Hola, ¿hay alguien ahí fuera?

Todo el mundo se pregunta dónde están los extraterrestres. La famosa “Paradoja de Fermi” nos explica que en el universo debería de haber miles de especies inteligentes. Y, sin embargo, no tenemos contacto con ninguno de ellos. ¿Dónde están?

Existen varias posibilidades. La más inmediata es que seamos la única civilización inteligente en la galaxia. Al fin y al cabo, el 99,99% del tiempo la Tierra no tuvo capacidad de disponer de seres capaces de comunicarse con otros mundos, aunque sea de una forma digamos “primitiva” como es la radiofrecuencia. Otra posibilidad es que están ahí, pero las comunicaciones tardan siglos o milenios en llegar, y se distorsionan durante el viaje, como el wifi del vecino que nos llega lento y no nos permite bajarnos la película a la velocidad que quisiéramos.

Otra posibilidad es que se oculten, algo que encanta a los conspiranoicos. Los extraterrestres están ahí, pero no se muestran porque la humanidad no está preparada. Esta explicación me parece muy poco probable, pero tampoco podemos descartarla. Podrían estar ahí fuera, pero también podrían estar ahí fuera 300 dragones mágicos escondidos. Es pura especulación.

O podríamos ser los primeros. O los últimos. Alguien tuvo que ser el primero, y alguien será el último. Todo es posible.

Lo que es cierto es que, mientras contestamos a esta pregunta, la investigación sobre posibles mundos sigue. Stephen Hawking ha declarado recientemente que no deberíamos llamarles. Podrían ser violentos. Pero yo creo que una civilización avanzada lo será porque ha dejado la violencia de lado. Claro que esa es solo mi opinión. Quizás hay una Estrella de la Muerte y un Darth Vader ahí fuera. Quién sabe.

Encontrar vida fuera de la Tierra, incluso microscópica, supondría un salto gigantesco para.la humanidad. De repente, no estaríamos solos. Cambiaría nuestra filosofía, nuestra religión, nuestra cultura. Y nuestra visión del universo. Porque, si no estamos solos, si hay alguien ahí fuera, todo es posible. Colaborar, compartir, y crecer juntos. Eso sería genial. Un gran paso para la humanidad. Y para nuestra supervivencia. No estaría nada mal.

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Dime que haces ciencia aunque sea mentira

Continúa la constante cascada de desinformación y mentiras de carácter pseudocientífico en Internet y en Facebook. Noticias que da pena leerlas, no por el tema que tratan, sino por cómo lo tratan y presentan. En esta ocasión, una noticia de Cosmos Magazine, donde “en serio” nos quieren hacer creer que se está trabajando en un motor warp basado en la métrica de Alcubierre. Pero lo peor está al final, y como yo no juego al “clickbait” lo diré ahora: es una noticia de 2014 que se presenta como si fuese de 2016. La fecha del enlace indica 2014. Pero en Facebook lo publican con fecha de noviembre 2016.

Esta noticia no es nueva, pero se reitera y renace de sus cenizas una y otra vez. Vamos pues a dar información real sobre este asunto, una vez más, intentando aclarar la desinformación, o directamente mentiras, que se vierten en el artículo. Vamos a verlo.

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No. La NASA no prepara un motor Warp

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Submarino de la NASA para Titán

Titán, la luna de Saturno, es un cuerpo espacial con características muy interesantes. No solo desde el punto de vista científico, especialmente su geología, su densa atmósfera, y sus mares de metano; también el hecho de que esos mares pudieran albergar algún tipo de vida.

Titán es una especie de minitierra primigenia, que se conserva en lo que fue el estado original de nuestro planeta. Solo por eso la gran cantidad de cosas que podríamos aprender de ese mundo y del nuestro son inimaginables. Y la NASA ha considerado que, además de estudiar su superficie, merece la pena pensar en estudiar sus mares, especialmente el enorme lago Kraken, con una profundidad y tamaño suficientes como para enviar un submarino.

Sí. Aunque suene a ciencia ficción, y de hecho es ciencia ficción, la NASA planea, en un futuro todavía lejano por supuesto, mandar un submarino a Titán. Eso permitiría conocer el interior de tan impresionante mundo, y estudiar si existe algún tipo de vida microscópica en algún hábitat dentro del océano de metano.

Titán contiene además la mayor concentración de hidrocarburos de todo el sistema solar, y es evidente que una empresa minera podría organizar un lucrativo negocio con esos hidrocarburos. Incluso aunque se sustituya la gasolina por otras fuentes de energía, los hidrocarburos, como bien saben los químicos, tienen infinidad de aplicaciones en la industria y en la vida diaria. El acceso a esos hidrocarburos permitiría mantener toda una gigantesca industria durante cientos o miles de años, hasta encontrar algo mejor claro.

Supongo que es de esperar que con estos datos algún escritor de ciencia ficción se motive a escribir alguna historia basada en ese satélite de Saturno, y nos hable de aguerridos mineros y duros jefes de empresas ambiciosos, capaces de cualquier cosa por el control del poder.

Pero mientras esa ficción se convierte en realidad, lo cierto es que Titán promete mostrar sus secretos a los intrépidos que lleguen allá primero, y beneficios a quienes exploten esos secretos. Si a eso añadimos el submarino para hacer turismo, solo falta el spa de metano para tener cubierta una estancia de una semana para los mejores empleados de la empresa y sus familias con todos los gastos pagados. Fabuloso ¿verdad?

Operación Fólkvangr en inglés y epílogo extendido

La novela “Operación Fólkvangr” de la saga Aesir-Vanir ha superado las 3.000 descargas, y para celebrarlo estoy preparando una versión en inglés, que tendrá algún texto adicional, y un final algo más largo también. A continuación presento el epílogo. extendido en español. Pero la versión española no tendrá este epílogo incluido, será un texto aparte. La versión inglesa sí lo contendrá.

Operación Fólkvangr es una novela que explica el origen de Sandra y de Vasyl Pavlov, personaje que goza de popularidad entre los lectores de la saga Aesir-Vanir. Es una novela clásica de ciencia ficción, donde el robo de información de una computadora cuántica inicia una serie de investigaciones que llevan a contratar a Vasyl Pavlov, un simple mercenario que trabaja para el gobierno como asesino a sueldo. Pavlov tendrá la ayuda de un androide, Sandra, y ambos buscarán una solución al problema, que se irá complicando poco a poco…

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Diez errores que no debes cometer al escribir ciencia ficción

La ciencia ficción es para muchos la oveja negra de la literatura. Se encuentra por debajo de cualquier otro género, incluido el género fantástico. Sin embargo, si sueñas con escribir ciencia ficción, quizás algunos de estos diez consejos te podrán ayudar a alcanzar el éxito. Yo no los tuve en cuenta, y por eso he fracasado como escritor de ciencia ficción. Intentaré por ello escribir estas diez ideas para que no te ocurra a ti lo mismo.

Nota: estos consejos son para escritores que escriben en español, el mundo anglosajón, donde la ciencia ficción es muy bien valorada, tiene parámetros muy distintos. Vamos allá.

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Johannes Kepler: de dioses y de ciencia

En esta ocasión he querido traer a este blog la figura de un hombre realmente interesante: Johannes Kepler (1571-1630). Kepler debe ser recordado como uno de los grandes precursores de la ciencia moderna, gracias a las que ahora se conocen como “Leyes de Kepler”.

El propio Newton usó esas leyes como base para escribir su libro “Principia Mathematica”, y revolucionar la física desde entonces. No en vano, cuando Newton dijo la frase “Si he visto más que los demás, es porque estaba apoyado sobre hombros de gigantes” se refería, entre otros, a Kepler.

Pero no es al hombre de ciencia al que me gustaría traer hoy. Sino al místico. Al religioso. Al entregado a Dios. Kepler era un hombre profundamente religioso. Estaba obsesionado con la perfección que Dios había empleado para crear el universo. Pensaba que el sistema solar debía estar basado en los cinco elementos geométricos perfectos griegos (sólidos platónicos), y que las órbitas de los seis planetas conocidos entonces debían encajar con esos cuerpos geométricos. Si Dios era perfecto, y los cinco cuerpos geométricos eran perfectos, las órbitas deberían estar contenidas en esos cuerpos. Cinco cuerpos en órbita de seis planetas. Parecía lógico.

Sin embargo, Kepler no consiguió que los datos de las órbitas de los planetas encajaran con los cinco cuerpos geométricos perfectos. Una y otra vez lo intentó, y fracasó. La obra de Dios no parecía estar en armonía con la naturaleza de los griegos y sus observaciones, ni con el cosmos. ¿Qué ocurría? Kepler sufrió muchísimo con esta contradicción entre suposiciones y realidad.

Y aquí es donde entra a escena el gran salto que Kepler dio con respecto a otros hombres de su época: al final comprendió que, si los cuerpos geométricos no encajaban con las órbitas, quizás era porque, en realidad, el universo no contemplaba esa perfección que pretendía debía tener. Quizás Dios no buscaba la perfección geométrica. Quizás Dios no estaba presente cuando las órbitas de los planetas fueron creadas. Quizás, simplemente, tenía que extraer a Dios de sus observaciones, y reconocer la verdad desnuda del universo: que no obedece a ideas preconcebidas. El universo no atiende a los deseos del hombre. El universo, en definitiva, es como es porque obedece a leyes distintas a las de Dios.

Kepler sufrió muchísimo con esta evidencia. Con este descubrimiento. Pero, a pesar de todo, entendió que debía aceptar la realidad. Su gran logro no fueron las tres leyes de Kepler; su gran logro fue separar ciencia y Dios. Su gran obra fue comprender que la ciencia no requiere de Dios, y es más, que Dios no es necesario para hacer ciencia. Kepler impulsó la idea fundamental de la ciencia: por muchas ideas preconcebidas que tengamos sobre el universo, la realidad es que las observaciones y la experimentación deben prevalecer sobre cualquier idea. No podemos dejarnos influenciar por lo que nos digan, o por lo que creamos. Debemos, simplemente, atender a los hechos. A los datos. A las pruebas.

Kepler rompió la comunión de forma definitiva entre ciencia y Dios, algo que había comenzado con eminentes mentes como Galileo o Copérnico. Eso le hace más grande que cualquier otro logro. Y eso le da un lugar destacado entre los seres humanos más fundamentalmente influyentes en la historia de la humanidad.

Sin duda, Kepler fue el primero. Pero no el último. Hoy día necesitamos nuevos Kepler en el mundo. Gente que nos saque de las ideas y nos lleve a la realidad empírica de la ciencia. Gente que nos enseñe a pensar, a evitar prejuicios, y a ver la verdad desnuda. Una verdad desnuda siempre, cruel a veces. Pero que nos lleve a los hechos, por mucho que nos duelan verlos frente a nosotros. Ese fue el legado de Kepler. Y desde entonces, hemos dado un salto gigantesco. Hora es de dar el siguiente. Antes de que el oscurantismo nos invada de nuevo.

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Doña Sonrisa

Llega sonriente, como siempre. Sus espaldas cuentan algunos más de ochenta años. Yo la llamo Doña Sonrisa, porque siempre tiene un gesto amable, una sonrisa dulce, una mirada de cariño. Arrastra el carrito mientras entra en el supermercado, con cuidado, no sea que tropiece con algo. Lo deja en su sitio, y toma una bolsa de plástico.

No llena muchas cosas, porque ni el bolsillo ni los sueños están ya para sustos, ni mucho menos el cuerpo, que aguanta bien con unas ensaladas, unos tomates, quizás algunas manzanas, y, con un poco de suerte, alguna compañía con la que compartir el momento. Se arrastra por los pasillos mientras la observo, y mira detenidamente lo que necesita, porque sus gafas son casi inútiles para distinguir los textos.

Finalmente, se acerca a la caja. Extrae poco a poco los alimentos, y los deja sobre la mesa de acero. La cajera sonríe y saluda, y ella saluda de nuevo. La cajera le cuenta los pocos parabienes que se lleva a casa, y luego, la señora extrae poco a poco y con calma de su bolso el dinero.

La cajera lo cuenta; le da de más, como siempre. Le mete lo que sobra en el bolso, y le ayuda con las bolsas de plástico. La señora va a por su carrito, lo abre lentamente, y mete las bolsas dentro. Finalmente, con sumo cuidado, saca el carrito por la puerta, y se va como siempre, sonriente, colgada de algún sueño pasado, y soñando con que ese no sea su último invierno. Es hora de ver la tele, o de escuchar la radio, o de pasear con algún nieto quizás, si es que queda alguien que quiera pasar un momento con doña Sonrisa, la dama del corazón eterno.

Yo me voy también con lo mío. Pero ella estará, para siempre, en mis pensamientos.

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