Hoy es 17 de agosto de 2018, y ha pasado exactamente un año de los atentados de Barcelona y Cambrils. Son dos poblaciones clave en mi vida, por motivos profesionales en el primer caso, y por motivos sentimentales en el segundo. Tanto Barcelona como Cambrils sufrieron el impacto de un terror absurdo y sin sentido, que solo pretende causar daño por el mero hecho de que puede causarse daño mediante la locura, la perversión, y la maldad ciegas.
Las editoriales ya no son lo que eran. Aunque, en realidad, nada es ya como era. La pregunta fundamental es: ¿qué es lo que ha cambiado, en el mundo de la literatura, y en la era de Internet? Todo. El modelo de negocio y venta en Internet con empresas como Amazon, y la total libertad para publicar que permite la red, han configurado un nuevo modelo de relación entre los escritores y los lectores.
Desgraciadamente, muchas editoriales no han sabido, o no han querido, adaptarse a este nuevo entorno, y han culpado a unos y otros de sus problemas. Pero este es el siglo XXI, y vivimos una revolución tecnológica y de relaciones completamente nueva. Quien no se adapta, pierde. Quien se adapta y sobrevive, gana. Es así de sencillo. Y así de claro. Y existen estrategias de supervivencia. Alcanzar a verlas, adaptarlas, y superar el siglo XXI, ese es ya otro tema. Vamos a verlo.
Hoy hablaré del elemento fundamental que me llevó a pensar en estudiar historia, y concretamente historia antigua, y las conclusiones de aquel entusiasmo. Una conclusión que tiene un nombre muy concreto: arqueología. Hablaré también de los aspectos clave de esta ciencia, y las razones por las que es fundamental para conocer nuestro pasado, incluso el más remoto, con las mayores garantías de éxito. Siempre teniendo en cuenta los enormes problemas de construir el pasado a partir de fragmentos dispersos y perdidos de historia por supuesto. La arqueología es una ciencia que requiere fuerza, destreza, imaginación, y una gran dosis de trabajo de investigación, no demasiado distinto del que realizan los investigadores forenses ante las pruebas de un delito.
Sin duda Egipto sigue dando muchas sorpresas a los arqueólogos
Vuelve un nuevo capítulo de autocensura en la literatura. Y vuelvo a traer este tema al blog, porque no podemos dejar de proteger la libertad de expresión, y muy importante, la libertad del escritor para crear su obra. Que será mejor o peor, pero deberá ser siempre una obra expresada en libertad. Me estoy refiriendo a este término tan sugerente, y que guarda una censura enorme, llamado «lectores de sensibilidad».
Sinceramente, lamento traer de nuevo este tema a este blog, pero es prioritario para mí hablar de las novedades que se van dando sobre el mundo de la censura literaria de seda. La censura de seda, término que me acabo de inventar ahora mismo, es aquella por la cual alguien, con un aire aparentemente bienintencionado, nos viene a decir que somos racistas, xenófobos, sexistas, o que sufrimos cualquier otra desviación social en razón de lo que escribimos en nuestros libros.
El otro día, un político catalán llevaba en su solapa una imagen de Winston Churchill. Es uno de esos políticos que tiene una misión que cumplir en la vida, y lo hará contra viento o marea, incluso poniendo su vida y su hacienda por delante si es necesario. Políticos que tienen una misión en la vida: que creamos en sus promesas y en su visión del mundo. Una visión que debe compartirse, porque es la única visión posible.
Luego, tras este político, surgieron políticos de otros lugares y partidos, demostrando que son ellos los que están dispuestos a darlo todo por su país y sus ideas. Que el primer político está equivocado. Y que ellos están en posesión de la verdad. Que dicen que creamos en sus promesas y en su visión del mundo. Una visión que debe compartirse, porque es la única visión posible.
Finalmente, se me ocurrió una imagen reveladora: todos los líderes políticos de España, y del mundo, en una tarima, como un coro, cantando cada uno de ellos la canción de sus futuras conquistas y sus glorias, que llevarán a cabo para salvaguardar a los ciudadanos de los peligros que les acechan, si votan al infame político que tienen al lado, porque solo ellos, ellos en exclusiva, son dueños de la verdad.
Miércoles, o sea, música. Vamos a hundirnos un poco en el mundo de lo real, al estilo Matrix.
Los ambientes degradantes, llenos de personajes perdidos, de seres fracasados, de almas arrojadas del Paraíso, han sido siempre mis lugares preferidos. Siempre me he inspirado en esos mundos para escribir, y siempre he creído que de esos ambientes nacen obras increíbles y que perdurarán para siempre. Un ejemplo de la literatura: Edgar Allan Poe. Otro del cine: Blade Runner.
Es en esos ambientes decadentes del mundo real donde siempre he encontrado la humanidad auténtica, los sentimientos reales, la amistad real, el amor real, y por supuesto, el odio y la ira más auténticos. Es en esos ambientes donde he podido saborear lo mejor y lo peor que puede aportar un ser humano a su existencia. Y en donde he aprendido a sobrevivir a la vida, y a mí mismo.
Son los otros escenarios, los del glamour, los de la alfombra roja, los de los aplausos, llenos de sonrisas blancas y perfectas, rostros inmaculados, y luces de cristal, son esos los que siempre he querido evitar, porque en ellos solo he encontrado hipocresía, frialdad, y una total falta de empatía. Seres vivos que lo están porque no saben que están muertos en vida.
Otro texto de protesta. Y sé que el tono es duro. Pero perder vidas inútilmente y por razones absurdas es algo que siempre me ha puesto muy nervioso. Por eso creo que el tono ha de ser duro, y serio. Pero también esperanzador por supuesto. Vamos a ello.
Ya están aquí. Son el último grito de periodistas oportunistas, fanáticos de la obviedad, y precursores de desdichas que serán conocidas si usted hace click en el anuncio de turno. Ya tenemos nuevo argumento para llenar páginas de nada, con información exagerada, manipulada, y usada para vendernos ese magnífico sistema cuántico que nos curará el cáncer. Son, por supuesto las superbacterias.
¿Qué son las superbacterias? Son bacterias con el prefijo super colocado delante. Nada más. Son, eso sí, como vulgarmente se denominan a esas bacterias que, como era de esperar, se han ido adaptando a todos los antibióticos conocidos. Recordemos que hace no tanto, cien años atrás, las muertes por infecciones bacterianas eran tremendamente comunes. El descubrimiento casual de la penicilina por el doctor Fleming supuso el pistoletazo de salida a todo un nuevo ejército de medicamentos contra las bacterias. Y repito: contra las bacterias. Los virus son inmunes a los antibióticos.
Recientemente me he encontrado con tres de esas noticias, que serían hilarantes si no fuese por el importante trasfondo de ignorancia que comportan. La primera es de una responsable política diciendo que la leche cruda no es peligrosa, o que, en todo caso, lo es tanto como comer un pollo que lleva cuatro semanas en la nevera. Habría que aclarar si es la nevera o el congelador, porque si es lo primero, lo que necesita ese pollo no es ser comido, sino una autopsia postmortem realizada por un especialista en crímenes. Porque es un crimen soltar ciertas frases. Ya lo dijo Groucho Marx: «es mejor ser ignorante y mantener la boca cerrada, que abrir la boca y despejar cualquier duda».
Dicen que los métodos de antes para la alimentación eran más naturales. Lo eran, y la tasa de mortalidad también era mayor. Yo mismo había ido a comprar leche cruda cuando era pequeño con mis primos a la vaquería, cerca de Bilbao, donde pasaba los veranos. Estaban las vacas allá, las saludabas, y te llevabas los potes de metal con la leche. Esto lo he vivido yo. Pero no era, repito, no era sano. Sano es pasteurizar la leche.
Algunos dicen que hay intereses ocultos comerciales en la leche pasteurizada. Vamos a ver: la pasteurización es un proceso químico que ha salvado millones de vidas. Si luego alguna empresa realiza transformaciones ilegales en la leche por intereses económicos, deberá ser perseguida y multada. Pero no confundamos un proceso que evita infecciones con un interés concreto de empresas concretas.
Hoy en día se habla bastante de los abuelos de la guerra. Con el triunfo de Pablo Casado para liderar el Partido Popular, mucha gente se ha fijado en su abuelo, que fue condenado por tener un carnet de la UGT. Por lo poco que he leído, el abuelo de Pablo Casado fue un hombre realmente admirable. Era médico, y su trabajo por la medicina fue siempre su estandarte, sin importar bandos ni opiniones.
Pablo Casado es el mismo que hace un tiempo hablaba de los abuelos y de las fosas, y de superar todo ello. Pero ¿cómo se supera tener a tu padre, a tu abuelo, en una fosa común? Da igual si se era de un bando u otro; era un familiar querido, y queremos que tenga un final digno. Poder recuperar sus restos, y poder darles una sepultura digna. Solo se pide eso. Nada de reclamaciones políticas ni reivindicaciones. Solo recuperar lo que queda de quien tanto se preocupó por nuestros padres y los hijos de sus hijos.
Y me reitero en esto: yo no hablo de política aquí y ahora, hablo de sentimientos, de familia, de recuerdos. Hablo de nuestros seres queridos que se fueron, y que no están donde deberían. E insisto: quiero dejar la política fuera. Y eso hago aquí y ahora. Solo hablo de los hombres y mujeres queridos que se fueron antes de tiempo.
Suele decirse que todos los medios de comunicación mienten. Todos, menos aquellos que leemos, porque el lector que lee esos medios es porque sabe que no mienten. ¿Y qué medios de comunicación leen esos lectores? Aquellos que son afines a su ideología, y que cuentan aquello que quieren leer.
No creo nada de lo que se dice en los medios de comunicación.
Excepto lo que me dicen aquellos que escriben lo que quiero leer.
Leo lo que hace que me sienta conforme con mis ideas, y rechazo el resto.
Yo estoy informado, el resto del mundo es engañado. Yo soy un ser superior que sé la verdad. El resto, son marionetas en manos de la manipulación.
Acuda al punto 1.
La verdad es que, durante toda la historia de la humanidad, cada medio de comunicación, fuese el trovador medieval, sea una moderna agencia de información, ha contado su versión de los hechos. Pero también es cierto que hay medios que cuentan su versión, pero otros distorsionan la realidad completamente.
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