Un poco de humor

Siempre hay que creer en el humor. Gestionar un blog de ciencia a veces es complicado, puede el lector estar seguro, y el humor es una válvula de escape muy eficaz. Seguiremos adelante, con pasión y con entusiasmo por la ciencia. Al menos, mientras el cuerpo aguante. Feliz fin de semana, y feliz semana.

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El diario El País desacredita a Einstein

Observo últimamente que está poniéndose de moda, otra vez, desacreditar a Albert Einstein. Hace unas horas he leído un artículo del diario español El País que habla abiertamente cómo un grupo de estudiantes en un experimento demuestran que «Einstein estaba equivocado» en relación a un trabajo realizado en el museo CosmoCaixa de la ciudad de Barcelona.

Evidentemente, ante una afirmación así, que consigue despertarme del tedio de la mañana, leo atentamente la información. Se indica que el experimento tiene que ver con la mecánica cuántica. Como Albert Einstein no creía que la mecánica cuántica fuese una teoría completa, tenemos titular.

Fíjese el lector en cuál es el procedimiento: primero, Einstein no creía en la mecánica cuántica. Segundo, un grupo de estudiantes realizan un experimento en el que interviene la mecánica cuántica. Tercero, el periodista, que de periodista tiene poco, extrae el siguiente titular: si los estudiantes hablan de mecánica cuántica, como Einstein no creía en la mecánica cuántica, los estudiantes están desacreditando a Einstein.

Es decir, el titular de la noticia no es el experimento, más o menos interesante por supuesto, y me parece estupendo y genial que gente joven vea de primera mano experimentos sobre mecánica cuántica. Ojalá se hiciesen más ejercicios como este. El problema es el titular periodístico: no se pretende ensalzar a los estudiantes aplicados, sino remarcar que esos estudiantes están desacreditando a Albert Einstein.

Voy a decir dos cosas: primera: Einstein era un ser humano asombroso. Cometió errores, por supuesto. Pero sus logros son y están ahí, y siguen siendo, cien años después, completamente válidos.

Segundo: este tipo de periodismo hace muchísimo, muchísimo daño a la ciencia y a la cultura científica de los lectores. No podemos dedicarnos a buscar titulares sensacionalistas y tendenciosos. No podemos hacer entender que Einstein se equivocaba. Debemos explicar que Einstein no acertó en la mecánica cuántica, es cierto, pero no diciendo que un grupo de alumnos le desacreditan en una escuela. Eso no es ciencia. Eso es charlatanería y ganas de llenar páginas de sensacionalismo.

Tenemos que explicar a los alumnos los logros, y por supuesto los fracasos, de Einstein. Pero debemos informar de ello de una forma seria y rigurosa. Este tipo de artículos desacreditando a Einstein, o a otros científicos, es un camino hacia el desprestigio de la misma ciencia. Y así no lograremos construir una base de científicos rigurosos y serios con el futuro de cualquier investigación. Tratándose del diario El País, lamentablemente, este hecho se da en demasiadas ocasiones.

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Hola, ¿hay alguien ahí fuera?

Todo el mundo se pregunta dónde están los extraterrestres. La famosa «Paradoja de Fermi» nos explica que en el universo debería de haber miles de especies inteligentes. Y, sin embargo, no tenemos contacto con ninguno de ellos. ¿Dónde están?

Existen varias posibilidades. La más inmediata es que seamos la única civilización inteligente en la galaxia. Al fin y al cabo, el 99,99% del tiempo la Tierra no tuvo capacidad de disponer de seres capaces de comunicarse con otros mundos, aunque sea de una forma digamos «primitiva» como es la radiofrecuencia. Otra posibilidad es que están ahí, pero las comunicaciones tardan siglos o milenios en llegar, y se distorsionan durante el viaje, como el wifi del vecino que nos llega lento y no nos permite bajarnos la película a la velocidad que quisiéramos.

Otra posibilidad es que se oculten, algo que encanta a los conspiranoicos. Los extraterrestres están ahí, pero no se muestran porque la humanidad no está preparada. Esta explicación me parece muy poco probable, pero tampoco podemos descartarla. Podrían estar ahí fuera, pero también podrían estar ahí fuera 300 dragones mágicos escondidos. Es pura especulación.

O podríamos ser los primeros. O los últimos. Alguien tuvo que ser el primero, y alguien será el último. Todo es posible.

Lo que es cierto es que, mientras contestamos a esta pregunta, la investigación sobre posibles mundos sigue. Stephen Hawking declaró poco antes de fallecer que no deberíamos llamarles. Podrían ser violentos. Pero yo creo que una civilización avanzada lo será porque ha dejado la violencia de lado. Claro que esa es solo mi opinión. Quizás hay una Estrella de la Muerte y un Darth Vader ahí fuera. Quién sabe.

Encontrar vida fuera de la Tierra, incluso microscópica, supondría un salto gigantesco para.la humanidad. De repente, no estaríamos solos. Cambiaría nuestra filosofía, nuestra religión, nuestra cultura. Y nuestra visión del universo. Porque, si no estamos solos, si hay alguien ahí fuera, todo es posible. Colaborar, compartir, y crecer juntos. Eso sería genial. Un gran paso para la humanidad. Y para nuestra supervivencia. No estaría nada mal.

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Dime que haces ciencia aunque sea mentira

Continúa la constante cascada de desinformación y mentiras de carácter pseudocientífico en Internet y en Facebook. Noticias que da pena leerlas, no por el tema que tratan, sino por cómo lo tratan y presentan. En esta ocasión, una noticia de Cosmos Magazine, donde “en serio” nos quieren hacer creer que se está trabajando en un motor warp basado en la métrica de Alcubierre. Pero lo peor está al final, y como yo no juego al “clickbait” lo diré ahora: es una noticia de 2014 que se presenta como si fuese de 2016. La fecha del enlace indica 2014. Pero en Facebook lo publican con fecha de noviembre 2016.

Esta noticia no es nueva, pero se reitera y renace de sus cenizas una y otra vez. Vamos pues a dar información real sobre este asunto, una vez más, intentando aclarar la desinformación, o directamente mentiras, que se vierten en el artículo. Vamos a verlo.

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No. La NASA no prepara un motor Warp

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Submarino de la NASA para Titán

Titán, la luna de Saturno, es un cuerpo espacial con características muy interesantes. No solo desde el punto de vista científico, especialmente su geología, su densa atmósfera, y sus mares de metano; también el hecho de que esos mares pudieran albergar algún tipo de vida.

Titán es una especie de minitierra primigenia, que se conserva en lo que fue el estado original de nuestro planeta. Solo por eso la gran cantidad de cosas que podríamos aprender de ese mundo y del nuestro son inimaginables. Y la NASA ha considerado que, además de estudiar su superficie, merece la pena pensar en estudiar sus mares, especialmente el enorme lago Kraken, con una profundidad y tamaño suficientes como para enviar un submarino.

Sí. Aunque suene a ciencia ficción, y de hecho es ciencia ficción, la NASA planea, en un futuro todavía lejano por supuesto, mandar un submarino a Titán. Eso permitiría conocer el interior de tan impresionante mundo, y estudiar si existe algún tipo de vida microscópica en algún hábitat dentro del océano de metano.

Titán contiene además la mayor concentración de hidrocarburos de todo el sistema solar, y es evidente que una empresa minera podría organizar un lucrativo negocio con esos hidrocarburos. Incluso aunque se sustituya la gasolina por otras fuentes de energía, los hidrocarburos, como bien saben los químicos, tienen infinidad de aplicaciones en la industria y en la vida diaria. El acceso a esos hidrocarburos permitiría mantener toda una gigantesca industria durante cientos o miles de años, hasta encontrar algo mejor claro.

Supongo que es de esperar que con estos datos algún escritor de ciencia ficción se motive a escribir alguna historia basada en ese satélite de Saturno, y nos hable de aguerridos mineros y duros jefes de empresas ambiciosos, capaces de cualquier cosa por el control del poder.

Pero mientras esa ficción se convierte en realidad, lo cierto es que Titán promete mostrar sus secretos a los intrépidos que lleguen allá primero, y beneficios a quienes exploten esos secretos. Si a eso añadimos el submarino para hacer turismo, solo falta el spa de metano para tener cubierta una estancia de una semana para los mejores empleados de la empresa y sus familias con todos los gastos pagados. Fabuloso ¿verdad?

Johannes Kepler: de dioses y de ciencia

En esta ocasión he querido traer a este blog la figura de un hombre realmente interesante: Johannes Kepler (1571-1630). Kepler debe ser recordado como uno de los grandes precursores de la ciencia moderna, gracias a las que ahora se conocen como “Leyes de Kepler”.

El propio Newton usó esas leyes como base para escribir su libro “Principia Mathematica”, y revolucionar la física desde entonces. No en vano, cuando Newton dijo la frase “Si he visto más que los demás, es porque estaba apoyado sobre hombros de gigantes” se refería, entre otros, a Kepler.

Pero no es al hombre de ciencia al que me gustaría traer hoy. Sino al místico. Al religioso. Al entregado a Dios. Kepler era un hombre profundamente religioso. Estaba obsesionado con la perfección que Dios había empleado para crear el universo. Pensaba que el sistema solar debía estar basado en los cinco elementos geométricos perfectos griegos (sólidos platónicos), y que las órbitas de los seis planetas conocidos entonces debían encajar con esos cuerpos geométricos. Si Dios era perfecto, y los cinco cuerpos geométricos eran perfectos, las órbitas deberían estar contenidas en esos cuerpos. Cinco cuerpos en órbita de seis planetas. Parecía lógico.

Sin embargo, Kepler no consiguió que los datos de las órbitas de los planetas encajaran con los cinco cuerpos geométricos perfectos. Una y otra vez lo intentó, y fracasó. La obra de Dios no parecía estar en armonía con la naturaleza de los griegos y sus observaciones, ni con el cosmos. ¿Qué ocurría? Kepler sufrió muchísimo con esta contradicción entre suposiciones y realidad.

Y aquí es donde entra a escena el gran salto que Kepler dio con respecto a otros hombres de su época: al final comprendió que, si los cuerpos geométricos no encajaban con las órbitas, quizás era porque, en realidad, el universo no contemplaba esa perfección que pretendía debía tener. Quizás Dios no buscaba la perfección geométrica. Quizás Dios no estaba presente cuando las órbitas de los planetas fueron creadas. Quizás, simplemente, tenía que extraer a Dios de sus observaciones, y reconocer la verdad desnuda del universo: que no obedece a ideas preconcebidas. El universo no atiende a los deseos del hombre. El universo, en definitiva, es como es porque obedece a leyes distintas a las de Dios.

Kepler sufrió muchísimo con esta evidencia. Con este descubrimiento. Pero, a pesar de todo, entendió que debía aceptar la realidad. Su gran logro no fueron las tres leyes de Kepler; su gran logro fue separar ciencia y Dios. Su gran obra fue comprender que la ciencia no requiere de Dios, y es más, que Dios no es necesario para hacer ciencia. Kepler impulsó la idea fundamental de la ciencia: por muchas ideas preconcebidas que tengamos sobre el universo, la realidad es que las observaciones y la experimentación deben prevalecer sobre cualquier idea. No podemos dejarnos influenciar por lo que nos digan, o por lo que creamos. Debemos, simplemente, atender a los hechos. A los datos. A las pruebas.

Kepler rompió la comunión de forma definitiva entre ciencia y Dios, algo que había comenzado con eminentes mentes como Galileo o Copérnico. Eso le hace más grande que cualquier otro logro. Y eso le da un lugar destacado entre los seres humanos más fundamentalmente influyentes en la historia de la humanidad.

Sin duda, Kepler fue el primero. Pero no el último. Hoy día necesitamos nuevos Kepler en el mundo. Gente que nos saque de las ideas y nos lleve a la realidad empírica de la ciencia. Gente que nos enseñe a pensar, a evitar prejuicios, y a ver la verdad desnuda. Una verdad desnuda siempre, cruel a veces. Pero que nos lleve a los hechos, por mucho que nos duelan verlos frente a nosotros. Ese fue el legado de Kepler. Y desde entonces, hemos dado un salto gigantesco. Hora es de dar el siguiente. Antes de que el oscurantismo nos invada de nuevo.

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Donald Trump, la gran oportunidad de China y Rusia

La llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos no es solo un enorme varapalo para la ciencia y la investigación y el progreso en Estados Unidos. Además de los problemas raciales y xenófobos que supone, y el gigantesco conflicto de intereses comerciales nacionales e internacionales a los que va a someter a su país, tener a una persona ignorante en cualquier aspecto científico, e incluso beligerante con la ciencia, puede permitir que otros países, especialmente China y Rusia, se aproximen, cuando no adelanten a Estados Unidos, en un aspecto que marcará las próximas tres décadas: la conquista del espacio. Si no se hace por evitarlo, Estados Unidos perderá gran parte, sino todas, sus oportunidades.

Veámoslo: Trump es el clásico neoconservador ignorante que ha olvidado las amargas experiencias que su país, y su partido, tuvieron que aprender en los años 30, cuando promulgaban ideas proteccionistas y tenían como lema el famoso “America first”. En aquellos años los conservadores del partido republicano abogaban por una política de no actuación sobre la guerra europea, y de no dar soporte a Reino Unido en su lucha contra Alemania. Roosevelt era consciente no solo de ese error, sino del hecho de que Estados Unidos se vería implicada en la guerra en cualquier momento, y que era cuestión de tiempo que el imperio japonés comenzara una guerra por el control del Pacífico. Incluso después de Pearl Harbor algunos quisieron seguir con esa política, cuando ya era evidente que Estados Unidos estaba implicada en la guerra.

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Vector de lanzamiento CZ-5 de China

 

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Homeopatía y la constante de Avogrado

Voy a hablar de homeopatía, e intentaré explicarlo de forma gráfica. Un día mi padre me preguntó: “¿cuántas veces puedes cortar un trozo de un papel hasta que no se pueda repetir la operación, teniendo en cuenta el tamaño del papel y el tamaño de los átomos?” Yo alcé los hombros mientras bostezaba (era realmente torpe con la ciencia, y en muchos aspectos lo sigo siendo) y respondí: “bueno, si son tan pequeños tienen que ser muchas. ¿Un millón de veces? ¿Cinco millones?”

Mi padre, que se esperaba esa respuesta, respondió: “no; muchas menos veces. Concretamente, 22 veces”. La respuesta, por supuesto, me sorprendió. Podríamos seguir cortando el papel, pero con una pequeña sorpresa: no sería papel. Estaríamos cortando átomos y moléculas, y por lo tanto estaríamos trabajando en el mundo de las partículas subatómicas.

¿Qué tiene esto que ver con la homeopatía? Muchísimo. Los productos homeopáticos dicen que están diluidos a 30X, 40X, incluso 100X, 200X. Es decir, se han realizado disoluciones de un producto en agua, luego se ha vuelto a diluir por la mitad, luego otra vez por la mitad… Así hasta el número indicado: 30X sería 30 veces, 40X sería cuarenta veces.

Pero un momento: hemos visto que una hoja, o un producto disuelto en agua, deja de ser lo que es tras 22 disoluciones, o “cortes” como ocurre en el papel. Ya no tenemos el producto, tenemos átomos. Esto nos plantea un problema: ¿cómo pueden los químicos que preparan los productos homeopáticos conseguir disoluciones de 30X, 40X, incluso 300X, etc? La respuesta es muy sencilla:

A partir de un punto, el producto disuelto está tan disuelto que, en una botella de agua por ejemplo, encontrar un solo átomo de la sustancia disuelta va a ser casi imposible. Y estoy hablando de un solo átomo. ¿Puede un átomo de algo disuelto en agua curar una enfermedad? Por supuesto que no.

Los químicos de la homeopatía, que por cierto no saben nada de química, porque ni siquiera conocen la constante de Avogrado, dicen que el agua “tiene memoria”. Y que por eso es efectiva. ¿Memoria? ¿Recuerda el agua lo que han disuelto en ella? ¿Recuerda también entonces el agua todos los elementos que han ido disolviéndose en ella en los últimos millones de años? Hablamos de todo tipo de productos, incluso algunos que vemos en el cuarto de baño.

No. El agua no tiene memoria.  El agua es una molécula de dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno. Y nada más. Un producto disuelto más de 22 veces en agua desaparece, y esa agua será eso: agua. Nada más que agua.

Eso sí, la homeopatía funciona a veces por el llamado efecto placebo. Cuando yo tenía pesadillas de pequeño, y tenía muchas, mi madre me daba una cucharada de agua. Me decía que era medicamento, e incluso el agua me sabía amarga. Yo me quedaba dormido, y mi madre me había engañado hábilmente, como hacen las buenas madres para ayudar a sus hijos.

La homeopatía no funciona. Luego podemos hablar de la industria farmacéutica y lo mala que es, de acuerdo. Pero por favor: ya que unos son malos, no dejemos que otros nos engañen y nos cobren por agua con azúcar. Ni lo uno, ni lo otro. Busquemos soluciones claras, científicas, y serias. Ese es el camino para hacer ciencia. El único camino.

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La constante de Avogrado está muy solicitada

Supernovas y catálogo NGC

La imagen del día es para una imagen de una galaxia que recibe el nombre técnico de NGC 4526. ¿Qué tiene de especial esta imagen? La estrella brillante de la parte inferior izquierda. Es una supernova. Esta estrella brilla más que el resto de estrellas de la galaxia.

Dicho de otro modo: una estrella supernova, cuando explota, emite durante un corto periodo de tiempo más luz que las doscientos mil millones de estrellas restantes. Esto puede dar una idea de lo que supone que una estrella explote convirtiéndose en supernova.

¿Puede ocurrir con el Sol? No, no puede. Se requiere una masa al menos diez veces superior a la del Sol para que pueda convertirse en supernova. Nuestra estrella, dentro de unos 5.000 millones de años, se hinchará, convirtiéndose en una gigante roja, y probablemente se trague a la Tierra. Una Tierra, por cierto, que hará millones de años que es un trozo de roca muerta. De hecho dentro de unos 1,5 mil millones de años la Tierra será ya incapaz de soportar vida. Ya hablaremos de eso en otro momento, creo que puede ser de interés para el lector.

Por cierto, muchos objetos astronómicos disponen de un código, como una matrícula. Las letras NGC en español significan «Nuevo Catálogo General» (New General Catalogue), seguido de un número.

Otro sistema mas antiguo es el «M» del Catálogo Messier, un astrónomo que creó el primer catálogo moderno. Por ejemplo M31 es «Messier 31», que indica la galaxia de Andrómeda. Galaxia que antes se creía era una nebulosa de gas, no fue hasta los años 30 del siglo XX cuando se vio que era una galaxia distinta a la nuestra. Pero eso también es otra historia interesante para hablar con calma.

El universo es impresionante. Y las maravillas que encierra casi infinitas. Pocas cosas hay mejores en la vida que salir una noche cerrada sin nubes a contemplar el firmamento. Unos ven a Dios. Otros la maravilla del conocimiento. Pero todos se asombran ante la majestuosidad del universo. Eso es común para ambos.

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Supernova en proceso de explosión

Asimov y la democracia

La frase de la semana nos la trae Isaac Asimov. El gran escritor, humanista y científico ya había visto en el siglo XX el problema que supone que la democracia esté gestionada por gente ignorante y sumisa a cualquier regalo que le dé cualquiera que le diga lo que quiere oír.

Los griegos, inventores de la democracia, solo permitían votar a aquellos que eran cultos, formados, y conocedores de lo que elegían. ¿Significa eso que hemos de erradicar la democracia como forma de gobierno? Al contrario: significa que debemos formar hombres y mujeres con los conocimientos, la cultura, y la capacidad crítica para votar en las mejores condiciones. La ignorancia no vota por sí misma; su mano es guiada por aquellos que saben manipular a quienes no han tenido la oportunidad de disponer de una formación.

Democracia sí, siempre. Pero ignorancia no; nunca. Esa es la idea que Asimov transmitió durante toda su vida. Y el viejo sabio sabía muy bien lo que decía.

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