Hoy voy a traer una recomendación muy especial para mí. Un libro de ciencia divulgativa del genial Lee Smolin, con el título «las dudas de la física en el siglo XXI». Y con un subtítulo muy sugerente: «¿es la teoría de cuerdas un callejón sin salida?»
Este libro tiene unos años, pero sigue siendo completamente actual. Además, no solo habla de la física teórica actual de forma brillante, sino de sociología de la ciencia, y de cómo el sistema científico actual adolece de cierto rigor para el análisis de sus propios métodos de trabajo. Por ello, Smolin considera que una teoría como la de cuerdas, que debería estar muy cuestionada, sin embargo sigue teniendo grandes apoyos.
Una obra brillante, inteligente, y propia del genio que es Lee Smolin, uno de los padres de la teoría de la gravedad cuántica de bucles, teoría que él sabe no es definitiva, pero que es más valiente y directa afrontando el problema de unir la relatividad general con la mecánica cuántica. Lectura muy recomendable para cualquier interesado en conocer el estado actual de las ciencias físicas.
El racismo y la xenofobia han sido una constante en la historia de la humanidad. Han existido en la creencia de que, en un momento dado de la historia, un pueblo, con una cultura, una lengua, una religión, y unas costumbres, han considerado que eran una forma “pura” de civilización, y que cualquier “contaminación” de esa cultura destruiría tan preciado tesoro.
Lo cierto es que la historia está llena de estos pueblos perfectos y estas culturas puras, pero, mucho me temo, las cosas no funcionan así. Todos los pueblos de la historia de la Tierra han sido producto de mezclas constantes de distintas civilizaciones, que han dado lugar a otras civilizaciones, desde el devenir de los tiempos. Los griegos, por ejemplo, eran un conglomerado muy diverso de pueblos. Por no hablar de Estados Unidos en la actualidad, verdadera mezcla de pueblos de todo el mundo, lo cual ha sido fundamental en su desarrollo y prosperidad como nación.
Recientemente una cofradía española del centro de España se quejaba del uso de expresiones andaluzas que “contaminan” su forma de hablar. Es otro ejemplo más de la constante lucha que se mantiene por mantener las tradiciones “puras”. No se dan cuenta de que ellos mismos son producto de miles de mezclas de cientos de pueblos. España por ejemplo tiene enormes influencias del mundo árabe, y el español tiene un gran substrato del árabe en palabras, por mucho que duela a algunos. Un ejemplo: «ojalá» viene del árabe لو شاء الله , pronunciado law sha’a Allah; que significa «si ALÁ quisiera».
Dicho de otro modo: cada vez que digas “ojalá”, estás pidiéndole indirectamente a Alá un favor. Es otra “contaminación”, pero lleva tanto tiempo que ya forma parte de la cultura y de la lengua. Ojalá algún día podamos comprender esto en su justa medida, seremos mejores, como individuos, y como pueblos.
Mae Jemison es una mujer negra increíble. Y lo digo bien claro: mujer, y negra. Mucha gente se escandaliza cuando se destaca de una mujer emprendedora y de éxito su sexo y su color.
Pero que nadie se engañe: ser negro, y ser mujer, es todo un reto en este mundo, en esta sociedad. ¿Tenemos que felicitar a Mae por ser negra o ser mujer? No. Tenemos que felicitarla porque, a pesar de los miles de impedimentos que la sociedad pone a las mujeres y a los negros, esta mujer ha superado esos retos de forma magistral.
Médica (sí, la RAE lo admite), ingeniera y empresaria, Mae Jemison fue la primera mujer negra que viajó al espacio en un transbordador. Nació en Decatur, Alabama en 1956. Se graduó de la escuela secundaria a los 16 años y recibió títulaciones en ingeniería química y estudios afroamericanos en la Universidad de Stanford. Tras graduarse de la escuela de medicina, sirvió en el Cuerpo de Paz en África.
En 1987 Mae Jemison fue seleccionada para el programa de astronautas de la NASA. En septiembre de 1992 viajó al espacio a bordo del transbordador espacial Endeavour, y realizó una serie de experimentos biomédicos. Jemison dejó la NASA en 1993 y fundó una firma de consultoría tecnológica. Hoy es la directora del 100 Year Starship, un esfuerzo interdisciplinario para hacer del viaje humano más allá del sistema solar una realidad dentro de un siglo.
Mae Jemison también participó en algunos capítulos de Star Trek, a bordo de la nave estelar Enterprise. Puede por tanto decirse que Mae ha viajado a bordo de la nave de la imaginación, y a bordo de una nave espacial real. Ahora trata de unir esos dos mundos en uno solo. Mi admiración por ella es casi tan grande como su trabajo por el futuro de la ciencia y el espacio.
Y además todo eso siendo mujer, y siendo negra. Me encantan esos comentarios en algunos foros que denotan ese racismo y ese machismo oculto de algunos individuos cuando se habla de ella. Quiere eso decir que ellos están perdiendo. Y nosotros ganando. Las estrellas no tienen color. Ni tienen sexo. Solo tienen luz. Y esa luz nos guía en nuestro sueño estelar. Gracias por todo lo que nos das, Mae.
Guido Tonelli es uno de los físicos responsables de haber encontrado pruebas certificadas del famoso bosón de Higgs en el acelerador de partículas del CERN, en Ginebra. En esta entrevista reciente se puede conocer su trabajo, y su libro «El nacimiento imperfecto de las cosas», donde habla de su actividad, y del descubrimiento del bosón de Higgs. Una entrevista que comienza con la famosa frase «La partícula De Dios».
No, por favor, no. Dejemos ya la «partícula De Dios» de lado. Fue el título que le dio un periodista al ver que era una partícula fundamental para cerrar el círculo de lo que se llama la Teoría Estándar, que es la teoría actual que explica la naturaleza y física de tres de las cuatro fuerzas fundamentales del universo: el electromagnetismo, la fuerza nuclear fuerte, y la fuerza nuclear débil. Pero dejemos a Dios tranquilo ya de una vez.
Hablaremos pronto de estas tres fuerzas, y de la mal llamada «cuarta fuerza»: la gravedad. Porque sí, también es erróneo creer que la gravedad sea una fuerza, aunque se puede entender como tal en ciertos aspectos básicos.
Sin embargo, me gustaría comentar un aspecto que indica Tonelli en la entrevista: sigue recibiendo cartas de gente preguntando si va a crear un agujero negro que acabe con el mundo.
No; el CERN tampoco abrirá portales a otros universos, ni Gordon Freeman aparecerá para salvarnos
El tema no es baladí. Cuando se empezó a operar el CERN con las nuevas energías con las que trabaja, mucha gente creyó que podría crear un agujero negro, que crecería hasta destruir la Tierra, y luego el sistema solar, completamente. Preguntar es bueno, dudar es bueno, plantearse situaciones hipotéticas que podrían ser reales es importante. Pero llega un punto, cuando las cosas se han explicado mil veces, que se hace evidente que hay gente a la que ninguna explicación les parece suficiente. Es como lo de la Tierra plana (conozco una persona que lo cree firmemente), o que no se ha llegado a la Luna (conozco a varios de estos). El problema no es dudar, eso está bien. Pero existen límites.
En el caso de crear un agujero negro, no hace falta ser un doctorado en física para entender que jamás estaremos en peligro. Hay dos razones, una es más técnica, la otra es más inmediata. Comenzaré con la más inmediata, que dice:
Cualquier cantidad de energía generada en el CERN por la colisión de dos partículas, será siempre una fracción de la energía máxima que se genera desde la radiación cósmica que interactúa con la atmósfera de la Tierra.
La radiación cósmica, que por cierto es el mayor problema para el viaje a Marte, es una lluvia constante de partículas subatómicas que penetran en la atmósfera a altísimas velocidades, de hecho a velocidades relativistas, y colisionan con partículas de la zona superior. Estas colisiones generan una cantidad de energía muy superior a la que se podría crear nunca en el CERN. Estamos hablando de varios órdenes de magnitud. Si estas colisiones no han generado agujeros negros que se coman el planeta, lo que hace el CERN es un juego de niños en cuanto a energía se refiere.
El Segundo punto más técnico está relacionado con la radiación Hawking. El profesor Stephen Hawking teorizó que los agujeros negros deben desintegrarse en un factor que es la inversa de la masa de dicho agujero negro. Así, un agujero de la mitad de la masa de otro se desintegrará al doble de velocidad. Si tenemos un agujero negro que es la suma de dos partículas, su tamaño es tan pequeño que la radiación Hawking lo desintegra mucho antes de que pueda empezar a comerse a nadie. Fin de la historia.
Internet está lleno de bulos y cuentos de todo tipo, y el agujero negro que nos devorará por culpa de unos científicos locos e inconscientes está a la orden del día. Pero no, los agujeros negros no son algo que se pueda crear en un laboratorio, y mucho menos verlos crecer como si fuesen la planta de la cocina. Esta historia, como muchas otras, seguirá estando presente en los hilos de Facebook y webs de visionarios e iluminados. Pero podemos dormir tranquilos.
Si algún día llega realmente un agujero negro a la Tierra, primero hemos de tener en cuenta que atravesaremos lo que se conoce el horizonte de sucesos sin darnos cuenta. Luego el tiempo se irá enlenteciendo paulatinamente, aunque nosotros no nos daremos cuenta. Y, finalmente, quedaremos convertidos en… Bueno, podremos lucir figura en la playa. Una playa y un planeta que cabrán en una cuchara de café. A ver quién levanta esa cuchara. Por cierto, el martillo de Thor, se dice, está hecho de materia de agujero negro, por eso no puede levantarse. Pero eso es fantasía. Como pensar en un agujero negro en el CERN. Pura fantasía.
Estimados lectores: vuelve la polio. ¿Qué es la polio? Bueno, básicamente una enfermedad viral sin cura actualmente, que lleva al enfermo a la parálisis parcial o total, y que… Mejor poned «polio» en el buscador en la sección de imágenes. Yo no he querido poner las que ahí aparecen. No quiero ser morboso.
La polio tiene efectos devastadores en cualquier caso. Una persona conocida que la sufrió fue Franklin Delano Roosevelt, presidente de Estados Unidos. Su imagen en la silla de ruedas a bordo de un crucero camino de Europa para reunirse con Stalin y Churchill es famosa. Yo he preferido poner una foto más familiar.
Empezarán a enfermar sobre todo los jóvenes, pero también personas de todas las edades. A algunos habrá que amputarles brazos o piernas. Otros quedarán deformes. La mayoría no volverá a caminar nunca. Todos ellos nunca habrán sido vacunados de la polio por sus padres. Y pagarán las consecuencias.
Ahora alguno dirá que las vacunas producen autismo. Ese artículo falso que sigue siendo la fuente de inspiración de los antivacunas está completamente superado. Pero no importa. Ya lo dijo Einstein: «solo hay dos cosas en el mundo: el infinito y la estupidez humana. Y de lo primero no estoy tan seguro».
Siempre suelo decir que esta civilización no tiene remedio. Luego alguien me da una coz y me dice que sea más positivo. Y yo lo intento, de verdad. Lo intento. Pero se hace muy, muy difícil.
Carl Schurz fue un senador americano republicano de finales del siglo XIX. Una de sus frases más famosas es: «Mi patria, con razón o sin ella» (“My country, right or wrong»). Para Schurz, no importaba tanto la razón a la hora de defender y apoyar la patria frente a otras ideas, otros países, y otras culturas. Puede haber errores a la hora de juzgar y compartir criterios con otras naciones, pero esos errores no deben hacer olvidar la realidad: tu país estará siempre en primer lugar. Si te equivocas pero lo haces por tu país, estás haciendo lo correcto.
También a finales del siglo XIX, y hasta incluso mediados del siglo XX, la eugenesia, es decir, la esterilización forzada de aquellos «no aptos para procrear» fue un tema recurrente en Estados Unidos. En Virginia en 1924 se aprobó una ley de esterilización forzada de los «idiotas, dementes, y con otros problemas mentales y físicos» que fue de inspiración para el partido nazi en la segunda guerra mundial. Se desarrollaron, que se sepa, al menos 7000 esterilizaciones forzadas y verificadas. El objetivo fundamental: mejorar la raza del pueblo de Estados Unidos.
Harry Laughli publicó en 1914 una lista de los individuos afectados por una ley con el objetivo de limpiar el país de la lacra humana: débiles mentales, locos, criminales, epilépticos, alcohólicos, enfermos, ciegos, sordos, deformes y dependientes –incluidos los huérfanos, vagabundos y mendigos. En el caso de vagabundos y mendigos, eran fracasados cuyo fracaso no debía transmitirse a nuevas generaciones.
Como puede verse, no es necesario leer las noticias de hoy en día para entender que una barbarie se ha apoderado del pueblo estadounidense. No es la primera vez que ocurre, y solo es de esperar que en esta ocasión el daño no sea tan grave ni directo. Aunque, de momento, con 30.000 familias estadounidenses a las que ya se les ha negado cualquier tipo de protección, siendo incluso gente que lleva allí décadas o siglos, nada es de extrañar.
Cuántos de ellos morirán por la desidia y el abandono de aquellos que deberían preocuparse de los aspectos más básicos del ser humano. Luego otros dirán que, si no tienen recursos, no merecen atención médica básica. Con esos, por supuesto, no hay nada de que discutir; está todo dicho ya, y para siempre.
Hoy me ha pasado algo que me ha hecho reflexionar de forma especial. Ha sido el comentario de una lectora, sobre uno de los personajes principales de la saga Aesir-Vanir: Sandra, la joven que suele aparecer en portada. Una joven como otra joven cualquiera, que sin embargo vive atormentada por la pérdida de su padre, y el sueño de encontrarlo algún día, mientras ella explora su propio futuro como individuo. Dos metas que se cruzarán en su futuro.
Es increíble cómo algunas personas son capaces de atravesar todas las fronteras de la realidad, y llegar a lo más profundo del pensamiento de aquel que crea personajes para una obra. La verdad es que me he sentido conmovido, como pocas veces en mi vida, la verdad.
Empiezas escribiendo libros, y al final de tu vida entiendes que, en realidad, ellos te han escrito a ti. Tu vida, tus sueños, tus miedos, tus esperanzas, todo en ti está en el papel. No queda nada del escritor cuando termina su obra. Todo está en esas hojas que se mecen al viento de las miradas de aquellos que te lean. Esa es la vida del escritor. Esa es su fuerza, su poder, su esencia. Y por eso la vida habrá merecido la pena.
La serie de ciencia Cosmos de 1980 para televisión, de Carl Sagan, fue una fuente maravillosa y casi inagotable de jóvenes soñadores, que soñaron con tocar las estrellas con el poder de la imaginación. Muchos encontraron en aquella serie un motivo para lanzarse a estudiar astronomía, astrofísica, cosmología, exobiología, y otras ciencias muy diversas, así como carreras tecnológicas. De hecho, en una encuesta reciente de la NASA y el MIT, una parte del personal confesó estar allí por la serie.
¿Qué poder tiene entonces una serie así? Depende. En aquellos años, la fuente básica de información visual era la televisión. Los jóvenes se centraban en la televisión, y la llegada de la serie se devoraba con pasión en cada nuevo capítulo. Luego llegaron los famosos vídeos VHS, que se terminaban rompiendo disfrutando de cada capítulo.
En 2014 se realizó una serie nueva que acabo de ver. Grande, genial, estupenda, muy bien realizada. Pero con dos problemas: no tiene la magia de la primera, y más importante, hay tanto bombardeo constante de información, que los jóvenes, en general, no se centran ni profundizan en nada. Todo es consumo de información inmediato y superficial. Y una serie como Cosmos requiere concentración, relajación, y reflexión. Facebook es en parte responsable de este hecho. ¿Cuántas noticias ha leído hoy en Facebook? ¿Y de cuántas de ellas ha explorado algo más que las primeras líneas? Es una pregunta que me hacía yo antes de borrar mi usuario personal de Facebook.
Dudo que esta nueva serie de 2014 dé los frutos que dio la primera. Pero, de todas formas, es altamente recomendable. El presentador, Neil deGrasse Tyson, fue uno de esos jóvenes que se entusiasmó con el trabajo de Sagan. Y hace un excelente trabajo.
Nadie debe pensar que considero a esta versión de 2014 nueva menos indicada que la anterior. Pero son otros tiempos, y otras ideas. Esa chispa por explorar sigue existiendo, pero ahogada en un mar de confusión de datos constantes que bombardean la mente infatigablemente. Creo que es bueno recogerse un momento, desconectar todo, y dejarse llevar en la nave de la imaginación con esta nueva serie. Merece la pena, sin ninguna duda.
Qué sería de la humanidad sin exploradores. Sin hombres y mujeres interesados en mirar más allá, más lejos. De derribar los muros de la desidia y la ignorancia, y abrir puentes hacia el futuro. Un futuro donde podamos explorar nuevas metas, sean estas físicas, psicológicas, y superar miedos y prejuicios.
Este tema es el que se trata en uno de los episodios de la temporada 2 de «Star Trek: Voyager», titulado «Los 37». Es un homenaje a una mujer: Amelia Earhart. Y a un sueño: ser la primera en conquistar varios hitos para la aviación. Amelia se convirtió, por derecho propio, en un símbolo de la fuerza y el coraje a finales de los años 20, y en los años 30, del siglo XX. Realizó varias proezas que dejaron claro que la aviación era el futuro de la humanidad, y demostró, para desasosiego de muchos, que una mujer puede realizar perfectamente cualquier trabajo, incluso los más arriesgados, porque lo que se requiere es constancia, esfuerzo, y dedicación.
Amelia ha inspirado desde entonces a miles de mujeres de todo el mundo para ser pilotos y exploradoras, y, mucho más importante, para superar esas barreras ridículas que pretenden que la mujer sea un objeto más de la casa. Amelia desaparició en 1937 en uno de sus viajes, y se sospecha que se han encontrado sus restos recientemente, aunque no está probado. Pero eso es lo de menos. Lo importante es que fue una imagen en la que se han visto reflejadas muchas mujeres.
Hoy quiero rendir un pequeño homenaje a Amelia Earhart, y recordar que los sueños están para ser llevados a cabo. Naturalmente, no siempre se puede. Pero la persistencia, la dedicación, y el trabajo, que hoy en día parecen olvidados, son fundamentales. En este mundo donde todo ha de ser rápido e inmediato, Amelia es la imagen de que el trabajo lleva tiempo, años, y muchos fracasos. Pero nunca es tarde para el próximo vuelo, o para la próxima meta. La frase del texto: «Nunca interrumpas a alguien que está haciendo lo que dijiste que no podría hacerse».
Ayer se comentaba en una televisión local el hecho de que un individuo que ha ganado las elecciones democráticamente tiene derecho a legislar las leyes y aplicar las acciones que crea necesarias sin que tenga que ser criticado por ello. También se comentó que una mayoría que apoya a un individuo en sus acciones respalda automáticamente esas acciones.
Ante tales argumentos sorprendentes y propios de ideas que deberían de estar superadas hace tiempo, lo cierto es que esa idea es falsa. Completamente falsa. Se vota para hacer justicia. Se vota para conseguir nuevos logros para las sociedades de la Tierra. Se vota para conseguir algo más de libertad, un poco más de paz, y un futuro mejor para todos. No se vota para dar rienda suelta a cualquier idea, por absurda que sea, y por el simple hecho de que una mayoría las apoya. Porque un día esa mayoría puede decidir apoyar acciones que luego se conviertan en una pesadilla para las sociedades que las han promovido y vivido.
No. La democracia no es eso. La democracia no es el instrumento para ser usado con fines particulares. La democracia no se puede sostener bajo el argumento de la mayoría. Es importante. Pero cuando esa mayoría usa ese poder para mantener a una minoría, la democracia está fallando, porque democracia significa poder del pueblo.
Si el pueblo pierde el poder, la democracia no sirve de nada. Incluso si son los propios votantes los que ceden el poder de forma voluntaria, eso no es democracia. Eso tiene otro nombre. Y es un nombre que debemos enterrar para siempre. O nuevos fantasmas se levantarán de nuevo. Algo que debíamos de haber superado hace mucho, demasiado tiempo.
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