De parte de Sandra, muchas gracias por vuestro apoyo

Solo unas líneas para agradecer de todo corazón a los lectores que han comprado la versión digital o en papel de “Sandra: relatos perdidos“. La verdad es que me he llevado una agradable sorpresa al ver el interés que ha creado la obra. Sorprendente también ha sido llegar a la cafetería donde suelo relajarme mientras tomo un café, y comprobar cómo llegaba una de las camareras con el libro, para que se lo dedicara a su pareja. La verdad es que cosas así lo emocionan a uno.

Este ha sido un libro diferente y muy personal, con una estructura de relatos que es muy distinta a la del resto de libros. Ha sido una experiencia genial, y ha sido también genial poder compartirla con todos los interesados de La leyenda de Darwan.

Espero seguir adelante, con la traducción de “La ira de Freyja” y con “Yggdrasil”, libro este con el que estoy muy ilusionado, al reencontrarme con personajes muy queridos como Vasyl Pavlov y Helen Parker, además de Irina Musilova y Yolande Le Brun. De nuevo, muchas gracias.

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Diplomas para escritores: una reflexión

Pues aquí está, por fin, después de mucho trabajo y esfuerzo, mi título de escritor pésimo, en la especialidad de ciencia ficción. Han sido cinco años de estudios intensos y de mucho trabajo, pero ha merecido la pena. A partir de ahora, podré ir presumiendo por la calle de ser un perfecto inútil escribiendo, y además, con titulación oficial. Me espera un futuro brillante. Quizás incluso algún puesto importante en algún partido político, que es la ilusión de mi vida…

Bueno, pasando ahora a hablar en serio, la verdad es que este asunto de la idea de un “diploma de escritor”, que de vez en cuando aparece de nuevo por las redes y blogs, es un tema que siempre he creído interesante. ¿Hace falta un “diploma” para los escritores? Yo daré mi personal reflexión, que es eso, una idea subjetiva y nada más.

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Soy una hoja de papel

¡Hola! ¿Cómo están? ¿Bien? Me alegro. Soy una hoja de papel. De papel del bueno, no crean.

Nací en un bello bosque, dentro de un majestuoso árbol que cubría un lado de una colina. Un día cortaron el árbol, que era mi sustento, y me dieron un nuevo trabajo como hoja de papel. Procesaron químicamente mi cuerpo, y pronto pasé a la imprenta, donde era la hoja ochenta y nueve, de un libro de cuentos infantil, de una joven escritora maravillosa. En mi página, los piratas se hacían con el tesoro, mientras el malvado pirata Carmesí reía malévolamente. ¡Qué suerte ser esa página!

El libro salió a la venta, y yo estaba entusiasmada con mi trabajo. ¡Nada más y nada menos que ser parte de un libro! Pero el libro se mantuvo tres semanas en la librería. Algunos nos hojearon, a mí y a mis hermanas, pero luego nos dejaron de nuevo en la repisa.

Pronto vino un hombre, con un aspecto siniestro, y nos llevó a un lugar todavía más siniestro. Era la trituradora de papel. Me trituraron, y me convirtieron en polvo. Creí que mi vida estaba acabada.

Pero no fue así; me reciclaron, y volví a ser hoja de nuevo. Me imprimieron, esta vez en un libro de amores y sentimientos. Yo era la hoja donde ella descubre que él tiene una amante, y llora desconsoladamente. De nuevo tenía un papel en la vida. Su autor, un hombre de cierta edad, explicaba sus relatos amorosos con gran maestría, llegando al corazón de seres sensibles. El libro llegó a la misma librería, y de nuevo estaba feliz, mientras la gente me ojeaba. Pero nadie se decidía a llevarnos. Siempre volvíamos a la repisa.

Tras unos días, de nuevo apareció aquel malvado ser, y se repitió la historia. De nuevo me procesaron, y me llevaron a la imprenta. Ahora era la hoja donde un mago muy poderoso lanzaba un hechizo para salvar su mundo de las garras de alguna profecía. Me sentí orgullosa de ser la hoja de tan importante momento, y de nuevo volví a la librería.

Han pasado los días, y la gente nos mira, a mí y a mis hermanas, pero nos deja de nuevo en la repisa. Ahora solo espero la llegada de ese ser oscuro, que… ¡Esperad! ¡Alguien nos está comprando, a mí y a mis hermanas! ¡Nos llevan en un bolso a un nuevo mundo! ¡Por fin vamos a ser leídas!

Han pasado dos años. Nadie nos ha leído. ¿Por qué? Solo sé que quien nos trajo dijo algo similar a “este hace juego con la pared de la sala”, y nada más. ¿Qué significará eso? ¡Eh! ¡Hola! ¡Estamos aquí! ¡Somos una maravillosa aventura de fantasía! ¡Léenos, por favor! ¡Léenos! Da un poco de sentido a nuestras vidas. Por favor. Lee nuestras páginas, antes de que aparezca de nuevo el malvado hombre, y muramos de nuevo, para volver a la vida…

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Los recuerdos que trae una canción

Hoy iba en el tren, con el retraso de media hora de costumbre, y ha aparecido en la radio “Streets of London” (calles de Londres) del autor Ralph Mctell, un cantautor inglés. Ello ha provocado una cascada de recuerdos en mi mente.

Durante mi época de instituto, tras salir de clase, iba a las típicas clases de inglés “porque el inglés es el futuro”. Allí, en una pequeña fiesta de fin de curso, uno de los profesores interpretó esta pieza musical, lo cual atrajo inmediatamente mi atención. Es una canción sencilla para tocar en guitarra, con una letra que se usa, o al menos se usaba, para las clases.

La música tiene la capacidad de traer a la mente viejos recuerdos de tiempos pasados. A mí esta canción me recuerda a una compañera de clase, dos años menor que yo, con la que trabé una profunda amistad. Era una niña encantadora (ella tenía entonces 15 años, yo 17), y era el ser humano más inocente que he conocido en mi vida. Ataviada con su uniforme de colegio religioso, todo le sorprendía, todo le parecía maravilloso, y todo era asombroso para ella. Trabamos una profunda amistad, que se prolongó varios años.

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Nuevo fragmento de Yggdrasil

“Yggdrasil” será el Libro XIII de la Saga Aesir-Vanir. Otoño 2018. Tras una conversación con Pavlov, al día siguiente Helen visita el bar, que es en realidad una recreación de un antiguo local de la Tierra…

Helen entró en el bar. La decoración era realmente una simulación casi perfecta de cualquier tugurio de los años noventa del siglo XX, en alguno de los lugares más profundos y perdidos de Estados Unidos. Solo que Estados Unidos no era más que un recuerdo lejano, como lo era la civilización humana de esa época. Había, sin embargo, elementos europeos y orientales, para agradar a todo tipo de visitantes. Helen se sentó en una de las mesas más apartadas. Karl se acercó sonriente. Helen le miró sorprendida, y preguntó:

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La chaqueta metálica, cuando matar es un placer

Me encanta Stanley Kubrick. Creo que es uno de los mejores directores de cine de todos los tiempos. Obviamente hay trabajos del director que me gustan más y otros menos, pero en general sus cintas me parecen sobresalientes. Ya hablé en su momento de “2001: una odisea del espacio” y del impacto que me produjo cuando fui al estreno.

Hoy, recordando al personaje del sargento Hartman, interpretado por el recientemente fallecido R. Lee Ermey, me gustaría hablar del mensaje de su obra: “La chaqueta metálica” (Full metal jacket).

Ermey iba a trabajar como asesor técnico de la película, pero, dadas sus cualidades como actor, y a que había sido realmente sargento de artillería de los marines durante once años, Kubrick vio que podría hacer el papel del sargento instructor. Dejó a Ermey que cambiara diálogos e improvisara, y realmente Ermey hizo un trabajo soberbio. Al fin y al cabo, se estaba interpretando a sí mismo.

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Ermey en el impresionante papel del sargento Hartman

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Ser quien eres, y no quien serás (Kafka)

La frase de la semana es de Kafka, ese extraño y oscuro personaje con el que me siento plenamente identificado. En este principio de siglo XXI, estamos constantemente planificando llegar a ser ese sueño que los demás quieren que seamos, y las redes sociales son un medio de cultivo perfecto para ello. A través de Facebook, Instagram, y otras redes sociales, nos vemos empujados a dar una imagen de perfección, con sonrisas perfectas, familias perfectas, viajes perfectos, y sueños perfectos. Todo es de algodón de azúcar, y las sonrisas aparecen por todas partes. Hijos maravillosos, parejas encantadoras, y fotos arrebatadoras.

Frente a ese mundo de perfección, donde estamos constantemente planificando nuestra próxima entrada en la red social de turno para conseguir “me gustas” y “compartir”, debemos reivindicar una manera de ver la vida que se acerque a la realidad. Y la realidad es tan sencilla como una cafetería, un grupo de amigos, unas sonrisas sinceras, y, sobre todo, nuestras imperfecciones ante ellos. Imperfecciones reales, para un mundo real.

Debemos comenzar a admitir que somos seres reales, no entradas en el Facebook, y cambiar los “me gustas” por sonrisas y besos, los “compartir” por abrazos, y las fotos perfectas por lágrimas sinceras de impotencia, cuando ese amigo nos tiende la mano por algún dolor que nos acecha.

Esa es la esencia de la vida. Reír, por supuesto. Pero debemos dejar un tiempo y un espacio al dolor. A las lágrimas. Al llanto. Quien solo ríe no tiene nada de qué reír. La vida son sonrisas, pero son también lágrimas. Quien quiera eliminar estas, dejará huecas y vacías aquellas.

Yo quiero volver a reír con amigos de verdad, no con muros de redes sociales. Quiero gente a mi lado a la que pueda tocar, a la que pueda besar, a la que pueda abrazar. Quiero seres humanos, con sus cosas buenas y sus cosas malas. Con sus imperfecciones y sus miedos, para que los compartamos juntos. Quiero una mirada sincera, una sonrisa, y una lágrima que nos una para siempre.

Volvamos a ser seres realmente sociales. Y a ser lo que somos. No lo que debemos ser.

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