Nueva colaboración en el libro solidario de la editorial Donbuk

El año pasado tuve el honor de participar en el libro solidario de la editorial Donbuk, en un libro de relatos junto a otros escritores. Este año ha sido una alegría saber que volvían a contar conmigo para un nuevo libro. Las ventas de estos libros van destinadas íntegramente a distintas ONG de España y del mundo, y colaborar en este proyecto es un verdadero placer, y una satisfacción personal.

El libro estará en preventa a mediados de enero, y podrá comprarse poco después. Ojalá sus ventas sean altas, porque eso significará una ayuda para tanta gente necesitada. Es una buena forma para mí poder terminar el año con una noticia tan llena de esperanza y de ilusión. Si este trabajo puede ayudar a un solo ser humano, ya habrá merecido la pena.

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Segundo libro solidario. Editorial Donbuk
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El origen de la saga Aesir Vanir

El primer boceto de lo que luego sería la saga Aesir Vanir se publicó en 2002, en un relato corto que ya contenía los elementos principales de la saga. Pero, ¿cuál es el origen de la saga Aesir Vanir?

Para eso, hay que retroceder un poco más en el tiempo. Concretamente, al año 1970. En aquel tiempo yo ya era un consumado devorador de ciencia ficción. Disfrutaba con “Viaje a las estrellas” que era como se llamaba entonces a Star Trek en mi país, y con otras series de la época. Pero fue una oferta para ir a ver una nueva película la que me abrió la mente a un nuevo universo de posibilidades. Esa película fue: “2001: una odisea del espacio” de Stanley Kubrick.

Aquel verano de 1970 acepté la oferta para ir a ver “2001”, y tengo que decir que salí transformado del cine. Aquella película me impactó de una manera que cambió para siempre mi concepto de la ciencia ficción. Sin duda, es la película que más me ha influido en todos mis conceptos tecnológicos, científicos y filosóficos a lo largo de toda mi vida. Un impacto que aún continúa.

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2001: una odisea del espacio

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El CERN trabaja en la espectrografía de la antimateria

A la antimateria se le suelen asignar capacidades metafísicas y sobrenaturales. Pero la antimateria es, según se ha podido verificar a lo largo de décadas y recientemente, tan estándar como la materia en cuanto a propiedades físicas se refiere. La antimateria no existe porque se desintegra de inmediato en contacto con la materia, generando una cantidad de energía muy superior a la fusión del hidrógeno, ya que el 100% de la materia es convertida en energía según la famosa ecuación de Einstein, E=mc2. En este universo no existe una forma de obtener mayor cantidad de energía.

Se cree que durante el Big Bang la cantidad de materia y antimateria debió de ser la misma, pero, por alguna asimetría, la antimateria desapareció, quedando solo la materia común que conocemos. La razón de esta asimetría es clave para comprender el universo.

Todo lo que afecta a la materia afecta a la antimateria. Su particularidad es que está formada por antiprotones, es decir, protones con carga negativa, y positrones, electrones de carga positiva. De hecho, la tomografía por escáner de positrones, que se usa cada día en miles de hospitales, usa antimateria para realizar su trabajo.

Pero los físicos siempre quieren ir más lejos, y en el CERN de Ginebra están en ello. Actualmente han conseguido desarrollar un método para poder realizar espectrografía del antihidrógeno. ¿En qué consiste? Básicamente, un espectrograma es una firma de los componentes de una materia determinada. Por ejemplo, se descubrió que el Sol dispone de helio gracias a su firma con el espectrograma que se desprende del análisis de su luz.

El objetivo del CERN es verificar si el espectrograma del antihidrógeno, un átomo formado por un antiprotón y un positrón, es el mismo que el del hidrógeno. Es de suponer, y sería factible pensar, que será así. Pero, teniendo en cuenta que aún no se sabe por qué hay tanta materia y nada de antimateria en el universo, y de dónde viene la descompensación, comprobar la naturaleza de la antimateria, en todos sus aspectos, incluido su espectrograma, es fundamental para profundizar en este problema.

El CERN ha encontrado el método para el análisis de una cantidad muy pequeña de antihidrógenos, y ahora se prepara para trabajar en el análisis del espectro en los próximos meses. Existen dos posibilidades: la firma es la misma, o es distinta. En ambos casos, se habrá dado un nuevo paso en la comprensión de la antimateria, y estaremos un poco más cerca de conocer su naturaleza y características.

Mientras tanto, seguiremos con la pregunta: ¿por qué el universo no es simétrico? ¿Por qué hay más materia que antimateria? Esperemos saberlo pronto, porque esta respuesta abrirá muchas puertas a nuevas líneas de investigación para la comprensión del universo, y de otros posibles universos que pudieran existir.

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Decimotercera posición para “Las entrañas de Nidavellir”

La primera parte de “Las entrañas de Nidavellir” ha sido elegida en decimotercera posición en categoría absoluta en Latinoamérica, entre más de 3000 libros, compitiendo entre todos los géneros de ficción. Esta obra está además en segunda posición en ciencia ficción junto a otras dos obras de la saga que se encuentran entre las primeras diez posiciones. En la imagen, portada de la que será la segunda parte. Muchas gracias por vuestro apoyo.

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Espectacular trailer de “Figuras ocultas”

Nota: película ya vista. Muy buena. Análisis y reflexión en este enlace.

Mujeres. Negras. Y a principios de los años sesenta del siglo XX. ¿Qué se puede esperar de esa combinación? Nada bueno por supuesto. ¿Y si añadimos que esas mujeres negras son además unas capacitadas matemáticas, capaces de calcular trayectorias de las primeras naves espaciales?

La respuesta es evidente: ante algo así, podemos esperar racismo, incomprensión, y desprecio. Eso es lo que tuvieron que aguantar varias mujeres negras que trabajaron en la NASA a principios de la era espacial. Su labor: calcular las trayectorias y otros datos de las naves Mercury. Su culpa: ser mujeres, y ser negras. Una combinación insoportable para muchas personas.

Aquellas mujeres fueron el revulsivo que necesitaba la NASA para llevar a cabo cálculos que las computadoras de la época no eran capaces de resolver. Recordemos que la informática justo comenzaba a dar sus primeros pasos a escala industrial.

De eso trata la película “Figuras ocultas” (Hidden figures). Narra la historia de tres de esas mujeres, que nunca hasta ahora habían tenido el reconocimiento que muy merecidamente se debían de haber ganado hace décadas. Esta película trata de traer al presente su recuerdo, su trabajo, y su lucha por la igualdad de derechos.

El trailer me ha encantado. Y espero ver la película en su estreno para la correspondiente crítica. De momento, emocionado de ver que, de vez en cuando, aquellas personas olvidadas por su color o su sexo son por fin tenidas en cuenta. Ya iba siendo hora, después de tantas décadas en el olvido.

Origen y desarrollo de la vida, o por qué estamos solos

Se habla mucho últimamente de marcianitos por todas partes. Alguien encuentra una anomalía mediante un telescopio: marcianos. Alguien detecta una estrella con información confusa: marcianos. Alguien comprueba que un planeta tiene una atmósfera aparentemente incomprensible: marcianos. Se ven marcianos como antes se veían apariciones marianas, y el objetivo siempre es el mismo: llamar la atención del personal.

Sin embargo, por supuesto, no son marcianos. Todas esas pruebas que solo buscan llenar páginas y conseguir clicks, se deben a fenómenos naturales perfectamente comprensibles una vez verificados y analizados los datos. Algunos son hechos complejos sin duda. Pero todos dentro de explicaciones causadas por la acción de la naturaleza. No hay marcianos. Y es más: puede que nunca encontremos marcianos. Puede que estemos solos. Puede que nadie llama a la Tierra porque no hay nadie para llamar, ni para contestar a nuestras llamadas. Vamos a ver por qué.

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La galaxia de Andrómeda, y las Nubes de Magallanes, dos galaxias compañeras

Existen miles de millones de galaxias. Y cada una de ellas contiene miles de millones de estrellas, la mayoría con planetas. Se podría suponer que debería de haber miles de civilizaciones solo en nuestra galaxia, incluso con cálculos conservadores (la ecuación de Drake permite hacer algunas aproximaciones). Entonces ¿por qué no hemos contactado con ellos? ¿Por qué no detectamos sus señales? ¿Dónde están los marcianos? ¿Se esconden? ¿Temen a la humanidad? ¿Siguen la Primera Directriz, como en Star Trek? ¿No somos interesantes?

Me estoy refiriendo a civilizaciones tecnológicamente avanzadas, no a vida primigenia. Y la respuesta es, desgraciadamente, más sencilla que todo lo anterior.

Hoy traigo malas noticias a los amantes de la aventura extraterrestre: estamos solos en el universo. Bueno, voy a puntualizar: probablemente estemos solos en el universo, en cuanto a civilizaciones tecnológicas se refiere. Vida microscópica y organismos multicelulares básicos puede haber muchísimos. No así seres avanzados. ¿Por qué? Hagamos algunos cálculos extremadamente básicos, pero reveladores.

Hemos de partir de una premisa: solo tenemos un ejemplo de mundo con vida por ahora: la Tierra. Pero, al igual que el sistema solar es un sistema estelar típico, podemos partir de la hipótesis de que la Tierra sea un planeta tipo rocoso típico, como ya se está verificando en muchos planetas extrasolares. La Tierra no es rara, al contrario: es muy habitual. Y ya se sospecha que Marte pudo tener un mar templado, y posiblemente vida en el pasado.

Vamos con el primer dato: la Tierra se formó hace aproximadamente 4.500 millones de años, dentro del ciclo estándar de creación de sistemas estelares, con una estrella central, y planetas en órbita. La vida apareció poco después, geológicamente hablando, hace unos 3.500 millones de años, o incluso algunas cifras llegan hasta los 4.000 millones de años. Pongamos 3.800 millones de años. Eso quiere decir que, durante el 84,4% del tiempo de existencia de la Tierra, esta ha tenido vida ininterrumpidamente.

Segundo dato: durante la mayor parte de ese tiempo con vida, esta era microscópica, o basada en organismos muy básicos, como las algas. Se sabe que hasta la explosión del Cámbrico, hace 600 millones de años, la vida era poco compleja. No tan poco compleja como hasta ahora se creía; sí había algunos organismos más avanzados, pero en todo caso, organismos muy simples en comparación con un mamífero como el caballo o el ser humano.

3.800 millones de años menos 600 millones de años = 3.200 millones de años con organismos simples. Esto significa, que durante la historia de la vida de la Tierra, el 84,2% del tiempo el planeta albergó organismos muy básicos.

Esto nos deja con que durante 600 millones de años ha habido vida avanzada multicelular en la Tierra. 100-84,2 = 15,8% del tiempo de la vida de la Tierra con organismos avanzados.

Pero, de ese tiempo, el ser humano, como única especie tecnológicamente avanzada, ha aparecido durante los últimos 100.000 años. Esta cifra indica el tiempo en el que el ser humano ha desarrollado tecnologías que lo han diferenciado claramente de otras especies.

Si tenemos 3.800 millones de años de vida, y calculamos 0,1 millones de años con vida tecnológica, tenemos que, desde que apareció la vida, ha habido vida inteligente en la Tierra durante un porcentaje de 0,00263%.

Pero el ser humano solo ha sido capaz de emitir radiaciones al exterior y de comunicarse durante los últimos 100 años. Cien años son 0,0001 millones de años. Si dividimos 0,0001 millones de años entre 3800 millones de años, tenemos 0,000000263 como el porcentaje de tiempo que ha habido vida inteligente capaz de comunicarse en la Tierra desde que apareció la vida, o lo que es lo mismo, 2,63158E-06.

Vaya, este dato da un poco de pena. Del 100% del tiempo de la existencia de vida en la Tierra, tenemos 0,000000263 como porcentaje en el que este planeta con vida se ha podido comunicar con otras especies de alguna forma. Si cifras así fuesen similares en otros mundos, la cosa sería preocupante. Porque, además, tenemos que tener en cuenta dos cosas:

1.- El tiempo que llevan otras especies existiendo.
2.- El tiempo que han tardado en extinguirse.

Sobre el punto 1, algunas especies podrían llevar millones de años transmitiendo información. De acuerdo. Si eso fuese así, el espacio debería estar lleno de señales radioeléctricas. El problema aquí radica en el tiempo, es decir, en el punto 2: ¿cuánto tarda una especie, desde que comienza a realizar emisiones, en desaparecer? No lo sabemos. Incluso con la humanidad, ese dato no es extrapolable. ¿O sí?

La humanidad ha mantenido muchas alzas y caídas de civilizaciones. Las anteriores no disponían de sistemas tecnológicos capaces de emitir señales al espacio. Nuestra actual sociedad sí es capaz. Pero ¿cuánto va a durar nuestra sociedad? No me refiero al “fin del mundo”. ¿Cuánto tiempo vamos a resistir aguantando la increíble y creciente marea de ignorantes dispuestos a acabar con la ciencia y el progreso, para imponer sus pseudociencias y religiones, para volver a un nuevo mundo medieval? No mucho, si hemos de ceñirnos a las experiencias del pasado, como las de Grecia y Roma. Si alguien cree que esto es una exageración, le recordaré un caso ya ocurrido: Roma. Ahora hablaré de ello.

Pongamos que una civilización humana avanzada en cuanto a cultura y conocimiento cae aplastada por los ignorantes e iluminados en 600 años. Llevamos unos 300 años de progreso, y 100 de tecnología de radiocomunicación. Nos quedan aproximadamente 200 a 300 años antes de que nuestra sociedad caiga. Pero, teniendo en cuenta que la tecnología puede pervivir, podríamos pensar en sociedades futuras, cada vez más degradadas intelectualmente, que todavía usen la tecnología de forma decreciente. En 400 o 500 años la humanidad podría volver a la Edad Media, y convertirse en una nueva sociedad preindustrial.

Si alguien cree que esto no es posible, le pongo el ejemplo antes comentado: Roma. Roma tenía grandes avances en muchos campos: científicos, médicos, o de ingeniería. Todos ellos se perdieron con la barbarie medieval. Los anticiencia de la época quemaron todo el conocimiento posible, y convirtieron la idea de progreso e investigación en una herejía. ¿De verdad alguien cree que no pueda volver a pasar? Yo sí lo creo. Creo que puede volver a pasar. Incluso podría estar pasando ya.

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También tuvieron su oportunidad, pero quedó aplastada por las circunstancias

Visto lo visto, si realmente las sociedades tecnológicas con capacidad de comunicación al espacio exterior viven entre 300 y pongamos 1000 años, si esa es la media de una civilización, como así ha sido en nuestro mundo en varias ocasiones (mayas, sumerios, persas, egipcios, griegos, romanos, etc), nos queda poco para desaparecer. Si ese cálculo es extrapolable a otras civilizaciones, y teniendo en cuenta que 1000 años es un instante en los millones de años que puede haber entre una civilización y otra, es normal que no oigamos nada. Las llamadas son cortas y muy espaciadas en el tiempo. No hay nadie ahí fuera. Lo hubo, en un instante del pasado. Lo habrá, en un instante del futuro. Y luego nada. Vacío, silencio, y frío.

Esta es una visión pesimista de las cosas, sin duda. Pero ¿dónde están ellos? No lo sabemos. La ciencia ficción nos trae universos increíbles con miles de especies. Pero la realidad es dura y testaruda. Si estamos solos, y si una civilización acaba desapareciendo de un modo u otro, no tenemos más remedio que aceptar el hecho consumado: vamos a desaparecer. Dioses, libros, música, historia, arte, ciencia, sueños, todo desaparecerá convertido en polvo, y para siempre. Ese será el legado de la humanidad: el de una especie más que lo intentó y no pudo superar sus limitaciones. Puede que haya alguna civilización que sí lo haya conseguido. Pero no parece lo habitual. Si somos una excepción, está por ver.

De momento, no apostaría un euro o un dólar en ello, puede el lector estar completamente seguro de eso.

Solo los muertos han visto el final de la guerra

Todos estamos de acuerdo en una cosa: la guerra es la peor creación que jamás pudo imaginar el ser humano. La mayor de las pesadillas, y la más terrible invención llevada nunca a cabo. Las guerras lo devoran todo, acaban con todo, y no dejan sino un dolor infinito, que dura generaciones.

Creo que cualquier ser humano estará de acuerdo en que cualquier medio para evitar una guerra es mejor que iniciarla. Porque las guerras se sabe cómo empiezan, pero nunca se saben cómo acaban.

De acuerdo. Entonces ¿por qué han muerto el doble de seres humanos desde 1945, cuando acabó la segunda guerra mundial, que en toda aquella guerra, incluidas las víctimas de las bombas atómicas? ¿Por qué las ventas de armas de todo tipo no dejan de crecer? ¿Por qué tenemos que ver a millones de refugiados huir de sus hogares por armas que fabrican nuestros propios países, y que vendemos a dictadores sin escrúpulos, llevándonos suculentos beneficios, para luego acusar a las víctimas provocadas por nuestras propias armas de ser los culpables de sus desgracias?

La respuesta es muy sencilla: hipocresía. Y avaricia. Y falta de cualquier atisbo de humanismo. Y geoestrategia, como ellos lo llaman eufemísticamente, cuando no se trata de geoestrategia: se trata del control, del poder, y de mantener el statu quo de los pueblos que, en cada momento de la historia, han sido los más poderosos, desde Sumeria hasta la actualidad.

Mucha gente, afortunadamente, no sabe lo que es la guerra. Y ojalá no lo sepan nunca. Pero son muchos, demasiados, los seres humanos indefensos que son brutalmente asesinados cada día en nombre de cualquier causa que solo esconde una verdad: que la única causa para provocar la guerra es alimentar al monstruo de la guerra. Y que la muerte de inocentes no tiene otra finalidad que seguir llenando los bolsillos de seres monstruosos cuya carencia de humanismo es solo comparable a la que podríamos encontrar en el mismo infierno.

La guerra es un monstruo que lo devora todo. Pero la guerra no existe por sí misma; se alimenta de la indiferencia y del ansia de poder.

Todos estamos de acuerdo en que la guerra es el peor monstruo de la humanidad. Pero todos vemos crecer nuevas guerras a nuestro alrededor. No se trata de llevar alimentos a un país o a otro, o de admitir a este o a aquel refugiado. Esa es una solución temporal. Lo que hay que llevar a todos los países del mundo es cultura, educación, formación, respeto, igualdad, y conocimiento.

Con ese caldo de cultivo, los pueblos podrán tener pan, agua, futuro, y una paz duradera. Recordemos que los muros siempre funcionan en ambas direcciones. Los de piedra, y, especialmente, los que se construyen en el corazón de los seres humanos. Porque esos, son, al final, los muros más difíciles de derribar. Y esos muros son los que construyen las armas que luego llevan el dolor a la humanidad. Derribemos esos muros; y tendremos, por fin, paz. Paz, y una justa y eterna libertad.

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