Solo los muertos han visto el final de la guerra

Todos estamos de acuerdo en una cosa: la guerra es la peor creación que jamás pudo imaginar el ser humano. La mayor de las pesadillas, y la más terrible invención llevada nunca a cabo. Las guerras lo devoran todo, acaban con todo, y no dejan sino un dolor infinito, que dura generaciones.

Creo que cualquier ser humano estará de acuerdo en que cualquier medio para evitar una guerra es mejor que iniciarla. Porque las guerras se sabe cómo empiezan, pero nunca se saben cómo acaban.

De acuerdo. Entonces ¿por qué han muerto el doble de seres humanos desde 1945, cuando acabó la segunda guerra mundial, que en toda aquella guerra, incluidas las víctimas de las bombas atómicas? ¿Por qué las ventas de armas de todo tipo no dejan de crecer? ¿Por qué tenemos que ver a millones de refugiados huir de sus hogares por armas que fabrican nuestros propios países, y que vendemos a dictadores sin escrúpulos, llevándonos suculentos beneficios, para luego acusar a las víctimas provocadas por nuestras propias armas de ser los culpables de sus desgracias?

La respuesta es muy sencilla: hipocresía. Y avaricia. Y falta de cualquier atisbo de humanismo. Y geoestrategia, como ellos lo llaman eufemísticamente, cuando no se trata de geoestrategia: se trata del control, del poder, y de mantener el statu quo de los pueblos que, en cada momento de la historia, han sido los más poderosos, desde Sumeria hasta la actualidad.

Mucha gente, afortunadamente, no sabe lo que es la guerra. Y ojalá no lo sepan nunca. Pero son muchos, demasiados, los seres humanos indefensos que son brutalmente asesinados cada día en nombre de cualquier causa que solo esconde una verdad: que la única causa para provocar la guerra es alimentar al monstruo de la guerra. Y que la muerte de inocentes no tiene otra finalidad que seguir llenando los bolsillos de seres monstruosos cuya carencia de humanismo es solo comparable a la que podríamos encontrar en el mismo infierno.

La guerra es un monstruo que lo devora todo. Pero la guerra no existe por sí misma; se alimenta de la indiferencia y del ansia de poder.

Todos estamos de acuerdo en que la guerra es el peor monstruo de la humanidad. Pero todos vemos crecer nuevas guerras a nuestro alrededor. No se trata de llevar alimentos a un país o a otro, o de admitir a este o a aquel refugiado. Esa es una solución temporal. Lo que hay que llevar a todos los países del mundo es cultura, educación, formación, respeto, igualdad, y conocimiento.

Con ese caldo de cultivo, los pueblos podrán tener pan, agua, futuro, y una paz duradera. Recordemos que los muros siempre funcionan en ambas direcciones. Los de piedra, y, especialmente, los que se construyen en el corazón de los seres humanos. Porque esos, son, al final, los muros más difíciles de derribar. Y esos muros son los que construyen las armas que luego llevan el dolor a la humanidad. Derribemos esos muros; y tendremos, por fin, paz. Paz, y una justa y eterna libertad.

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«No quiero creer. Quiero saber» (C. Sagan)

La frase de la semana es de Carl Sagan, que ya he traído a La cocina de Sócrates en alguna ocasión. Refleja perfectamente el modo de trabajar de una mente científica: no creas nada, reflexiona todo, analiza los datos, y obtén conclusiones basadas en hechos empíricos.

Cuando nos dan información de algo, por ejemplo en Facebook, lo creemos inmediatamente. Constantemente llegan noticias falsas. Debemos ser analíticos y considerar si aquello o esto es cierto o falso.

Efectivamente, yo, como Sagan, no quiero creer. Quiero saber. Quiero entender. Quiero conocer los secretos del universo. No quiero que me los cuenten para que deba creerlos sin más. Quiero verlos por mí mismo. 

Quiero mirar a través del telescopio de la razón y el conocimiento y entender cómo y por qué existe el universo,su naturaleza, su pasado, y su futuro. Que no me vengan con historias imaginarias y que solo pretenden que deje de preguntarme una cosa: por qué.

Por ejemplo, una pregunta sencilla y trivial: ¿por qué existe el universo? ¿Podremos saberlo algún día? Con la ciencia, la reflexión, y el estudio, es posible. Con la ignorancia y el conformismo no lo sabremos nunca.Yo voto por la ciencia y por la reflexión. Ese es el objetivo de mi vida. Y a eso entrego mi esfuerzo cada día.

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Escritores: consejo para terminar el año

¿Eres escritor, mejor o peor, aficionado más o menos, pero escritor? ¿Has recibido un mensaje como el que acompaña a esta entrada? Si tu respuesta es afirmativa, permíteme un consejo:

NO pagues. Repito: no pagues. Nunca.

No vendas tus sueños a una empresa que, a cambio de una entrevista, un banner, y una entrada en su blog, te quiere cobrar 40 euros. ¿Por qué? Muy sencillo: porque tú vales eso, y mucho más.

Di no al mercantilismo de tus sueños. No esperes triunfar como escritor vendiéndote a estas pseudoeditoriales que compran el sueño de ser escritor por un módico precio. No caigas en el error de creer que algo así te va a llevar al éxito. Si eres bueno, trabaja, escribe, publica, promociona tú trabajo, y si alguien te dice que quiere entrevistarte, que lo haga. Si alguien quiere hacerte un escritor de éxito, que lo haga. Si alguien quiere ponerte en su blog, que lo haga. Pero no pagando. No vendas tu calidad, tu prestigio como escritor, a cambio de unos euros.

Los que nos dedicamos a esto de escribir estamos invadidos por este tipo de empresas. Compran los sueños de gente joven, o no tan joven, y nos quieren hacer creer que vamos a llegar a lo más alto a cambio de unos euros. Desengáñate. Llegarás al éxito si eres bueno, y si trabajas bien tu capacidad de comunicación y de promoción. Si quieres pagar por promocionar tu trabajo, hazlo con empresas de publicidad profesionales. No hay nada malo en ello. Pero esas empresas no te van a prometer el éxito. Van a prometerte que tu publicidad llegará a un público, pero no te venderán sueños de grandeza.

Hay mucha gente dispuesta a soñar, y hay muchos que saben que hay gente desesperada por pagar por llevar su sueño a la realidad. No caigas en ese error. Si te ofrecen un contrato para algo, y te quieren cobrar por publicar y/o promocionar tu trabajo, lo único que quieren es convertirte en parte de su negocio. Tu éxito no les interesa. Tu dinero sí. No caigas en eso. No merece la pena.

Adjunto el texto que he recibido hoy. Recibo textos similares todos los meses.

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Doctor, me gustan los aviones de combate. ¿Es grave?

Me gustan los simuladores de vuelo. Civiles, y, por supuesto, de combate. Hay gente que cree que por esa segunda razón soy una persona violenta. He sido acusado de asesino de inocentes, y no una vez, sino varias veces. ¿Por qué? Porque vuelo en simuladores de aviones militares.

Esa gente no sabe que colaboré con la Cruz Roja durante años en actividades de ayuda a necesitados en los ochenta, que participé en actividades de ocio para la tercera edad, o que actualmente trabajo redactando textos para una ONG de ayuda a niños enfermos. Siempre, siempre, sin cobrar ni un euro por ello. Esa gente solo sabe que soy violento porque vuelo simuladores de aviones de combate. Me pregunto qué dirán de los practicantes de esgrima olímpicos: «‘cuando terminan el duelo salen a cortar cabezas con sus espadas y floretes, al estilo Viernes 13». Claro, la esgrima invita a cortar cabezas, pasa todos los días…

No. No soy violento. Detesto la violencia, sea verbal, o física. Detesto la guerra. Detesto el maltrato a seres humanos o animales. Escribo artículos que pretenden denunciar las actitudes violentas contra cualquier grupo social.

Pero me gustan los simuladores de vuelo. En todo caso, os dejo un vídeo de una serie que preparo, y que juzgue el lector, que siempre tiene la última palabra.

Cine de ciencia ficción: “La llegada” (Arrival)

Nota: este análisis contiene spoilers. Y elevalunas eléctrico. Y cierre centralizado.

Por fin he podido ir a ver esta película de ciencia ficción que ha sido catalogada como una de las mejores de 2016. Ambientada en la actualidad, la historia narra la aparición de doce naves que se establecen de forma aparentemente aleatoria en distintos puntos del planeta, y quedan suspendidas a pocos metros de la superficie. Tras entrar en sus naves, cualquier forma de comunicación con la tripulación de esas naves es inútil. Es entonces cuando una doctora en lingüística es requerida para intentar establecer comunicación con esos seres de otro mundo.

La película es buena, está bien desarrollada, pero para mi gusto, que es bastante especial lo reconozco, cae en ciertos aspectos. De todas formas, insisto: como aficionado a la ciencia ficción soy bastante puntilloso. A pesar de mis dudas, la película está muy bien y merece la pena verse. Eso sí, no es una película para cualquiera. Tiene su desarrollo y requiere estar centrado en la película y en los detalles.

Voy a intentar desgranar los aspectos esenciales de esta película en sus elementos que me han parecido más interesantes.

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Pearl Harbor, el día de la infamia

Este miércoles 7 de diciembre se conmemora el 75 aniversario del ataque japonés a Pearl Harbor. Este evento, conocido como «el día de la infamia», dio pie a la entrada de Estados Unidos en la segunda guerra mundial. Aunque, en realidad, Estados Unidos ya estaba muy implicada en la guerra, dando soporte económico, tecnológico, logístico, y militar, a Reino Unido principalmente, y también a otros países.

El partido republicano se oponía de forma agresiva a que Estados Unidos entrara en la guerra, pero el ataque dejó claro que la idea de que el país americano se mantuviera al margen era algo que no podría continuar dándose por mucho tiempo.

Por supuesto, en este momento muchos lectores estarán pensando que, en realidad, Estados Unidos provocó el ataque. Otros también estarán pensando que no se hizo nada, es decir, que no se provocó el ataque, pero sí se dejó que Japón golpeara primero. Y otros, que fue una absoluta sorpresa sin más.

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Aviones japoneses se disponen a iniciar el ataque a Pearl Harbor

La verdad, como siempre, es más compleja que una solución única. Es probable que hubiese una combinación de las tres ideas en función del nivel del funcionario de turno del gobierno y del oficial del ejército. En general, es muy probable que hubiese un deseo de convencer al pueblo americano de que un ataque sorpresa japonés era un cuchillo por la espalda a traición. Y se sabía que la Flota Combinada japonesa, compuesta de al menos cuatro portaaviones y sus escoltas, habían partido de sus bases en Hokkaido con rumbo desconocido. En realidad eran seis portaaviones, en un ataque pensado por el almirante japonés Isoroku Yamamoto.

El problema, como suele ocurrir, es que los objetivos que se pensaba eran los más probables no fueron atacados en primer lugar. Sí lo fueron en los siguientes días, cuando ya se había declarado la guerra. El primer golpe fue en Pearl Harbor, en la isla de Oahu. Y es evidente que los mandos de la isla no sabían nada de un ataque aéreo. Husband E. Kimmel, almirante responsable de la flota en el Pacífico, fue exonerado recientemente de toda culpa. También el teniente general Walter Short del ejército. Ambos estaban en la isla de Oahu durante el ataque. Ambos fueron chivos expiatorios del ataque. Y ambos, con toda probabilidad, desconocían lo que ocurría. Incluso el radar del punto Opana, en el norte de la isla, que detectó el ataque, y que fue ignorado completamente. Se pensó que eran los B-17 que llegaban ese día del continente. Perfecto, pero los B-17 venían del este, no del norte.

Toda esta confusión ha dado lugar a todo tipo de ideas conspiradoras durante 75 años. Algunas plausibles. Otras absurdas. Yo personalmente me inclino a pensar por lo que suele ocurrir casi siempre: la explicación más sencilla suele ser la buena, tal como dice la navaja de Ockham. Y la explicación más sencilla es que la incompetencia y la burocracia se sumaron para que la información no fluyera de la forma conveniente. De hecho, juntar todas las piezas es algo que se hizo en Washington. Pero esa información llegó tarde a Oahu. Y, de todas formas, solo hubiese aumentado la confusión que ya sufrían Kimmel y Short.

Otro dato que se usa para especular era que ningún portaaviones estaba en el puerto en el momento del ataque. En realidad, eso es ver las cosas con demasiada retrospectiva; el noventa por ciento de los oficiales de alto rango de la marina de los Estados Unidos seguían creyendo que el acorazado, y no los portaaviones, sería la clave para ganar la guerra en el mar. Recordemos una máxima fundamental del militar: los ejércitos se preparan siempre para la anterior guerra. Es decir, las doctrinas sobre la siguiente guerra se basan en la experiencia de la anterior. Y muchas guerras nunca son iguales a las anteriores, bien por temas geopolíticos, tecnológicos, organizativos, o de tipo estratégico.

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Monumento al Arizona en Pearl Harbor en la actualidad

Pearl Harbor fue el inicio de un terrible camino que terminó con la monstruosidad de Hiroshima y Nagasaki, y con el terror de las armas nucleares anunciando su llegada. En medio, cientos de batallas y de hechos de un horror inimaginable. Tengo algunos enlaces a horrores en el Pacífico que en Europa no solemos tener en cuenta, y que me abstendré de poner porque creo que es suficiente con saber que, desde cualquier punto de vista, la humanidad debería abandonar la guerra como forma de resolver sus diferencias.

La guerra es algo más que terrible: es un monstruo que lo devora todo. Y, desgraciadamente, siguen dándose de forma reiterada por todo el mundo. En estos momentos, diciembre de 2016, podemos contar una buena cantidad de guerras por todo el globo. Algunas televisadas. Otras ni siquiera se mencionan. Pero todas ellas siegan vidas cada día. De hecho, tenemos un Pearl Harbor cada día en algún lugar del mundo. Hora es de que acaben, y ojalá en el futuro veamos las armas convertidas en banderas de paz. Ese es mi deseo.

Existe una película muy buena que narra estos hechos: Tora! Tora! Tora! Por supuesto, da un punto de vista posible, y recordemos que tiene dos directores, uno de ellos japonés, por lo que se intentó que la visión fuese equilibrada entre ambos bandos. Creo que es una película-documental muy equilibrada, aunque es evidente que es un punto de vista, y otros son perfectamente plausibles.

Si alguien está pensando en la película “Pearl Harbor” de Ben Affleck, me gustaría advertirle: es un despropósito, esa no la recomiendo en absoluto. De hecho con unos amigos hicimos una lista de errores de la película, que ocupaba casi tres páginas. Esa lista anda por ahí todavía creo. Eso sí, la historia de amor es bonita. Para gente de entre 12 y 15 años claro. El resto pueden pasar a otras cosas más interesantes.

Medición de distancias mediante supernovas de tipo 1a

Una pregunta recurrente cuando se habla de distancias en el universo es cómo se puede conocer esa distancia. Teniendo en cuenta que hasta hace poco menos de cien años se pensaba que la galaxia de Andrómeda era una nube de gas en nuestra propia galaxia, y que nuestra galaxia era todo el universo, hemos recorrido un largo camino en conocer el universo y su tamaño.

Lo cierto es que la pregunta es muy interesante, y la respuesta más rápida es la que se suele acostumbrar en ciencia: no podemos medir la distancia a objetos lejanos con absoluta precisión. Siempre puede haber y habrá una cierta desviación. Pero esa desviación está dentro de unos parámetros aceptables y razonables. Existen varios métodos para extrapolar la distancia de un objeto a la Tierra, y hoy vamos a ver uno muy interesante: las supernovas de tipo 1a, en la explicación posterior.

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La insoportable superficialidad de Facebook (II)

Lo que voy a comentar a continuación es mi experiencia personal. Por ello, no quiero dar a entender de ninguna manera que lo que voy a decir es algo generalizado. Es, simple y llanamente, mi punto de vista. Nada más.

Siempre, ya desde que era un enano, he sido acusado de ser un inadaptado social, y un sociópata. Y es probable que en muchos aspectos mis acusadores tengan razón. Sin embargo, incluso siendo así, creo que tengo motivos suficientes para abandonar Facebook de una forma definitiva. No voy a aburrir el lector con detalles, solo daré la información más básica y relevante.

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Primero: de los amigos que tengo en Facebook, una gran parte de ellos los conocí fuera de Facebook, en una conocida web de simulación aérea y aeronáutica, donde participaba como instructor de vuelo. Allí hice buenos y entrañables amigos, con los que incluso nos reuníamos periódicamente en Madrid, llegando gente de toda España a las reuniones.

Segundo: el otro grupo de amigos que tengo en Facebook son, también, gente conocida en otra web, una red de literatura. Gente con la que también interactúo de forma más o menos constante.

Tercero: tengo, o mejor tenía, una letanía de gente, que no pertenece a los grupos anteriores, con la que nunca he interactuado. Esa gente que, misteriosamente, te manda una petición de amistad desde vaya usted a saber dónde y sin saber por qué, y con la que luego nunca vuelves a contactar. Ellos me ignoraban, yo los ignoraba. Me consta que esto ocurre con mucha gente.

Cuarto: ¿cómo se pueden tener «100 amigos», o «250 amigos»? o ¿»500 amigos»?  ¿Gente con la que nunca hablas, de la que nada sabes, que no te importan, que no les importas, cuyo traspaso de información se reduce a un «me gusta» o dos durante los últimos cinco años? No me refiero a la estrella de cine o de rock claro, o a artistas o científicos consagrados. Me refiero a gente anónima y completamente desconocida como yo, que el único club de fans que he tenido era un grupo de gatos a los que daba de comer cuando era pequeño.

Quinto, y final: dejando aparte el tema de amistades, las fuentes de información en Facebook son, en la mayoría de los casos, falsas, distorsionadas, o simplemente vulgares. Sí, hay gente que escribe cosas interesantes, por supuesto. Artistas, pintores, científicos… Pero a esta gente se la puede seguir perfectamente sin necesidad de hacer nada más que tenerlos en Facebook, y, lo más importante: demostrándoles que valoras su trabajo mediante comentarios. Hablo de comentarios, porque los seres humanos hablamos y escribimos, no ponemos «me gusta» a una pareja o amigo cuando la conocemos. El «me gusta» está bien, pero solo si se complementa con un comentario. Entonces valoras realmente a esa persona. Demasiada gente ve algo, y pone «me gusta» por compromiso sin atender siquiera a lo expuesto. Yo no soporto eso.

La vida no funciona mediante símbolos, mediante dibujos de «me gusta» o caritas. Funciona mediante palabras, y, sobre todo, funciona mediante hechos. El hecho, la acción, es la que define al ser humano. La interacción entre personas no puede, no debe, reducirse a buscar el «me gusta» de los demás. Yo no quiero «me gustas». Yo quiero personas con las que pueda interactuar, hablar, sentir, charlar. Por correo, por Facebook, por WhatsApp, y, por supuesto, de forma personal siempre y cuando sea posible.

Facebook tiene cosas positivas, es indudable, no quiero restar importancia a la utilidad que tiene para personas que tienen familiares y amigos lejanos, y pueden tener un contacto diario. Pero esas personas no basan sus relaciones en Facebook; la red social es un complemento a sus vidas,  no el motivo de estar conectados los unos a los otros.

He conocido a gente muy interesante en Facebook, sin duda. Pero no me voy a dejar llevar por el ruido de la red social, ni por las ataduras que impone. Actualmente tengo un blog de ciencia en Facebook que complementa a este blog, y lo seguiré teniendo por supuesto, porque, como digo, Facebook tiene cosas positivas y útiles, y. no voy a renunciar a ellas. Esa página que tengo en Facebook me permite dar a conocer mis textos científicos, que no literarios. Porque ese es otro aspecto negativo de Facebook: la falta de interés por temas que no sean risas y diversión, y, sobre todo, por temas creativos personales.

Me explicaré: la gente en Facebook, en su gran mayoría, no quiere problemas, ni pensamientos profundos, ni reflexiones. No quiere largas explicaciones. Quiere ruido, noticias rápidas que se leen en diez segundos. Yo no soporto eso. No soporto leer cincuenta noticias absurdas sobre gatitos o sobre viajes en el tiempo o sobre extraterrestres cada hora. Yo quiero material denso, profundo, contrastado, científico, riguroso, que invite a pensar y a reflexionar. No quiero un carrusel de noticias absurdas y distorsionadas, cuando no directamente falsas, cincuenta vídeos de gatitos, y las fotos de los pies de la gente que ha vuelto de vacaciones. Hay gente que se siente feliz con eso, y lo respeto. Yo no me siento feliz. Por otro lado, si escribo una reflexión, o presento algún texto personal, la gente los ignora completamente. Quieren mis chistes, pero no mi mente. Y yo no soy mis chistes, yo soy mi mente, y mis reflexiones. Si no quieres eso de mí, no quieres nada de mí.

Por eso abandono feliz y contento Facebook, aunque sé que por el camino pierdo algunas amistades. Pero las verdaderas amistades de Facebook las conservaré, porque son algo más que un escaparate de falsas risas y falsos «me gusta». Son personas con las que interactúo y con las que disfruto en compañía. Esas personas, seguro, seguirán ahí siempre, porque son amigos, y no necesitan de mis chistes. No quiero sus fotos, ni ellos las mías. Queremos las personas que hay detrás. Y eso es lo que valoro de ellos, y ellos de mí.

He tomado la decisión, y me siento feliz y liberado por ello. Ahora tendré tiempo para reflexionar, para pensar, para salir del ruido de Facebook y volver a experimentar el pensamiento puro y sin esas miles de voces buscando el vídeo del día de la caída del bebé, o de la relación de este con aquel, o del último descubrimiento fantástico que lo cambiará todo, o del agua milagrosa que cura el cáncer. Ahora podré volver a meditar y a sentir que estoy solo, para poder estar en compañía. Aquella compañía que realmente quiera compartir pensamientos y reflexiones. Es hora de volver a usar la mente para la filosofía, la ciencia, y el arte. Es hora de volver a disfrutar de la mente y de la vida. Y no podría haber tomado una mejor decisión.

Nos vemos. Pero, si es posible, no en Facebook, por favor.

Un poco de humor

Siempre hay que creer en el humor. Gestionar un blog de ciencia a veces es complicado, puede el lector estar seguro, y el humor es una válvula de escape muy eficaz. Seguiremos adelante, con pasión y con entusiasmo por la ciencia. Al menos, mientras el cuerpo aguante. Feliz fin de semana, y feliz semana.

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El diario El País desacredita a Einstein

Observo últimamente que está poniéndose de moda, otra vez, desacreditar a Albert Einstein. Hace unas horas he leído un artículo del diario español El País que habla abiertamente cómo un grupo de estudiantes en un experimento demuestran que «Einstein estaba equivocado» en relación a un trabajo realizado en el museo CosmoCaixa de la ciudad de Barcelona.

Evidentemente, ante una afirmación así, que consigue despertarme del tedio de la mañana, leo atentamente la información. Se indica que el experimento tiene que ver con la mecánica cuántica. Como Albert Einstein no creía que la mecánica cuántica fuese una teoría completa, tenemos titular.

Fíjese el lector en cuál es el procedimiento: primero, Einstein no creía en la mecánica cuántica. Segundo, un grupo de estudiantes realizan un experimento en el que interviene la mecánica cuántica. Tercero, el periodista, que de periodista tiene poco, extrae el siguiente titular: si los estudiantes hablan de mecánica cuántica, como Einstein no creía en la mecánica cuántica, los estudiantes están desacreditando a Einstein.

Es decir, el titular de la noticia no es el experimento, más o menos interesante por supuesto, y me parece estupendo y genial que gente joven vea de primera mano experimentos sobre mecánica cuántica. Ojalá se hiciesen más ejercicios como este. El problema es el titular periodístico: no se pretende ensalzar a los estudiantes aplicados, sino remarcar que esos estudiantes están desacreditando a Albert Einstein.

Voy a decir dos cosas: primera: Einstein era un ser humano asombroso. Cometió errores, por supuesto. Pero sus logros son y están ahí, y siguen siendo, cien años después, completamente válidos.

Segundo: este tipo de periodismo hace muchísimo, muchísimo daño a la ciencia y a la cultura científica de los lectores. No podemos dedicarnos a buscar titulares sensacionalistas y tendenciosos. No podemos hacer entender que Einstein se equivocaba. Debemos explicar que Einstein no acertó en la mecánica cuántica, es cierto, pero no diciendo que un grupo de alumnos le desacreditan en una escuela. Eso no es ciencia. Eso es charlatanería y ganas de llenar páginas de sensacionalismo.

Tenemos que explicar a los alumnos los logros, y por supuesto los fracasos, de Einstein. Pero debemos informar de ello de una forma seria y rigurosa. Este tipo de artículos desacreditando a Einstein, o a otros científicos, es un camino hacia el desprestigio de la misma ciencia. Y así no lograremos construir una base de científicos rigurosos y serios con el futuro de cualquier investigación. Tratándose del diario El País, lamentablemente, este hecho se da en demasiadas ocasiones.

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