Trappist 1, sistema estelar con siete planetas tipo Tierra

La noticia del día, y del año, en cuanto a astronomía se refiere, y también en cuanto a ciencia en general, es el descubrimiento del sistema estelar Trappist 1, formado por siete planetas tipo Tierra, en el que tres de ellos serían potenciales candidatos para la vida, al encontrarse en la zona de habitabilidad de la estrella.

Aunque escribiré un artículo más completo sobre este tema, de momento he preparado un pequeño vídeo de presentación de este importantísimo hecho, que puede verse en el enlace adjunto.

GJ 1132 b, un nuevo hermanito para la Tierra

Nota 22-02-2017: se anuncia que en diez años podría encontrarse vida en otros mundos. La apuesta sigue en pie.

Dentro de la vorágine de nuevos exoplanetas detectados constantemente, llama la atención el denominado GJ 1132 b. con un 50% más de masa que la Tierra (que puede parecer mucho, pero es increíblemente pequeño comparado con muchos otros), este planeta, del que se habla en este enlace con detalle, es muy interesante porque parece disponer de una capa atmosférica formada por agua y metano. Ambos son elementos que eran comunes al principio de la historia de la Tierra.

¿Por qué es interesante este planeta? En realidad, todos lo son, y todos nos enseñan muchas cosas de nuestro propio planeta. Comparar otros mundos con el nuestro nos enseña más cosas del nuestro. Si tenemos otros modelos, siempre podremos contrastar sus características con el nuestro. Esto es lo mismo que hacen los médicos con una persona que enferma de algo y otra no; estudian al sano para ver qué tiene que le hace inmune, y luego aplicarlo al enfermo. Del mismo modo, estudiar otros mundos nos enseña a conocer y comprender mejor el nuestro.

¿Qué tiene de especial esta atmósfera? Es primigenia, es decir, tal como comento en el párrafo anterior, es similar a la que tenía la Tierra. ¿Y esto que demostraría de ser verificado? Demostraría que esas bacterias que tiene usted en el intestino, y que desprenden metano, son originarias de planetas como la Tierra, pero también serían posibles en atmósferas como el GJ 1132 b. Dicho de otro modo: podemos conocer más sobre el origen de la Tierra estudiando el planeta GJ 1132 b.

¿Se podrían detectar trazas de vida en un planeta así? Es probable que sí, dado el tiempo y el desarrollo y mejora de los actuales instrumentos. ¿Cómo? Bueno, alguien dijo una vez que nunca sabríamos de qué estaba hecho el Sol. Luego llegó la espectrografía y se aprendió que podemos conocer la composición de los objetos lejanos por su firma en la luz. La espectrografía y otras técnicas avanzadas podrían permitirnos analizar una atmósfera planetaria con la precisión suficiente como para deducir si hay vida. Y eso es así porque la vida cambia la composición de la atmósfera.

Por ejemplo, la Tierra primigenia estaba basada en nitrógeno, metano y en otros gases, no había casi oxígeno, elemento que se fija a la superficie mediante oxidación con silicatos y metales. El oxígeno libre en la atmósfera, y el fundamental ozono de las capas altas (O3), llegó luego con el proceso de la fotosíntesis. Es este un elemento que se combina con muchos elementos, y queda atrapado en el suelo. El hecho de que haya tal cantidad de oxígeno en la atmósfera, 21%, indica claramente presencia de vida aeróbica. Del mismo modo, estudiar la atmósfera de GJ 1132 b nos puede indicar la presencia de vida anaeróbica, en un planeta que podría ser como la Tierra fue hace 3.500 millones de años.

En cualquier caso, estimo que no pasarán más de diez años hasta que se dé con un planeta con vida anaeróbica, demostrando que la vida, como tal, surge en los mundos donde es posible en cuanto hay ocasión. ¿Por qué digo esto? Porque, tal como comenté recientemente, la vida surgió en la Tierra tan pronto como fue posible. Y creo que es un fenómeno generalizado en el universo. Por supuesto, esa es mi opinión personal, y puedo estar completamente equivocado. Pero estoy dispuesto a jugarme una caja de cervezas con quien quiera a que, en 10 años, sabremos que no estamos solos en el universo. ¿Alguien se anima?

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Serie Cosmos 2014, una nueva nave de la imaginación

La serie de ciencia Cosmos de 1980 para televisión, de Carl Sagan, fue una fuente maravillosa y casi inagotable de jóvenes soñadores, que soñaron con tocar las estrellas con el poder de la imaginación. Muchos encontraron en aquella serie un motivo para lanzarse a estudiar astronomía, astrofísica, cosmología, exobiología, y otras ciencias muy diversas, así como carreras tecnológicas. De hecho, en una encuesta reciente de la NASA y el MIT, una parte del personal confesó estar allí por la serie.

¿Qué poder tiene entonces una serie así? Depende. En aquellos años, la fuente básica de información visual era la televisión. Los jóvenes se centraban en la televisión, y la llegada de la serie se devoraba con pasión en cada nuevo capítulo. Luego llegaron los famosos vídeos VHS, que se terminaban rompiendo disfrutando de cada capítulo.

En 2014 se realizó una serie nueva que acabo de ver. Grande, genial, estupenda, muy bien realizada. Pero con dos problemas: no tiene la magia de la primera, y más importante, hay tanto bombardeo constante de información, que los jóvenes, en general, no se centran ni profundizan en nada. Todo es consumo de información inmediato y superficial. Y una serie como Cosmos requiere concentración, relajación, y reflexión. Facebook es en parte responsable de este hecho. ¿Cuántas noticias ha leído hoy en Facebook? ¿Y de cuántas de ellas ha explorado algo más que las primeras líneas? Es una pregunta que me hacía yo antes de borrar mi usuario personal de Facebook.

Dudo que esta nueva serie de 2014 dé los frutos que dio la primera. Pero, de todas formas, es altamente recomendable. El presentador, Neil deGrasse Tyson, fue uno de esos jóvenes que se entusiasmó con el trabajo de Sagan. Y hace un excelente trabajo.

Nadie debe pensar que considero a esta versión de 2014 nueva menos indicada que la anterior. Pero son otros tiempos, y otras ideas. Esa chispa por explorar sigue existiendo, pero ahogada en un mar de confusión de datos constantes que bombardean la mente infatigablemente. Creo que es bueno recogerse un momento, desconectar todo, y dejarse llevar en la nave de la imaginación con esta nueva serie. Merece la pena, sin ninguna duda.

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No hay marcianos en Europa; hay géiseres

El pasado día 26 la NASA informó de que iba a hacer un importante anuncio en relación a la luna Europa de Júpiter. Mucha gente introdujo el famoso término: “aliens”. Pero, por mucho que cada semana parezca que se han descubierto marcianos en algún lugar del universo, no se trata de aliens, por la sencilla razón de que se requiere una sonda en el satélite para poder confirmar un dato así, al menos con la tecnología actual.

El satélite Europa de Júpiter es una luna compleja y dinámica, algo menor que la Luna, y de la que se sospecha que dispone de una estructura interior que podría albergar agua en un océano interno. Esas condiciones y las particulares características del satélite, similares en composición a la de la Tierra, podrían haber permitido el desarrollo de vida microscópica, de forma parecida a lo que ocurrió en la Tierra. El descubrimiento de la NASA es, sin embargo, muy importante. Se trata de geiseres, es decir, chorros de vapor de agua que emanan del interior del satélite. Eso quiere decir que dentro hay agua, y, quizás, un océano líquido, como se viene sospechando. Esto de ningún modo significa vida, pero los exobiólogos, es decir, los biólogos especializados en estudiar posibles formas de vida en otros mundos, creen que Europa es un gran candidato a contener vida.

Si se confirmase que hay vida microscópica, ello daría pie a pensar que la vida como tal aparece cuando y al poco de que se den las condiciones adecuadas, como pasó en la Tierra, que, geológicamente hablando, dispuso de vida desde prácticamente los primeros instantes en los que la Tierra pudo albergarla. Si se confirmase que no hay vida, se tendrá que seguir trabajando en modelos bioquímicos y biofísicos planetarios que permitan deducir cuáles son las condiciones para la aparición de vida microscópica.

Por cierto, y como curiosidad, estos exobiólogos que estudian la vida de otros mundos no tienen aparentemente nada que estudiar de momento. Entonces, ¿para qué sirven? Su utilidad es enorme; estudiando otros mundos, y calculando las probabilidades de vida de esos mundos y sus posibles desarrollos en base a la composición de esos mundos, su temperatura, atmósfera, y otros elementos, pueden imaginar posibles formas de vida, y con ello, entender mejor la propia vida en la Tierra. Por cierto, ya hubo noticias de algo así en 2013. Ahora se confirman con más detalle.

De todas formas, una cosa está clara: si algún día se llega a detectar vida en Europa, o en alguna de las otras lunas de Júpiter y Saturno candidatas a poseer vida, ello significará un salto enorme en la historia de la humanidad. No solo a nivel científico, sino también desde el punto de vida humano. Si no estamos solos, si en otro cuerpo del sistema solar también hay vida, parecerá lógico pensar que esta es más común de lo que habíamos pensado, y ello abrirá un sinfín de posibilidades. Por no hablar del impacto a nivel social y cultural de saber que no estamos solos. Las opciones son enormes. Encontrar vida sería uno de los mayores pasos de la humanidad en la búsqueda de dos preguntas eternas: qué somos, y por qué estamos aquí. Esperemos descubrirlo tarde o temprano.

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Europa, Luna de Júpiter

El tiempo hasta encontrar vida en otros mundos

Esta semana la NASA ha anunciado 1284 nuevos planetas descubiertos. Nueve de ellos son de un tamaño similar a la Tierra, y se encuentran en la zona habitable. La pregunta no es si hay vida fuera, sino cuándo será detectada.

¿Cuánto falta para tener constancia de vida en otros mundos? De forma indirecta, en realidad no mucho. Las nuevas generaciones de sondas y sistemas de proceso de señal e imágenes van a procesar no miles, sino cientos de miles de planetas, de tamaños similares a la Tierra, ahora difíciles de detectar. La forma de detectar vida en esos planetas requiere del análisis del espectro de las atmósferas de esos planetas. De un modo similar a cómo se detectaron los los elementos del Sol, este sistema permitirá conocer que atmósferas son probables lugares con vida.

Para ello, se analiza la atmósfera y sus compuestos, y el tipo de planeta que la contiene. Los planetas con vida tienen todos ellos una firma especial: una atmósfera alterada por la actividad metabólica de los organismos que la pueblan. El proceso pasa por una atmósfera inicial que genera vida, luego esta vida transforma la atmósfera, y, finalmente, se desarrolla una segunda generación de organismos capacitados para esa nueva vida. Los organismos originales no desaparecen, pero quedan supeditados a áreas donde se mantienen las condiciones iniciales del planeta.

De este modo, no pasarán más de diez años, puede que menos, para poder tener datos confirmados de vida extraterrestre. Esto por supuesto provocará las clásicas controversias filosóficas, religiosas, y éticas que siempre traen los grandes descubrimientos. Pero también abrirá las puertas a la esperanza. Si hay vida microscópica fuera, hay lugares donde quizás podamos vivir. Incluso una galaxia que compartir. Y eso será una puerta que se abre para el futuro de la humanidad. Merecerá la pena ese viaje. Sin ninguna duda.

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