La confesión

Llevo 40 años siguiendo y desarrollando la teoría de cuerdas. Tengo miles de adeptos que me siguen fielmente. No tengo ninguna prueba real de lo que se teoriza, ni nadie puede refutarlo. Solo tengo un enorme conjunto de ecuaciones que además son conjuntos de teorías unidas por una teoría mayor llamada teoría M que no está completa. Vaticino unas partículas llamadas supersimétricas que ni se han detectado en el CERN a máximas energías ni parece que puedan existir. No existe forma de que empíricamente se pueda verificar mi teoría.

Además, en mi universidad y otras si los estudiantes de física no comulgan con esas teorías no damos becas. Lee Smolin es un parásito y un renegado al no seguir la teoría de cuerdas y desarrollar otras teorías menos ambiciosas pero más consistentes, y le odio, le odio, le odio.

Y no solo eso, ahora, siguiendo el mismo principio, me monto una teoría llamada ER=EPR que sigue la misma base y que es igualmente indemostrable, y además todos los medios de comunicación aplauden mi nueva teoría indemostrable y que parte de una idea que es como mínimo absurda, donde millones de miniagujeros negros son la base de la mecánica cuántica.

Y lo peor de todo es que a todo esto lo llamo ciencia.

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El quinto elemento, y no es la película

El mundo de la física teoría lleva 40 años estrujándose el cerebro intentando ir más allá de la Teoría Estándar, que explica tres de las cuatro fuerzas del universo conocidas: electromagnética, nuclear débil, y nuclear fuerte, siendo la cuarta la gravedad. Por supuesto, los puristas dirán que la gravedad no es una fuerza en sí, y tendrán razón, pero ese es otro tema.

Corre un chiste por los laboratorios de física que dice que, dada una nueva hipótesis en física, la teoría de cuerdas tendrá una explicación para la misma. Y últimamente la teoría debe de echar humo, porque la verdad es que estamos en los juegos olímpicos de las hipótesis y teorías para salir del atolladero de la física actual. El último intento es una hipotética quinta fuerza detectada, cuya partícula, el bosón X, X de desconocido, y con una masa solo 30 veces superior al electrón, sería una partícula que solo interacturaría con electrones y neutrones, pero además a distancias muy cortas.

Pero no se vayan todavía, aún hay más. Estas variaciones en los aceleradores están dando a pensar que, quizás, exista toda una gama de partículas «oscuras». Es decir, la materia oscura, y la energía oscura, no estarían formadas por una partícula nueva, sino por toda una familia de partículas «oscuras» que interactuarían de forma muy limitada con el universo «luminoso». Dentro de nada va a salir Yoda, lo veo venir.

En todo caso, todo esto está muy bien, pero veo mucho entusiasmo y campanas al vuelo con datos que son desviaciones estadísticas con sigmas muy bajos. Atención, no quiero desprestigiar estos datos, pero sí tengo una sensación de que últimamente se han puesto de moda titulares demasiado optimistas y llamativos, que pretenden atraer lectores de una forma quizás demasiado clara. Lectores y financiación por supuesto. Lo entiendo hasta cierto punto, todo el mundo tiene derecho a ganarse la vida, pero cuidado con tirar la casa por la ventana. Al final va a ocurrir como el cuento del pastor y el lobo. Cuando sea verdad no nos vamos a creer nada.

Y os dejo que tengo que llenar el depósito de mi XWing que tiene que pasar la ITV esta tarde.

La Tierra

Negativa la detección del neutrino estéril

En su búsqueda de lo que pueda ser la materia oscura, los físicos han estado durante muchos años realizando hipótesis sobre supuestas partículas supemasivas que podrían, en algunos casos, ser la base de este tipo de materia que conforma, se supone, el 21% del universo (la materia bariónica, es decir, tú y yo, formamos el 5%).
 
Pero esas partículas supermasivas se resisten a aparecer. En el LHC ha habido algunas esperanzas, pero nunca se ha pasado de Sigma 2, recordemos que Sigma indica estadísticamente la probabilidad de que una señal sea real, siendo un 4 o mayor el número que conforma un valor ya casi definitivo.
 
Esas partículas masivas, predichas por la teoría de cuerdas,se han conocido popularmente como partículas supersimétricas, por ser iguales a las partículas ya conocidas, pero con energías muy superiores. De momento no hay rastro de ellas.
 
Por ello, los físicos han girado la vista. Si quizás no existan esas partículas supermasivas como fuente de la materia oscura, ¿pueden quizás partículas muy ligeras tomar su lugar? Eso es lo que se esperaba con un supuesto nuevo tipo de neutrino, que recibe el nombre de «estéril», porque solo interacturaría con la gravedad. Sería, de haberse encontrado, un candidato a la materia oscura.
 
No ha sido así, y el reciente informe del laboratorio iceCube de la Antártida indica que estos neutrinos no existen, al menos en las energías que se esperaban. Seguimos por tanto sin saber qué es la materia oscura, o, quizás incluso, si existe. Su presencia parece evidente, por muchos motivos ya vistos a lo largo de las últimas tres décadas. Pero no se deben descartar otras hipótesis.
 
En el diario El País, de una forma bastante triste, explican este asunto, con algunos errores bastante evidentes, y con comentarios de lectores en general aún más tristes. Pero al menos se ríe uno un rato.
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Laboratorio iceCube en la Antártida

El eterno debate del tiempo

Ayer estuve viendo de nuevo «Interstellar», la «2001» del siglo XXI. Ya escribí algo sobre esta película, que tiene errores que incluso yo soy capaz de ver. Dejando aparte el circo del mundo de cinco dimensiones claro, pero entiendo que eso es literatura pura y dura, y eso es genial. Lo que no se puede pretender es que eso sea ciencia, o venderla como tal. La ciencia ficción puede contener ciencia, pero se debe vender como ciencia ficción, por mucho que le pese al escritor o guionista.

Yo estoy completamente en contra de la literatura de los viajes en el tiempo, porque son un recurso fácil para arreglarlo todo. ¿Hay un problema? Viaja en el tiempo y listo, todo solucionado. No, ni mucho menos. Hay que trabajar la idea y buscar cosas coherentes, y no ir viajando adelante y atrás en el tiempo para solucionar lo que no sabes arreglar de otra forma.

Sin embargo, entrando en el terreno estrictamente científico, ¿es posible el viaje en el tiempo? Hawking dice que, si fuese posible, ya estarían aquí los crononautas, que es como se llama a los viajeros del tiempo. Y no están, luego no es posible viajar. Y que nadie venga con que «esta es la primera vez que existimos y por eso no ha llegado el futuro», porque ese argumento cae por su propio peso. No somos exclusivos, ni somos especiales, ni tenemos una afinidad. Simplemente, existe una línea temporal.

Los viajes en el tiempo, de poder producirse, serán en todo caso a universos donde sí podamos interactuar, pero creando una historia paralela. Pero sigo resistiéndome a esa idea. Sigo creyendo que Hawking tiene razón, y que el gran genio de la física acierta al entender que, de un modo práctico, el viaje en el tiempo es imposible. Básicamente, espacio y tiempo están interconectados. Si quisiéramos viajar en el tiempo, debemos cambiar también el espacio, violando las leyes de la termodinámica, y eso es algo que no parece vaya a ocurrir.

Así que no, no puedo estar de acuerdo con el señor Kaku, una eminencia por supuesto. Pero su premisa no me parece acertada.

Pero, volviendo a la literatura, los escritores mediocres de ciencia ficción seguirán usando el viaje en el tiempo en sus libros. ¡Malditos roedores!

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Posible existencia del tetraneutrón

La física está últimamente muy revuelta. Si hace no mucho era el bosón de Higgs, y recientemente las ondas gravitatorias, ahora parece que un antiguo resultado podría llegar a confirmarse. Se trata del tetraneutrón, una partícula creada a partir de cuatro neutrones, que formarían una sola superpartícula, sin necesidad de protones. Existen dos formas de alcanzar este resultado, tal como se explica en el enlace adjunto con gran detalle y de forma muy clara y concisa.

El problema, tal como se indica en ese mismo documento, es que un tetraneutrón, si realmente existe (actualmente está calificado como sigma 4.9, es decir, con una alta probabilidad de que sea real), violaría el principio de exclusión de Pauli, que dice que ningún fermión puede encontrarse en el mismo estado cuántico que otro dentro de un mismo sistema. ¿Qué ocurre entonces? ¿Se da por inválida la existencia del tetraneutrón, y se sugieren otras explicaciones? ¿Se considera que el principio de exclusión de Pauli es incorrecto, al menos en ciertos casos? ¿O existe una tercera explicación no conocida?

El asunto es importante, porque podría desmontar uno de los dogmas que durante décadas ha servido de base a la física. Pero la ciencia no se basa en dogmas, sino en hechos. Si el principio falla, habrá que volver a rediseñar la física, al menos, en lo que a este principio fundamental de la mecánica cuántica se refiere. Veremos cómo termina esta historia, y si se produce una confirmación del tetraneutrón. Las implicaciones de algo así son, ahora mismo, inimaginables.

Ah, alguien preguntaba por ahí si esto sería la materia ordinaria de una estrella de neutrones. No, no tiene nada que ver con las estrellas de neutrones, que están formadas por el colapso de los átomos, generando neutrones a partir de los electrones exteriores y los protones del núcleo. Pero eso, como suele decirse, es otra historia.

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Introducción a la teoria de la relatividad

Ahora que tanto se está hablando de Albert Einstein y de las ondas gravitatorias, es interesante acercarse a la teoría de la relatividad, y conocer su desarrollo.

El origen de la teoría de la relatividad especial, y la derivación de la velocidad de la luz, así como la relación entre masa y energía, fueron el punto de partida de Einstein en 1905, el año que se conoce como Annus Mirabilis. En este vídeo se explica cómo se puede desarrollar la teoría a partir de los conceptos generales que Einstein manejaba en la época.

Es muy interesante porque es otro tipo de aproximación al desarrollo matemático al que estamos acostumbrados. Este vídeo, que es una grabación de una charla en una facultad de física, huye de los efectos especiales y los grandes comentarios, y se centra en lo que interesa: el modelo básico de la teoría. Javier García, el profesor que instruye la clase, es un hombre con una gran capacidad de explicar conceptos de todo tipo de forma clara y concisa. Creo que es extremadamente formador y didáctico.