“Principios de física absurda” en abril 2018

Hace tres años publiqué un libro de ensayos sobre ciencia que denominé “Gotas de ciencia”. Luego publiqué un conjunto de ensayos sobre literatura (Escritores: 12 consejos a olvidar y tres historias desesperadas), y ahora vuelvo a la carga con un tercer libro de ensayos científicos:

“Principios de física absurda”.

Este libro estará disponible a mediados de abril de 2018.

Si el anterior libro trataba aspectos de ciencia actual y verificada, aquí ya pierdo completamente la cabeza y el sentido de la realidad, y me dedico a imaginar posibles escenarios de la física futura. Este libro, prohibido en todas las facultades de física de la Tierra, introduce las ideas que uso en los libros de ciencia ficción, explicando los detalles de los que hago uso para narrar aspectos científicos futuristas. Vida casi inmortal, almacenamiento de la vida, viajes hiperlumínicos, comunicaciones hiperlumínicas, armas avanzadas, robótica, inteligencia artificial, metaversos, y otras locuras diversas.

Por supuesto, este libro no ha de considerarse científico, ni siquiera ha de considerarse serio. Ni yo debo ser considerado en serio,  si a eso vamos. Este libro simplemente pretende imaginar escenarios futuristas, posibilidades prácticamente imposibles, y tecnologías que, quizás, algún día podrían ser reales, con ese “quizás” realmente remoto.

Pero se trata de imaginar. Se trata de soñar. Se trata de plantear futuros posibles. Se trata, en definitiva, de crear ideas, que no por absurdas puedan, algún día, ser reales de un modo u otro, probablemente muy distinto del aquí explicado.

Este libro existe porque ustedes, los lectores, se han interesado en estos temas, por lo que son ustedes los responsables de que este libro exista. Así que, si hay que buscar culpables, les diré a los jueces que fueron ustedes, y yo huiré a alguna isla desierta. O casi desierta, espero que tenga un bar al menos.

Muchas gracias por su apoyo, y por animarme a escribir estas locuras, que conforman este nuevo libro. Yo me divierto escribiendo, y espero que ustedes lo hagan leyéndolo.

En cualquier caso, este es un ejercicio de imaginación que pretende hacer pasar un rato divertido y agradable al lector, y no pretende sentar ninguna base de nada. Para eso está la ciencia real, y los científicos. Pero hay que divertirse imaginando futuros increíbles con la ciencia. Y de eso trata este libro. Muchas gracias.

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Quino, qué grande eres

Me confieso ser un gran admirador de Quino (Joaquín Salvador Lavado Tejón, Mendoza, Argentina). Junto a Forges, Quino ha sabido plasmar la naturaleza humana en sus viñetas como pocos han conseguido hacerlo.

Quino es conocido sobre todo por Mafalda, pero sus trabajos van mucho más allá de este grandísimo personaje. Su especial cualidad para analizar el carácter humano y las infinitas formas de la naturaleza y de las sociedades modernas no tiene parangón actualmente. Su obra es eterna, y sigue tan viva hoy como cuando empezó a trabajar en distintos periódicos argentinos.

Esta viñeta es un simple ejemplo. Dios se ríe de un manual de física general. Y tiene razón para hacerlo; los seres humanos hemos avanzado mucho en el conocimiento de la naturaleza, pero nos queda un largo, larguísimo camino por recorrer.

Esto no significa que el conocimiento adquirido no tenga un enorme valor. Usted está leyendo esto porque muchas generaciones de seres humanos han trabajado para poder crear el mundo tecnológico que hoy tenemos, que tantas protestas produce en muchos, los mismos que usan esas tecnologías y conocimientos científicos constantemente.

Dios era el centro del universo. Luego pasó a serlo el ser humano. Y ahora le toca al cuanto subatómico, esas pequeñas partículas son las que gobiernan la base de todo cuanto existe. Son el origen y el fin de todo lo que conocemos, y a través de ellas hemos construido el mundo actual.

Pero el mundo subatómico es solo un escaparate. Dentro, pasando por la puerta del espacio y del tiempo ,entramos en una estantería llena de incontables universos, cada uno con sus leyes, con sus orígenes, y con su destino. ¿Llegaremos a convertir los multiversos, o metaversos como también los llaman, en el centro de nuestro propio universo? Está por verse. Pero las posibilidades, si llegamos a conseguirlo, son prácticamente ilimitadas.

Controlar esos universos, incluso crearlos artificialmente, nos convertiría en dioses. Entonces ¿qué necesidad habría de creer en Dios? Si creamos universos, ¿no estamos siendo los nuevos dioses de la creación, aquel nuevo espacio-tiempo que hemos creado con nuestras propias tecnologías? ¡Blasfemia! Dirán algunos. Pero prefiero hacerme preguntas que sean blasfemas, a no hacer ninguna. Eso sí es una verdadera blasfemia.

Quién sabe. Quizás somos un experimento olvidado por un escolar en un colegio de algún universo alternativo. Todo es posible. O casi todo. Quino probablemente no tenga la respuesta. Pero una cosa puedo asegurar sin dudarlo: la intuye. Y eso es lo que hace grandes a los hombres como él. Siempre en mi corazón, Quino. Qué grande eres.

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El mito del conocimiento absoluto

Uno de los objetivos básicos de la ciencia es el conocimiento. La ciencia básica es aquella parte de la misma que busca conocer el universo y su naturaleza, sin otra finalidad que obtener ese conocimiento. Luego otros, si cabe, ya aplicarán ese conocimiento en soluciones de todo tipo. Mucha gente dice “¿para qué sirve conocer esto, qué utilidad tiene?” La respuesta es simple: es mejor conocer algo aparentemente inútil que seguir en una ignorancia que nunca tendrá aplicación alguna.

La ciencia es mucho más que conocimiento por supuesto. Es una herramienta para mejorar la vida de todos los seres humanos de la Tierra y para comprendernos mejor a nosotros mismos. También se puede aplicar en todos los órdenes de magnitud de la vida, desde problemas cotidianos como si es mejor desayunar esto o aquello, hasta el diseño de naves interestelares. Como herramienta, se puede usar bien o mal. Pero bien usada su poder es enorme. Ahora bien, en esa búsqueda de conocimiento, ¿existen límites? Y si es así, ¿cuáles son esos límites?

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Atenea representaba la sabiduría en la Grecia clásica. Hoy se usa su nombre para muchos eventos de carácter científico y cultural

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