Piano man, el alma que buscaba soñar

Siempre me han gustado los ambientes decadentes. Y los mundos decadentes. Las vidas de las almas perdidas, de aquellos que buscaron el amor y la fortuna, y solo encontraron ignorancia y soledad, rechazo y olvido.

Los ambientes oscuros, cargados de olor a alcohol y a tabaco, y a lágrimas que lo envuelven todo, y que se pueden tocar manando de la pared. En un oscuro bar, de una ciudad oscura, un grupo de almas oscuras buscan refugio al calor de una noche, en la que pueden compartir sexo y abrazos, en una sucia cama donde olvidar, por un instante, que son mortales expulsados de un paraíso que no encontrarán jamás.

De eso trata este tema musical de 1973 que acompaña a esta entrada. “Piano man”, de Billy Joel, nos cuenta la historia de un grupo de almas en pena, con un pianista que vive los sueños de gran concertista que nunca llegarán, ahogado en su piano y en su cerveza, y rodeado de seres a los que alimenta con un sonido lento y monótono, pero lleno de vida. Una interpretación magistral, que tuvo una versión en español por parte de Ana Belén, que personalmente me parece de un nivel netamente inferior a la pieza original.

De algún modo, yo en una época pasada visitaba un lugar así, en mi antigua ciudad. El pianista era real, el inagotable Cristóbal, siempre vestido al estilo victoriano, y no exagero, con su cabello en cola, su larga gabardina, y su reloj de bolsillo. Era un pianista impresionante, profesor de piano, y un gran maestro. Nos deleitaba con piezas clásicas compuestas por él mismo, y yo me preguntaba dónde diablos habían huido los dioses, para dejar escapar tanto talento como rezumaba aquel hombre. También había conciertos de vez en cuando, y un ambiente en el que todos sabíamos que la revolución estaba cerca, y el mundo caería en pos de una sociedad mejor y más justa, donde se reconocieran nuestros sueños, y podríamos hacer realidad nuestros anhelos.

Luego abrimos la puerta, y la realidad lo inundó todo, ahogándonos para siempre en la desidia y el tedio.

Pero fueron buenos tiempos. Y pasé buenos momentos allá. Son esos recuerdos los que merecen la pena. Los grandes recuerdos de victorias que no fueron, y de almas perdidas que no volverán. Señoras y señores, con ustedes, Piano man. El hombre del piano.

Sheryl Crow y la salvación del amor

Hoy es miércoles, así que toca música. Aunque, a decir verdad, casi nunca pongo una entrada de música los miércoles. Pero eso es lo bonito de la vida: vivir en un caos absoluto. Solo hay que ver mi mesa. O mi vida.

¿Por qué considero «Love will save the day» el mejor corte del último disco de Sheryl Crow? Es un asunto muy personal. Cada persona tiene sus gustos, pero a mí este tema me parece fantástico por varias razones.

Primero, ese sonido a antiguo, como si una aguja estuviera pasando por el disco. Sheryl Crow nos está diciendo que es clásica, y que gusta de sonidos clásicos. En segundo lugar, por ese sonido directo que ella siempre introduce en sus temas, y especialmente en este último álbum. En tercer lugar, por ese juego de voces que trabaja a varias escalas y armónicos, y que crea un ambiente profundo y sutil. Cuarto, por la variación que introduce a mitad de la canción, con esa repetición, con esos coros y esas cuerdas que transforman la composición completamente, pero de forma grácil y natural, y que terminan de forma repentina, reintroduciendo el tema de forma impresionante.

Quinto, por toda la cadencia de la canción, que se arrastra, como si estuviésemos en un largo camino sin final, caminando por una angosta senda al amanecer. Sexto, por esa voz profunda de Sheryl, que dota al tema de una gran personalidad.

Séptimo, y final, porque la letra es una maravilla incontestable sobre sentimientos rotos y encontrados. Pura poesía.

Por todo eso, creo que este tema es el mejor del disco. No soy el único que lo opina. Pero, como siempre, para gustos, colores. Lo que está claro es que la pieza es una maestría de la armonía. De eso no cabe ninguna duda.

Ballet suite de Gayane, música para explorar el alma

Ya he comentado alguna vez cómo me cautivó «2001: una odisea del espacio» cuando la vi por primera vez. Corría el verano de 1970, y me invitaron a ir a verla. Quien me invitaba sabía de mi gran afición por la ciencia ficción. También me advirtió que era una «película rara». La advertencia no fue necesaria.

En fin, aquella película me transformó, sin ninguna duda. Le debo muchas cosas a esa obra maestra de Stanley Kubrick. Y la base de «La leyenda de Darwan» tiene que ver muchísimo con la inspiración que recibí de aquel largometraje.

De entre las muchas escenas increíbles, una realmente conmovedora es la de la nave «Discovery» de camino a Júpiter, mientras parte de la tripulación se encuentra en estado de hibernación, y uno de los astronautas hace ejercicio en la zona principal de la nave. Siempre bajo los atentos ojos de «HAL 9000», probablemente una de las computadoras de ficción más famosas del mundo.

Durante esas escenas, suena una música de fondo que me fascinó. Es una pieza poco conocida, pero realmente profunda: La suite «Gayane Ballet», un adagio compuesto por Aram Khachaturian, un compositor soviético que nos trae una pieza que nos arrastra con sus cuerdas a lugares increíbles. La música acompaña a esa gigantesca nave a su destino final, que no es otro que dar un nuevo paso en la escala evolutiva de la humanidad, hacia una nueva comprensión del universo.

Pruébelo: en un lugar tranquilo, con poca luz, o sin luz, sentado o echado cómodamente, ponga esta música, cierre los ojos, y déjese llevar por las cuerdas y la vibración de esta pieza, corta, pero llena de sentimiento y fuerza. Viajará más allá de las estrellas, como el protagonista final de 2001.

Sin duda, un viaje a la mente y al alma maravillosos, que siempre llevaré conmigo. Gracias, maestro Kubrick, por esta maravilla.

El líder de la banda, un recuerdo a Dan Fogelberg

Hoy vamos a ponernos nostálgicos con Dan Fogelberg, un cantante y compositor de origen estadounidense que tuvo mucho éxito entre los años setenta a noventa, y que tiene un sonido puro y natural, con canciones profundas y muy cálidas.

Su muerte en 2007 me impactó sobremanera, porque me había acompañado muchos años cuando era joven, y siempre me reconfortaba escuchar su música y sus canciones. Su guitarra y sus melodías hablan de cosas sencillas, de gente sencilla, y de una vida cercana y en la que todos nos podemos ver reflejados de alguna manera.

Para esta entrada he elegido uno de sus temas más emblemáticos, «leader of the band» (líder de la banda) en la que recuerda a su padre. Ciertamente me siento muy identificado con esta canción, y mis recuerdos de mi padre se acercan mucho a lo que dice esta letra. Música de calidad, como siempre me gusta, sencilla y sin estridencias, cálida y directa al corazón. Con ustedes, Dan Fogelberg.

Leader of the band – Dan Fogelberg.

An only child
Alone and wild
A cabinet maker’s son
His hands were meant
For different work
And his heart was known to none

He left his home
And went his lone
And solitary way
And he gave to me
A gift I know I never can repay

A quiet man of music
Denied a simpler fate
He tried to be a soldier once
But his music wouldn’t wait
He earned his love
Through discipline
A thundering, velvet hand
His gentle means of sculpting souls
Took me years to understand

[Chorus:]
The leader of the band is tired
And his eyes are growing old
But his blood runs through my instrument
And his song is in my soul
My life has been a poor attempt
To imitate the man
I’m just a living legacy
To the leader of the band

My brothers’ lives were different
For they heard another call
One went to Chicago
And the other to St. Paul
And I’m in Colorado
When I’m not in some hotel
Living out this life I’ve chose
And come to know so well

Music break

I thank you for the music
And your stories of the road
I thank you for the freedom
When it came my time to go
I thank you for the kindness
And the times when you got tough
And, papa, I don’t think I
Said ‘i love you’ near enough

[Chorus:]

I am a living legacy to the leader of the band

Beverley Craven, cuando la dulzura es música

Hoy es martes, así que toca música. Bueno, era los miércoles, pero mañana ando ocupado con alguna reunión importante frente a la consola. Y, hablando de música, dentro de la música ligera, pocos artistas con la sensibilidad, la dulzura, y la pasión por la calidad se pueden encontrar como Beverley Craven, una compositora, pianista, y cantante británica, que obtuvo un gran éxito con su composición «Mollie’s Song», dedicada a su hija.

Este vídeo no tiene mucha calidad, es antiguo, pero igualmente deja claro que Beverley Craven es una artista de gran nivel, con una música que personalmente me ayuda mucho cuando estoy escribiendo. Y es que un sonido así inspira y hace vivir y vibrar. Hace muchos años ya que la descubrí, y sigue pareciéndome una de las mejores intérpretes que ha dado Reino Unido. Merece la pena, sin ninguna duda.

Crosby, Stills & Nash en estado puro

El otro día comentaba cómo la música en directo, sin filtros, sin efectos, sin informática, es la que prefiero. Música que nace y se expresa tal cual es, sin aditamentos, sin añadidos artificiales. Porque un artista lo es cuando se expresa puro, desnudo, en el escenario. En comunión directa con los espectadores. Puse un ejemplo con Sheryl Crow.

Hoy me gustaría traer aquí otro ejemplo, de un grupo que quiero y admiro desde hace demasiados años: Crosby, Stills & Nash, un trío de música de folk rock de un estilo puro y directo. En ocasiones otro grande, Neil Young, se ha unido a ellos en algunos conciertos y discos.

Llenar un concierto de dos horas de tres guitarras y tres voces. Nada más. Hay que ser bueno, realmente bueno, para mantener la pasión y la tensión musical con solo tres guitarras y tres voces. Pero ellos lo consiguen con una calidad desbordante y absoluta.

No estoy en contra de los efectos y las luces, pero creo que eso forma más parte de un espectáculo que de música. Para mí, y es mi personal opinión, música es poner a un músico delante de un escenario, con su guitarra como en este caso, y hacer que el público vibre durante una hora o dos horas. Lo demás, bueno, aditamentos, que están bien. Pero a mí denme la máxima pureza por favor. No quiero trucos ni engaños. Ni en la música, ni en la vida. Disfruten de Crosby, Stills & Nash.

 

«Heartbeat away», the Golden Sheryl Crow

El último álbum de Sheryl Crow, «Be Myself», publicado el pasado año 2017, es una vuelta de la cantante y compositora a sus orígenes más puros. Con una música directa, con abundante cuerda, y de un estilo como solo ella puede ofrecernos, Sheryl Crow nos trae un conjunto de temas sin concesiones a la experimentación. Solo rock puro, sin aditivos, ni conservantes. Rock destilado para disfrutar solo o en compañía.

Siempre he amado el directo por encima de cualquier otro tipo de música, y, dentro del directo, siempre he amado especialmente los conciertos en lugares pequeños, donde el contacto con el público es cercano, cálido, y especial. Ese directo donde se pueden leer los ojos de quienes tienes delante, y darles todo lo que se lleva dentro, dejándote la piel para ofrecer rock en estado puro.

Sheryl Crow es capaz de eso, y de mucho más. De su último álbum he elegido este tema, que es sin duda genuino de ese espíritu. Señoras y señores, con ustedes, Sheryl Crow.

 

Steve Hackett y la historia de una guitarra

Hoy no es miércoles, y por lo tanto hoy no tocaría una entrada de música. Pero esta entrada no solo habla de música, así que podremos darla por buena.

El tema musical que traigo hoy es de un disco en solitario del guitarrista de Genesis: Steve Hackett, del disco «Voyage of the Acolyte» (Viaje del Acólito, 1975), y, más concretamente, de la primera parte de «Hands Of The Priestess» (las manos de la sacerdotisa). Hackett, un guitarrista de una calidad excepcional, combina aquí guitarra y flauta travesera de una forma magistral y única. Este disco se engloba en el mágico año de 1975, que vio nacer varios discos que hoy son verdaderos mitos y leyendas, como «Wish you were here» de Pink Floyd, o «Crisis» de Supertramp, entre otros.

El sonido de la guitarra en esta pieza le parecerá probablemente especial. La razón es doble: por un lado, la maestría de Hackett permite obtener un sonido neto y puro, como el gran músico que es. Por otro lado, la guitarra que emplea para tocar es una Ovation. ¿Qué tiene de especial esta guitarra? Ah, es una historia curiosa.

La Ovation fue la primera guitarra construida con un cuerpo de fibra de vidrio y diseñada mediante uno de los primeros modelos informáticos para una caja de resonancia por computadora. La caja no es de madera, como es habitual, ni tiene la forma clásica. De hecho, en cierto aspecto parece un laúd, aunque no lo es.

Pero lo más sorprendente de esta guitarra es su origen. Su diseño está basado en los primeros estudios que en los años sesenta la Fuerza Aérea de los Estados Unidos llevó a cabo para crear aviones invisibles al radar (stealth). Esos aviones deben recubrirse de materiales que absorban las ondas de radar.

ovation

A uno de los ingenieros se le ocurrió que ese material, y ese estudio que quería evitar la propagación de las ondas, podría ser la base de un diseño para una guitarra acústica que tratase el sonido con el mismo principio. Así nació la Ovation, una guitarra que tuvo casi inmediatamente un éxito clamoroso. La usaron muchos músicos de los años setenta y ochenta sobre todo, y el famoso concierto de Simon & Garfunkel en Central Park tiene a Paul Simon empleando esta guitarra. Aparte de muchos otros músicos.

Así que, como puede ver, la historia da a veces giros inesperados. Un estudio militar para un arma secreta, termina siendo una guitarra famosa y de sonido peculiar. Como diría Don Quijote, «cosas raras viéredes, amigo Sancho». Feliz música, y feliz día.

Tributo a Josep María Farrás

Hoy me gustaría dedicar un tributo a Josep María Farrás (1943- ). Músico, trompetista de jazz, empresario musical, y uno de los mecenas más grandes de la música del siglo XX en el apoyo a miles de músicos.

Su tienda «Musical Farrás», nació al calor del siglo XX gestionada por su padre, y él tomó las riendas en los años setenta. Yo tuve la fortuna de conocer a su padre, y a un joven Farrás, que ya era sin duda el hombre amable y cercano que muchos admiramos.

La tienda de Farrás, situada en la ciudad de Terrassa, una urbe cercana a Barcelona que tuvo al sector textil como motor principal durante muchos años de los siglos XIX y XX, se convirtió en un hervidero de artistas, que podían llevar a cabo su sueño de ser músicos, gracias a que la tienda daba grandes facilidades para la compra de instrumentos y equipo, y para pagarlos en plazos. Sin contratos, sin firmas, sin bancos. Simplemente, «dame una entrada, y ya me pagarás el resto».

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Quien pudiera guardar la vida en una botella

Empezamos la primera entrada del año 2018 con un poco de música, y también con nostalgia, en este frío día de enero en mi pueblo (marcan 22 grados en este momento).

Esta canción de mi juventud está interpretada por Jim Croce, se titula «Time in a bottle» (el tiempo en una botella) y nos trae una maravillosa idea que supongo todos hemos tenido, de poder guardar esos maravillosos momentos de la vida, los pocos que muchas veces suceden, en una botella, para luego disfrutarlos en cualquier momento.

La vida son momentos, y los buenos merece la pena recordarlos con ilusión y cariño. Tampoco debemos aferrarnos a los recuerdos, porque los recuerdos que nos llevan al pasado, olvidando el presente, e ignorando el futuro, son cadenas que nos atan a la melancolía, y al sufrimiento.

La canción está en inglés, pero con subtítulos en español para que quien no conozca la lengua de Shakespeare pueda disfrutar plenamente de su mensaje, que merece la pena, sin ninguna duda. Un abrazo, y gracias por estar ahí.