Hoy vuelvo a hablar de editoriales (sonido de película de terror y truenos lejanos).
Ya he hablado en otras ocasiones de ese mundo oscuro que se alimenta de pobres escritores distraídos, pero no comenté que existen empresas que, sencillamente, se dedican a aprovecharse del trabajo ajeno para su propio beneficio, y a las que ni siquiera se les puede otorgar la categoría de editoriales. Es un caso reciente el que voy a narrar que he vivido, pero esto se da con frecuencia, y por eso quisiera comentarlo aquí.
Que nadie me malinterprete. Hay buenas editoriales, pero últimamente han proliferado entidades que se hacen llamar así, y no lo son. Eso da muy mala imagen al sector, y las editoriales profesionales ven indirectamente dañada su imagen.
Bien, no voy a redactar una historia completa porque no quiero aburrir al lector, pero tengo todos los datos, detalles, y pruebas, en mi poder. En todo caso, eso es lo de menos. Lo importante es dejar constancia de los hechos.
Bien, ya hemos superado todos los obstáculos vistos en entradas anteriores para escribir un libro (dentro de muy poco habrá un pdf de descarga con todo el material reunido). Vamos a imaginar que hemos conseguido destacar por encima de los incontables libros que se publican diariamente. Hemos conseguido una editorial de las de verdad, de las de antes. De esas que hacen el trabajo de un editor. Y hemos logrado conseguir un grupo de interesados en nuestra obra. El mundo nos sonríe, las trompetas suenan, y los ángeles cantan odas a nuestra gloria eterna.
En esa situación, ha llegado el momento de la verdad: el momento de presentar el libro en cualquier evento literario, y mandarlo a imprenta. Dicha imprenta distribuirá nuestro libro ¡por todo el país! Incluso puede que por el extranjero, si la cosa funciona bien.
Seguimos con la ronda de reflexiones para publicar un libro en unas condiciones adecuadas, y para hablar de esa cosa que se llama «triunfar». Lo que se debe hacer se resume en un solo concepto: perseverar.
No es ninguna broma. La perseverancia es la que te puede llevar a triunfar, en cualquier aspecto de la vida. Por supuesto, también hay que aprender a retirarse a tiempo. Pero no debe uno dar media vuelta cuando hay señales que indican que el trabajo está dando sus frutos, incluso si son aparentemente escasos, cuando escalas peldaños, aunque sean muy pequeños. ¿Un nuevo lector? ¿Una nueva descarga? Son motivos suficientes para perseverar. Pueden llegar con cuentagotas, pero aunque una gota no llena un mar, te acerca al océano un poco más.
De todas formas, perseverar debe ser algo que tiene un límite por supuesto. Cuando se ve que las oportunidades y las sensaciones de que lo que hacemos ni tiene un espacio, ni lo va a tener, y eso es recurrente en el tiempo, lo mejor es dejarlo. El problema es que eso es fácil decirlo, muy difícil hacerlo. Van Gogh pintó toda su vida, y triunfó al final. Eso sí, tuvo que morirse. Algo que ocurre con demasiada frecuencia. La gente suele admirar a artistas anónimos, con poca o nula fama, pero esa misma gente no suele comentar ni apoyar a ese artista hasta que este se muere. La frase «qué gran artista ERA» se escucha en demasiadas ocasiones. Pero en fin, ese tema lo trataremos otro día.
Esta mañana he despertado con la enésima invitación del enésimo escritor invitándome en un privado de Facebook a que lea su libro, pase por su página, ponga me gusta en la misma, y comparta sus entradas. Y yo he hecho lo acostumbrado: bloquear la página del escritor, y bloquear al escritor.
¿Por qué esa actitud mía tan fría y dura? En realidad, el problema no está en mí. Sí, puede que sea un poco radical, pero algunos de estos individuos, si no respondes, simplemente te van mandando su material, una y otra vez, en un bucle infinito de invitaciones.
Lo curioso es que esto nunca, o casi nunca, lo he visto en otro tipo de artistas. No me han llegado pintores con cosas como «¡mira mi dibujo!» o «¡Fíjate qué colores fantásticos he usado en esta pintura!»
En un par de ocasiones me he acercado a comentar el mundo de lo que se entiende debe ser y hacer un escritor para obtener el éxito en un lenguaje algo sarcástico, pero basándome en experiencias vividas aquí y allá. Quisiera ahora reflexionar en un tono un poco más “en serio” sobre este tema del mundo de los escritores y de lo que se entiende por tener “éxito” con la literatura, y explicar ciertos argumentos que quizás puedan servir a algún joven o no tan joven escritor. Si es así, me sentiré plenamente satisfecho.
Hace un tiempo, por motivos diversos, contacté con varios escritores de distintos géneros literarios, ciencia ficción, aventuras, poesía, y a través de ellos he visto cómo el mundo de la literatura ha cambiado en los últimos cuarenta años, desde los tiempos en los ochenta cuando las editoriales eran empresas que recibían un manuscrito, lo aceptaban o rechazaban, y luego lo publicaban en caso de aceptar el texto.
Hoy en día, los escritores tienen que preocuparse de todo: de escribir lógicamente, pero también tienen que ser, en muchas ocasiones, sus propios editores, sus propios correctores, sus propios gestores, y sus propios publicistas. Al final, el escritor lo es como tal una pequeña parte de su tiempo. El resto de ese tiempo lo dedica a hacer cosas que antes hacían las editoriales. En cuanto a las editoriales, simplemente se han convertido, cada todas ellas, es simples imprentas, donde el escritor ha de pagar para que publiquen su libro.
¿Y en el mundo de la ciencia? ¿Qué ocurre con los científicos? Exactamente lo mismo. Tal como explica Peter Higgs, el descubridor del bosón de Higgs y premio Nobel de física en 2013, los jóvenes científicos se ven abocados a publicar constantemente artículos que de ciencia tienen poco, porque han de competir para obtener dinero para sus estudios, y cuando lo tienen, se ven forzados a realizar publicaciones constantes para demostrar que están invirtiendo ese dinero en productividad. ¿Productividad? La ciencia no puede ser productividad. La ciencia es investigación, que a veces tiene éxito, y la mayoría de las veces no la tiene.
Peter Higgs explica que él solo publicó cuatro artículos, y con ellos ha ganado el premio Nobel, en un clima, en los años sesenta, adecuado para que los científicos hicieran su trabajo de investigación durante años, incluso décadas. ¿Cómo se espera hacer investigación si hay que estar publicando constantemente? Esto es cualquier cosa menos ciencia.
Es un tema preocupante. Los creadores, escritores o científicos, y otras ramas del arte, la cultura y la ciencia, se ven abocados a convertirse en máquinas de producir, en publicistas, en una locura por ser el primero frente a una feroz y durísima competencia. Así no se puede crear nada; ni arte, ni cultura, ni ciencia. Y es una pena, porque la sociedad va a pagar, de forma muy dura, el perder esos principios básicos de concentración, disciplina por el trabajo, y búsqueda de nuevas fronteras. Hoy todo es correr y ser el primero, sin importar la calidad, solo la cantidad.
Esperemos que eso cambie en el futuro. Debemos construir sociedades basadas en el pensamiento, no en en el marketing, o nos veremos abocados a un desastre de consecuencias imprevisibles.
Os traigo el primer vídeo de la Biblioteca Virtual de Numberland. Este es un proyecto que se lleva a cabo con gran ilusión y, por qué no decirlo, esfuerzo, pero que creo que merece la pena. El mundo de los escritores y su proyección como tales está completamente manipulado. Sí, se puede trabajar en la idea de que el escritor gane dinero, y también las editoriales, pero con honestidad, con seriedad.
Hay mucha gente seria, sin ninguna duda, pero también hay demasiada gente aprovechando la oportunidad de hacer soñar en falso a un joven con un libro que acaba de escribir. Es ahí donde hay que actuar. La idea es cambiar eso, con otro estilo. No será fácil, eso es seguro. Pero el viaje merecerá la pena. De eso también estoy seguro.
¿Se puede vivir de la literatura? Solemos creer que la literatura, como cualquier otra actividad, tiene a una serie de elegidos, que ganan ingentes cantidades de dinero con sus obras. Lo cierto es que ese número existe, pero es tremendamente exiguo. Incluso escritores de mucho renombre deben buscar alternativas para subsistir y pagar las consabidas e inevitables facturas e impuestos que todo mortal debe atender.
De eso hablan en el artículo adjunto, dando una visión bastante dura, pero realista, de la vida de un escritor. No ya del escritor aficionado que no ha vendido ni venderá un libro en su vida, que esos son millones, sino del escritor reconocido y de éxito que, sin embargo, no puede vivir de ello.
Lo cierto es que actualmente daría la impresión de que hay más escritores que lectores. Aunque sea un poco exagerado, el número de lectores decrece constantemente, pero, paradójicamente, el número de escritores crece. Porque para ser escritor basta un ordenador y unas cuantas páginas contando una historia. Y así pueden verse miles de personas publicando diariamente en Internet, sea en Facebook o en páginas especializadas. Todos con sus sueños de grandeza. Y todos enfrentándose a la dura realidad: escribir y vivir de las letras es una quimera. Un artículo muy interesante.
Ah, y por cierto. La lectura es una actividad altamente productiva y beneficiosa. Permítame un consejo: tómese unas páginas de un buen libro cada noche, antes de dormir. Su mente, y sus sueños, se lo agradecerán.
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