Nuevo comentario de «La leyenda de Darwan»

Siempre se suele hablar que el éxito de un escritor reside en las ventas y la popularidad de sus obras. Es cierto que es así como funciona el mundo: dinero y fama. También es cierto que a casi nadie le molesta obtener dinero y fama.

Pero no podemos olvidar un aspecto muy importante de la literatura: son muy pocos, realmente muy pocos, los que, gracias a sus libros, van a poder vivir de la literatura. En general, la inmensa mayoría de escritores pasaremos por el mundo literario con pocas o ninguna ventas, con pocos lectores, y sin duda, sin ninguna mención en los libros de la literatura. Observo siempre asombrado cómo mucha gente se enfada cuando ven que sus libros, tras ser presentados, son rápidamente olvidados, cuando no enterrados directamente en el mar de nuevas obras que se presentan constantemente.

Ante esa situación, ¿qué nos queda como escritores? Algo muy, muy importante, realmente fundamental. Nos queda la savia de la literatura, el arjé, el principio básico de todo escritor: los lectores.

Y es que, ante el ansia de ser famosos, de ser conocidos, de vender millones de libros, de firmar autógrafos mientras las masas se arremolinan a nuestro alrededor, nos olvidamos de lo esencial: los comentarios de los lectores. Lectores sinceros, que escriben desde el corazón, que se expresan con total libertad, que no son la madre, el hermano, la pareja. Gente que pueden ser del otro extremo del mundo, y que, gracias a Internet, lee nuestro libro, y expresa las emociones que le ha provocado nuestra obra.

Yo, en ese sentido, y lo digo con total sinceridad, no puedo sino sentirme plenamente satisfecho. La trilogía de «La leyenda de Darwan» fue número 1 en la red literaria Entreescritores, y ahora que vuelve a estar disponible, vuelven los comentarios sobre la obra. Y, sinceramente, no puedo sentirme más satisfecho. Llegar a casa, encontrar un correo, y ver que alguien, al que no conoces de nada, te dice cosas como las que se adjuntan aquí, eso no tiene precio. Ni un millón de ventas pueden igualar un solo comentario como el que han dedicado a trilogía lectores como José.

Terminaré de escribir, y me iré de este mundo en silencio, como he hecho siempre. Pero me iré satisfecho, porque he conseguido llegar a pocas personas. Pero he llegado al corazón de esas personas. Ese es el mérito que estimo debe tener un escritor cuando escribe una obra. Y, en ese sentido, el objetivo está cumplido. Y ha merecido la pena. Sin ninguna duda. Muchas gracias José, por tus palabras.

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Negativa la detección del neutrino estéril

En su búsqueda de lo que pueda ser la materia oscura, los físicos han estado durante muchos años realizando hipótesis sobre supuestas partículas supemasivas que podrían, en algunos casos, ser la base de este tipo de materia que conforma, se supone, el 21% del universo (la materia bariónica, es decir, tú y yo, formamos el 5%).
 
Pero esas partículas supermasivas se resisten a aparecer. En el LHC ha habido algunas esperanzas, pero nunca se ha pasado de Sigma 2, recordemos que Sigma indica estadísticamente la probabilidad de que una señal sea real, siendo un 4 o mayor el número que conforma un valor ya casi definitivo.
 
Esas partículas masivas, predichas por la teoría de cuerdas,se han conocido popularmente como partículas supersimétricas, por ser iguales a las partículas ya conocidas, pero con energías muy superiores. De momento no hay rastro de ellas.
 
Por ello, los físicos han girado la vista. Si quizás no existan esas partículas supermasivas como fuente de la materia oscura, ¿pueden quizás partículas muy ligeras tomar su lugar? Eso es lo que se esperaba con un supuesto nuevo tipo de neutrino, que recibe el nombre de «estéril», porque solo interacturaría con la gravedad. Sería, de haberse encontrado, un candidato a la materia oscura.
 
No ha sido así, y el reciente informe del laboratorio iceCube de la Antártida indica que estos neutrinos no existen, al menos en las energías que se esperaban. Seguimos por tanto sin saber qué es la materia oscura, o, quizás incluso, si existe. Su presencia parece evidente, por muchos motivos ya vistos a lo largo de las últimas tres décadas. Pero no se deben descartar otras hipótesis.
 
En el diario El País, de una forma bastante triste, explican este asunto, con algunos errores bastante evidentes, y con comentarios de lectores en general aún más tristes. Pero al menos se ríe uno un rato.
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Laboratorio iceCube en la Antártida

Kepler KIC 846285 y los marcianos trabajadores

La capacidad del ser humano para imaginar posibilidades es una fuente constante de progreso y avances. Pero, por supuesto, como una buena espada medieval, tiene dos lados, y lo que es bueno por uno, puede ser malo por el otro.
 
Esto es lo que ocurre con Kepler KIC 846285, una estrella descubierta por la sonda Kepler que se dedica a detectar planetas extrasolares, de los cuales hay miles ya detectados, algunos de ellos con posibilidades de encontrarse en la llamada zona habitable, y que podrían, por tamaño, composición, y configuración orbital, disponer de vida.
 
Pero KIC 846285 tiene algo especial, como decía la canción. Hace unos meses se habló de que se podría haber detectado una «megaestructura» rodeando la estrella, lo que en mi pueblo se conoce como una esfera de Dyson. Ahora, sin embargo, después de haber intentado detectar señales de radio de origen extraterrestre desde la estrella, se ha visto que no hay nada. Por lo tanto, o los extraterrestres tienen el wifi apagado, o no hay marcianos allá, al menos tecnológicamente avanzados.
 
Como no hay marcianos, ahora se intentan encontrar explicaciones, si cabe más «bizarras» que las de los E.T. La radiación de la estrella sube y baja como una montaña rusa, y no se encuentra una explicación coherente. ¿Las causas? Probablemente, restos de cometas en órbitas muy excéntricas, que tapan la luz de la estrella de forma que conforma ratios de crecimiento y decrecimiento de las señales electromagnéticas de forma aparentemente caótica. Pero puede haber un patrón, que dure años, o décadas.
 
Mientras tanto, se sigue explorando esta estrella, que probablemente tenga una masa de gases, asteroides, o vaya usted a saber qué alrededor, sin más secretos ni misterios. Pero, por supuesto, mientras tanto, algunos han disfrutado soñando con enormes naves espaciales y poderosas civilizaciones interestelares. Por qué no. Soñar es bueno. Pero sin pasarse, claro.
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¿Hola? ¿Está el E.T.? Se ponga

Friso de Sandra en Ibosim

«Huevo de pascua» es el término actual que se conoce para aquellos detalles que se introducen en una obra y que hacen referencia a elementos externos, a veces de otras obras del mismo autor, o de otros autores.

Este es el caso de Antonio Rodríguez Cano, dibujante de varias de las portadas de la saga Aesir-Vanir, y de algunas imágenes de diferentes libros de la saga. En una de sus obras ha introducido una imagen en un friso de una de sus obras de Ibosim.

Como siempre, agradecer a Cano este detalle, que hace referencia a una escena de «Las entrañas de Nidavellir». Alguien se preguntará qué hace una diosa en un libro de ciencia ficción. Le invito a leer la novela para salir de dudas, y verá que tiene sentido, y que además permite introducir luego mejor la situación en la siguiente obra, «La insurrección de los Einherjar».

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Sandra es Minerva, y Minerva es la versión romanceada de Atenea. El resto se lo dejo al amable lector

Extracto de «La ira de Freyja», segunda parte de «La leyenda de Darwan»

De pronto, Dituba tuvo una extraña sensación; el tiempo pareció detenerse en su mente.

Era el último de su especie.

Fue un momento. Un momento que pareció eterno, y en la que recordó la historia de su mundo, de su civilización y de sus logros a lo largo de miles de años… Un momento hasta que la primera sombra de la luz oscura comenzó a llegar hacia él. Recordó los miles y miles de años de historia de su pueblo. Cómo se desarrolló desde especies inferiores acuáticas, cómo lograron controlar el mar, cómo crearon sus primeras herramientas, el lenguaje, las primeras ciudades, los primeros documentos escritos, el nacimiento de la cultura, del arte, los sueños de toda una especie…

Toda una civilización. Miles de lenguas, millones de seres, muchos millones de sueños truncados… Todo quedaba borrado, desintegrado, por aquella brutal y monstruosa luz oscura. Por la Muerte Negra.

Maldijo a los humanos y a sus descendientes. Maldijo su nacimiento, maldijo su origen, y maldijo cada átomo de ellos. Maldijo al universo, y maldijo a sus dioses, que no les habían protegido. ¿Dónde estaba Narukke, Dios de los mares y protector de su pueblo? ¿Dónde estaban aquellos que proclamaban que la ira de los dioses caería como fuego y sangre sobre sus enemigos? Y, por último, y una vez más, rogó a sus dioses que dieran caza incansable a esa raza violenta para que les confiriera la peor de las muertes.

Finalmente, llegó, hasta él, la luz oscura. Una luz tenue, suave, delicada. De pronto, no tuvo miedo. Sintió una gran paz interior. De repente, no importaba nada. La muerte venía a recibirle, y él la aceptaría, y se fundiría para siempre con su planeta, con su universo, que tanto había amado.

Y cantó. Un canto profundo se transmitió por el agua. El mismo canto que convocara a sus ancestros para iniciar el viaje anual a miles de kilómetros de distancia para el apareamiento y la celebración de la vida. Cantó por última vez, el canto que durante miles de años llamaba a la paz y la concordia. El canto que celebraba el nacimiento de un nuevo día. El último día de su especie. El último aliento de vida que mostraría para siempre su mundo, olvidado luego, convertido en cenizas, y transformado en un mito de la historia. En una leyenda perdida de un pueblo perdido de la Galaxia.

Mientras cantaba, notó cómo su cuerpo desaparecía. Era casi mágico. Sentía cómo se fundía en un vacío inmenso de nada. Una mezcla de partículas, que antes formaban parte de su cuerpo y del mar que le rodeaba. Era una extraña sensación de fundirse con el mar. Un último regalo de la vida: unirse a lo que más amaba.

Tuvo un último pensamiento: que algún día, de alguna forma, la muerte de su especie fuera vengada. Con ese pensamiento se desintegró finalmente, convertido en partículas simples dispersas por la superficie del planeta. Nunca sabría qué resultado tendría su sentimiento de venganza, y de ira. Nunca.

El eco de su canto se transmitió por el mar. Pero ya nadie podía oírlo. No quedaba nadie para escuchar la última voz de un pueblo condenado. Desde ese momento, sólo el gemir de las olas barrería los mares y las costas.

El silencio dio paso al vacío. Y el vacío, al fin de una civilización. Millones de seres condenados. No hubo canciones que cantaran el último amanecer. Ni hubo ofrendas a los dioses. Ni hubo héroes que pudieran forjar una leyenda para ser narrada a los jóvenes guerreros. Solo un mar muerto, un planeta muerto, y el último día de la historia de un pueblo…

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La Luna es mía, mía… Mi tesoro…

En marzo, durante una conferencia sobre el futuro de los viajes a las estrellas al que acudí en Madrid, se habló del problema de la ocupación y explotación comercial de los satélites y planetas del sistema Solar. Es un tema sin duda muy interesante, porque, como siempre ha ocurrido en la historia de la humanidad, el primero que llega a nuevo territorio suele ser el que planta la bandera y se hace con el suelo (o el océano). En este caso, el suelo lunar, que, no lo olvidemos, contiene una enorme cantidad de materias primas, entre ellas, uno muy buscado: el helio-3.

Ahora, el gobierno de Estados Unidos ha dado licencia de explotación a una compañía privada para iniciar la exploración y explotación comercial con fondos privados de la Luna. Evidentemente, mucha gente se pregunta: ¿con qué derecho? ¿Quién es el gobierno americano para dar permisos a una empresa para explotar un territorio fuera de sus fronteras?

Vamos a dejarlo claro: dicen que la Luna y el resto del sistema solar es de todos. Eso es una enorme y descomunal mentira que solo se justifica por querer quedar bien y sonar a amor y paz. Pero no habrá amor, ni habrá paz. La humanidad se caracteriza por su carácter violento, y la explotación de la Luna, y luego de Marte, y de satélites muy interesantes como Europa o Titán, estará en manos de empresas privadas apoyadas por gobiernos deseosos de que esas compañías desarrollen su industria para beneficio de su país. Esa sí es la historia de la humanidad, y es la que vamos a ver y a vivir en el futuro.

Otros países, léase China, Rusia, Japón, o India, aparte por supuesto de la eterna decadente Unión Europea, estarán atentos a estos movimientos, y moverán ficha. Porque las fichas han empezado ya a situarse en la mesa. Y la partida no va a tener reloj, ni reglas. Es una nueva era para la humanidad. Pero que se regirá por las mismas reglas de siempre. Sin duda, las próximas décadas van a ser extremadamente interesantes.

Espero actualizar esta entrada dentro de cien años para discutir las novedades que haya habido, que sin duda serán apasionantes.

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Concepto imaginario de la sonda Moon Express’s MX-1. Crédito: Moon Express

Cazando pokemons, y también libros

Hay mucha gente que está alzando su voz en contra de cazar pokemons. Sinceramente, prefiero que cacen pokemons a que cacen liebres, elefantes, tigres, o cualquier animal realmente vivo. Por otro lado, salir a la calle y caminar, mientras se haga de forma correcta y ordenada, no es tan malo, al contrario. Como todo, en el equilibrio está la respuesta. Es un videojuego que incorpora geolocalización y realidad aumentada. Ya existía uno así, y español para más señas: Invizimals. Claro que no eran pokemons.

Lo único que me pregunto es que, si una convocatoria en Madrid para cazar libros atraería a 3000 jóvenes de todas partes. Me temo que no. Tenemos que salir a cazar pokemons, y también a cazar libros. Tenemos que enseñar a las nuevas generaciones que ambas cosas son posibles, y ambas le van a aportar grandes momentos de felicidad. Pero que los libros les van a abrir puertas imposibles de ser abiertas de otras formas. Espero que un día salgamos todos a cazar libros. Sería una buena oportunidad para cambiar la sociedad.

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Sobre ángeles y demonios

Estaba hoy repasando ciertas noticias, cuando me he encontrado con un vídeo de una niña que parece sacada de la película del exorcista, y con una madre en peor estado mental y comportamiento. Siendo que el vídeo es real, y que la niña tortura e insulta a una muñeca de una forma cruel y monstruosa, mientras la madre le acompaña divertida, he pensado en tocar el siempre clásico y complejo tema sobre cómo los seres humanos se convierten en ángeles o en demonios, y cómo pueden pasar de un estado al otro en un instante.

De todas formas, si alguna duda me quedaba, luego me he cruzado con un viejo vídeo sobre los campos de concentración nazi, y la documentación escrita y visual que recopilaron los ejércitos aliados al llegar a los diferentes lugares donde se cometieron crímenes contra la humanidad que dejan claro que, como especie, solo deberíamos tener un destino: la extinción. Luego, ya más calmado, he pensado, afortunadamente, en la mucha gente de bien que existe en este mundo, y que las distintas sociedades quizás puedan tener una oportunidad. Como ser humano, es mi deseo. Pero a veces, lo confieso, se me hace muy, muy difícil.

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Niños, judíos o no, mostrando su código de identificación en un campo de concentración

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Cuando la especulación nos lleva al ridículo

En la primera mitad del siglo XX se especuló qué podría haber en la superficie de Venus. No se podía ver nada, excepto una capa de nubes. Y se comenzó a especular.
 
Venus era cálido. Venus tenía enormes nubes, naturalmente de agua, por lo que debía de haber grandes lluvias. Venus tenía gran cantidad de terreno seco en el interior, probablemente lleno por lo tanto de exuberante vegetación. Venus tendría entonces animales como los que tuvo la Tierra en en Jurásico, triásico y cretáceo, donde la temperatura era superior y las lluvias abundantes. En conclusión, Venus debía tener dinosaurios.
 
Observación: no veo nada. Conclusión: dinosaurios.
 
Debemos aprender a especular, pero debemos aprender sobre todo a crear teorías científicas sólidas, basadas en datos y en hechos, que permitan extrapolar conclusiones lógicas. Sino, no seremos tan distintos de los adivinos o los místicos que explican el universo a base de cuentos e imaginación.
 
Buen fin de semana.
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Escena del jurásico