E.L.P. y el advenimiento del Minimoog

Los años sesenta supusieron una revolución en la música como no se había visto desde la llegada de Mozart al panorama de la composición. Pero, a finales de aquella década, los modelos y patrones para nuevos sonidos se habían agotado. Bajo, batería, guitarra, piano, y órgano (el famoso Hammond, wah wah wah…), eran ya demasiado recurrentes. Algo de trompeta, de saxo, o trombón por supuesto, en el jazz y otras corrientes. Pero el sonido en el rock no acostumbraba a tener viento metal.

Sin embargo, en aquellos años aparecía una nueva dimensión del sonido, propulsada por la llegada de la electrónica. La analógica por supuesto. Lo digital aún quedaba lejos. Con esa tecnología se construyeron los primeros sintetizadores, instrumentos programables con cables conectados a placas para crear sonidos increíbles, profundos y espesos.

Pero esos teclados eran carísimos y pesados. Solo unos pocos podían permitírselo. Así que, visto el panorama, a alguien se le ocurrió una brillante idea: crear un teclado sintetizador bueno, bonito, barato, y portátil, capaz de ir a conciertos. ¿Estás loco amigo? le dijeron. A ese hombre, un tal Robert Moog, no le preocupaban las críticas. Se puso manos a la obra, y creó el Minimoog. El primer sintetizador con un precio accesible.

Minimoog
El Minimoog original, una maravilla de los setenta.

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«Sueños de Le Brun» una composición de «La leyenda de Darwan»

Miércoles, y música. Estaba dándole vueltas a varias piezas musicales que podía incluir en esta entrada, cuando me dije a mí mismo: «¿y por qué no pongo algo propio?» No se trata de agobiar al lector con mi trabajo por supuesto, pero pienso que no hago daño a nadie si una vez cada tanto pongo alguna pieza musical personal.

Así que me he atrevido a traer a este miércoles musical esta pieza inspirada en uno de los personajes de la trilogía de «La leyenda de Darwan». Concretamente el personaje es Yolande Le Brun, una mujer de treinta y tantos originaria de Amiens, Francia, donde llevaba una vida tranquila como profesora de inglés. Luego, bueno, su vida se complica, tal como se narra en los libros. Por cierto, Yolande tendrá un papel importante en el Libro XIII «Idafel».

En esta pieza trato de traer los recuerdos de Yolande sobre su querida Amiens, ciudad a la que añora y a la que querría volver con toda su alma junto a su familia. Pero es imposible, por las circunstancias que se explican en la trilogía.

La pieza está compuesta de forma casera, utilizando programas sencillos y accesibles para la composición musical, además de mi guitarra. Obviamente eso se nota en la calidad del sonido, que es la que se puede conseguir con medios baratos. Pero los medios escasos se suplen con imaginación y entusiasmo.

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Mapa de un momento narrado en el libro III «Los dientes de Fenrir», en el que Yolande Le Brun tendrá un papel crítico

 

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Dos ciegos que juegan a hacerse daño

Hoy miércoles toca música, y traigo un tema que me encanta de Joaquin Sabina, «Amor se llama el juego», porque creo que su letra y su mensaje definen a la perfección lo que yo entiendo como el amor de pareja. Ese amor que lo envuelve todo en la vida, hasta que, un día, descubres que ya no envuelve nada, y que es solo una cáscara vacía.

El amor es un tema tremendamente complejo, y el de pareja lo suficientemente denso como para que haya renunciado a entenderlo. Puedo atreverme con la física cuántica o la energía oscura. En lo que refiere al amor, hace siglos que preferí dejar el tema de lado. Claro que mi opinión es solo eso: una opinión.

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Quien pudiera guardar la vida en una botella

Empezamos la primera entrada del año 2018 con un poco de música, y también con nostalgia, en este frío día de enero en mi pueblo (marcan 22 grados en este momento).

Esta canción de mi juventud está interpretada por Jim Croce, se titula «Time in a bottle» (el tiempo en una botella) y nos trae una maravillosa idea que supongo todos hemos tenido, de poder guardar esos maravillosos momentos de la vida, los pocos que muchas veces suceden, en una botella, para luego disfrutarlos en cualquier momento.

La vida son momentos, y los buenos merece la pena recordarlos con ilusión y cariño. Tampoco debemos aferrarnos a los recuerdos, porque los recuerdos que nos llevan al pasado, olvidando el presente, e ignorando el futuro, son cadenas que nos atan a la melancolía, y al sufrimiento.

La canción está en inglés, pero con subtítulos en español para que quien no conozca la lengua de Shakespeare pueda disfrutar plenamente de su mensaje, que merece la pena, sin ninguna duda. Un abrazo, y gracias por estar ahí.