Puertas traseras, por las que entran el que quiera

Estos días se ha hablado mucho de un iPhone y de Apple. El FBI quería que Apple le permitiese acceder al teléfono, al pensar que podía haber información vital sobre un reciente ataque terrorista. Apple se ha opuesto, explicando que no se puede crear un sistema que rompa la seguridad de los teléfonos. No porque no sea posible. Sino porque no sería ético. El debate, por supuesto, ha sido candente. Y muy interesante. Algunos acusaban a Apple de estar al lado de los terroristas. Lamentable.

La idea final del FBI, y de otros organismos públicos, es que todos los teléfonos tengan lo que se conoce como una puerta trasera. Una forma de acceder a los datos de cualquier teléfono, tablet, o cualquier otro dispositivo. También, obligar a que whatsapp y otros sistemas no encripten la información, para que pueda ser interceptada por el gobierno. Mucha gente está de acuerdo con esto. La seguridad tiene prioridad ante la libertad.
Traigo malas noticias. Este asunto, aunque parezca nuevo, tiene miles de años. Cualquier organismo que pueda usar la información para el bien, la puede usar para otros fines. Porque no existe el bien, o el mal. Existe la libertad del individuo a tener una privacidad que debe ser respetada.

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Filosofía, la naturaleza de las cosas

Me gustaría comenzar la semana con una reflexión de Immanuel Kant, una de las grandes mentes de la historia de la filosofía. La filosofía, esa asignatura denostada, olvidada, que enseña a pensar, a reflexionar, a construir ideas.

Sí, así es. La filosofía no solo es importante, es fundamental para aprender a conocer el mundo. Porque las ciencias, y las letras, nos enseñan los aspectos concretos del universo. Pero la filosofía nos enseña cómo conocer y entender el universo, y más importante, por qué es importante aprender a pensar, y a conocer, el universo. La filosofía es la raíz del conocimiento, la materia prima que permite construir el resto de conocimientos. Si no aprendemos a pensar, solo llenamos la mente de datos, de cifras, pero no aprendemos a entender lo más importante: por qué. Por qué las cosas son como son. Por qué somos como somos, y cómo podemos cambiar, y mejorar.

Las computadoras almacenan datos. Nosotros, debemos comprender el origen de esos datos, su naturaleza, y su utilidad. Eso es lo que nos diferencia de las computadoras. Y eso nos lo da la filosofía. Sacar la filosofía de los colegios convierte a los chicos en computadoras vivas. Son simples almacenes de datos, que aprenden las materias, pero no entienden por qué, ni con qué finalidad, es importante aprender.

El conocimiento obtenido gracias a la filosofía nos hace mejores, y nos enseña que, a veces, podemos cometer errores. Y, una vez aprendido que cometemos errores, podemos intentar subsanarlos. A veces podremos. Otras veces no. Pero no hay nada peor en un ser humano que permanecer en el error y en la ignorancia. Porque su ser estará atrapado para siempre en un mundo pequeño y rígido, incapaz de aprender, y de progresar. Cambiar de opinión no es una derrota: es la más grande de las victorias. No tengamos miedo de reconocer nuestros errores. Tengamos miedo de creer que sabemos toda la verdad. La filosofía no nos hará mejores por sí misma. Pero nos ayudará. Y habremos dado el primer paso. Y el más difícil de todos.

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La verdadera igualdad del ser humano

Es curioso cómo el ser humano, cuando define a unos individuos por encima de otros por razón de sexo, color, credo, o raza, siempre cumple una constante: él, o ella, están, por supuesto en el bando correcto. Nunca se suele oír algo como: “los de color A son inferiores al color B… Y yo soy del color B”. No, siempre se es del color A. O comentarios como “la raza A es superior a la raza B, y yo he tenido la mala suerte de pertenecer a la raza B”. O incluso “La religión A es verdadera, y la B es falsa. Y yo profeso la religión B”.

No. Quienes buscan diferentes raciales, culturales, o de cualquier otro tipo, siempre son, casualmente, los que están en el mejor bando. Con la mejor religión, con el color de piel adecuado, o con la ideología correcta, siendo todas las demás inferiores o falsas.

Quizás va siendo hora de que nos demos cuenta de que hombres y mujeres, de todas las razas, credos, y condiciones, somos iguales. Por supuesto, un extremista siempre será un extremista. Sea blanco, negro, hombre, mujer, cristiano, judío, o musulmán. El ser humano ha de definirse por la igualdad, la solidaridad, y por disfrutar de las mismas condiciones para desarrollarse como ser humano. Mientras las sociedades en su conjunto no alcancen esa condición, esa meta, seremos lo que queramos ser, pero, de ningún modo, una civilización avanzada. Seguiremos atrapados en nuestras ideas tribales, en nuestros miedos, en nuestras fobias, y en nuestro odio a todo cuanto no sea lo que somos nosotros.

Todo ser humano, sin excepción, tiene los mismos derechos, y los mismos deberes. Todo ser humano tiene una vida preciosa, que no tiene precio, que no puede ser comprada, o vendida, ni mucho menos despreciada. Esa es la única realidad que ha de prevalecer.
Cualquier idea que ponga a un ser humano por encima de otro solo pretende una cosa: conseguir que unos prevalezcan sobre otros, mantenerse en el poder, y querer demostrar que el mundo es como es porque es el estado natural de las cosas. Solo terminando con esas ideas podremos, algún día, obtener la libertad como civilización, y avanzar a un nivel nuevo de igualdad entre los hombres y mujeres de la Tierra. Ojalá podamos verlo algún día.

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Definiendo personajes en una novela

La construcción de personajes que sean atractivos en una novela es de por sí solo la primera parte de una historia que pueda ser de interés para el lector. Tan importante como construir los personajes, es diseñar una relación entre ellos que sea equilibrada y orgánica, permitiendo un desarrollo de diálogos donde, en mi opinión, el lector pueda tomar partido por uno de ellos.

Pero hay más. Algo que descubrí con La leyenda de Darwan es que al lector le encanta que se le maree, de una forma coherente claro. Me explico: al lector le encanta que el libro le lleve por un camino y le cree ciertas expectativas, para luego comprobar que esas expectativas no son las que imaginaba. En la trilogía eso ocurre con los LauKlars versus los humanos, y sus relaciones. ¿Quién está en el lado justo? ¿Quién actúa según principios de nobleza y de paz e igualdad? ¿Todos? ¿Ninguno? ¿Depende?

En “Ángeles de Helheim” los personajes de Vasyl, Guillermo, Irina, y Rachel son sin duda posiciones muy definidas de lo que podemos sentir en situaciones de máximo stress. Vasyl es un vengador, pero ¿hasta dónde debe llegar una venganza, si es que ha de llegar a algún lado? Guillermo es el que lo ve todo desde la distancia. Irina es la sobriedad, pero toma decisiones discutibles. ¿Hasta dónde se debe llegar cuando se quiere hacer el bien? Y Rachel, bueno, para Rachel dejo el apartado final, que ya había escrito en mi muro personal, y reproduzco aquí.

Rachel es un personaje de “Ángeles de Helheim” que me está permitiendo explorar los aspectos más tenebrosos y oscuros del ser humano. Creo que nunca antes había desarrollado un personaje tan perverso, tan malvado, y tan inconsciente de su propia maldad. Porque, a diferencia de otros personajes oscuros, Rachel está atrapada en el dolor y en la ira por completo. Ha superado cualquier barrera de lógica y sentido, y ha entrado en una espiral descendente de locura psicótica sin fin.

—¡Te mataré, Vasyl! ¡Te destrozaré!—gritó Rachel.
—De acuerdo, pero hazlo cuando estés tranquila. No conviene matar a nadie en medio de un ataque de nervios…

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La quimera de vivir de la literatura

¿Se puede vivir de la literatura? Solemos creer que la literatura, como cualquier otra actividad, tiene a una serie de elegidos, que ganan ingentes cantidades de dinero con sus obras. Lo cierto es que ese número existe, pero es tremendamente exiguo. Incluso escritores de mucho renombre deben buscar alternativas para subsistir y pagar las consabidas e inevitables facturas e impuestos que todo mortal debe atender.

De eso hablan en el artículo adjunto, dando una visión bastante dura, pero realista, de la vida de un escritor. No ya del escritor aficionado que no ha vendido ni venderá un libro en su vida, que esos son millones, sino del escritor reconocido y de éxito que, sin embargo, no puede vivir de ello.

Lo cierto es que actualmente daría la impresión de que hay más escritores que lectores. Aunque sea un poco exagerado, el número de lectores decrece constantemente, pero, paradójicamente, el número de escritores crece. Porque para ser escritor basta un ordenador y unas cuantas páginas contando una historia. Y así pueden verse miles de personas publicando diariamente en Internet, sea en Facebook o en páginas especializadas. Todos con sus sueños de grandeza. Y todos enfrentándose a la dura realidad: escribir y vivir de las letras es una quimera. Un artículo muy interesante.

Ah, y por cierto. La lectura es una actividad altamente productiva y beneficiosa. Permítame un consejo: tómese unas páginas de un buen libro cada noche, antes de dormir. Su mente, y sus sueños, se lo agradecerán.

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Campaña contra los artistas noveles

Vamos a ver si acabamos ya con esa plaga de gente que quiere ser artista. La ignorancia y la incultura son la base de las actuales sociedades modernas. Con gente inteligente y culta, el mundo se irá al infierno en dos días. Ayúdanos en esta campaña contra la gente creativa. Con tu ayuda, conseguiremos ser un planeta pueril, ignorante, y bárbaro. ¡Gracias!

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Campaña contra la cultura y el arte

Rachel, personaje de “Ángeles de Helheim”

Es innegable que para escribir algo que tenga un mínimo de interés para el lector se requiere un mínimo de psicología y de empatía con dicho lector. Imaginar lo que le va a gustar, lo que le va a atraer, y buscar aquel lector al que te interese tu trabajo. Porque existen muchos tipos de lectores distintos. Es imposible atraer a todos, luego has de atraer a aquellos a los que sabes que vas a poder dar lo que buscan.

Rachel es uno de esos personajes que te permiten jugar con los sentimientos, dudas y temores del lector. A través de ella se pueden descubrir aspectos oscuros de la personalidad con los que todos nacemos, y llevarlo de la mano de sus miedos, de sus fobias, de los deseos de venganza, del odio y la ira. Porque que un lector se sienta identificado con el bueno de la obra es genial. Pero que se sienta identificado con el malo, es lo mejor que te puede pasar como escritor. Entonces es cuando realmente has sabido llegar al fondo de lo más recóndito del alma, y puedes, desde ese momento, explotar la casi infinita variedad de negatividad que todos poseemos en nuestro interior.

Así que tengo que agradecerle a Rachel que, juntos, podamos explorar ese camino oscuro y tétrico de las pasiones más bajas del ser humano en “Ángeles de Helheim“. Un camino apasionante y lleno de sangre, dolor, y muerte. Encantador.

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