Vamos a compartir cromos, y un futuro mejor para todos

Cuando era pequeño, los chavales coleccionábamos cromos, algo que también se hace ahora, aunque ahora son casi siempre digitales. Aquellos eran de papel, y se pegaban con pegamento en pequeños libros, donde había que ir coleccionando cada uno de ellos, hasta completar el álbum.

En el autobús, de camino al colegio, o en el patio, intercambiábamos cromos. Pero atención, no todos los cromos valían lo mismo. La empresa que los fabricaba sabía y conocía la ley de la oferta y la demanda, y fabricaba más de unos tipos, y menos de otros. Finalmente, algunos eran muy difíciles de encontrar, y podíamos dejarnos una buena cantidad de dinero comprando sobres, hasta dar con el preciado cromo casi imposible. Si alguien lo tenía repetido, tenía un tesoro en sus manos. Podíamos darle hasta tres o cuatro canicas, pero no cualquier canica, de las de cristal con dibujos dentro, todo un tesoro del que nos desprendíamos para conseguir el preciado cromo.

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El mundo se mueve así. Todo es intercambio, y hay más recursos de un tipo que de otro, y cuantos más chicos interveníamos en ese intercambio, mayor cantidad de posibilidades de que todos acabásemos con nuestros libros de cromos completos. Un tesoro de un valor incalculable. Con aquello aprendimos que terminar una obra lleva tiempo, cuesta dinero, cuesta un esfuerzo, y requiere el intercambio de cuantos más coleccionistas mejor. En definitiva, aprendimos que, cuanto mayor es un mercado, y cuanto más dinámico es, mayores posibilidades de obtener triunfos. Además, aprendíamos en el camino. Había una colección llamada “El por qué de las cosas” que explicaba cosas curiosísimas, como que Marte era un planeta, o que el Sol era realmente una estrella. ¡Maravilloso! En muchos nacía el interés por la ciencia y la naturaleza.

Hoy en día, al parecer, los países quieren coleccionar sus álbumes encerrados en ellos mismos. Quieren comprar sus cromos ellos solos, no compartirlos, y no admitir los cromos de otros, aunque en muchas ocasiones, esos otros tengan los cromos que nos faltan. Pero esos países no admiten esos cromos, porque vienen de fuera. Son “extranjeros”, y aunque les demuestres que tus cromos son tan válidos para terminar el álbum como los cromos del otro, muchos países han decidido dejar de compartir cromos. Creen, en una falacia absurda, que tiene más valor terminar de rellenar el álbum sin ayuda. No saben que las posibilidades de rellenar el álbum sin ayuda de otros compañeros es muy difícil, y que, si se consigue, el coste va a ser enorme.

Compartir riqueza, conocimientos, e ideas, entre pueblos de todo el mundo, permite a cada país crecer de forma armónica y constante. Tender puentes entre pueblos ayuda a desarrollar nuevas ideas, porque cada parte aporta su visión concreta de un problema, y, entre todos, un problema determinado se soluciona antes, en menos tiempo, con menores costes, y con mejores resultados.

¿Por qué no se hace así, entonces? Porque los niños-países se han vuelto egoístas y egocéntricos. Les han explicado que los cromos auténticos son los suyos, y los otros, imitaciones sin valor, simplemente, porque vienen de fuera. Les han explicado que hay que hacer las cosas solos, sin ayuda, sin compartir nada, sin buscar una mano de fuera que pueda aportar lo que nos hace falta.

Tenemos que cambiar eso. Tenemos que convencer a esos niños-países que intercambiar cromos es una buena idea. Que los álbumes se han de rellenar con el menor esfuerzo posible, y el menor coste posible. Y eso solo se consigue hablando con los demás, y viendo sus cromos, y mostrando los nuestros. Entonces, todos tendremos nuestros álbumes terminados, y podremos disfrutar de una obra construida entre todos.

Volvamos a los cromos compartidos. Y construiremos un mundo mejor para todos. Dejemos los muros y las alambradas. Tendamos puentes de intercambio de ideas y sentimientos. Ganaremos todos. No perderá nadie. Y mostraremos nuestro álbum de cromos con orgullo.

No creo que sea tan difícil. Lo hacen difícil, pero no es así. Nos quieren engañar con que compartir no es bueno. Con que hay que ser autosuficiente. Mentira. Somos más cuando más somos. Somos más cuando más abrimos nuestras ideas y nuestros sueños a otros, y otros hacen lo mismo con nosotros. En un mundo unido que comparte un futuro común y mejor para todos.

Vamos a compartir cromos. En el patio. En el autobús. Y en la vida. Ese es mi sueño.

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La maravillosa magia de las redes sociales

Que soy bastante enemigo de las redes sociales no es ningún secreto. Sin embargo, las uso profusamente para divulgar mi trabajo, tanto el de esta página como el de la “otra” página con contenidos en el polo opuesto a los de esta (ni siquiera el idioma es el mismo).

Me encanta leer a esos expertos que dan normas fabulosas del tipo “cómo sacar el mayor provecho de las redes sociales” o quizás del tipo “usa las redes sociales para mejorar tu profesión y tu vida”. Mire usted, perdone que le diga algo: yo reconozco que la presencia en las redes sociales es importante, sobre todo si se trata de temas profesionales, y estoy pensando en empresas, instituciones, etc. Esas páginas tendrán visitas porque los interesados en esas empresas e instituciones irán a buscar información. También los famosos, porque los fans acuden en masa a conocer lo último de su artista o deportista favorito. Y me parece bien, no tengo nada en contra de eso.

Pero, ¿los perdidos en el espacio-tiempo como yo? ¿Qué hacemos con las redes sociales? Pues lo que hace mucha gente: intentar dar a conocer nuestro trabajo con un enorme esfuerzo, solo para ver los parcos resultados que se obtienen en el 99% de los casos. Atención, es normal, no me quejo de ello. Sé que no aparezco en Gran Hermano ni en programas similares (gracias a Zeus). Y que los contenidos que escribo hacen huir al 99% de la población. Esto de hablar de filosofía o de política hace huir al más pintado, y lo comprendo, yo también huiría de uno de mis textos si me lo encontrara navegando por Internet.

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Aquí me tenéis, completamente entregado a la lucha por la justicia, la libertad, y la humanidad

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