todo lo que llega a sus oídos, y que persigue cualquier nueva noticia, cuando más esotérica y estridente mejor, con ahínco y con entusiasmo.

Ya hablé en otra ocasión de los límites del conocimiento, y ahí intenté trasladar la idea de la hipotética incapacidad del ser humano de poder conocer el universo en su totalidad. Pero ¿qué postura es la más beneficiosa?

Lo que sería deseable, aunque técnicamente imposible, sería juntar a esas dos personas, y que cada uno expusiera sus motivos al otro para llevar adelante los razonamientos que apoya. ¿Qué ocurriría? Creo que es evidente sin necesidad de llevar el experimento a cabo: ambos mantendrían su postura con firmeza, y no habría acuerdo ni en mil años.

El mundo funciona así. Constantemente nos vemos bombardeados por información de todo tipo y origen, no solo de corte científico, sino también social, cultural, y político. En política, la manipulación de las masas está a la orden del día. En ciencia, nos vemos inundados de noticias que tienen un bajísimo nivel de realidad científica, siendo solo reclamos para conseguir atraer lectores a la página en cuestión. En lo social, nos inundan con programas e imágenes que solo pretenden una cosa: atraer al lector, o al televidente, a su página, o a su programa.

Voy a poner un ejemplo totalmente real y propio. Imagine que yo creo un artículo en este pequeño blog que se titulase:

“Yo confieso: he tenido relación con una menor”.

Fíjese. Es espectacular. Estoy confesando algo terrible, nada más y nada menos que una relación con una menor. Yo, que era viejo cuando Nerón incendiaba Roma. O cuando Moisés separó las aguas del Mar Rojo. ¡Qué escándalo! ¡Qué vergüenza! Y además, es cierto.

Claro, podemos quedarnos ahí, y repartir el titular por todo el orbe de Internet. Facebook y otras redes sociales, por no hablar de esos programas de televisión que se dedican a contar las miserias de la humanidad.

Pero podemos ir un poco más allá, y leer algo más que el titular. Dice así:

“Es cierto; tuve relaciones con una menor, cuando yo tenía 18 años. Ella tenía 16”.

¿Lo ve? Es muy sencillo. Tergiversar una verdad que no tiene nada de especial, que es muy común, que es habitual, y convertirla en una noticia sensacionalista. Muchos chicos de 18 años salíamos y salen con chicas uno o dos años menores. Ocurre al revés también por supuesto. Esto técnicamente es salir con una menor. Ya tenemos el titular. Ya tenemos la gran noticia. Una noticia que es cierta, pero que tratada con la suficiente habilidad, arruina la vida de una persona, de una empresa, de una nación. No importa el objetivo, basta con lanzar el rumor.

Esto ocurre constantemente. ¿Significa eso que todo el mundo es acusado en falso? No, claro que no. Al revés, las acusaciones en falso se detectan porque desde el primer momento tergiversan la realidad, la manipulan, y modelan la noticia para que sea efectiva para los intereses de quienes la propagan. Aprender a distinguir realidad de falsedad es algo fundamental en el desarrollo de la formación de cada ser humano.

¿Qué debemos hacer ante algo así? La postura irreflexiva y científica de negar todo por el mero hecho de no estar contrastado funciona muchas veces, pero no siempre. Ese titular sensacionalista que he puesto de ejemplo funciona porque en realidad esconde algo muy habitual: que un chico de 18 años salga con una chica algo más joven, y por lo tanto, técnicamente, una menor. La frase es cierta: el objetivo, no tiene nada de simple ni de inocente.

Por otro lado, mucha gente, más de la que podamos imaginar, cargaría contra ese “confesor” y compartiría impulsivamente esa noticia en sus redes sociales, creando una cadena donde una información, que pretende casi siempre dañar a una persona o institución, y con una información que en origen es real, se usa de forma manipulada para atacar a alguien. Ahora resulta que soy un monstruo y un degenerado.

¿Le parece exagerado? No lo crea; está ocurriendo constantemente. Diariamente. Y se usa para manipular la credibilidad y la honradez de personas e instituciones. Seres humanos, entidades sociales y culturales, empresas, países, son el blanco constante de informaciones falseadas y no contrastadas, que pueden partir de un hecho real, pero que luego se manipulan para convertirlo en un blanco para el exterminio, como decían en “Terminator”. El Terminator son personas, empresas, entidades, y países, que usan un gran poder, avalado con una gran cantidad de dinero, para atacar a otros. La víctima son aquellos objetivos elegidos para su destrucción.

¿Qué podemos hacer? La postura del científico se muestra demasiado pragmática. Lo rechazaría todo o casi todo. La postura de la empresaria es demasiado abierta; compartiría casi todo lo que le llega. Sin filtros, sin controles, sin reflexión.

Tenemos que saber que estamos siendo manipulados, o al menos, que lo intentan. Tenemos que saber que esas técnicas de manipulación son más sutiles de lo que parece. ¿Se ha dado cuenta de que muchas personas, con más o menos conciencia, eligen las noticias y amigos que más cuadran con su forma de pensar? ¿Se ha dado cuenta de que niegan, e incluso ocultan, otras informaciones? ¿Sabe a qué lleva eso?

Lleva a algo no muy recomendable: esas personas estarán rodeadas de noticias y amigos que piensan como ellos. Habrán frenado la entrada de información que no les gusta, simplemente porque no les gusta Habrán creado un paraíso de noticias y amigos acordes con sus ideales. Un reino de confort donde todo lo que leen y reciben se ajusta a sus valores, sin confrontarlos, sin ponerlos en duda. Habrán creado, en definitiva, un mundo personalizado, con la luz, el color, y el sabor que ellos quieren.

Eso es lo que hacen, y ese es el gran peligro, de las redes sociales, especialmente Facebook. Crean mundos personalizados para usted. Mundos donde todo fluye con alegría, donde toda la información nace de criterios que son los suyos, donde todas las personas ríen y piensan como usted. Un lugar donde no hay sitio para el conflicto, para la reflexión, para la duda, para el discurso, para la divergencia.

Por eso dejé Facebook. Por su tendencia a crear universos de irrealidad. Tenemos que buscar a personas que sean contrarias a nuestras ideas. Que confronten nuestras ideas. Que nos obliguen a defender nuestras ideas. Tenemos que aprender a argumentar, a razonar, y sobre todo, a ser valientes, no solo al exponer nuestras ideas, sino muy especialmente, al escuchar y valorar los argumentos y las razones de los demás. Tenemos, en definitiva, que buscar el equilibrio que nos dan nuestros argumentos y razones, frente a los de los demás.

Hoy, tras haber abandonado Facebook, que solo uso ya para temas profesionales, no recibo noticias cálidas ni sonrisas de gente a la que no le importo en absoluto. Hoy, procuro que quien me sonría lo haga con el corazón, y no con un “me gusta”. Hoy solo quiero gente abierta que confronte mis ideas, para que yo confronte las suyas. Esa es la forma de crecer. Como individuos, y como sociedades.

El pragmatismo excesivo coarta la posibilidad de ver más lejos. Al contrario, imaginar y explicar todo sin un argumento racional nos lleva al misticismo y al caos. El equilibrio se mueve entre esas dos partes. Yo intento encontrar ese equilibrio, aunque naturalmente mis prejuicios y mis valores son un impedimento enorme, porque yo estoy cargado de defectos, como bien asegurarían mis tres exmujeres.

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Pero intento ir más allá de todo eso. Por eso he perdido a “grandes amigos” que nunca lo fueron, y por eso procuro ser sincero con todo el mundo, algo que me cuesta disgustos, pero que me permite saber que, siempre, para bien o para mal, he sido sincero con la realidad, y he buscado la realidad más pura y directa. Sin colores, sin tamizar. La realidad pura y directa.

Hoy día, tras haber abandonado Facebook, me siento totalmente liberado de esa opresión nefasta que son las redes sociales. Veo al mundo un poco más claramente, y a las personas las puedo sentir, puedo ver cómo respiran, cómo miran, como sienten, porque las tengo frente a mí. No renunciemos a eso. No renunciemos a confrontar ideas, palabras, y hechos, frente a una cafetería, en un parque, o en el fin del mundo.

Conversemos abiertamente, especialmente con aquellos diametralmente opuestos a nosotros, y compartamos ideas, pensamientos y sensaciones. De forma clara y directa. Entonces habremos conseguido al menos el primer paso para desarrollar ideas más claras, más críticas, y que tienen en cuenta los valores de otros, y no solo aquellos que a nosotros nos gustan.

Porque ese es el objetivo: confrontar ideas, combinarlas, y crear un mundo mejor para todos.

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