Ama la obra, no al autor

Bien, pongámonos en situación. Un individuo lee la obra de un autor, quien sea. Puede ser un desconocido o el más famoso escritor de la historia. Se enamora del libro, y luego lee otro libro de ese autor, y aún le gusta más. Encontrar un autor nuevo que te enamora es siempre algo fantástico y genial.

A continuación, ante ese interés por la obra, el lector busca datos del autor. Si está ya desaparecido podrá leer biografías, quizás ver vídeos si era contemporáneo, pero poco más. Sin embargo, si el autor está vivo, ¿sería posible contactar con él? ¿Incluso conocerlo personalmente?

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Lectora tras descubrir que su autor favorito es del equipo rival de fútbol

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Revisión de novelas y grandes textos. La regla 3.1.

Eres un escritor que acaba de terminar su próxima novela, o quizás, tu primera novela. Aparte de los clásicos y evidentes signos de alegría, porque escribir una novela completa (hablamos de digamos unas 50.000 palabras o más aproximadamente), tiene un gran mérito, el trabajo está hecho. Pero solo en parte.

Terminar de escribir la novela nunca debe ser sinónimo de haber terminado la novela. Queda la fase de revisión, que algunos escritores suelen no tener muy en cuenta, pero que es primordial para ajustar los mil matices que quieres darle a tu obra. Un escritor que no revisa su trabajo no puede entregar al lector una obra bien acabada. Casi nadie en su primera versión dispone de una novela para que sea leída. ¿Por qué? Por cuestiones obvias de estilo, de argumento, de desarrollo, uso repetido de términos, frases que no sabe nadie quién las dice, otras en las que se dejan poco claras las intenciones del personaje, etc.

Otros escritores, sin embargo, entienden que deben escribir la mejor obra literaria posible, dentro de sus posibilidades lógicamente, y quieren que el lector disfrute de una lectura amena y bien redactada. Entonces comienza un proceso de corrección y corrección en un bucle infinito, que termina con algo casi tan peligroso como no corregir. Y a eso lo llamamos sobrecorrección. Aquel texto, aquel diálogo, aquella descripción, ¿están bien así? ¿La cambio? Llega un momento en el que te das cuenta de que estás queriendo que quede tan perfecto, que en realidad lo estás estropeando.

¿Cómo evitar estas situaciones? Con la regla 3.1. Recibe este nombre derivado del sistema empleado para la corrección. Someterse voluntariamente a esta regla permite librarse de muchos de esos temores de corregir poco, o de pasarse corrigiendo. La regla 3.1 emplea tres pasos importantes, más uno sencillo (de ahí el nombre) para corregir el texto. Vamos a ver estos pasos.

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Lee mi libro o arderás en el infierno

Esta mañana he despertado con la enésima invitación del enésimo escritor invitándome en un privado de Facebook a que lea su libro, pase por su página, ponga me gusta en la misma, y comparta sus entradas. Y yo he hecho lo acostumbrado: bloquear la página del escritor, y bloquear al escritor.

¿Por qué esa actitud mía tan fría y dura? En realidad, el problema no está en mí. Sí, puede que sea un poco radical, pero algunos de estos individuos, si no respondes, simplemente te van mandando su material, una y otra vez, en un bucle infinito de invitaciones.

Lo curioso es que esto nunca, o casi nunca, lo he visto en otro tipo de artistas. No me han llegado pintores con cosas como “¡mira mi dibujo!” o “¡Fíjate qué colores fantásticos he usado en esta pintura!”

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Dos caminos

Existen dos caminos en la vida para conseguir los sueños y propósitos que cada uno se plantea. Uno es el camino largo, complejo, lleno de baches y dificultades. Es el camino del trabajo honesto y la lucha diaria por ser mejor cada día. Es el camino de la perfección, que nunca se alcanza pero que siempre se espera.

El otro es el camino fácil, por supuesto. El rápido. Aquel en el que embaucamos a personas, manipulamos datos, empleamos la soberbia, y usamos a los demás con una vara muy sencilla: o estás conmigo, o estás contra mí.

Ambos caminos pueden llevar al éxito y a cumplir los sueños personales y profesionales de cada uno. Pero el haber tomado un camino u otro tendrá consecuencias muy distintas una vez alcanzado ese éxito.

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Escritores: el espejismo del éxito

En un par de ocasiones me he acercado a comentar el mundo de lo que se entiende debe ser y hacer un escritor para obtener el éxito en un lenguaje algo sarcástico, pero basándome en experiencias vividas aquí y allá. Quisiera ahora reflexionar en un tono un poco más “en serio” sobre este tema del mundo de los escritores y de lo que se entiende por tener “éxito” con la literatura, y explicar ciertos argumentos que quizás puedan servir a algún joven o no tan joven escritor. Si es así, me sentiré plenamente satisfecho.

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Cuando cultura y ciencia son un producto

Hace un tiempo, por motivos diversos, contacté con varios escritores de distintos géneros literarios, ciencia ficción, aventuras, poesía, y a través de ellos he visto cómo el mundo de la literatura ha cambiado en los últimos cuarenta años, desde los tiempos en los ochenta cuando las editoriales eran empresas que recibían un manuscrito, lo aceptaban o rechazaban, y luego lo publicaban en caso de aceptar el texto.

Hoy en día, los escritores tienen que preocuparse de todo: de escribir lógicamente, pero también tienen que ser, en muchas ocasiones, sus propios editores, sus propios correctores, sus propios gestores, y sus propios publicistas. Al final, el escritor lo es como tal una pequeña parte de su tiempo. El resto de ese tiempo lo dedica a hacer cosas que antes hacían las editoriales. En cuanto a las editoriales, simplemente se han convertido, cada todas ellas, es simples imprentas, donde el escritor ha de pagar para que publiquen su libro.

¿Y en el mundo de la ciencia? ¿Qué ocurre con los científicos? Exactamente lo mismo. Tal como explica Peter Higgs, el descubridor del bosón de Higgs y premio Nobel de física en 2013, los jóvenes científicos se ven abocados a publicar constantemente artículos que de ciencia tienen poco, porque han de competir para obtener dinero para sus estudios, y cuando lo tienen, se ven forzados a realizar publicaciones constantes para demostrar que están invirtiendo ese dinero en productividad. ¿Productividad? La ciencia no puede ser productividad. La ciencia es investigación, que a veces tiene éxito, y la mayoría de las veces no la tiene.

Peter Higgs explica que él solo publicó cuatro artículos, y con ellos ha ganado el premio Nobel, en un clima, en los años sesenta, adecuado para que los científicos hicieran su trabajo de investigación durante años, incluso décadas. ¿Cómo se espera hacer investigación si hay que estar publicando constantemente? Esto es cualquier cosa menos ciencia.

Es un tema preocupante. Los creadores, escritores o científicos, y otras ramas del arte, la cultura y la ciencia, se ven abocados a convertirse en máquinas de producir, en publicistas, en una locura por ser el primero frente a una feroz y durísima competencia. Así no se puede crear nada; ni arte, ni cultura, ni ciencia. Y es una pena, porque la sociedad va a pagar, de forma muy dura, el perder esos principios básicos de concentración, disciplina por el trabajo, y búsqueda de nuevas fronteras. Hoy todo es correr y ser el primero, sin importar la calidad, solo la cantidad.

Esperemos que eso cambie en el futuro. Debemos construir sociedades basadas en el pensamiento, no en en el marketing, o nos veremos abocados a un desastre de consecuencias imprevisibles.

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Peter Higgs

Vídeo oficial de la Biblioteca Virtual de Numberland

Os traigo el primer vídeo de la Biblioteca Virtual de Numberland. Este es un proyecto que se lleva a cabo con gran ilusión y, por qué no decirlo, esfuerzo, pero que creo que merece la pena. El mundo de los escritores y su proyección como tales está completamente manipulado. Sí, se puede trabajar en la idea de que el escritor gane dinero, y también las editoriales, pero con honestidad, con seriedad.

Hay mucha gente seria, sin ninguna duda, pero también hay demasiada gente aprovechando la oportunidad de hacer soñar en falso a un joven  con un libro que acaba de escribir. Es ahí donde hay que  actuar. La idea es cambiar eso, con otro estilo. No será fácil, eso es seguro. Pero el viaje merecerá la pena. De eso también estoy seguro.