¿Cuánto vale el trabajo de un artista?

Hagamos un experimento: si os preguntan si valoráis vuestro trabajo y consideráis que debe ser respetado, probablemente la gran mayoría diréis que sí. Sea cual sea vuestro trabajo, un trabajo es siempre digno y debe ser tenido en cuenta. Algunos trabajos son duros y no muy populares, pero todos los trabajos son necesarios y dignifican a las personas.

Bien, si ahora os preguntaran qué diríais si alguien criticara vuestro trabajo, y ese alguien dijera que no merecéis el sueldo que cobráis, probablemente la gran mayoría de vosotros no estarías conformes. Hacéis un trabajo, que debe ser considerado, debe ser respetado, y debe ser pagado con un sueldo digno y acorde al trabajo.

Bien, eso es precisamente lo que no les ocurre a los artistas. Pintores, escultores, dibujantes, escritores, músicos… Todos ellos hacen un trabajo tan digno y respetable como cualquier otro. Pintar un cuadro, escribir un libro, componer una canción, son trabajos dignos.

Cuando lees un libro, cuando escuchas música, cuando usas un dibujo, estás disfrutando el trabajo de alguien que, con gran esfuerzo, ha preparado un material para ti. Por lo tanto, ese profesional merece cobrar por su trabajo.

«Pero es que el libro no me ha gustado» es una excusa típica. Bien, tampoco a mí me ha gustado cada restaurante al que he ido, pero he pagado, y luego he aconsejado a otros que no vayan. Aconseja tú a otros que no lean ese libro.

Si el libro no te ha gustado, no te exime de haber pagado. Con el cine pasa lo mismo. He visto muchas películas malas, pero he pagado por ellas. Que sea mala, o me lo parezca a mí, no me exime. Ahí hay un trabajo, y los creadores deben cobrar por ello.

Otra cosa es que la cultura llegue a todos. Se dice mucho esto. Es verdad, estoy completamente de acuerdo. Pero ¿qué cultura? Si todo es gratis, no habrá cultura. La gente necesita comer para vivir. Ahí es donde los gobiernos de cada país deben trabajar para que la cultura llegue a todas las capas de la población, sin excepciones.

Luego hay otro problema. Algunos países, lo sé muy bien, tienen cortada la cultura, no pueden comprarla, y se la han de descargar de Internet. Ese problema no es de los artistas, sino de las empresas que gestionan la cultura.

Porque muchas veces se confunde discográfica y editorial con artista. Por favor, que nadie se equivoque: los artistas perciben una ínfima parte de cada libro o canción vendidas. Ese es un problema que sin duda trataremos también. Pero los artistas, salvo muy contadas excepciones, NO se hacen millonarios. Hay miles y miles de pintores, escritores, o músicos. Solo una ínfima parte cobra por su trabajo, y solo una ínfima parte de esos cobra como para vivir.

Y, unos pocos, sí, tienen Ferraris. Se cuentan con los dedos de las manos.
Cultura, sí. Derechos del trabajo, también. Todos somos iguales. Todos debemos percibir por nuestro trabajo. Los artistas son personas. Deben ser respetados. Ellos crean obras para que las disfrutes. Es hora de pensar en ellos.

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Disponible «La luz de Ásynjur»

Ya está disponible en Amazon «La luz de Ásynjur», undécimo libro de la saga Aesir-Vanir. Ambientado años antes de los hechos acaecidos en «La insurrección de los Einherjar», se trata de un pequeño relato de 60 páginas que explica algunos aspectos de la saga Aesir-Vanir, a través de los ojos de la reina Eyra, del Reino del Sur.

En breve actualizaré la documentación de la saga, que ha pasado de 14 a 15 libros debido a este relato, que finalmente sí voy a incluir en la saga. Y agradecer a todos los lectores vuestro apoyo, porque sin vosotros todo este trabajo no tendría sentido. Muchas gracias.

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Respuesta evolutiva (relato)

Sucedió como un pequeño accidente. El niño parecía estar bien. Sano, fuerte, robusto. Pero algo notaron los médicos. La cabeza tenía una pequeña deformidad, muy sutil, pero tangible, en la parte frontal. Las pruebas no dieron resultados concluyentes. El niño parecía desarrollarse con normalidad.

Al cabo de un año, estaba claro que algo ocurría. El niño no parecía expresar emociones, más allá de las básicas de alimentación, alegría, temor, y afecto, pero a un nivel muy elemental. Se pensó en algún tipo de problema neurológico, alguna disfunción mental, algún problema de desarrollo. El único rasgo peculiar era que sus ojos eran más bien de un color rojizo oscuro, algo relacionado con una pigmentación de la melanina muy determinada. En cierto modo, sus ojos parecían contener una pequeña llama roja-azul en su interior. Era hermoso, sin duda, pero preocupante.

Enseguida llegaron los análisis genéticos. Yo era entonces un joven genetista con una carrera que parecía prometedora. Todo parecía normal. No había signo de enfermedades comunes, ni problemas en las secuencias de nucleótidos. Me mandaron los resultados para que los revisara. Mi primera impresión concluía lo mismo que habían obtenido mis colegas: un niño sano, sin problemas aparentes. Parecía claro que nos enfrentábamos a algo nuevo.

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Fanatismos y libros, antónimos por naturaleza

Una interesante reflexión de Voltaire, uno de los principales baluartes de la Ilustración, aquella corriente que, qué locos ellos, promovía la razón como herramienta para la consecución de un mundo mejor.

Hoy, que vivimos una profunda crisis de valores, de cultura y de desarrollo personal e intelectual, propios de situaciones donde el ser humano es arrinconado y tratado como un producto, debemos llamar la atención de la degradación que supone convertir la educación, la cultura, la ciencia, el arte, en meros juguetes despreciados por las masas. Un desprecio que nace de la falta de educación en valores y formación de las personas, algo que gobiernos de todos los colores promueven con entusiasmo. Nada es más fácil de controlar que un individuo que no sabe nada, que no lee nada, y sobre todo, cuyo espíritu crítico y reflexivo es anulado.

Un ejemplo claro es la eliminación de la filosofía de las clases, algo que degrada a un país hasta extremos inimaginables. Los únicos valores son los del poder, el control, el dinero, y la fuerza. Por supuesto, dejando al hombre como un ente superior a la mujer, y a la especie humana como una pretendida elegida por una entidad superior, que es usada para, de nuevo, manipular a las masas.

Nos quieren necios. Nos quieren ignorantes. Las librerías cierran. Las bibliotecas se vacían. Los colegios se llenan de competidores con el único afán de aprender a ser los primeros. Luego en casa la tele se preocupará de terminar de idiotizar al joven con programas que solo pretenden embaucarle en unos valores degradantes.

Los libros yacen solos, llenos de polvo, en las estanterías. Leer es algo incomprensible para la mayoría, y el conocimiento es visto como un peligro, ya que crea «científicos» que son entidades «que engañan y manipulan».

Luego ellos mismos se sorprenden de los fanáticos y sus fanatismos que ellos mismos han creado. Casas sin libros, que es como decir casas sin alma. Ese es el legado del siglo XXI. Espero que nazca algún día una nueva Ilustración. De verdad que lo espero.

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Nuestro camino está en las estrellas

No tengo ahora mucho tiempo para dedicarlo a esta página. La gente viene a este mundo por una puerta, y se va por la otra. Sabes cuándo se abre la primera. Pero nunca sabes cuándo se abrirá la segunda. En todo caso, tengo algunos artículos en la cocina. Artículos de ciencia y astronáutica que espero publicar pronto, si todo va bien.

Mientras tanto, os dejo con una reflexión que he encontrado. Limitados a caminar sobre la Tierra, el ser humano nunca debe olvidar que su origen está en las estrellas. Somos polvo de estrellas, nacidos en el corazón de antiguas supernovas de la primera generación de estrellas que nacieron tras el colapso de gas que formó la galaxia. Nacimos en ellas, y a ellas deberemos volver, si queremos sobrevivir.

El individuo como tal es importante. Pero lo realmente importante es salvar la especie. O perderemos todo lo que hemos avanzado, que es mucho. No lo perdamos. O seremos otra civilización muerta y olvidada de la galaxia. No merece la pena. No podemos permitir que nuestra cultura se pierda. Está en nuestras manos evitarlo. Y el camino está trazado. Solo hemos de alzar las alas.

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Cuando le alegran a uno el día

Siempre es agradable que alaben el trabajo de uno, y no nos engañemos: los escritores, como todos los creativos, queremos respuestas positivas de nuestro trabajo. Yo no soy una excepción, ni peco de falsa modestia. Busco siempre el equilibrio entre el entusiasmo y la depresión, algo muy difícil en el mundo del arte. Los creativos somos muchas veces bipolares, y yo me incluyo por supuesto. Y difíciles, y también me incluyo en esa lista.

Soy, sencillamente, un apasionado de la literatura, que escribe con la pasión de contar historias que sean interesantes y amenas. Escribo para los demás. El lector es mi objetivo.

Por supuesto, también recibo comentarios negativos, cómo no, y menos mal, porque si no fuese así, algo raro pasaría. No todos son comentarios de familiares o amigos, tengo incluso algún lector desconocido. Y siempre procuro analizar esos comentarios negativos que, si son con ánimo constructivo, permiten reflexionar sobre los errores cometidos, para intentar evitarlos en el futuro. Es imposible evitar todos los errores, y cada nuevo libro es un borrón y cuenta nueva. Y no me dejo llevar por comentarios con ánimo de hacer daño. Son pocos, pero existen.

Al final, como todo en la vida, el equilibrio es lo importante. Sentirse orgulloso de tu trabajo, sí. Creerte Dios por ello, nunca. Aceptar críticas, siempre. Reconocer las sinceras de las que solo buscan dañar, es algo muy difícil a veces, pero seamos sinceros; sabemos cuándo nos tocan el punto débil. Sentirse deprimido, nunca. Ni somos dioses, ni somos gusanos.

Yo no tengo muchos lectores, pero tengo la suerte de que  los que tengo son en su gran mayoría sinceros y muy claros. No tienen nada que perder criticándome, y yo tengo mucho que ganar leyendo sus críticas. Quizás por eso, al no ser un escritor conocido, el lector que por casualidad lee  un libro que he escrito me dice lo que le sale del corazón. Y eso vale oro.

Cada palabra de ánimo es como llenar el depósito de gasolina del entusiasmo. Con esa gasolina espero llenar muchos libros. Muchas gracias.

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Karate, deporte olímpico en 2020

El karate será deporte olímpico en Tokio 2020. Pero ¿qué son las artes marciales? Me asombra la cantidad de desinformación que corre entre la mayoría de personas sobre la naturaleza y contenido de las artes marciales, pero luego entiendo que, al fin y al cabo, en un país donde casi todo es fútbol, los deportes minoritarios son los grandes olvidados.

Porque las artes marciales ni son violentas (excepto algunas derivaciones que no son artes marciales realmente, como el kick-boxing, que es un tipo de boxeo), ni tienen como finalidad acabar con el contrario, ni son una secta, ni requieren de convertirse en un monje budista o tonterías parecidas.

Las artes marciales, que son muchas y de muchos tipos, son precisamente arte: el arte de combinar el control del cuerpo y la mente mediante una disciplina férrea y diaria, que permite al que la practica conocer su yo interior de un modo muy profundo y personal. Las artes marciales tienen el efecto contrario al que todo el mundo cree: estimulan el ansia de paz, de evitar la lucha, y de enfrentarse con cualquiera (karate do, literalmente, el camino de la mano vacía, entendiendo vacía de daño y de ira). Son un camino, una senda para controlar nuestros impulsos más primarios. Y el contrario no es un enemigo; es un compañero. Un amigo que nos ayuda en ese viaje al autoconocimiento.

Todo lo demás son adornos. E insisto: hablo de artes marciales puras, no de esas degradaciones creadas para montar espectáculos de sangre o para montar shows en el cine. Cine que es, precisamente, el elemento que más ha distorsionado las artes marciales, pero que, a la vez, ha servido para darles promoción.

Tengo que decir que a mí me ayudó mucho la práctica de karate durante los años que lo practiqué, pero luego me ha servido durante toda mi vida también, para poder llevar adelante un temperamento difícil y caótico como el que tengo por mi propia naturaleza. Y eso es, sin duda, lo más importante de las artes marciales: ayuda al que lo practica a ser uno mismo. Sin duda, una gran noticia que el karate vaya a ser olímpico. Ya era hora.

«Los propios dioses», cuando Asimov toca el cielo

Para estos días de agosto, os voy a recomendar «Los propios dioses» de Isaac Asimov. Aunque el propio Asimov dijo que no estaba satisfecho con el resultado, lo cierto es que ganó los más importantes premios de novela de ciencia ficción.

«Los propios dioses» es una novela que juega con conceptos de mundos paralelos y aproxima conceptos de la teoría de cuerdas, en un momento en el que la teoría de cuerdas sencillamente no existía, excepto por unos estudios preliminares sobre cromodinámica cuántica que permitían gestionar el concepto de campos gravitatorios (que es como comenzó a desarrollarse la teoría de cuerdas).

Una obra sin igual, que es una demostración más de que superar a Asimov se hace imposible para cualquier escritor de ciencia ficción. No veremos a un sustituto de Asimov en muchas décadas. Sus obras son demasiado ambiciosas, demasiado precisas, demasiado detallistas, y la suma de todas sus obras conforman una historia de la humanidad urdida con el detalle de quien teje una delicada tela. Para mí, sin ninguna duda, es el mejor escritor de ciencia ficción de todos los tiempos.

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Nuevo comentario de «La leyenda de Darwan»

Siempre se suele hablar que el éxito de un escritor reside en las ventas y la popularidad de sus obras. Es cierto que es así como funciona el mundo: dinero y fama. También es cierto que a casi nadie le molesta obtener dinero y fama.

Pero no podemos olvidar un aspecto muy importante de la literatura: son muy pocos, realmente muy pocos, los que, gracias a sus libros, van a poder vivir de la literatura. En general, la inmensa mayoría de escritores pasaremos por el mundo literario con pocas o ninguna ventas, con pocos lectores, y sin duda, sin ninguna mención en los libros de la literatura. Observo siempre asombrado cómo mucha gente se enfada cuando ven que sus libros, tras ser presentados, son rápidamente olvidados, cuando no enterrados directamente en el mar de nuevas obras que se presentan constantemente.

Ante esa situación, ¿qué nos queda como escritores? Algo muy, muy importante, realmente fundamental. Nos queda la savia de la literatura, el arjé, el principio básico de todo escritor: los lectores.

Y es que, ante el ansia de ser famosos, de ser conocidos, de vender millones de libros, de firmar autógrafos mientras las masas se arremolinan a nuestro alrededor, nos olvidamos de lo esencial: los comentarios de los lectores. Lectores sinceros, que escriben desde el corazón, que se expresan con total libertad, que no son la madre, el hermano, la pareja. Gente que pueden ser del otro extremo del mundo, y que, gracias a Internet, lee nuestro libro, y expresa las emociones que le ha provocado nuestra obra.

Yo, en ese sentido, y lo digo con total sinceridad, no puedo sino sentirme plenamente satisfecho. La trilogía de «La leyenda de Darwan» fue número 1 en la red literaria Entreescritores, y ahora que vuelve a estar disponible, vuelven los comentarios sobre la obra. Y, sinceramente, no puedo sentirme más satisfecho. Llegar a casa, encontrar un correo, y ver que alguien, al que no conoces de nada, te dice cosas como las que se adjuntan aquí, eso no tiene precio. Ni un millón de ventas pueden igualar un solo comentario como el que han dedicado a trilogía lectores como José.

Terminaré de escribir, y me iré de este mundo en silencio, como he hecho siempre. Pero me iré satisfecho, porque he conseguido llegar a pocas personas. Pero he llegado al corazón de esas personas. Ese es el mérito que estimo debe tener un escritor cuando escribe una obra. Y, en ese sentido, el objetivo está cumplido. Y ha merecido la pena. Sin ninguna duda. Muchas gracias José, por tus palabras.

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