En defensa del Ángel Caído

He sido muy malo en mi vida, y por lo tanto iré al infierno, donde me quemaré eternamente en una olla, mientras un diablo malo me pincha con un tridente…

Esta es, básicamente, la historia que nos contaban cuando era pequeño acerca del infierno. Un cuento absurdo, ridículo, y que nos asustaba, vaya si nos asustaba. Claro que pronto comenzamos a entender que aquel cura era peor que el propio diablo, y ya no teníamos miedo del Ángel Caído, sino de aquel tipo y sus cuentos.

Religiones: cuando la copia es la norma.

Tiene la palabra el abogado defensor.

Con la venia, Señoría, señoras y señores del jurado, procuraré no extenderme demasiado en mi defensa de mi cliente, Satán. Y comprenderán, una vez terminada mi dialéctica, que mi cliente no solo ha sido injustamente castigado por la historia; además, ha sido víctima de crueles mentiras, y lo más importante: se le ha negado la verdad más importante de todas: que mi cliente, Satán, es el responsable de que la humanidad sea libre, consciente, y, sobre todo, de su cualidad más importante y crítica: la posibilidad de albergar el Libre Albedrío.

Espero con ello convencer al jurado, y a su Señoría, de que mi cliente es inocente, y por ello le eximan de cualquier pena.

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Constantine. El demonio ya no es lo que era

“Dios le paga un sueldo a Satán” (Joaquín Sabina).

Un día, el demonio, que era el ángel predilecto de Dios, se levantó contra Él. Dios pudo haberlo destruido. Pero lo apartó a un lugar de fuego y azufre. Y comenzó un juego entre ambos que dura desde el principio de los tiempos. El juego es sencillo: “solo influencia. Nada de entrar en este mundo. Y a ver quién gana”.

Esa es, básicamente, la esencia de “Constantine“, película de 2005 que nos habla de que los ángeles y demonios están entre nosotros sin que los veamos. Pero es mentira: yo he visto muchos. Desgraciadamente, casi siempre han sido demonios. ¿Dónde se meten los buenos cuando los necesitamos?

Pero vamos con el tema. Leía recientemente que se desarrolla un sínodo de la iglesia sobre los ritos y métodos para exorcizar a poseídos. Al parecer la humanidad está abandonando a Dios, y el demonio aprovecha la ocasión para hacer su agosto con las almas de los desprevenidos ateos, que caen en sus tentaciones, y venden sus almas por una consola de videojuegos, una noche imaginaria con su estrella soñada, o un polvoriento ajuste de cuentas contra aquel individuo que nos traicionó el corazón.

El fuego del infierno es más dulce, y duele menos, cuando nuestra sed de venganza ha sido saciada.

Es increíble que, en pleno siglo XXI, estemos todavía peleando con la obsesión de Ángeles y demonios que controlan el mundo. Siendo la Tierra un simple planeta perdido en el medio de un vacío eterno y gigantesco, ¿qué necesidad tienen los Inmortales de molestarse por unas simples criaturas, cuya efímera existencia se pierde en un instante? Hombres, mujeres, y el mismo planeta, son solo un instante en la eternidad oscura del universo. Un Dios pestañea, y aparece la Tierra. Pestañea de nuevo, y la Tierra es polvo y fuego.

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Keanu Reeves y Rachel Weisz en una escena de “Constantine”

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