Allá donde reina Hipnos (II)

La primera parte puede leerse en este enlace.

Esta es la segunda parte de una nueva versión muy ampliada y modificada de un relato que estaba perdido por la red, en cierto blog de literatura muy popular. Luego entró en la colección de “Sandra: relatos perdidos“, como uno de los relatos realmente perdidos, porque se da la paradoja de que esos relatos son nuevos, excepto los dos primeros.

He pensado en rescatarlo aquí ahora, y ampliarlo en contenido y guion, para convertirlo en un relato propio completo, porque explica un aspecto crítico de Sandra durante gran parte de su existencia: su necesidad de esconderse de una sociedad que la persigue implacablemente por su condición.

Sandra tiene ochenta y cinco años durante los sucesos que aquí se narran. Su fisonomía y su físico son el de una joven de unos veinticuatro años. Mide un metro ochenta, de cabello largo y negro, ojos azules, y complexión atlética, y su aspecto no es para nada casual. Sus habilidades, además, se encuentran acordes con su aspecto. Ello le ha permitido vivir durante mucho tiempo situaciones tremendamente complejas. Aunque su futuro es la clave de su existencia, algo que ella quiere negar siempre. Debe, mientras tanto, esconderse constantemente. De todo, y de todos.

Allá donde reina Hipnos

El encuentro.

Era la hora. Todo estaba a punto, tras analizar los datos una y otra vez. Había llegado el momento de contactar con Phil. Y el mejor lugar era, sin duda, la World Dreamer Web. Phil pasaba mucho tiempo en la WDW, y sin duda era probable que tuviera cierta adicción a la red neuronal de sueños. Lo cual encajaba con su perfil psicológico.

Aquella noche, Phil estaba dispuesto. Con sus defensas bajadas, se encontraba en una salón de fiestas de un lujoso hotel que no existía, tomando una cerveza que nunca fermentó. En aquel sueño de la WDW, nada era real, y todo lo era. Construida por los sueños de millones de hombres y mujeres, era el lugar ideal para huir de la realidad. Pero la realidad acecha en cada esquina, y Phil lo iba a constatar.

Sandra se acercó, y Phil la vio entrar en el bar virtual. Inmediatamente abrió los ojos ante aquella joven de ojos azules y largo cabello negro, que se acercaba sonriente a una mesa cercana con un impresionante vestido blanco. Phil tragó saliva mientras ella se sentaba a solo unos metros pidiendo una copa. Al cabo de un par de minutos, Phil decidió que tenía que intentarlo. Se levantó, y se dirigió a Sandra.

—Hola, disculpa, no eres de por aquí, ¿verdad? —Sandra se volvió hacia él, clavó su mirada azul en Phil, y sonriente, contestó:

—No, no soy de aquí. Soy de San Francisco.
—Ah, maravillosa ciudad.
—Sí. Lo que queda de ella.
—Entiendo. Entre terremotos e inundaciones… ¿Y qué te trae por aquí?
—Me dijeron que este salón de fiestas de lujo tenía muy buena música para bailar.
—¿Te gusta bailar?
—No. Pero me gusta la música que sirve para bailar. —Phil rio, y preguntó:
—¿Quieres sentarte conmigo? Te invito a una copa.
—¿Estás intentando ligar conmigo? Porque, de momento, tu corolario de preguntas previas no merecería ser tenido en cuenta ni en la peor novela barata.
—Es cierto, pero suele funcionar en la vida real. Y sería un idiota si, ante una mujer como tú, no lo intentara. Eres… impresionante.
—¿Y cómo sabes que es este mi aspecto en el mundo real? Podría tener más de ochenta años.
—Alguien así no disfraza su aspecto. Sería demasiado increíble.

Sandra se levantó, y se sentó en una butaca, frente a Phil.

—¿Cómo te llamas? —Preguntó Phil.
—Alice —mintió Sandra, que usó el nombre de su gran amiga.
—Yo soy Phil. Phil Karlsson.
—Ese apellido es sueco.
—¡Muy bien! —Exclamó Phil—. Muy poca gente lo sabe.
—¿Vas ahora a preguntarme si estudio o si trabajo? Lo digo por seguir con la conversación de novela barata.
—Algo me dice que contigo no funcionaría.
—Por supuesto que no. Pero soy estudiante. Estudio física teórica, y preparo un doctorado sobre las interacciones de las partículas hiperbariónicas, que antes se conocían como materia oscura, y su implicación como materia prima para la generación de campos antigravitatorios.
—Genial. No me he enterado de nada. ¿No es algo un poco duro todo eso para una mujer tan bella como tú?
—No tanto como tener que soportar ciertos comentarios machistas, de algunos que creen que las mujeres no podemos usar el cerebro.
—No te molestes. Es que…
—No intentes arreglarlo ahora, Phil, por favor.
—¿Y qué debo hacer para poder interesar a una mujer de tu belleza e inteligencia? ¿Estudiar física?
—No es necesario. Basta con dejar los convencionalismos, como pretender agasajarme por mi belleza o por mi inteligencia, intentando adularme a dos bandas, por ejemplo. —Phil rio de nuevo.
—Genial. Verdaderamente genial tu respuesta. Un minuto contigo, y ya quiero pasarme toda la vida a tu lado.
—Claro. Y en diez minutos seré la mujer de tu vida, y no entenderás cómo has podido vivir sin mí. Un convencionalismo más y desaparezco—amenazó Sandra falsamente.

Phil chasqueó los dedos. En un instante, estaban en un acantilado, observando el lago Kraken de Titán, con una bellísima imagen de Saturno al fondo.

—¿Te gusta? Esto de poder viajar en sueños es fantástico —aseguró Phil—. Y te agradezco que hayas venido conmigo. Tu mente no habría admitido el cambio de escenario si no estuviese de acuerdo.
—No tengo de qué preocuparme. En la WDW no hay ningún peligro físico real. Excepto encontrarse con tipos arrogantes y con un lenguaje de cortejo tan básico y pobre como el tuyo.
—¿Siempre eres tan directa?
—Lo soy. Para todo.
—Bueno, pero mi lenguaje básico ha funcionado. Sigues aquí, conmigo.
—Tienes cierto interés es cierto, que no me termino de explicar de dónde sale. Quizás podría escribir otro doctorado para explicarlo.
—¡Genial! Y quizás podrías incluirme en algún estudio futuro sobre tus investigaciones en física.
—Quizás.
—¿Has estado en Titán alguna vez?
—No, nunca.
—Volví de allí hace tres meses. La empresa minera responsable de la explotación del satélite, la Titan Deep Space Company, ha abierto un área de sus instalaciones para turismo. Con un restaurante maravilloso, con platos típicos de Titán. Un día podríamos ir a cenar allá, en el mundo real.
—Ah, ¿sí? ¿Un restaurante con platos típicos de Titán? ¿Qué platos típicos tiene Titán? ¿Pollo al hidrocarburo con gotas de metano? ¿Sopa de propileno aderezado con nitrógeno líquido? —Preguntó Sandra curiosa. Phil rio una vez más.
—No, no, ya sabes, platos que se identifican con el lugar. Todavía no se han descubierto pollos en Titán, solo vida microbiana. Pero eso ya lo sabes.
—Sí, ya lo sé. Tengo un amigo que quiere estudiar esas cosas.

Sandra chasqueó los dedos, y al momento estaban en el salón de fiestas de nuevo.

—Ahora debo irme, Phil. Gracias por el paseo a Titán. Ha sido un placer.
—¿Volveremos a vernos? —Sandra se mantuvo un instante en silencio. Luego respondió:
—¿Dejarás el lenguaje patético para ligar conmigo?
—Lo haré. Te lo prometo.
—Entonces… sí. Hay algo interesante en ti, aunque me cueste reconocerlo. ¿Qué tal mañana? ¿A esta hora?
—Aquí estaré.
—Muy bien. Sin lenguaje patético.
—Sin lenguaje patético —repitió Phil sonriente.

Sandra asintió. Phil estaba realmente atrapado por ella. Su actuación de resistencia suave había sido un éxito. Demasiada resistencia, y Phil podría desinteresarse. Demasiado fácil, y no la tendría en cuenta más que como una aventura más. El punto exacto era difícil de encontrar. Pero Sandra tenía mucha experiencia en esas maniobras. Y ser la chica fácil la convertiría en una más de las muchas que pasaban por la cama de Phil. Tenía que presentarse como un reto, que pudiera ir escalando para hacerse cada vez más interesante para él.

Ahora el siguiente paso era quedar la siguiente noche. Ahí empezarían las cosas a ponerse interesantes. Sandra no podría imaginar hasta qué punto.

La segunda visita.

Sandra llegó al salón de fiestas a la noche siguiente. En la zona donde había estado Phil no había nadie. Buscó su firma digital por la WDW sin encontrarlo. Evidentemente estaba desconectado. Quizás estaba con alguna amiguita en la vida real, o con un asunto inesperado. En todo caso, algo que era superior al interés que debería tener en ella, lo cual no era bueno.

Tras unos minutos, apareció un rostro conocido. Pero no era Phil. Para su sorpresa, quien apareció era Neisha. ¿Qué hacía ella allí? Se mantuvo lejos observando, mientras Neisha estaba sentada en una mesa cercana, con cara de preocupación. Aparecieron dos hombres, que se acercaron a ella y le dijeron algo. Ella pareció responder agitada. Los hombres siguieron hablando unos instantes, con un lenguaje gestual que era claramente amenazador. El rostro de Neisha confirmaba que algo grave ocurría.

Los dos hombres se alejaron. Neisha desapareció. Se había despertado, y vuelto al mundo real. Y estaba asustada. Muy asustada.

Sandra salió de inmediato de la World Dreamer Web, y fue directamente a casa de Neisha. Llamó, y una voz rota tras la puerta preguntó:

—Lo siento, no puedo atenderte, Sandra. Vete.
—Abre, por favor. Tenemos que hablar.
—¿No dijiste que no ibas a volver?
—Abre, Neisha, por favor. Es importante.

Neisha abrió la puerta. Sandra se quedó horrorizada. El rostro de Neisha tenía varios golpes y moratones, con un ojo casi cerrado por una conmoción. También una ligera fractura en la mandíbula. Había sido brutalmente golpeada.

—¿Qué ha pasado? —Preguntó Sandra sorprendida.
—Nada. Es mejor que no te metas, Sandra. O podrías acabar como yo, o mucho peor. Esta gente no tiene límites. Vete ahora, antes de que te vean conmigo, o sepan que has estado aquí.
—¿Que me vea quién? ¿Quién estaría dispuesto a destrozarme la cara? —Neisha insistió:
—Vete ya. Te agradezco el dinero. Pero es mejor que salgas por la puerta, y no vuelvas. Están a punto de llegar. Me han amenazado con matarme si me muevo de aquí.
—¿Quiénes están a punto de llegar? ¿Quiénes te amenazan con matarte?

Neisha no pudo contestar. Llamaron a la puerta con insistencia.

—¡Escóndete! —Susurró Neisha. Sandra le hizo caso. Así podría observar qué ocurría.

Dos hombres habían llegado al edificio, y entraron en la casa de Neisha. Uno de ellos se dirigió a ella. El otro se mantuvo detrás.
—Muy bien, Neisha. Vamos a ver si nos vamos entendiendo. ¿Se te ha refrescado la memoria con el repaso que te hemos hecho a la cara?
—No —respondió Neisha.
—Está bien. Te explicaré la situación: de momento te hemos hecho un pequeño desperfecto en la cara. Nada grave. Si ahora no hablas, las consecuencias serán, digamos, más permanentes. Así que contesta: ¿dónde está Phil? ¿Y qué sabe del proyecto MindR?
—¡No sé nada de Phil, ni de ese proyecto! —Gritó Neisha.

El hombre hizo un gesto al que estaba detrás. Este se acercó, y sacó un tubo metálico. Se lo dio al interlocutor, que movió el frasco diciendo:

—Ácido. Un par de gotas en tu ojo, y lo perderás para siempre. Otro par de gotas, y quedarás ciega. Ese es el primer paso. Luego tu rostro completo. Ni tu madre te reconocerá. ¿Vas a hablar?

Neisha iba a contestar, pero no pudo. Sandra apareció por un lado, golpeó con una patada lateral al hombre que se encontraba detrás mientras tomaba el tubo, lo abría, tiraba al otro hombre al suelo, y le lanzaba a este el contenido sobre el ojo derecho. El hombre empezó a gritar, mientras Neisha se llevó las manos a la boca sin poder creer lo que veía.

Luego Sandra, mientras el hombre todavía gritaba de dolor, lo levantó por el aire, y lo colocó contra una pared, con los pies colgando. El otro hombre se empezó a levantar, solo para ver cómo del brazo de Sandra surgía un phaser, que le hizo un agujero en la cabeza, cayendo al suelo de inmediato. Luego se volvió al hombre que mantenía en el aire, y que había amenazado a Neisha.

—Muy bien, tipo duro, habla ahora, o perderás el otro ojo: ¿qué queréis de Neisha? ¿A qué viene todo esto?—El hombre gimió. Sandra insistió:
—Al tubo le queda la mitad del contenido. Y yo misma te haré tragar el ácido y te arrancaré los ojos si no hablas ya. Tienes diez segundos para contestar: ¿qué queréis de Neisha? ¡Habla! —Finalmente, el hombre, entre sollozos y gritos, habló:
—Queremos que nos diga dónde está Phil. Y qué sabe del proyecto MindR.
—¿MindR? ¿Y qué sabes tú del proyecto?

Aquel hombre hizo un gesto, y mordió algo que llevaba en la boca. Era una pastilla que contenía cianuro. Cayó muerto casi al instante. Sandra lo dejó caer como un paquete. Luego registró a ambos hombres, pero no llevaban nada de interés, mientras Neisha dijo:

—¡Esto es… increíble! ¿Quién eres? ¿Qué eres? —Sandra, sin dejar de analizar a aquellos hombres, respondió:
—No hay tiempo, Neisha. No me contaste toda la verdad sobre Phil. Está metido en un lío, y tú lo sabías. Ahora nos vamos a ir, y me vas a contar todo lo que sepas. ¿Te enteras? Todo. Porque es evidente que van a acabar contigo, solo porque sospechan que sabes algo de ese proyecto que tanto interés les provoca. Y te lo repito: me lo vas a contar todo, ¿me oyes?
—¿Y tú, qué interés tienes en todo esto?
—No tenía ningún interés. Hasta ahora. Pero quiero saber qué quieren de Phil, y qué es ese proyecto, ese MindR. ¿En qué consiste?
—No lo sé —respondió Neisha nerviosa—. Se lo oí decir alguna vez a Phil. Pero no sé de qué va. Te lo juro. No me hagas daño. —Sandra se volvió a Neisha.
—No voy a hacerte daño. Es evidente que eres la víctima, o al menos es mi primera impresión. Si me equivoco, cambiaré de opinión. ¿Y Phil?
—Me llamó. Quería hablar conmigo. Parecía nervioso. Y me dijo que quedáramos en una zona de la WDW llamada La Segunda Evasión, una zona de recreo de fantasía, y… para contactos esporádicos de parejas.
—Conozco el lugar. Un lugar habitual para encuentros secretos entre amantes. Sigue.
— Tenía que contarme algo. Pero no apareció. Me desconecté. Al rato aparecieron estos bestias en casa, que me destrozaron la cara. Luego fui a ese salón de fiestas, pensé que podría estar allí. No tenía a quién recurrir. No podía avisar a la policía, ni ir al hospital. Y esos tipos me advirtieron que volvían a casa para interrogarme de nuevo, al ver que intentaba contactar con Phil, y me advirtieron de que no me moviera. Luego… apareciste tú.
—Entiendo. Están muy interesados en Phil. Y creen que sabes dónde está. Van a ir a por ti, Neisha —advirtió Sandra—. Van a ir a por ti, y, si son quienes sospecho que son, te van a ir cortando en pedazos con un bisturí, hasta que se convenzan de que no sabes nada.
—¡Yo no he hecho nada! —gritó Neisha—. ¡Piensan que, como me acosté con él y salí un tiempo, debo saberlo todo! ¡No sé nada!
—Está bien, te creo —afirmó Sandra con voz compasiva, intentando que se calmara—. Ahora hemos de salir de aquí. Esos gritos pueden haber alertado a los vecinos. ¡Vamos!

Sandra y Neisha bajaron a la calle a toda velocidad. Allí se encontraba un vehículo de ruedas esperando a aquellos dos hombres que habían subido al piso de Neisha. Uno de ellos les gritó algo. Iban a salir del vehículo cuando Sandra extrajo el phaser del brazo. Disparó al vehículo aún con los hombres dentro, el cual explotó al instante en una bola enorme de fuego, mientras Sandra corría con Neisha detrás hasta un aerodeslizador. Sandra le indicó con el dedo que subiera, y en un momento había despegado, alejándose rápidamente de la zona.

—Al cabo de unos minutos, Neisha, visiblemente agitada, preguntó:

—Han volado… por los aires.
—Así es. Llevaban el mismo corte de traje que los dos que subieron a tu casa. Es evidente que los estaban esperando. Lo que he hecho es lo mejor, dadas las circunstancias. Es importante no dejar testigos. Ni pruebas.
—Tú… ¿quién eres? ¿Qué eres? ¿Eres una androide? —Sandra ignoró la pregunta.
—Escucha atentamente: tenemos que planificar nuestros próximos pasos, Neisha. Primero, curar tus lesiones. Luego, trazar un plan de búsqueda de Phil.
—¿Por qué me está pasando todo esto? Yo solo quería un poco de dinero y una vida tranquila para mí, a cambio de hacerle algo de compañía, y tener unas sesiones de sexo con Phil, nada más… —Sandra no contestó. Le inyectó a Neisha un calmante sin que esta se diera cuenta. Se quedó dormida al instante.

El refugio.

Al cabo de un par de horas de vuelo, el aerodeslizador llegó a una zona boscosa. Era de noche, y un portón gigantesco oculto se abrió, permitiendo que el aerodeslizador entrara en lo que era claramente una pequeña base oculta. Neisha, que se acababa de despertar, exclamó:

—Ahora sí que no me creo que no seas del ejército, o de la GSA, o de cualquier otra de esas organizaciones estúpidas militares o pseudomilitares.
—Trabajo sola, Neisha —aclaró Sandra—. Antes tenía una compañera, llamada Alice. Ella y yo organizamos refugios como este por diferentes puntos del mundo con ayuda de androides aliados. Pero ahora estoy sola. Vamos, tenemos que tratar tus heridas.

Salieron del aerodeslizador, y caminaron rápidamente por un pasillo a una sala que era, básicamente, un centro hospitalario en miniatura. Allá Sandra activó uno de los aparatos, que se situó horizontalmente.

—Vamos Neisha, échate ahí. Ponte de tal forma que los ojos estén alineados con las dos luces superiores.
—¿Qué es eso?
—Es un regenerador dermal molecular. También tratará tu lesión en la mandíbula. Vamos, date prisa.
—¡Eso vale una fortuna!
—Sí. Lo tomé prestado. Venga, colócate bien. Y no te muevas en absoluto. No notarás más que unas cosquillas. No te muevas, por favor, hasta que te lo diga. Respira suavemente. Y deja la cabeza quieta. Y no hables.

Neisha se situó sobre el aparato. Al cabo de unos instantes, comenzó a sentir un cosquilleo. Durante diez minutos sintió cómo el dolor y la hinchazón por los golpes se iba rebajando.

El sistema se desactivó. Sandra le ordenó:

—Levántate ahora. Despacio.

Neisha se levantó. Sandra proyectó el rostro de Neisha en tres dimensiones en tiempo real. Neisha gritó:

—¡Casi no tengo lesiones! ¡Y la mandíbula está genial!
—Exacto. Y en dos semanas estarás mejor que nueva.
—¡Increíble! ¿Por qué haces todo esto por mí, Sandra?
—No lo hago por ti. Lo hago porque yo estaba intentando algo tan básico como intentar casarme con alguien para ocultarme. Pero aquí está ocurriendo algo, algo muy grave, y estos individuos no son aficionados precisamente. Son profesionales muy peligrosos.
—¿Los conoces?
—Sí —aseguró Sandra—. Si no me equivoco, son parte de un grupo llamado Las Escuadras de Helheim. He tenido que tratar con ellos en el pasado. Son mercenarios, que utilizan los métodos más brutales para sus propósitos. Pero nunca trabajan solos. Siempre tienen a alguien detrás que les contrata. Esos son los que nos interesan. Y me temo que Phil pueda estar implicado en un asunto que pueda ser importante.
—¿Y qué más te da? Que reviente, búscate otro marido.
—No. Si está en peligro, o si forma parte de todo este asunto, es algo que tengo que investigar. De la misma forma que tú estás en peligro. Algo raro ocurre, y tengo que averiguar qué es. Pero ahora vas a comer algo. Y me vas a contar todo lo que sepas, lo que hayas visto u oído durante el tiempo que estuviste con Phil, por pequeño e insignificante que sea. ¿Está claro?

Neisha asintió. Caminaron a una sala, y Sandra preparó algo de comida y fruta.

—Confieso que tengo hambre —comentó Neisha mientras comenzaba a comer.
—Lo sé.
—Entonces, ¿me lo confirmas? Eres un androide, ¿verdad?
—Lo soy.
—Increíble… Por eso te sientes implicada. Hay vidas humanas en juego.
—En parte. También porque soy un modelo de infiltración y combate. Estoy programada para investigar este tipo de cosas. Pero hay otro motivo.
—¿Y cuál es?
—Quiero acabar con los que son capaces de hacerte lo que te han hecho a ti.
—¡Pues vas a tener trabajo! —Exclamó Neisha con la boca llena—. ¡Esas organizaciones suelen ser enormes! Aunque nunca había oído hablar de las Escuadras de Helheim.
—Lo sé. Cuanto menos sepas de ellos, mejor. Me conformo con localizar a los que estén al frente de ese proyecto, cómo se llamaba…
—MindR —terminó Neisha la frase.
—Muy bien. Veo que recuerdas el nombre. Porque no es la primera vez que lo oyes. ¿No es así?
—Me has pillado —confesó Neisha—. El viejo truco de la falta de memoria.
—Es viejo, pero funciona. Dime lo que sepas, por favor, Neisha. Parece importante.
—No tengo mucha información. Solo algunas conversaciones que oí a Phil cuando hablaba con otros tipos en la WDW, y en llamadas cuando creía que no me oía, mientras estábamos en algún hotel perdido de Australia.
—¿Y qué oíste?
—Que era un proyecto en sus fases finales de desarrollo. Y que estaba relacionado con la World Dreamer Web. Pensaban ponerlo en marcha estos días de forma experimental.
—¿Qué más sabes?
—Que Phil tenía que buscar candidatos en la WDW para ver los resultados del proyecto. Al parecer no era fácil encontrar voluntarios.
—Supongo que no -aclaró Sandra— porque no debe ser una cura ni algo beneficioso para la humanidad precisamente. Probablemente algún tipo de droga nueva. ¿Algo más?
—Nada más. Te lo juro. Y eso lo sé porque lo escuché cuando creía que no me oía.
—Es decir, tu exnovio Phil está implicado en algo que parece tener que ver con tráfico de drogas, o quizás de armas. Y parece algo que está directamente relacionado con la World Dreamer Web.
—Estoy de acuerdo —indicó Neisha—. ¿Qué vamos a hacer?
—Di mejor qué voy a hacer. Tú te vas a quedar aquí. Lo siento, pero, aunque creo que estás limpia en este asunto, no puedo arriesgarme. Tienes comida, agua, un par de lavabos, e incluso puedes ver los canales de noticias, aunque no podrás comunicarte. Cuando verifique que estás limpia, te dejaré salir.

Neisha no pareció estar muy de acuerdo.

—¡No puedes hacerme esto, Sandra! —se quejó—. ¡No quiero quedarme aquí encerrada! ¡Mi vida está en peligro!
—Otra razón para que estés aquí. En este lugar estarás segura.
—¡Pero puedo serte de ayuda! —Sugirió Neisha.
—¿Cómo?
—Puedo identificar a personas que hayan estado con Phil. Puedo reconocer frases, comentarios, escenarios, que a ti no te digan nada. Vi cosas que quizás no signifiquen nada, señales sospechosas que solo yo podría identificar, y que podrían ser relevantes ahora. Y yo podría indicarte esas señales.

Sandra dudó unos instantes. Luego sonrió.

—¿Qué? ¿Por qué esa sonrisa?
—En algunos detalles me recuerdas a mi vieja amiga Alice. Siempre dispuesta a meterse en el siguiente lío. Siempre feliz de entrar en la boca del lobo.
—Yo no estoy feliz de meterme en la boca del lobo, te lo garantizo —aclaró Neisha—. Pero no soporto la idea de quedarme aquí sola.
—Está bien. Vendrás conmigo. Podrías serme de ayuda. Pero, a la mínima sospecha de que estás engañándome, o traicionándome…
—¿Estás loca? Ya sé lo que harías conmigo. Lo que les has hecho a esos cuatro de mi casa.
—Exactamente. O peor.
—No tengo ganas de morir así, Sandra. Te juro que no te oculto nada. De verdad.
—De acuerdo, de acuerdo. No tienes ganas de morir. Y yo quiero aclarar algunas cosas con los que te han destrozado la cara. Además de averiguar qué es ese proyecto MindR. ¿R? ¿Qué significa esa «R»?
—No tengo ni idea.
—¿Seguro? —Neisha repitió.
—¡No tengo ni idea te digo! ¡Te he dicho todo lo que sé!
—De acuerdo, de acuerdo… ¿Seguro que quieres venir conmigo?
—¿Estás de broma? ¡Eres como un tanque con piernas! Me siento más segura a tu lado que con un grupo completo de marines.

Bueno, entonces está decidido. Ahora vas a descansar. Te necesito fresca y lista para todo esto. Luego nos conectaremos a la WDW, e iremos a La Segunda Evasión. Nos registraremos como amantes, y comenzaremos a buscar pistas.
—¿Modificaremos nuestro aspecto?
—No. Precisamente en la WDW no pueden hacerte daño. Si hay gente de ese grupo criminal por la zona te reconocerán, incluso a mí. Intentarán rastrear nuestras mentes, pero nuestras conexiones están blindadas y protegidas. No tendrán más remedio que hablar. Mientras crean que sabes algo, no cejarán en buscarte. Esa es nuestra baza.
—Qué bien —murmuró Neisha.
—Descansa ahora. Pero de verdad, no en la World Dreamer Web. Mañana comenzamos.
—Sé que no haces esto por mí, Sandra. Pero me has curado, y me estás sacando de este lío. Quiero agradecértelo.
—No me lo agradezcas todavía. Me lo agradecerás cuando haya terminado esto, y sigas viva. Si sigues viva.
—Qué consuelo… —comentó Neisha abatida.

Neisha se dio una ducha, y se fue a dormir. Sandra se pasó la noche buscando pistas. ¿Quiénes eran esa gente? Un grupo criminal, y probablemente las Escuadras de Helheim, pero, ¿quién estaba detrás? ¿Y qué era ese proyecto llamado MindR? ¿Qué era la R? ¿Qué implicación tenía Phil en todo aquello? ¿Por qué había desaparecido? ¿Por qué lo buscaban con tanta furia como para ir destrozando a cualquiera que, como Neisha, pudiese tener alguna pista sobre el paradero de Phil?

Demasiadas preguntas, que tendrían que ser contestadas. Porque aquello había empezado como una simple cuestión de supervivencia. Pero el tono que adquiría aquel asunto cada vez se parecía a las maniobras de ciertos grupos del pasado que había conocido. Y eso era lo preocupante. Reconocía la técnica que habían usado con Neisha. Y, si se confirmaba que era el mismo origen, todo atisbo de racionalidad se iría al infierno. Habría que emplear una sistemática actividad de búsqueda y eliminación de todos los implicados.

En medio de esa tormenta, Neisha era un problema. Su seguridad dependía de ella. Pero también era cierta una cosa: ella podría tener en su mente la clave para conectar los hilos de aquella madeja. Por eso le permitiría ir con ella. Y por eso iría hasta el final para protegerla. Nadie la tocaría de nuevo.

Encontraría a Phil. Y, si era el responsable de todo aquello, pagaría un alto precio, y debería soportar todas las consecuencias.

La fiesta iba a comenzar. Ojalá estuviese Alice allá, con ella. Pero el tiempo es el demonio que gana siempre la batalla de la libertad y la vida. Tendría que luchar sola. Y encontrar una forma de dar con Phil, mientras protegía a Neisha, y descubría la verdad sobre aquel proyecto. ¿Quién dijo que los androides llevaban vidas aburridas y eternas?

Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

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