Allá donde reina Hipnos (III)

La primera parte puede leerse en este enlace.

Esta es la tercera parte de una nueva versión muy ampliada y modificada de un relato que estaba perdido por la red, en cierto blog de literatura muy popular. Luego entró en la colección de “Sandra: relatos perdidos“, como uno de los relatos realmente perdidos, porque se da la paradoja de que esos relatos son nuevos, excepto los dos primeros.

He pensado en rescatarlo aquí ahora, y ampliarlo en contenido y guion, para convertirlo en un relato propio completo, porque explica un aspecto crítico de Sandra durante gran parte de su existencia: su necesidad de esconderse de una sociedad que la persigue implacablemente por su condición.

Sandra tiene ochenta y cinco años durante los sucesos que aquí se narran. Su fisonomía y su físico son el de una joven de unos veinticuatro años. Mide un metro ochenta, de cabello largo y negro, ojos azules, y complexión atlética, y su aspecto no es para nada casual. Sus habilidades, además, se encuentran acordes con su aspecto. Ello le ha permitido vivir durante mucho tiempo situaciones tremendamente complejas. Aunque su futuro es la clave de su existencia, algo que ella quiere negar siempre. Debe, mientras tanto, esconderse constantemente. De todo, y de todos.

Desayuno con grafeno.

A la mañana siguiente, Sandra fue a despertar a Neisha.

—Hora de levantarse, Neisha. Tenemos trabajo. —Neisha se desesperezó.
—¿Ya son las diez y media?
—Sí. Te he dejado dormir, estabas agotada, pero no más. Te he preparado un desayuno.
—Gracias.
—Y aquí tienes ropa. Es adaptativa. Era de Alice. Es ropa de calidad. Se adaptará a ti de inmediato.

Neisha se vistió, y entró en la sala.

—Vaya, un desayuno propio de hotel de cinco estrellas. Hay de todo. ¿Cómo consigues todo esto?
—Un amigo provee de alimentos y otros elementos a estos refugios de forma periódica. De hecho eran para Alice, y ya no hacen falta para mí, pero siempre puede haber invitados humanos, como en tu caso. Aunque eso no importa ahora. Lo importante es que sigamos adelante, y cerremos este asunto lo antes posible.
—¿Y por qué yo, Sandra?
—Porque fuiste la amante de Phil más tiempo que nadie. Y todo el mundo sabe que un hombre confiesa a su amante cosas que no confesaría ni a su mujer, ni a su madre, ni a su mejor amigo. Por eso eres un objetivo claro.
—¿No hay forma de que dejen de perseguirme?
—Esta gente, quienes contratan a las Escuadras de Helheim y otros grupos, no cejan nunca hasta que la operación se ha acabado con éxito, o con la muerte de los responsables. Te perseguirán por todo el planeta, y por todo el sistema solar, hasta dar contigo y matarte. Eso lo tienes garantizado. Solo la GSA, y yo, de distintas maneras, podremos proteger tu futuro.
—Tú dices que quieres confiar en mí. Pero, ¿puedo yo confiar en ti? Se que me has salvado la vida. Pero, ¿y cuando todo esto acabe? Si sigo viva, claro.
—Si sigues viva, te doy mi palabra de que me ocuparé de ti. Y tendrás que confiar en mi palabra. No tienes otra opción. —Neisha suspiró mientras susurraba:
—Supongo que no…

Pasaron unos minutos en silencio. Luego Nasha tomó un sorbo de zumo de naranja mientras decía:

—Fue impresionante…
—¿El qué? —Neisha hizo unos movimientos rápidos con los brazos, al estilo de las viejas películas de artes marciales, mientras respondía:
—Yo estaba ahí, en casa, con ese cerdo con el ácido. En un instante apareciste de la nada, y el tipo de atrás estaba siendo golpeado, y su cabeza agujereada, mientras el otro volaba por los aires con un ojo ardiendo. Parecías una superheroína de las películas.
—No soy una superheroína, Neisha —aclaró Sandra—. Yo soy real. No hay ningún misterio, ni ningún superpoder, en mí. Fui diseñada por ingenieros para este tipo de actividades: localizar, asesinar, destruir. Usando cualquier herramienta a mi alcance: brazos, piernas, armas, mi dron, el cañón phaser, y el sexo por supuesto. Y no sigo una hoja moral y ética de justicia. De hecho, soy una anomalía, según la GSA, la Global Security Agency. Por eso me siguen. Por eso quieren destruirme. Porque tengo que luchar para sobrevivir, y ellos me acusan de luchar para sobrevivir. No puedo ocuparme de la ética mientras intentan volarme la cabeza. Ni permitir que a una mujer le quemen un ojo con ácido mientras pienso en la moral de mis actos.
—Lo entiendo —asintió Neisha—. Supongo que yo haría lo mismo. Pero ahora pienso en mi casa. Todo lo que tenía estaba allá. Toda mi vida. Ahora hay cuatro cadáveres, la policía investigando, la GSA probablemente también, y yo estaré siendo buscada como sospechosa en todas partes.
—Es cierto —confirmó Sandra—. Pero la casa estará siendo vigilada por esa gente que te persigue a ti y a Phil. En cuanto a tus cosas, y en cuanto a tu identidad, ya nos ocuparemos de eso. Ahora hay que encontrar a Phil.
—¿Y por qué no desaparecer? ¡Que se vaya al infierno Phil!
—Ya te lo dije: en otras circunstancias, estaría de acuerdo. Pero aquí hay unos intereses importantes por un asunto, ese proyecto «MindR», que quiero conocer. Y el perfil psicológico de Phil no acaba de encajar en todo esto. ¿Te pegó alguna vez? ¿Te maltrató?

Neisha se mantuvo pensativa unos segundos, mientras mordía unas galletas. Finalmente, respondió:

—No. No me maltrató nunca. Sí, es cierto que hacía el idiota en la cama, intentando demostrarme que era un experto en el tema del sexo, y consiguiendo únicamente hacer el ridículo, conforme pretendía hacer cosas más y más sofisticadas e inverosímiles. Casi se rompe un brazo una vez. Pero, ¿violento? Yo no lo vi. Ni tampoco lo fue con otras chicas. Todas coincidían en que era un idiota en la cama, y un perfecto inútil, vanidoso y egocéntrico. Pero violento, no lo fue nunca. —Sandra asintió.
—La corta conversación que tuve con él en la World Dreamer Web también me indicó que intenta ser un conquistador innato, hasta el punto del ridículo. Es el clásico tipo de hombre que necesita reafirmarse ante las mujeres constantemente, como el gran experto en conquistas y en el sexo. Pero no lo veo metido en una organización criminal violenta. ¿Qué sabes sobre sus negocios?
—No mucho. Se dedicaba a cualquier cosa que le pudiera aportar un dinero. Algo de asuntos de la bolsa, compra y venta de acciones, con información privilegiada de contactos, por un precio. Heredó una fortuna de su padre, y tiene inversores que le asesoran, y que saben lo que va a subir y bajar muchas veces. Tiene otros negocios que le mantienen ocupado, sobre todo en tecnológicas.
—Bueno, yo diría que eso es bastante.
—Es lo que sé, te lo juro. Si me acuerdo de algo más te lo diré.
—Está bien Neisha, te creo. Has hablado de tecnológicas. ¿Qué tipo de tecnológicas?
—Procesadores del alto nivel, componentes de sistemas cuánticos, cosas así.

Sandra hizo un gesto de aprobación.

—Quizás el proyecto MindR tenga algo que ver con un sistema militar de algún tipo.
—No lo sé. Recuerdo, en una ocasión, que le dijo a alguien que el proyecto MindR era algo que le llevaba de cabeza, y lo repetía riéndose.
—¿De cabeza?
—Sí. Lo repetía como si fuese un chiste.
—Está bien —concluyó Sandra—. Ese comentario, «me lleva de cabeza» suena a alguna droga nueva que podrían estar preparando. Quizás Phil se haya metido a traficante, porque lo ha visto en las películas y se ha querido hacer el duro, y ahora algún cártel o alguna mafia le busca porque ha debido hablar demasiado con alguna amiguita que ha vendido la información. Es típico de algunos millonarios el jugar a hacer de malos para divertirse. Son como niños. Y el comportamiento de Phil en todos sus parámetros demuestra ser muy infantil.
—Eso suena a teoría interesante —subrayó Neisha mientras se comía otra galleta.
—Es una hipótesis, nada más. Pero podría ser una pista. Vamos a ir al lugar donde habías quedado con Phil la última vez, esa zona de contactos llamada La Segunda Evasión. Normalmente es mejor empezar por el último punto donde se estaba de acuerdo en contactar. Cuando hayamos llegado, déjate ver por la zona. Yo me mantendré al margen. Así veremos si atraes la atención de alguien.
—De alguno con ganas de ligar, seguro —aclaró Neisha.
—A esos te los sacas de encima al momento. Nos interesan los que tengan algo que ver con este asunto. Y muéstrate nerviosa, preocupada. Como si estuvieses a punto de estallar de nervios.
—Para eso no voy a tener que disimular mucho —aseguró Neisha.
—Venga, deja las galletas ya que vas a explotar, sé que estás nerviosa, pero debes concentrarte. Vamos a conectarnos a la WDW. Quizás alguien que conozca a Phil le vio antes de desaparecer. Si no aparece nadie haré algunos interrogatorios al personal de la zona por si lo han visto, solo o con alguien. Y recuerda: somos amantes. En la WDW no está perseguida la homosexualidad todavía.
—¿Puedo terminarme el zumo? ¡Está muy bueno!

La Gran Evasión.

Neisha y Sandra se conectaron a la World Dreamer Web, y se dirigieron a La Segunda Evasión, un lugar de encuentros para amantes cuyo primer interés era la intimidad y el anonimato. El registro previo era obligatorio, pero los datos eran luego codificados de tal forma que no era posible extraerlos sin una clave común por parte de ambos miembros de la pareja. Si una de las dos partes no consentía, los datos estarían ocultos para siempre. Un algoritmo fractal cuántico se encargaba de que la recuperación de datos no fuese posible.

Una vez pasaron los controles, entraron en el salón principal. Sandra se desvió rápidamente, y se situó en la mesa más apartada de una cafetería. Mientras tanto, Neisha se sentó en otra mesa sola, y pidió un café. Al cabo de unos minutos, un hombre se le acercó.

—Hola. Me llamo Bruno. Qué chica tan guapa y encantadora. ¿Estás sola?
—Piérdete —contestó Neisha, mirando de reojo a aquel hombre. Tendría unos cuarenta años, era moreno, de ojos grises, alto y delgado, y vestía un traje que debía de costar una fortuna. El hombre sonrió, se sentó en una de las sillas, y continuó:
—Hazme el favor de aparentar que realmente tienes algún interés por mí. Aunque solo sea porque parece que debo poseer mucho dinero. Dinero que, sin duda, podría llegar a tu cartera. A cambio de algunos favores.

Neisha iba a decir algo irreproducible a aquel hombre, cuando vio que, en una pequeña proyección 3D, se podía leer: «Phil». Al cabo de unos instantes, el tono de Neisha cambió, y preguntó:

—Creo que podemos entendernos.
—Eso está mucho mejor —aseguró Bruno.
—¿Qué es lo que sabe de Phil? ¿Dónde está?
—A su tiempo —contestó Bruno—. Vamos a un reservado. Solos, los dos. Y muéstrate feliz de haber atraído la atención de un potencial millonario, al que podrías sacarle una buena cantidad de dinero a cambio de algo de sexo.
—Sí, pero… —Neisha pensó en Sandra. El hombre asintió:
—Sé que no estás sola. No te preocupes por tu amiga. Sabe defenderse. Lo sé muy bien. Y se unirá pronto a nosotros, ya lo verás.

Neisha vio y comprobó que aquel hombre controlaba la situación. No solo parecía tener información sobre Phil. Además tenía en cuenta la presencia de Sandra. ¿Cómo lo sabía? ¿Sabría que era una androide?

Neisha y Bruno caminaron hacia un reservado para amantes. Era una habitación con puertas con acceso biomagnético, equipado con todo tipo de lujos. El decorado podía cambiarse entre cientos de estilos, como una simple habitación de hotel, o una cabaña en una montaña perdida, real o imaginaria, en la Tierra, o en la Luna, o en un mundo imaginario. Neisha sabía que, aunque aquel hombre fuese peligroso, en la WDW no podría dañarla. Y, si tenía información sobre Phil, era fundamental obtenerla. No tanto por ella, que quería olvidar el nombre de Phil cuando antes, sino por Sandra, para que la ayudara a salir de aquella situación dantesca.

¿Y Sandra? ¿Qué estaba haciendo? ¿Entraría allá a patadas como hizo en su casa? Pero ella tampoco podía actuar de forma violenta en la WDW. El daño causado a un cuerpo en el mundo de los sueños no tenía ninguna repercusión en el cuerpo real. Un umbral de dolor conllevaba el despertar inmediato de cualquier persona.

Bruno se sentó en un lado de un gran sofá, y Neisha lo hizo al otro extremo.

—Está bien, Neisha. Te voy a contar por qué estoy aquí. Lo primero que quiero que sepas es que no soy una amenaza para ti. Ni aquí, ni en el mundo real.
—Es bueno saberlo. Otra cosa es creerlo —aclaró Neisha. Bruno sonrió.
—Por supuesto. Estás preocupada.
—Eso no es exacto: estoy aterrada. Yo solo me acosté con ese imbécil de Phil. Y le saqué algo de dinero, joyas, y otras cosas, todas regaladas por él. No he hecho nada.
—Lo comprendo. Y lo siento. Lo primero que has de saber es que te buscan.
—Sí, ya lo sé.
—Sí, pero el objetivo ha cambiado; antes era para sacarte información, y luego dejarte con vida, si lo creían conveniente. Ahora te buscan para matarte sin ningún tipo de interés, más allá que el de acabar contigo sin piedad y sin compasión. De forma lenta y dolorosa, si es posible.
—Esto cada vez se pone mejor —susurró Neisha temblando de miedo.
—No lo permitiremos.
—Estupendo. ¿Y usted quién es?
—Soy un agente especial de la GSA, encargado del seguimiento de grupos de mafias, narcotraficantes, y ciberterroristas. Mi especialidad es el ciberterrorismo.
—¿La GSA? ¿No están buscándome también?
—Sí. Pero sabemos que eres inocente. La policía sí te busca como sospechosa de cuatro asesinatos, a ti y a tu amiga. De momento no podemos informarles. Pero eres una víctima. Nosotros cuidaremos de ti. Ese es nuestro eslogan.

Global Security Agency


—Me va a perdonar que no crea nada de lo que me dice.
—Lo entiendo.
—¿Y qué quiere de mí?
—Protegerte. —Neisha puso cara de circunstancias.
—¿La GSA? ¿Protegerme? Me va a perdonar otra vez, pero eso es bastante difícil de creer.
—Créelo. Y trátame de tú, por favor, no soy tan viejo. El caso es que tu examante, Phil, está metido en un buen lío. En un asunto muy delicado. Un asunto de la máxima prioridad para la GSA. Y tú estuviste con él. Te necesitamos. Cualquier dato que puedas aportar será muy valioso.
—Todo el mundo me necesita. Todo el mundo me busca. Y todo el mundo quiere hacerme un agujero en la cabeza. Y la realidad es que hasta ahora solo me ha protegido mi… amante.
—Tu amiga, que espera fuera, sí. Esa aparente joven que te acompaña no es tu amante.
—¿Cómo lo sabe?
—Lo sabemos todo de ella: Sandra Alice Kimmel. Número de registro GSA-2046-20-23230. Androide de infiltración y combate modelo Quantum Computer System QCS-60 avanzado. Diseñada para operaciones especiales de alto riesgo. Programada para servir como confidente sexual. Su comportamiento fue errático desde la primera intervención en la que intervino, el robo de datos de un cártel en Centroamérica. En cambio se obsesionó con salvar a una niña de doce años de ser violada por un grupo de soldados de fortuna, algo que consiguió en última instancia, poniendo en peligro la misión que se le había encomendado. Más adelante, tras una compleja misión llamada «Operación Folkvangr», se desconectó totalmente del control de la GSA. Colaboró con una peligrosa ciberterrorista llamada Alice Bossard. Ahora se la busca para su detención, interrogatorio, y eliminación. Se la considera una amenaza de orden cero, es decir, máximo nivel.
—Y a mí que me cae simpática —susurró Neisha.

En ese momento, se abrió la puerta. Bruno exclamó:

—¡Es una zona privada! —Tras la apertura apareció Sandra, que cerró la puerta a continuación.
—No hay puertas para mí en la WDW —aseguró Sandra.
—Ya lo veo —susurró Bruno. Neisha dijo entonces:
—Sandra, este es Bruno, y…
—No te preocupes Neisha, lo he oído todo. Y me alegra de que haya hablado claro. Ahora voy a hablar claro yo. Aquí, en la WDW, no podéis detenerme.

Bruno se levantó, mientras miraba fijamente a Sandra. Esta le reprendió:

—Estas vivo todavía por dos razones: la primera es que no puedo matarte en la World Dreamer Web. La segunda es la posibilidad de que tengas información sobre Phil, y ese proyecto llamado MindR. —Bruno no contestó de inmediato. Siguió mirando unos segundos a Sandra, hasta que, por fin, habló:

—Sandra. La gran Sandra. Buscada desde hace más de setenta años por tres generaciones de unidades de la GSA. Siempre escondida. Siempre escapándose en el último momento. Siempre un paso por delante de la mayor organización de investigación de la historia.
—La organización criminal más grande de la historia —aclaró Sandra. Bruno no se amilanó ante el comentario.
—Es un honor conocerte. En la academia hacíamos apuestas sobre quién acabaría contigo. Eres una figura de primer nivel en la GSA. Y entiendo que quieras matarme. Personalmente me gustará atraparte un día, y ganar un buen aumento de sueldo, y un ascenso. Por no hablar de la fama por haber acabado con la amenaza más famosa de la historia de la GSA.
—Solo espero que lo intentes —declaró Sandra. Neisha se levantó, y gritó:

—¿Podemos dejar las amenazas para luego, por favor? ¡Mi vida está en juego! ¡Tenemos una tarea por delante! —Bruno se sentó de nuevo, y asintió.
—Estoy de acuerdo. Ambos tenemos interés en Phil. —Sandra recalcó:
—No es tanto el interés por Phil, como por el proyecto MindR. —Bruno asintió.
—Está bien. Vamos a aclarar las cosas. Pero no aquí. —Neisha negó con un gesto
—No pienso verte en el mundo real, Bruno. No es nada personal. Solo temo que acabes con Sandra, y luego conmigo, cuando no te sea útil.
—No. Vamos a ir a una zona de la World Dreamer Web que está aislada completamente del resto. Incluso para Sandra. Allí podremos hablar. Es probable que haya agentes de la mafia que siguen a Neisha ahora mismo aquí fuera.
—Conozco esa zona aislada—explicó Sandra—. Por absurdo que pueda parecer, tenemos que ir andando. No podemos teletransportarnos allá.
—Así es —confirmó Bruno—. Vamos. Salgamos de aquí. Daremos un paseo.

Caída inesperada.

La puerta del reservado se abrió. Bruno salió con Sandra y Neisha, y, sonriente, dijo:

—Ha sido toda una experiencia, sin duda. —Sandra preguntó:
—¿El qué? ¿Haber estado con nosotras dos ahí dentro? Ahora irás presumiendo por ahí, como si fuese verdad que te has acostado con las dos. Es lo que hacéis todos.
—En absoluto, Sandra. No cambiaría el haberte conocido por nada del mundo. Cuando haya acabado contigo, podré decirles a mis amigos: «yo estuve con la gran Sandra, y pude incluso hablar con ella. Antes de exterminarla».
—Muy emocionante.
—No, no, Sandra, no comprendes; eres un mito real. Déjame que sueñe con tu caída por mi mano…

Bruno dijo esto, cuando, de pronto, se quedó quieto. Dio un alarido de dolor, y cayó al suelo a plomo. Sandra se acercó, y le observó mientras analizaba el avatar de aquel hombre.
—¿Qué pasa ahora? —Preguntó Neisha nerviosa.
—No lo sé. El avatar de Bruno es totalmente funcional. Está conectado a la mente real. Pero está… bloqueado.
—¿Bloqueado?
—La mente de Bruno no es accesible para mí, como no lo es ningún agente de la GSA. Eso me permitió saber para quién trabajaba desde el primer momento. Pero esto es distinto. Es como si hubiesen cortado el canal de comunicación. O…
—¿O qué?
—O como si hubiesen bloqueado su mente. Esto no tiene sentido.
—Pues, si no tiene sentido para ti, que lo sabes todo, imagínate para mí.

Allá donde reina Hipnos

La gente comenzó a agruparse. Estaban llamando mucho la atención, así que Sandra dijo:

—Tengo la última posición de Bruno en el mundo real. Ellos creen que están protegidos. Pero no es así. —Neisha asintió.
—Por eso siempre les llevas ventaja. Vas un paso por delante de ellos.
—Por eso, y por otras cosas. Cuando se trata de sobrevivir, aprendes a adelantarte a los acontecimientos. Tendremos que volver al mundo real. E investigar el cuerpo de Bruno. Si es que en el mundo real está muerto.
—¿Y si no está muerto?
—Entonces veremos quién acaba con quién primero.
—¡Estupendo!

Ambas desaparecieron de la World Dreamer Web. Se encontraban en el mundo real, en el refugio de Sandra. Neisha se levantó. Se acercó a Sandra, que estaba de pie en la sala, y le preguntó:

—¿Qué ha ocurrido, Sandra?
—Algo impensable; Bruno ha sido atacado directamente en la World Dreamer Web.
—Se supone que eso no es posible.
—No debería serlo. Si alguien ha conseguido crear la posibilidad de llevar a cabo ataques a los avatares de la World Dreamer Web y dañarles físicamente en el mundo real, estamos ante un problema muy, muy grave.
—¿Crees que ese proyecto, MindR, tiene algo que ver?
—No lo sé, es posible. Pero, para confirmarlo, tendremos que investigar este asunto en la vida real. Vamos al aerodeslizador. Salimos de inmediato.
—¿Puedo llevarme las galletas?
—Sí, pero date prisa.

Ambas subieron rápidamente al aerodeslizador, que despegó de inmediato.

—¿A dónde vamos? —Preguntó Neisha.
—A Italia. Concretamente, a Florencia.
—¿Estaba allá Bruno?
—Exacto.
—Siempre quise ir a Italia.
—¿Estás bien? Tu ritmo cardiaco está fuera de control.
—Te lo diré cuando pueda dejar el estómago de nuevo en su sitio.
—Cálmate. No quiero darte un calmante ahora. Hay soluciones para todo.
—Claro. Me lo dices mientras vamos a ver a un asesino profesional de la GSA. Y allí las leyes son distintas; acabaréis el uno con el otro en un instante. Y eso de que me va a proteger, no lo creo ni por un instante.
—No nos interesa acabar el uno con el otro de momento, mientras este tema de Phil esté en marcha. Luego, será él o yo. Como viene ocurriendo toda mi vida.
—Qué estimulante… Oye, ¿y esa historia de la niña de doce años que contó de tu expediente?
—Se produjo durante mi primera misión real. Tenía que robar una información de un cártel. Otras consideraciones eran secundarias. Fui introducida entre un grupo de mujeres destinadas a ser esclavas sexuales de un cártel de la droga. Una de ellas era una niña de doce años: Ana Velasco. No permití que la tocara nadie. Hubiese volado todo el perímetro de aquel lugar si hubiese sido necesario. Su propio padre fue el que la ofreció al grupo paramilitar. Pude salvar a la niña. Por poco. Conseguí que nadie la tocase.
—Supongo que te estuvo muy agradecida.
—Algo así. Luego terminó matando a su padre, y se convirtió en la líder del cártel de drogas, tiempo después.
—Vaya. Eso sí que es un final… interesante.
—Es posible. Ahora céntrate, por favor. Este asunto es muy grave. Una víctima de la World Dreamer Web es algo impensable, y de consecuencias imprevisibles. Tenemos que investigar qué le ha ocurrido a ese tal Bruno.

Pasaron unas horas en silencio, con Neisha dando cabezadas. Luego se despertó, y tomó una galleta. La miró, suspiró, y la volvió a dejar en la caja.

—No tengo hambre. Solo quiero que acabe esto.
—Acabará. Llegaremos al final de este asunto. Y podrás organizar una nueva vida.
—En la cárcel. O en la tumba. —Sandra rio.
—No. No en la cárcel, ni en la tumba. O quizás sí.
—¿Siempre eres tan graciosa, «gran» Sandra?
—No siempre. Atenta ahora. Estamos llegando. La fiesta en la WDW era irreal. Pero esta fiesta es real. Y aquí nos jugamos el cuello, las dos.
—Vivir contigo es toda una aventura. Y todo por haber sido la amante de ese loco de Phil. Supongo que tu amiga Alice se divertía contigo con todo esto. Yo solo espero que termine lo antes posible.
—Alice se divertía con todo esto, es cierto. Pero a ti tampoco te sienta tan mal. Hay una parte de ti que disfruta con todo esto. No eres tan distinta.
—¿Estás segura? Porque estoy a punto de estallar.
—Estoy segura.

Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

2 opiniones en “Allá donde reina Hipnos (III)”

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