Los nuevos dioses

Helen Parker murió cuando se acercaba a los treinta años. Una joven normal, con una vida, normal, y nada destacable en su día a día. Excepto que un cáncer repentino terminó con su futuro. Pero algo ocurrió: alguien hizo una copia de su ADN y ARN, y de sus engramas de memoria, es decir, de sus recuerdos y experiencias.

Años más tarde, su cuerpo es regenerado, y sus recuerdos integrados en el nuevo cerebro. Helen es básicamente la misma persona. No es un clon, porque su memoria es la misma. Y porque el ADN y ARN empleado ha regenerado el mismo organismo con la misma edad que tenía cuando murió.

De hecho, Helen podría volver a usar este procedimiento de forma indefinida. Y sería, desde ese momento, inmortal.

Este caso es una ficción de un libro, nada más. Pero la pregunta que subyace tras esta situación es: ¿será posible llevar a cabo alguna vez un proceso así? Y, si eso es posible, ¿qué hacemos con esos que nos esperan en el cielo?

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Las religiones han basado siempre sus premisas en tres argumentos básicos:

  1. El mundo y su naturaleza son creación de un dios (o de varios, según la época y lugar). Luego, en última instancia, toda explicación sobre el universo se debe basar necesariamente en ese dios, o esos dioses.
  2. El dios o dioses implicados, generan un conjunto de normas y reglas que deben aplicarse rigurosamente.
  3. Derivado del punto 2, los que acaten esas normas irán al cielo, o al Valhalla, o a donde sea. Los que no, irán al infierno, o al Naströnd, o al Hades.

El punto 3 es la clave de por qué hay que seguir las religiones, según ellas mismas nos cuentan. No se trata de ser solo bueno o malo; se trata de que, cuando mueras, irás al Valhalla, y combatirás eternamente sin que las armas te hagan daño, según los vikingos. O cantarás con un arpa odas a Dios, según los cristianos. O te esperarán un grupo de vírgenes que serán tuyas, según el islam (obviamente si eres hombre, al parecer las mujeres tendrán los mismos castigos que ya sufren en vida).

En definitiva, que hay que ser buenos y portarse bien para ir al cielo, porque en el infierno te meten en una cazuela y te pinchan con un tridente. De acuerdo, pero…

¿Y si conseguimos ser inmortales? ¿Qué harán en el cielo? ¿Y en el infierno? ¿Entrarán en crisis? ¿Harán ofertas y descuentos para que la gente se anime a morir? ¿Cerrarán por falta de personal?

¿Cómo explicarán las religiones la inmortalidad? (aparte de tacharla de blasfemia, infamia, etc, aunque probablemente los primeros en apuntarse sean ellos, por supuesto, como ha sido siempre para todo).

Si los seres humanos se hacen inmortales, y si dominan con la ciencia el universo, e incluso, si según algunas teorías, existen otros universos, y somos capaces, mediante la tecnología adecuada, de crear esos universos, ¿no estará ocurriendo algo? Veámoslo:

  • Inmortales.
  • Con grandes poderes.
  • Capaces de crear universos.
  • Capaces de poblar esos universos con vida.
  • Capaces de interactuar con los seres de esos universos.

Parece que todo esto nos va dando una pauta, y dejando claro un aspecto básico de la situación. Y esa situación sería, simple y llanamente que

Nosotros seríamos los dioses.

Todopoderosos. Inmortales, y creadores de universos y vida. Capaces de imponer unas normas, y capaces de meterle un rayo destructor al primero que no obedezca. El ser humano se convertiría, desde cualquier punto de vista, en Dios. ¿O no?

Los puristas dirán que no es lo mismo. Que nosotros vivimos en un universo creado por el verdadero Dios. Y ese verdadero Dios puede destruirnos en cualquier momento. De acuerdo, pero entonces lancemos esta pregunta al aire: ¿no será que ese Dios del que tanto hablan, no es más que otra especie como la humana, que ya ha llegado a ese nivel de progreso? Y, si eso fuese así, ¿no tendríamos, dado un punto de desarrollo, la capacidad para contactar con ese Dios, que no es más que un ente en un laboratorio? La ameba saluda al científico desde su portaobjetos.

Pensémoslo: podríamos ser el producto de un experimento. ¿Parece ridículo? La teoría de cuerdas también lo es, y todo el mundo le da mucho crédito. ¿Por qué esta idea no debería tener el mismo rango? ¿Porque no se sustenta matemáticamente? La teoría de cuerdas tampoco, y a casi nadie parece importarle.

No tenemos ni idea de por qué existe el universo. Todavía. Sí, conocemos muchos aspectos de su estructura, de su naturaleza, de su desarrollo, de sus posibles finales. Sabemos que el vacío, la nada, no existe. Las partículas virtuales, y la energía del vacío, que generan entre otros el fenómeno llamado efecto Casimir, dejan claro que el universo vibra constantemente. Que cualquier partícula, incluso habiéndosele extraido toda su energía, siga manteniendo una energía mínima, indica que existe un algo residual siempre, y que el cero es un concepto matemático, no una entidad real. Al menos en el mundo de la física, en mi cuenta corriente es otra cosa.

creacionismo

Dada la existencia del universo, y visto que este universo parece especialmente dotado para la vida, como indica el principio antrópico, se dice que el ser humano existe porque este universo tiene las condiciones necesarias para la vida. Y de hecho ya se sabe que la vida en la Tierra comenzó al poco de formarse esta. ¿Qué nos dice todo esto?

Nada, en realidad. El principio antrópico no es más que una tautología en la que se han enredado los físicos teóricos amantes de la teoría de cuerdas. Seguimos perdidos en un mar de dudas, pero vamos rellenando piezas de un puzzle, del cual es probable que algunas piezas puedan quedar para siempre ocultas. La gracia de la ciencia consiste en extrapolar las piezas que faltan a partir de las que tenemos, y disponer de un conocimiento total a partir de las partes que están a nuestro alcance.

Si todo ello es posible, y cómo, y cuándo, está por verse. Pero hemos ido muy lejos ya. Nada tendría que impedir poder continuar este camino. Ahora que la teoría de cuerdas por fin se está desvalorizando, se va a potenciar el trabajo de otras teorías más prometedoras, como por ejemplo la gravedad cuántica de bucles. No es una teoría perfecta, pero es una teoría que se sostiene matemáticamente al menos. Y puede dar pie a nuevas teorías más elaboradas y completas.

Puede que nunca seamos dioses. Aunque algunos ya se han dado esa condición a lo largo de la historia. Quizás, en última instancia, será mejor evitar caer en esa tentación, y dejar que la idea de dioses sea barrida por el viento del conocimiento y el hecho empírico, y si alguien quiere creer, adelante, que crea en su casa lo que quiera. Pero el hecho científico existe por sí mismo, y no miente. Y al hecho científico no le importan los dioses, ni los libros sagrados, ni las amenazas de una vida eterna ardiendo en el fuego.

El hecho científico está delante de nosotros, y puede ser tenido en cuenta, o ignorado. De nuestra actitud dependerá nuestro futuro. Los hechos no van a cambiar. La humanidad, si quiere sobrevivir, debería comenzar a cambiar ya. Porque tenemos mucho que aprender. Pero, si somos barridos por el fuego de la historia, y solo queda un planeta vacío y baldío, se habrá perdido una oportunidad. Y entonces no seremos dioses. Ni demonios. Seremos polvo, para ser observados e ignorados.

Creo que ese final no debería gustarle a nadie. Y por eso creo, sinceramente, que debemos buscar alternativas, y crecer en el conocimiento. Porque solo el conocimiento nos dará una oportunidad de futuro. Sin esa oportunidad, la humanidad tiene un reloj para su final, un reloj que cualquier día puede sonar. Y será demasiado tarde ya para cambiar.

 

 

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