Conciertos de instituto, sueños y rock and roll

Hoy, miércoles musical, me va a permitir el lector que me ponga un tanto nostálgico y melancólico, y espero que me perdonen. El caso es que hoy me han dado una sorpresa en forma de esas fotos traidoras del pasado, que aparecen después de décadas, y despiden miles de recuerdos del pasado. Muchos recuerdos y miles de sentimientos. Pero termino esta entrada con música de calidad, así que espero que esta entrada, después de todo, tenga algún valor añadido.

Hoy traigo una foto que me ha hecho mucha ilusión ver después de tantos siglos. Se trata de una imagen que tenía mi hermano (qué diablos hace mi hermano con esta foto), y que corresponde a un concierto que dimos en el instituto donde estudiaba. En aquella época aún tocaba con mi primer bajo eléctrico, que tengo todavía guardado en su funda, y cuya calidad y sonido no eran precisamente los mejores del mundo. Pero era el primero, y para mí era un sueño poder siquiera tenerlo.

¿Cómo se llamaba ese grupo? Tuve el honor de ponerle el nombre. Ahí es donde les voy a pedir que se sienten, respiren hondo, y comprendan la edad que tenía. El grupo se llamaba SS-20. Por supuesto, la «SS» no tiene nada que ver con la infame organización nazi. No. SS-20 era el nombre de unos misiles de alcance medio soviéticos que apuntaban a distintas ciudades de Europa, entre ellas una ciudad que se encontraba muy cerca de donde yo vivía.

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Concierto en el instituto, yo soy el del colgante y el chalequito

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Historias oscuras, historias de luz

Miércoles. ¿He dicho música? En esta ocasión traigo un tema difícil y duro, que puede molestar a algunos, pero que es una realidad, tanto ayer como hoy. Una historia desagradable, pero bueno, con el tiempo todo se supera. O casi todo.

Es una historia de cuando yo tenía diecisiete años, y de mis tiempos de estudiante de secundaria en el instituto. Las clases de inglés las daba un cura, de una parroquia cercana. Era uno de los dos párrocos de la iglesia, y además era profesor de inglés en el instituto. El caso es que un día nos pidió que eligiéramos la típica canción en inglés para traducirla al español.

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Lesley Duncan

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«Sueños de Le Brun» una composición de «La leyenda de Darwan»

Miércoles, y música. Estaba dándole vueltas a varias piezas musicales que podía incluir en esta entrada, cuando me dije a mí mismo: «¿y por qué no pongo algo propio?» No se trata de agobiar al lector con mi trabajo por supuesto, pero pienso que no hago daño a nadie si una vez cada tanto pongo alguna pieza musical personal.

Así que me he atrevido a traer a este miércoles musical esta pieza inspirada en uno de los personajes de la trilogía de «La leyenda de Darwan». Concretamente el personaje es Yolande Le Brun, una mujer de treinta y tantos originaria de Amiens, Francia, donde llevaba una vida tranquila como profesora de inglés. Luego, bueno, su vida se complica, tal como se narra en los libros. Por cierto, Yolande tendrá un papel importante en el Libro XIII «Idafel».

En esta pieza trato de traer los recuerdos de Yolande sobre su querida Amiens, ciudad a la que añora y a la que querría volver con toda su alma junto a su familia. Pero es imposible, por las circunstancias que se explican en la trilogía.

La pieza está compuesta de forma casera, utilizando programas sencillos y accesibles para la composición musical, además de mi guitarra. Obviamente eso se nota en la calidad del sonido, que es la que se puede conseguir con medios baratos. Pero los medios escasos se suplen con imaginación y entusiasmo.

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Mapa de un momento narrado en el libro III «Los dientes de Fenrir», en el que Yolande Le Brun tendrá un papel crítico

 

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Corre, y no dejes de correr nunca, pequeña

Miércoles, o sea, música. Vamos a hundirnos un poco en el mundo de lo real, al estilo Matrix.

Los ambientes degradantes, llenos de personajes perdidos, de seres fracasados, de almas arrojadas del Paraíso, han sido siempre mis lugares preferidos. Siempre me he inspirado en esos mundos para escribir, y siempre he creído que de esos ambientes nacen obras increíbles y que perdurarán para siempre. Un ejemplo de la literatura: Edgar Allan Poe. Otro del cine: Blade Runner.

Es en esos ambientes decadentes del mundo real donde siempre he encontrado la humanidad auténtica, los sentimientos reales, la amistad real, el amor real, y por supuesto, el odio y la ira más auténticos. Es en esos ambientes donde he podido saborear lo mejor y lo peor que puede aportar un ser humano a su existencia. Y en donde he aprendido a sobrevivir a la vida, y a mí mismo.

Son los otros escenarios, los del glamour, los de la alfombra roja, los de los aplausos, llenos de sonrisas blancas y perfectas, rostros inmaculados, y luces de cristal, son esos los que siempre he querido evitar, porque en ellos solo he encontrado hipocresía, frialdad, y una total falta de empatía. Seres vivos que lo están porque no saben que están muertos en vida.

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Sheryl Crow interpreta «Run baby run»

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Adagio Opus 11; un viaje a las estrellas

Es miércoles, el día de la música.

Amigo escritor, o amiga escritora: ¿sigue temiendo al blanco papel embrujado, que es incapaz de mostrar esas líneas que se arrastran en su interior, y que son incapaces de surgir de sus dedos? Ya hablé de ello una vez. Ahora vamos a intentar superar ese bloqueo. No lo dude. No es necesaria una fórmula mágica, ni nada en especial. La música es la respuesta. Pero no cualquier música.

Yo empleo profusamente la música clásica para escribir, y creo, sin ningún género de dudas, que la música clásica sinfónica es un puente para conectar la soledad del alma de un escritor con su inspiración. La música nos transporta, nos lleva, nos arrastra suavemente, nos permite conectar con nuestro yo interior. Y, una vez obrado el milagro, las palabras empiezan a surgir espontáneamente. Porque vienen directamente del corazón, empujadas por el sonido de las cuerdas de los violines, de las violas, de los chelos.

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No se deje engañar por la sencillez aparente de la partitura, pues en la sencillez está la verdadera maestría

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Moody Blues y el síndrome P.A.

Miércoles, así que toca música. De la entrada musical de la semana pasada, en la que hablaba de amores rotos, alguien podría quizás deducir que el autor de estas líneas pueda ser poco romántico, y que no creo en las relaciones sentimentales.

Es verdad que valoro la amistad por encima de todo, pero eso no significa que no haya un rincón en mí para la sensibilidad y los sentimientos, aunque es evidente que los años tamizan el corazón y transforman las almas a través de la vida. Y la música ha sido durante toda mi vida un canal de comunicación con mis sentimientos, que he proyectado hacia personas que han sido importantes para mí, por un motivo u otro. La música es la fuerza más directa y poderosa del universo, cuando se trata de arrancar una sonrisa o una lágrima a un ser humano.

Lo cierto es que todos tenemos esa canción que nos recuerda algún amor pasado, algún momento importante con alguna persona que era especial. Aquellos amores de juventud, que se caracterizan sobre todo por la pasión, la fuerza, y una alta dosis de locura. Ese amor puro, sincero, y juvenil, que te hace creer que eres el primer ser humano del planeta elegido para algo especial.

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Ahí estoy, con 16 años, y mi primera guitarra, que me habían regalado de novena mano, y que duraba afinada unos 30 segundos. El soporte del micro son dos palos de escoba.

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Rock this country, cuando la música es poder

Dos cosas me asombran de los americanos (estadounidenses): su falta del sentido del ridículo, y su capacidad para montar shows impresionantes, para bien o para mal, pero siempre increíbles. Y lo digo con el mayor de los respetos y admiración.

En cuanto al sentido del ridículo, últimamente por motivos de trabajo vuelvo a tener contacto con estadounidenses, y todos los correos son ¡Wow! ¡Yeah! ¡Genial! ¡A tope! ¡Increíble! ‘Me encanta! ¡Alucinante!  Si no escribes alguna de estas palabras cada dos líneas creen que estás deprimido, o que no merece la pena mantener una conversación contigo.

Solo hay que ver cómo son los empresarios americanos, que muchas veces parecen más estrellas del rock, ahí está el propio Elon Musk, que en realidad es un inmigrante, ¿lo sabía usted, señor Donald Trump? que ha creado miles de puestos de trabajo. Montan espectáculos llenos de luces, colores, y todo tipo de parafernalia. Si no pasan unos cuantos cazas de combate por encima durante el show aquello parece que no funciona.

En esa línea, cuando Hillary Clinton se presentó a presidenta por primera vez, compitiendo con Obama, eligió una canción de la cantante canadiense Shania Twain titulada «Rock this country» (algo así como «enróllate con tu país»), una canción destinada a entusiasmar a los oyentes por el amor a Estados Unidos. Shania Twain cedió los derechos de la canción a Hillary Clinton, aunque al parecer no sirvió de mucho. Siendo como es canadiense, sin embargo se hace claro que su estilo es cien por cien estadounidense.

Shania Twain es la única cantante femenina con  tres discos de diamante en Estados Unidos, y segunda cantante con más discos vendidos tras Celine Dion. Sin duda un éxito impresionante, en una carrera en la que prima el espectáculo visual y la fuerza sonora sobre todo.

Hoy me ha parecido interesante traer «Rock this country» y ver cómo la gente disfruta de estos espectáculos impresionantes que montan los americanos en sus shows. Se les puede criticar lo que se quiera, pero a la hora de hacer saltar a la gente de sus sillas no tienen parangón, y Shania Twain es sin duda una muestra evidente de ello.

Una música muy alejada de mi querida Sheryl Crow, pero no niego que en un directo con esta música hasta yo sería capaz de contagiarme de ese entusiasmo, e incluso hasta podría llegar a sonreír. Sin duda, un show cien por cien «country», como la música de Shania Twain. Directo y al corazón, de eso no cabe ninguna duda.

 

Qué original eres, Sheryl

Es miércoles, y esta entrada, que era para la semana pasada, quedó a la espera de mejor momento.  Ahí va.

Lo cierto es que Sheryl Crow puede darnos conciertos intimistas, suaves, de aquellos que notas cómo respiras el mismo aire que los músicos, en un ambiente cercano. Y luego, de pronto, Sheryl nos trae conciertos multitudinarios, llenos de luces y de fuerza. Espectáculo puro para miles de entusiastas que disfrutan en las sombras del poder de su música. Uno sale de este tipo de conciertos multitudinarios caminando sobre las nubes, y esa noche no toca dormir, toca irse con los amigos a un pub, a terminar la velada jugando al billar, hasta ver el Sol amanecer. Qué noches aquellas en las que no pisaba mi cuarto y me iba a trabajar directamente, para escándalo de mi madre.

Bueno, que me estoy desviando. El tema que traigo, «You’re an original» (Eres muy original), nos trae la esencia más pura de Sheryl Crow, con su sonido más clásico, pura fuerza y energía. El tema tiene un elemento fundamental, que es el rift de la guitarra, acompañado por el bajo, que se va repitiendo hasta llegar a los chorus. Ese rift dota al tema de una verdadera personalidad, siendo como parece muy sencillo, pero, como siempre, lo aparentemente sencillo guarda un secreto, que es la implicación que el oyente tiene nada más comenzar los primeros compases.

Un diez para el montaje del vídeo, muy adecuado, y muy bueno para ir contemplando detalles de los músicos, bien combinados con los planos generales. Rock del puro, del de ayer, del de hoy, del de siempre. Solo los grandes músicos saben hacer grande el directo. Y Sheryl reina como nadie en el directo.

Señoras y señores, con ustedes, Sheryl Crow.

«Horizons», la maestría de Steve Hackett

 

Una de las piezas que acostumbran a aprender los estudiantes de guitarra es «Horizons», de Steve Hackett. Formaba parte del primer corte de la cara B del disco «Foxtrot» del grupo de rock progresivo «Genesis». Este disco lanzó sin ninguna duda al grupo a finales de 1972, comenzando una carrera de grandes éxitos.

Los alumnos aprenden esta pieza cuando ya tienen una maestría relativamente alta con la guitarra, ya que su interpretación requiere de una destreza y una habilidad que van más allá de los clásicos ejemplos con los que se suele iniciar el alumno.

Más allá de eso, «Horizons» es un portento de armonía, en el que la combinación de acordes y su desarrollo provocan un sonido completo y muy rico, con un tono claramente influenciado por piezas de música clásica, con inspiración en una pieza de Johann Sebastian Bach, concretamente la suite para violonchelo No. 1.

Al ser una pieza típica de aprendizaje en conservatorio, podemos encontrar innumerables interpretaciones de esta gran obra en Youtube. Yo he puesto la pieza original, y una de una artista que me ha parecido muy interesante. Cada cual dota a la obra de su propio espíritu y estilo, de eso no cabe ninguna duda. En el caso de la estudiante, se hace evidente alguna indefinición y problemas con el tempo, pero nada que la práctica no solucione.

Por lo demás, una pieza corta, que fue un éxito inmediato y que seguirá sonando durante mucho tiempo.

Versión Steve Hackett

Versión estudiante nivel medio

C’est La Vie, el sonido puro de Emerson, Lake & Palmer

Dentro de lo que se conoce como rock progresivo de los años setenta, uno de los grupos más rompedores y avanzados fue sin duda Emerson, Lake & Palmer (ELP). Con su sonido contundente, especialmente con el de aquellos maravillosos sintetizadores analógicos, ELP consiguieron un sonido nuevo y directo, con una energía que solo aquella tecnología podía dar.

Famosos fueron los teclados como el Mini Moog, que era monofónico, y que no tenía ni un solo chip digital en su interior. Todo el sonido nacía de la circuitería analógica, que generaba osciladores de onda que luego eran pasados por filtros analógicos, para conseguir aquel sonido tan especial y fantástico. Yo pude ver alguno en mis tiempos de juventud. Actualmente son un tesoro del coleccionismo.

Esta pieza que traigo aquí, «C’est La Vie» (es la vida), desde luego es especial, con una profundidad que, de nuevo, se consigue gracias a aquel sonido analógico. Ahora existen simuladores del Mini Moog, pero por supuesto, no es el sonido que daban aquellos cacharros llenos de una tecnología superada, es cierto, pero que marcó época, y abrió puertas a nuevas formas de expresión musical. Fantástico Keith Emerson en esta pieza, que nos dejó en 2016, al igual que Greg Lake, que también falleció en 2016, pero que vivirán siempre en la historia de la música.

Una obra maestra, que merece la pena escucharse en silencio y con calma.