Espectacular trailer de «Figuras ocultas»

Nota: película ya vista. Muy buena. Análisis y reflexión en este enlace.

Mujeres. Negras. Y a principios de los años sesenta del siglo XX. ¿Qué se puede esperar de esa combinación? Nada bueno por supuesto. ¿Y si añadimos que esas mujeres negras son además unas capacitadas matemáticas, capaces de calcular trayectorias de las primeras naves espaciales?

La respuesta es evidente: ante algo así, podemos esperar racismo, incomprensión, y desprecio. Eso es lo que tuvieron que aguantar varias mujeres negras que trabajaron en la NASA a principios de la era espacial. Su labor: calcular las trayectorias y otros datos de las naves Mercury. Su culpa: ser mujeres, y ser negras. Una combinación insoportable para muchas personas.

Aquellas mujeres fueron el revulsivo que necesitaba la NASA para llevar a cabo cálculos que las computadoras de la época no eran capaces de resolver. Recordemos que la informática justo comenzaba a dar sus primeros pasos a escala industrial.

De eso trata la película «Figuras ocultas» (Hidden figures). Narra la historia de tres de esas mujeres, que nunca hasta ahora habían tenido el reconocimiento que muy merecidamente se debían de haber ganado hace décadas. Esta película trata de traer al presente su recuerdo, su trabajo, y su lucha por la igualdad de derechos.

El trailer me ha encantado. Y espero ver la película en su estreno para la correspondiente crítica. De momento, emocionado de ver que, de vez en cuando, aquellas personas olvidadas por su color o su sexo son por fin tenidas en cuenta. Ya iba siendo hora, después de tantas décadas en el olvido.

Origen y desarrollo de la vida, o por qué estamos solos

Se habla mucho últimamente de marcianitos por todas partes. Alguien encuentra una anomalía mediante un telescopio: marcianos. Alguien detecta una estrella con información confusa: marcianos. Alguien comprueba que un planeta tiene una atmósfera aparentemente incomprensible: marcianos. Se ven marcianos como antes se veían apariciones marianas, y el objetivo siempre es el mismo: llamar la atención del personal.

Sin embargo, por supuesto, no son marcianos. Todas esas pruebas que solo buscan llenar páginas y conseguir clicks, se deben a fenómenos naturales perfectamente comprensibles una vez verificados y analizados los datos. Algunos son hechos complejos sin duda. Pero todos dentro de explicaciones causadas por la acción de la naturaleza. No hay marcianos. Y es más: puede que nunca encontremos marcianos. Puede que estemos solos. Puede que nadie llama a la Tierra porque no hay nadie para llamar, ni para contestar a nuestras llamadas. Vamos a ver por qué.

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La galaxia de Andrómeda, y las Nubes de Magallanes, dos galaxias compañeras

Existen miles de millones de galaxias. Y cada una de ellas contiene miles de millones de estrellas, la mayoría con planetas. Se podría suponer que debería de haber miles de civilizaciones solo en nuestra galaxia, incluso con cálculos conservadores (la ecuación de Drake permite hacer algunas aproximaciones). Entonces ¿por qué no hemos contactado con ellos? ¿Por qué no detectamos sus señales? ¿Dónde están los marcianos? ¿Se esconden? ¿Temen a la humanidad? ¿Siguen la Primera Directriz, como en Star Trek? ¿No somos interesantes?

Me estoy refiriendo a civilizaciones tecnológicamente avanzadas, no a vida primigenia. Y la respuesta es, desgraciadamente, más sencilla que todo lo anterior.

Hoy traigo malas noticias a los amantes de la aventura extraterrestre: estamos solos en el universo. Bueno, voy a puntualizar: probablemente estemos solos en el universo, en cuanto a civilizaciones tecnológicas se refiere. Vida microscópica y organismos multicelulares básicos puede haber muchísimos. No así seres avanzados. ¿Por qué? Hagamos algunos cálculos extremadamente básicos, pero reveladores.

Hemos de partir de una premisa: solo tenemos un ejemplo de mundo con vida por ahora: la Tierra. Pero, al igual que el sistema solar es un sistema estelar típico, podemos partir de la hipótesis de que la Tierra sea un planeta tipo rocoso típico, como ya se está verificando en muchos planetas extrasolares. La Tierra no es rara, al contrario: es muy habitual. Y ya se sospecha que Marte pudo tener un mar templado, y posiblemente vida en el pasado.

Vamos con el primer dato: la Tierra se formó hace aproximadamente 4.500 millones de años, dentro del ciclo estándar de creación de sistemas estelares, con una estrella central, y planetas en órbita. La vida apareció poco después, geológicamente hablando, hace unos 3.500 millones de años, o incluso algunas cifras llegan hasta los 4.000 millones de años. Pongamos 3.800 millones de años. Eso quiere decir que, durante el 84,4% del tiempo de existencia de la Tierra, esta ha tenido vida ininterrumpidamente.

Segundo dato: durante la mayor parte de ese tiempo con vida, esta era microscópica, o basada en organismos muy básicos, como las algas. Se sabe que hasta la explosión del Cámbrico, hace 600 millones de años, la vida era poco compleja. No tan poco compleja como hasta ahora se creía; sí había algunos organismos más avanzados, pero en todo caso, organismos muy simples en comparación con un mamífero como el caballo o el ser humano.

3.800 millones de años menos 600 millones de años = 3.200 millones de años con organismos simples. Esto significa, que durante la historia de la vida de la Tierra, el 84,2% del tiempo el planeta albergó organismos muy básicos.

Esto nos deja con que durante 600 millones de años ha habido vida avanzada multicelular en la Tierra. 100-84,2 = 15,8% del tiempo de la vida de la Tierra con organismos avanzados.

Pero, de ese tiempo, el ser humano, como única especie tecnológicamente avanzada, ha aparecido durante los últimos 100.000 años. Esta cifra indica el tiempo en el que el ser humano ha desarrollado tecnologías que lo han diferenciado claramente de otras especies.

Si tenemos 3.800 millones de años de vida, y calculamos 0,1 millones de años con vida tecnológica, tenemos que, desde que apareció la vida, ha habido vida inteligente en la Tierra durante un porcentaje de 0,00263%.

Pero el ser humano solo ha sido capaz de emitir radiaciones al exterior y de comunicarse durante los últimos 100 años. Cien años son 0,0001 millones de años. Si dividimos 0,0001 millones de años entre 3800 millones de años, tenemos 0,000000263 como el porcentaje de tiempo que ha habido vida inteligente capaz de comunicarse en la Tierra desde que apareció la vida, o lo que es lo mismo, 2,63158E-06.

Vaya, este dato da un poco de pena. Del 100% del tiempo de la existencia de vida en la Tierra, tenemos 0,000000263 como porcentaje en el que este planeta con vida se ha podido comunicar con otras especies de alguna forma. Si cifras así fuesen similares en otros mundos, la cosa sería preocupante. Porque, además, tenemos que tener en cuenta dos cosas:

1.- El tiempo que llevan otras especies existiendo.
2.- El tiempo que han tardado en extinguirse.

Sobre el punto 1, algunas especies podrían llevar millones de años transmitiendo información. De acuerdo. Si eso fuese así, el espacio debería estar lleno de señales radioeléctricas. El problema aquí radica en el tiempo, es decir, en el punto 2: ¿cuánto tarda una especie, desde que comienza a realizar emisiones, en desaparecer? No lo sabemos. Incluso con la humanidad, ese dato no es extrapolable. ¿O sí?

La humanidad ha mantenido muchas alzas y caídas de civilizaciones. Las anteriores no disponían de sistemas tecnológicos capaces de emitir señales al espacio. Nuestra actual sociedad sí es capaz. Pero ¿cuánto va a durar nuestra sociedad? No me refiero al “fin del mundo”. ¿Cuánto tiempo vamos a resistir aguantando la increíble y creciente marea de ignorantes dispuestos a acabar con la ciencia y el progreso, para imponer sus pseudociencias y religiones, para volver a un nuevo mundo medieval? No mucho, si hemos de ceñirnos a las experiencias del pasado, como las de Grecia y Roma. Si alguien cree que esto es una exageración, le recordaré un caso ya ocurrido: Roma. Ahora hablaré de ello.

Pongamos que una civilización humana avanzada en cuanto a cultura y conocimiento cae aplastada por los ignorantes e iluminados en 600 años. Llevamos unos 300 años de progreso, y 100 de tecnología de radiocomunicación. Nos quedan aproximadamente 200 a 300 años antes de que nuestra sociedad caiga. Pero, teniendo en cuenta que la tecnología puede pervivir, podríamos pensar en sociedades futuras, cada vez más degradadas intelectualmente, que todavía usen la tecnología de forma decreciente. En 400 o 500 años la humanidad podría volver a la Edad Media, y convertirse en una nueva sociedad preindustrial.

Si alguien cree que esto no es posible, le pongo el ejemplo antes comentado: Roma. Roma tenía grandes avances en muchos campos: científicos, médicos, o de ingeniería. Todos ellos se perdieron con la barbarie medieval. Los anticiencia de la época quemaron todo el conocimiento posible, y convirtieron la idea de progreso e investigación en una herejía. ¿De verdad alguien cree que no pueda volver a pasar? Yo sí lo creo. Creo que puede volver a pasar. Incluso podría estar pasando ya.

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También tuvieron su oportunidad, pero quedó aplastada por las circunstancias

Visto lo visto, si realmente las sociedades tecnológicas con capacidad de comunicación al espacio exterior viven entre 300 y pongamos 1000 años, si esa es la media de una civilización, como así ha sido en nuestro mundo en varias ocasiones (mayas, sumerios, persas, egipcios, griegos, romanos, etc), nos queda poco para desaparecer. Si ese cálculo es extrapolable a otras civilizaciones, y teniendo en cuenta que 1000 años es un instante en los millones de años que puede haber entre una civilización y otra, es normal que no oigamos nada. Las llamadas son cortas y muy espaciadas en el tiempo. No hay nadie ahí fuera. Lo hubo, en un instante del pasado. Lo habrá, en un instante del futuro. Y luego nada. Vacío, silencio, y frío.

Esta es una visión pesimista de las cosas, sin duda. Pero ¿dónde están ellos? No lo sabemos. La ciencia ficción nos trae universos increíbles con miles de especies. Pero la realidad es dura y testaruda. Si estamos solos, y si una civilización acaba desapareciendo de un modo u otro, no tenemos más remedio que aceptar el hecho consumado: vamos a desaparecer. Dioses, libros, música, historia, arte, ciencia, sueños, todo desaparecerá convertido en polvo, y para siempre. Ese será el legado de la humanidad: el de una especie más que lo intentó y no pudo superar sus limitaciones. Puede que haya alguna civilización que sí lo haya conseguido. Pero no parece lo habitual. Si somos una excepción, está por ver.

De momento, no apostaría un euro o un dólar en ello, puede el lector estar completamente seguro de eso.

Solo los muertos han visto el final de la guerra

Todos estamos de acuerdo en una cosa: la guerra es la peor creación que jamás pudo imaginar el ser humano. La mayor de las pesadillas, y la más terrible invención llevada nunca a cabo. Las guerras lo devoran todo, acaban con todo, y no dejan sino un dolor infinito, que dura generaciones.

Creo que cualquier ser humano estará de acuerdo en que cualquier medio para evitar una guerra es mejor que iniciarla. Porque las guerras se sabe cómo empiezan, pero nunca se saben cómo acaban.

De acuerdo. Entonces ¿por qué han muerto el doble de seres humanos desde 1945, cuando acabó la segunda guerra mundial, que en toda aquella guerra, incluidas las víctimas de las bombas atómicas? ¿Por qué las ventas de armas de todo tipo no dejan de crecer? ¿Por qué tenemos que ver a millones de refugiados huir de sus hogares por armas que fabrican nuestros propios países, y que vendemos a dictadores sin escrúpulos, llevándonos suculentos beneficios, para luego acusar a las víctimas provocadas por nuestras propias armas de ser los culpables de sus desgracias?

La respuesta es muy sencilla: hipocresía. Y avaricia. Y falta de cualquier atisbo de humanismo. Y geoestrategia, como ellos lo llaman eufemísticamente, cuando no se trata de geoestrategia: se trata del control, del poder, y de mantener el statu quo de los pueblos que, en cada momento de la historia, han sido los más poderosos, desde Sumeria hasta la actualidad.

Mucha gente, afortunadamente, no sabe lo que es la guerra. Y ojalá no lo sepan nunca. Pero son muchos, demasiados, los seres humanos indefensos que son brutalmente asesinados cada día en nombre de cualquier causa que solo esconde una verdad: que la única causa para provocar la guerra es alimentar al monstruo de la guerra. Y que la muerte de inocentes no tiene otra finalidad que seguir llenando los bolsillos de seres monstruosos cuya carencia de humanismo es solo comparable a la que podríamos encontrar en el mismo infierno.

La guerra es un monstruo que lo devora todo. Pero la guerra no existe por sí misma; se alimenta de la indiferencia y del ansia de poder.

Todos estamos de acuerdo en que la guerra es el peor monstruo de la humanidad. Pero todos vemos crecer nuevas guerras a nuestro alrededor. No se trata de llevar alimentos a un país o a otro, o de admitir a este o a aquel refugiado. Esa es una solución temporal. Lo que hay que llevar a todos los países del mundo es cultura, educación, formación, respeto, igualdad, y conocimiento.

Con ese caldo de cultivo, los pueblos podrán tener pan, agua, futuro, y una paz duradera. Recordemos que los muros siempre funcionan en ambas direcciones. Los de piedra, y, especialmente, los que se construyen en el corazón de los seres humanos. Porque esos, son, al final, los muros más difíciles de derribar. Y esos muros son los que construyen las armas que luego llevan el dolor a la humanidad. Derribemos esos muros; y tendremos, por fin, paz. Paz, y una justa y eterna libertad.

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«No quiero creer. Quiero saber» (C. Sagan)

La frase de la semana es de Carl Sagan, que ya he traído a La cocina de Sócrates en alguna ocasión. Refleja perfectamente el modo de trabajar de una mente científica: no creas nada, reflexiona todo, analiza los datos, y obtén conclusiones basadas en hechos empíricos.

Cuando nos dan información de algo, por ejemplo en Facebook, lo creemos inmediatamente. Constantemente llegan noticias falsas. Debemos ser analíticos y considerar si aquello o esto es cierto o falso.

Efectivamente, yo, como Sagan, no quiero creer. Quiero saber. Quiero entender. Quiero conocer los secretos del universo. No quiero que me los cuenten para que deba creerlos sin más. Quiero verlos por mí mismo. 

Quiero mirar a través del telescopio de la razón y el conocimiento y entender cómo y por qué existe el universo,su naturaleza, su pasado, y su futuro. Que no me vengan con historias imaginarias y que solo pretenden que deje de preguntarme una cosa: por qué.

Por ejemplo, una pregunta sencilla y trivial: ¿por qué existe el universo? ¿Podremos saberlo algún día? Con la ciencia, la reflexión, y el estudio, es posible. Con la ignorancia y el conformismo no lo sabremos nunca.Yo voto por la ciencia y por la reflexión. Ese es el objetivo de mi vida. Y a eso entrego mi esfuerzo cada día.

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Al universo no le preocupamos, en absoluto

El cartel reza: «Departamento de físicas Heisenberg. Usted probablemente está aquí». Y el chiste tiene algo de razón. Probablemente estamos en algún lugar de casa leyendo esto, o en el trabajo, o donde sea. Pero solo en parte.

Porque… ¿sabía usted que, según la mecánica cuántica y de la función de ondas de Heisenberg, existe una probabilidad mínima, pero mayor de cero, de que alguna de sus partículas se encuentre al otro lado del universo?

El universo es como es, y no le importan ni le interesan nuestros prejuicios y convicciones. Las partículas son ondas de probabilidad, no se puede medir su estado completo con total seguridad. Cuando analizamos una partícula, solo obtenemos una cierta certeza de su naturaleza. No se trata de un problema con los instrumentos. El universo es así. 

Por eso, cuando afirmemos algo con seguridad y rotundidad, recordemos que esa seguridad no puede aplicarse al universo.

Todo es relativo, es cierto. Pero, además, todo es probable, no seguro. Podemos tener un cien por cien de seguridad en nuestra moral y ética. Pero, cuando aplica al mismo universo, toda esa seguridad desaparece. Esa es la maravilla de la mecánica cuántica. Y ese es, probablemente, uno de los mejores descubrimientos de la historia de la ciencia.

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Escritores: consejo para terminar el año

¿Eres escritor, mejor o peor, aficionado más o menos, pero escritor? ¿Has recibido un mensaje como el que acompaña a esta entrada? Si tu respuesta es afirmativa, permíteme un consejo:

NO pagues. Repito: no pagues. Nunca.

No vendas tus sueños a una empresa que, a cambio de una entrevista, un banner, y una entrada en su blog, te quiere cobrar 40 euros. ¿Por qué? Muy sencillo: porque tú vales eso, y mucho más.

Di no al mercantilismo de tus sueños. No esperes triunfar como escritor vendiéndote a estas pseudoeditoriales que compran el sueño de ser escritor por un módico precio. No caigas en el error de creer que algo así te va a llevar al éxito. Si eres bueno, trabaja, escribe, publica, promociona tú trabajo, y si alguien te dice que quiere entrevistarte, que lo haga. Si alguien quiere hacerte un escritor de éxito, que lo haga. Si alguien quiere ponerte en su blog, que lo haga. Pero no pagando. No vendas tu calidad, tu prestigio como escritor, a cambio de unos euros.

Los que nos dedicamos a esto de escribir estamos invadidos por este tipo de empresas. Compran los sueños de gente joven, o no tan joven, y nos quieren hacer creer que vamos a llegar a lo más alto a cambio de unos euros. Desengáñate. Llegarás al éxito si eres bueno, y si trabajas bien tu capacidad de comunicación y de promoción. Si quieres pagar por promocionar tu trabajo, hazlo con empresas de publicidad profesionales. No hay nada malo en ello. Pero esas empresas no te van a prometer el éxito. Van a prometerte que tu publicidad llegará a un público, pero no te venderán sueños de grandeza.

Hay mucha gente dispuesta a soñar, y hay muchos que saben que hay gente desesperada por pagar por llevar su sueño a la realidad. No caigas en ese error. Si te ofrecen un contrato para algo, y te quieren cobrar por publicar y/o promocionar tu trabajo, lo único que quieren es convertirte en parte de su negocio. Tu éxito no les interesa. Tu dinero sí. No caigas en eso. No merece la pena.

Adjunto el texto que he recibido hoy. Recibo textos similares todos los meses.

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Entrevista a David Reitze, director del LIGO

Una entrevista del diario El Mundo a David Reitze, director del proyecto LIGO, experimento ultrasensible que el año pasado anunció la confirmación empírica de la existencia de ondas gravitatorias.

Las ondas gravitatorias, predichas por la teoría de la relatividad de Einstein, eran un concepto teórico. Como siempre, se requieren pruebas experimentales de su existencia. Sin pruebas, una teoría no puede sostenerse. La evolución, por ejemplo, es una de las teorías con más pruebas de la historia de la ciencia, por mucho que les duela a los creacionistas. Esto está ocurriendo ahora con las ondas gravitatorias, con la que se acumulan pruebas y más pruebas con el paso del tiempo de su existencia.

Pero detenerse aquí no tiene sentido. Ahora estas ondas nos van a dar mucha información sobre la naturaleza y origen del universo. Nuevas respuestas a viejas preguntas que todos los que tenemos la necesidad de saber la verdad nos planteamos. Nunca sabremos la verdad absoluta, es cierto. Y eso ocurrirá porque no existe una verdad absoluta. Pero nos iremos acercando paulatinamente. Y las ondas gravitatorias serán una enorme herramienta para ello.

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Entrevista a David Reitze, director del proyecto LIGO

Imagen de la semana: agujeros negros

La imagen de la semana es para un agujero negro. Uno cualquiera, son todos iguales. ¿Cómo de iguales? Se diferencian en la masa que contienen. Pero nada más. El resto de características los convierte en copias perfectas. ¿Por qué?

Porque la entropía en un agujero negro es la máxima posible. Esto significa una cosa: el desorden dentro de un agujero negro es total. La gravedad es tan potente que todo queda demolido literalmente.

Pero, de todas formas, y por mucho que nos hablen de los agujeros negros, y de sus características, la verdad es que hay preguntas importantes que no podemos contestar todavía. Nos cuentan historias de «qué pasaría si cayésemos dentro» etc. Está bien, pero la gran pregunta permanece: ¿cuál es la naturaleza del universo dentro de un agujero negro? O, dicho de otro modo: ¿qué leyes físicas son las que gobiernan el interior de un agujero negro?

Nadie lo sabe. Todavía. En los agujeros negros se entremezclan la teoría de la relatividad general, y la impredecibilidad de la mecánica cuántica. Ambas se fusionan en una teoría mayor, más completa, que engloba ambas, y que después de setenta años sigue siendo un misterio. La teoría que prometía contestar a esa pregunta, las cuerdas, ha sido ya un fracaso. Sí, ha aportado cosas interesantes, pero ni siquiera sus partículas, las partículas supersimétricas, han aparecido. El CERN de Ginebra lo ha intentado. Pero no están ahí. Agujero negro 1: teoría de cuerdas 0. Gol en el último minuto de Stephen Hawking por la escuadra.

Yo personalmente creo que la respuesta de la física de los agujeros negros conllevará una nueva revolución en la física, como la que ocurrió con la relatividad y la mecánica cuántica. Y lo creo porque se habrá respondido a una pregunta que dará muchas vías nuevas de investigación, especialmente la comprensión de la gravedad cuántica, esa parte de la física que se resiste una y otra vez. Claro que podría estar equivocado. Ya veremos.

Lo que es cierto es que el futuro promete ser interesante, y esperemos que no sea negro como los agujeros. Queda un camino importante por recorrer. Pero creo que una nueva generación de físicos traerán respuestas. Los actuales… Bueno, me guardo la respuesta. Tengo mis razones. Pero están enterradas en un agujero negro.

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Doctor, me gustan los aviones de combate. ¿Es grave?

Me gustan los simuladores de vuelo. Civiles, y, por supuesto, de combate. Hay gente que cree que por esa segunda razón soy una persona violenta. He sido acusado de asesino de inocentes, y no una vez, sino varias veces. ¿Por qué? Porque vuelo en simuladores de aviones militares.

Esa gente no sabe que colaboré con la Cruz Roja durante años en actividades de ayuda a necesitados en los ochenta, que participé en actividades de ocio para la tercera edad, o que actualmente trabajo redactando textos para una ONG de ayuda a niños enfermos. Siempre, siempre, sin cobrar ni un euro por ello. Esa gente solo sabe que soy violento porque vuelo simuladores de aviones de combate. Me pregunto qué dirán de los practicantes de esgrima olímpicos: «‘cuando terminan el duelo salen a cortar cabezas con sus espadas y floretes, al estilo Viernes 13». Claro, la esgrima invita a cortar cabezas, pasa todos los días…

No. No soy violento. Detesto la violencia, sea verbal, o física. Detesto la guerra. Detesto el maltrato a seres humanos o animales. Escribo artículos que pretenden denunciar las actitudes violentas contra cualquier grupo social.

Pero me gustan los simuladores de vuelo. En todo caso, os dejo un vídeo de una serie que preparo, y que juzgue el lector, que siempre tiene la última palabra.

Cine de ciencia ficción: “La llegada” (Arrival)

Nota: este análisis contiene spoilers. Y elevalunas eléctrico. Y cierre centralizado.

Por fin he podido ir a ver esta película de ciencia ficción que ha sido catalogada como una de las mejores de 2016. Ambientada en la actualidad, la historia narra la aparición de doce naves que se establecen de forma aparentemente aleatoria en distintos puntos del planeta, y quedan suspendidas a pocos metros de la superficie. Tras entrar en sus naves, cualquier forma de comunicación con la tripulación de esas naves es inútil. Es entonces cuando una doctora en lingüística es requerida para intentar establecer comunicación con esos seres de otro mundo.

La película es buena, está bien desarrollada, pero para mi gusto, que es bastante especial lo reconozco, cae en ciertos aspectos. De todas formas, insisto: como aficionado a la ciencia ficción soy bastante puntilloso. A pesar de mis dudas, la película está muy bien y merece la pena verse. Eso sí, no es una película para cualquiera. Tiene su desarrollo y requiere estar centrado en la película y en los detalles.

Voy a intentar desgranar los aspectos esenciales de esta película en sus elementos que me han parecido más interesantes.

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