Elon Musk: historia de una caída

Lo sé. Parece que últimamente ando algo obsesionado con Elon Musk. Tengo varios artículos ya alrededor de su figura y sus anuncios. Pero lo creo necesario. Él, hombre de gran talento, genio indomable, empresario de éxito, y emprendedor que abre nuevas fronteras de la humanidad. Yo, un don nadie, que no he conseguido ni siquiera que el perro me dé la pata después de seis años de cursos. Pero necesito expresar lo que siento, aunque no lo lea nadie, aunque no le importe a nadie. Tengo que dar a conocer lo que veo, y por eso estoy aquí, escribiendo esto.

Quiero ir dejando testimonio, en este perdido y olvidado blog, de los comentarios y visiones, cada vez de carácter más mesiánico, que este hombre se dedica a lanzar a los cuatro vientos.

Es un proceso que se retroalimenta. Funciona de la siguiente manera: el señor Musk hace una declaración rompedora, brillante, increíble. Por ejemplo, llevará a 100 seres humanos a Marte en 2024. Llevará a dos turistas a la Luna en 2018. Construirá un impresionante sistema de túneles bajo Los Angeles. Construirá el cohete más potente nunca visto. Y ahora, conectará la mente a una computadora en cuatro años (2021), con lo cual, las personas podrán comunicarse telepáticamente.

Cada nuevo anuncio tiene que ser más espectacular que el anterior. Brillante, esplendoroso, que llene periódicos, que rompa las normas, que le muestre como un hombre implicado en el futuro, garante de los mayores sueños de la humanidad, y constructor de una nueva sociedad que nos lleve a todos a fronteras ante nunca vistas. Siempre que, como él mismo ha declarado, estés dispuesto a morir por ellas, como dijo con el proyecto a Marte. O siempre que, si algo sale mal, le eches la culpa a otro, como cuando explotó uno de sus cohetes el 1 de septiembre de 2016 mientras cargaba combustible, y declaró que había sido un francotirador de la competencia. Naturalmente, no había francotirador.

El perfil psicológico de Elon Musk es el de megalómano egocéntrico, que necesita ser el foco de atención cada cierto tiempo. El problema es que sus anuncios, para captar esa atención, debe ser cada vez más sonoros, más impactantes, más atrevidos. Si anuncia que va a ir a Marte, o que va a llevar a turistas a la Luna, o que va a conectar los cerebros humanos a los ordenadores, cada vez tiene que tener un tono triunfalista, mesiánico, apoteósico, que haga que sus fans incondicionales se vuelquen ante el nuevo mesías de la ciencia y el progreso. Anuncios que se atrevan con las mayores fronteras de la humanidad.

¿Quiero con esto decir que este hombre no podrá hacer lo que dice? Efectivamente. Quiero decir que la humanidad llevará a cabo esos progresos, y muchos otros. Pero no los llevará él a cabo, no al menos, como los ha anunciado. No digo que no pueda ir a Marte. No digo que no pueda conectar mentes. Digo que no lo va a hacer según lo anunciado.

La ciencia, mi estimado señor Musk, y el progreso, no avanzan con un micrófono en la mano, con una audiencia de gente gritando, y con anuncios llenos de ruido y fanfarria. La ciencia y el progreso se hacen poco a poco, en silencio, con cuidado, con trabajo, con mucho esfuerzo, y con muchos fracasos. La ciencia, y el progreso, no se hacen a ritmo de rock & roll y de llamativas conferencias, donde solo falta el confetti y el sorteo de un automóvil Tesla para el primer afortunado que bese los pies de su señor.

Cuando hablo de caída, no hablo de sus acciones, ni de su valor como empresario, ni de lo que ha hecho hasta ahora, cosas muy interesantes sin duda. Cuando hablo de caída, me refiero a su credibilidad. ¿Cuánto tiempo va a poder mantener esta tasa de anuncios asombrosos? ¿Qué será lo próximo, una nave para viajar a otras dimensiones? ¿Un sistema para almacenar seres humanos  y sus recuerdos en cristales? ¿Una explotación minera en Titán que él gestione?

El tiempo pasa. Las promesas aumentan. Los hechos deben conformar y confirmar esas promesas. Si no es así, señor Musk, tendrá usted que explicar por qué. Y si cumple, entonces prometo cerrar la boca, y seguir intentando que mi perro me dé la pata durante otros seis años. Y esta promesa sí será cumplida. Se lo aseguro.

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Elon Musk, estrella del rock. El problema de este hombre es que se cree sus propios anuncios

La mujer en la Grecia clásica y en la actualidad

Siempre he sido un amante de la cultura griega. Estudié griego clásico, leí la Iliada y la Odisea con quince años, y me enamoré de ese antiguo mundo que es la cuna de la civilización occidental en muchos aspectos (también de la diosa Atenea, todo hay que decirlo). Además de tener razones sentimentales y afectivas en mi interés por la cultura helénica, y al hecho de que estuve a punto de perder la vida en la isla de Hydra.

Creo que la divina Atenea decidió que no había llegado mi hora, porque todavía no me explico cómo salí indemne de aquello. Acabé vestido de capitán de la marina mercante en un barco griego (por supuesto jamás he sido capitán de ningún barco) por circunstancias curiosas y hasta divertidas que algún día explicaré. Trabé amistad con algunos griegos, especialmente con un matrimonio con el que mantuve una amistad, y que me introdujeron en la cultura griega como no es posible como simple turista. Todo ello hizo que para mí Grecia se convirtiera en un paraíso maravilloso y un segundo hogar. Por cierto, el vino griego es magnífico.

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Debido a estas circunstancias, he estado escribiendo un texto que tiene relación con Grecia y que actualmente está en fase de revisión, pero que se desarrolla en el año 480 antes de Cristo, y, para ser más precisos, antes y durante la batalla de Salamina, que enfrentó a griegos y persas en lo que se conoce como Guerras Médicas (los griegos llamaban “medos” a los persas). El emperador del Imperio Aqueménida, Jerjes I, quería acabar lo que comenzó su padre, Darío II, y conquistar las polis griegas, para someterlas a su mando. Los griegos lucharon en la famosa batalla de las Termópilas (la de la película “300”, que por cierto eran bastante más de 300), y allí contuvieron a los persas durante tres días, luego estos entraron en Atenas y la arrasaron. La batalla definitiva ese año se libró en la isla de Salamina, donde los trirremes griegos, en mucha menor cantidad que los persas, infligieron una importante derrota a Jerjes I. La posterior batalla de Platea, en el año 479 antes de Cristo, terminó la contienda entre ambos pueblos (aunque los griegos eran un conjunto de pueblos diversos, pero ese es otro tema).

Como entusiasta de la historia antigua he procurado leer lo habitual; las batallas, los hechos importantes, etc. Pero un aspecto importante de cualquier pueblo y cualquier cultura es lo que Unamuno llamaba la “intrahistoria”: la historia de aquellas gentes que no pasaron a la historia, pero que eran realmente los protagonistas de la época. La gente común que vivía sus vidas en aquellas circunstancias. Para este trabajo concreto, concretamente el desarrollo de «Las entrañas de Nidavellir II: Promakhos», necesitaba estudiar ciertos aspectos de la vida de las mujeres y las relaciones prematrimoniales y matrimoniales de lo que se conoce como “el siglo de Pericles” de Grecia, que más o menos suele comprender parte o todo el siglo V a.c. según el historiador y el método de datación.

La razón de esta digamos “investigación” residía en el trabajo que reviso, y que contiene dos relaciones entre dos hombres rondando la treintena, con dos mujeres jóvenes, una de dieciocho años, otra de dieciséis. Naturalmente, según los parámetros de esta época (principios del siglo XXI) eso es escandaloso. Pero no lo olvidemos: Antonio Machado, el insigne poeta, se casó con treinta años con una joven de quince. Es decir, y como enseguida podemos averiguar si nos introducimos en la historia de las costumbres matrimoniales, el matrimonio de hombres relativamente maduros con jóvenes menores de edad era habitual hasta hace relativamente poco (y lo sigue siendo hoy día en varios países y culturas).

Mi abuela por parte de madre, sin ir más lejos, fue obligada a casarse con un hombre bastante mayor que ella, aunque luego ella tuvo su buen amante, y de hecho mi madre y sus hermanos son todos de aquel segundo hombre, ninguno del padre legal. ¡Qué escándalo! Pero mi abuela ya lo advirtió: si la obligaban a casarse, ella se vería obligada a hacer lo que hizo, que no era otra cosa que estar con quien deseaba estar. Una abuela moderna que se dice. Estamos hablando de hechos que se remontan a la primera década del siglo XX por supuesto.

La verdad es que, ante mi preocupación sobre este texto ambientado en la grecia clásica, me he querido informar con todo detalle de la vida de las mujeres en aquella época. Y, lo que sospechaba, se ha confirmado: en realidad, todavía estoy siendo magnánimo en mi texto. Estas dos jóvenes que describo al fin y al cabo están con quien quieren estar, son bien tratadas y mejor cuidadas, muy queridas y estimadas en ambos casos. La verdad de la gran mayoría de jóvenes griegas era, cuando menos, temible. Se llegaba a un acuerdo prematrimonial con dote, y conocían a su pareja el día de la boda. El hombre solía doblarles la edad, y las veía como máquinas de tener hijos para la herencia, que por supuesto era siempre masculina. No tenían derechos, y sí muchísimas obligaciones. Y eran consideradas como seres inferiores, y tratadas como tales. Incluso tenían una canción de despedida del hogar, con un texto que demuestra lo horrible que era ese trauma para ellas. ¿El matrimonio, día más feliz de la vida? No para ellas.

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¿Les suena? Seguro que sí. En Occidente hemos vivido esas costumbres hasta hace poco. Y muchos países en la actualidad siguen todavía esas costumbres arcaicas y que siempre, indefectiblemente, sufren las mujeres. Pero este “Occidente moderno” del que nos sentimos orgullosos no puede presumir de nada. Por ejemplo, la idea arraigada de que en una violación la culpa es de la mujer “porque va provocando” es algo extremadamente extendido todavía. Es decir, una mujer, por el hecho de parecer atractiva, o por el hecho de llevar cierta ropa, parece ser la responsable de que se la pueda violentar de forma brutal. ¿Qué nos dice eso?

Efectivamente, nos manda un mensaje muy claro: no estamos tan lejos de aquellas costumbres de la grecia clásica. Seguimos siendo y tratando a la mujer sin el respeto y la consideración que se merecen. Ejemplos podemos verlos prácticamente todos los días. Casos sangrantes, nunca mejor dicho, que demuestran que esta sociedad todavía tiene un largo camino que recorrer en pos de la igualdad entre hombre y mujer.

La conclusión parece clara. Han pasado 26 siglos, y aquí estamos, con los mismos comportamientos sexistas, que pueden haber mejorado en ciertos aspectos, afortunadamente. Pero con una advertencia: son muchos los que siguen convencidos de que hay que someter a la mujer, con ideas como que sus cualidades psicológicas y de aprendizaje son menores, o simplemente, que ha de ser sometida al hombre “porque es la voluntad de algún dios”.

Visto lo visto, voy a dejar el texto como está, dejando claro que toda época, pasada y presente, ha representado para la mujer una enorme cantidad de problemas que ha debido y debe superar en cada etapa de su vida. Como hombre, no me siento satisfecho de pertenecer al grupo de los que oprimen. Como ser humano, intento, e intentaré, denunciar esta situación, y procurar que la mujer sea tratada simplemente como debe ser: como un ser humano, sin importar su condición. Existen centenares de casos de abusos cada año en occidente, y en algunos países las cifras se cuentan por miles. Pero lo peor es la indiferencia de la sociedad ante estos hechos. Eso es lo primero que debemos cambiar: una educación de verdadera igualdad entre sexos. Porque, si no empezamos la casa por los cimientos, nunca terminaremos de construir un mundo mejor para todos, que es, al fin y al cabo, lo que queremos.

Dime que me sigues aunque sea mentira

Consejo: se recomienda tomar un antiácido antes de leer este texto.

Decir lo que uno piensa no ha estado bien considerado nunca. Pero mucho menos en estos tiempos de sonrisas eternas, fotos de felicidad con la familia, e imágenes de nuestros pies en la playa. Todos somos amigos en el Facebook, todos reímos esa imagen del amigo tomando una copa en su enésima boda, todos ponemos “me gusta” a tal o cual foto porque oye, si el otro día él o ella puso “me gusta” en mi foto, no vamos a hacerle ahora ese feo, que ha puesto la foto de su hija cayéndose de cabeza a la piscina y hay que reírle la gracia.

No. No todos entramos en ese juego. No todos tenemos las cualidades, la belleza o los medios para tener millones de seguidores en twitter, en Facebook, o en Youtube, ni para ser sociales por el mero hecho de quedar bien con nadie. Algunos nos dedicamos a decir lo que pensamos, y a no preocuparnos ni por un instante por los “followers” de esta o aquella red social, ni por el número de amigos que se supone tenemos en Internet. Yo sé quiénes son mis amigos, y ellos lo saben. Y se cuentan con los dedos de una mano.

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Tampoco tengo tan mal aspecto, normalito tirando a corriente…

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Ama la obra, no al autor

Bien, pongámonos en situación. Un individuo lee la obra de un autor, quien sea. Puede ser un desconocido o el más famoso escritor de la historia. Se enamora del libro, y luego lee otro libro de ese autor, y aún le gusta más. Encontrar un autor nuevo que te enamora es siempre algo fantástico y genial.

A continuación, ante ese interés por la obra, el lector busca datos del autor. Si está ya desaparecido podrá leer biografías, quizás ver vídeos si era contemporáneo, pero poco más. Sin embargo, si el autor está vivo, ¿sería posible contactar con él? ¿Incluso conocerlo personalmente?

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Lectora tras descubrir que su autor favorito es del equipo rival de fútbol

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Explorando y conociendo nuestra hogar: la Vía Láctea

En una noche de 1994, tras un terremoto, se produjo un apagón completo de la ciudad de Los Angeles. La gente salió a la calle. Y descubrió, para su asombro, que una enorme mancha blanquecina recorría el cielo de un lado al otro.

Asustados, muchos vecinos de toda la ciudad comenzaron a llamar al 911, el teléfono de emergencias en Estados Unidos. Algo extraño se encontraba situado sobre ellos. Para muchos, algo siniestro.

Era, por supuesto, la Vía Láctea. El brazo de la galaxia donde vivimos y morimos todos los seres humanos. Ese brazo se conoce como brazo de Orión. La galaxia de la Vía Láctea es espiral, y tiene cuatro brazos.

¿Qué nos pasa? ¿Es que no sabemos reconocer ya ni nuestro propio hogar? Sí, lo he dicho bien: nuestro hogar. ¿La Tierra es nuestro hogar? Claro. ¿Y la galaxia? También. Es un hogar con habitaciones vacías, que llenaremos algún día. Con nuestros anhelos, con nuestros prejuicios, con nuestros miedos, y con nuestros sueños. Pero esas habitaciones, esos mundos, están ahí. Como salimos de África hace 50.000 años, un día deberemos salir un día de la Tierra. Porque, como dijo alguien, la Tierra es la cuna del ser humano, pero ningún ser humano permanece para siempre en su cuna.

Mientras tanto, ¿no sería una buena idea que nuestros hijos conozcan su hogar? ¿Que sepan dónde viven? ¿Que no teman a las estrellas, como esas gentes temieron aquella noche?

Para eso existe algo llamado astronomía de aficionado. Ya lo he comentado alguna vez, y traigo aquí un artículo que preparé hace un tiempo. Hay clubs de astronomía en casi todas partes. Y si no es así, siempre puedes organizar uno. No hacen falta matemáticas avanzadas ni conocimientos de astrofísica. Solo ganas de aprender y de disfrutar.

La galaxia es nuestro hogar. Vamos a conocerla. A explorarla. Y a quererla. Demos una oportunidad a las nuevas generaciones de que sueñen con las estrellas. Que no teman a la oscuridad. Creo, sinceramente, que merece la pena.

Pulsa en la imagen para acceder al artículo para conocer algunos consejos sobre astronomía para aficionados.

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Negando la evolución excepto para tus intereses

A veces, aquellos que hablan defendiendo posturas no científicas cometen errores curiosos, y a veces, hasta divertidos. Un ejemplo es aquel que traigo adjunto a este texto.

En el artículo se indica que una investigación científica parece demostrar que la promiscuidad sexual retrasa el proceso evolutivo de las especies. La razón es la siguiente: si cada miembro de una especie se aparea indistintamente con muchos otros, las posibilidades de acumular cambios significativos en el ADN de los descendientes disminuyen. La razón es que se reparte en un mayor número de miembros de esa especie las probabilidades de acumular cambios en el ADN, que son los causantes del ritmo de evolución de esa especie.

Otras especies, las monogámicas, trabajan en una escala vertical, es decir, transmitiendo cambios sucesivos de padres a hijos. Esto significa que esos cambios se van acumulando de una forma mucho más rápida, y por lo tanto esa especie evoluciona de una forma más acelerada, lo cual permite una adaptación al cambio más eficiente.

Hasta aquí, la noticia. Ahora viene el aspecto curioso: muchos moralistas de carácter fuertemente religioso están aplaudiendo esta noticia, que demuestra que tenían razón al predicar el hecho de que la promiscuidad sexual es «pecado».

Yo no voy a decirle a nadie lo que tiene que hacer con su vida, y por supuesto espero que nadie me lo diga a mí. Pero ¿defender una idea de tipo moral y religiosa basándose en una investigación sobre la evolución? Algo falla, ¿no es así?

Lo que falla es, simple y llanamente, que esas personas son, en su mayoría, las mismas que niegan la evolución como un hecho. Lo llaman «teoría» cuando desconocen que la palabra «teoría» en ciencia no tiene nada que ver con la que usamos de forma coloquial. Una teoría científica tiene unas bases muy sólidas y asentadas, como la teoría de la gravedad o la teoría de la relatividad.

¿Cómo puede una persona usar aquello que niega para defender sus propias ideas? ¿La evolución es buena cuando les es beneficiosa a sus intereses, y mala cuando no lo es? ¿En qué quedamos? Si no aceptas la teoría de la evolución, no puedes usarla para defender cualquier argumento que, casualmente, esté en consonancia con tus principios éticos y morales.

A la naturaleza le da igual nuestras ideas, nuestra moral, nuestros principios. La naturaleza ha funcionado durante 4000 millones de años, y lo seguirá haciendo cuando nos hayamos extinguido, y durante otros 4000 millones de años. El conocimiento y los hechos se abren paso independientemente de aspectos morales y éticos. Si ahora se adora a Dios, antes se adoraba a Zeus, y antes a Isis y Osiris.

Dentro de un millón de años todos esos dioses estarán perdidos y olvidados en las cenizas de esta civilización. Puede que haya otras civilizaciones. Con otros dioses. Pero no serán los dioses que hoy se reclaman como únicos y verdaderos. Cada época de la humanidad ha tenido dioses únicos, verdaderos, y eternos. Eternos, sí. Hasta que han desaparecido.

En cuanto a la especie humana, y si es promiscua o no, mejor no nos preocupemos tanto de la vida de los demás, y atendamos a nuestros asuntos. Si el vecino tiene una amante o es promiscuo es su vida, él sabrá lo que hace. Y mientras la naturaleza siga su curso, nosotros seguiremos investigando el origen de la vida y la evolución, que es lo que realmente interesa, y lo que realmente importa.

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Buscando vida en la luna Encélado

Internet se está llenando, cuando escribo estas líneas, de una noticia sorprendente: la NASA asegura que puede haber vida en la luna Encélado de Saturno. Adjunto una imagen que acabo de sacar de mi propio ordenador, con varias webs de noticias (había muchas más) diciendo exactamente lo mismo: vida posible en Encélado.

Qué titular más magnífico y fantástico, ¿verdad? Desde luego. Lástima que, como era de prever, el interior no sea tan espectacular. La sonda Cassini, que por cierto termina su larga carrera espacial, ha detectado en Encélado la emisión de ciertos gases y compuestos químicos que podrían, en algún aspecto, indicar vida. O ni eso; es cierto que Encélado debe contener calor en su interior. Pero ¿se deduce de eso vida? No. Se deduce que hay condiciones para que pueda haber vida. Son cosas muy, muy distintas.

El periodismo científico, una vez más, se convierte en una máquina de atraer lectores, mediante la desinformación y la tergiversación. La NASA NO ha dicho que haya vida, o que pueda haberla. Lo que ha dicho es que se dan las condiciones para que pudiera haber vida, debido a los compuestos químicos que se expulsan, y debido a la temperatura interior de la luna de Saturno.

Recuerdo una anécdota de los años 50 en relación a Venus. Era así: Venus tiene nubes. Venus está cerca del Sol por lo que es más cálido. Si hay nubes, hay lluvia. Si hay lluvia, hay bosques. Si hay bosques, hay mucha vida animal. Si hay mucha vida animal y calor y bosques y lluvia, hay dinosaurios.

Observación: no veo nada en Venus. Conclusión: dinosaurios.

Luego se vio que esas nubes son tóxicas, que la temperatura es de 350 grados para arriba, y que la presión es de 90 atmósferas. Además de una lluvia constante de ácido sulfúrico.

Como aficionado a la ciencia, soy el primero que estaría encantado de que se encuentre vida en otros mundos. Y los datos de la NASA son muy interesantes. Pero quedan muchos pasos por dar antes de concluir nada. Siento ser un poco aguafiestas, pero las cosas son como son, y están como están. Y nada, ni nadie, va a cambiar eso.

La ciencia se abre paso lentamente, y estas noticias sensacionalistas no ayudan nada a crear un clima de conocimiento basado en el rigor y en el trabajo serio y responsable. Así solo se hace mucho daño a la ciencia. Y a su credibilidad. Algo que debemos evitar por cualquier medio. Ese es el aspecto principal de esta noticia. Luego ya veremos si hay vida, y cómo lo averiguamos.

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Revisión de novelas y grandes textos. La regla 3.1.

Eres un escritor que acaba de terminar su próxima novela, o quizás, tu primera novela. Aparte de los clásicos y evidentes signos de alegría, porque escribir una novela completa (hablamos de digamos unas 50.000 palabras o más aproximadamente), tiene un gran mérito, el trabajo está hecho. Pero solo en parte.

Terminar de escribir la novela nunca debe ser sinónimo de haber terminado la novela. Queda la fase de revisión, que algunos escritores suelen no tener muy en cuenta, pero que es primordial para ajustar los mil matices que quieres darle a tu obra. Un escritor que no revisa su trabajo no puede entregar al lector una obra bien acabada. Casi nadie en su primera versión dispone de una novela para que sea leída. ¿Por qué? Por cuestiones obvias de estilo, de argumento, de desarrollo, uso repetido de términos, frases que no sabe nadie quién las dice, otras en las que se dejan poco claras las intenciones del personaje, etc.

Otros escritores, sin embargo, entienden que deben escribir la mejor obra literaria posible, dentro de sus posibilidades lógicamente, y quieren que el lector disfrute de una lectura amena y bien redactada. Entonces comienza un proceso de corrección y corrección en un bucle infinito, que termina con algo casi tan peligroso como no corregir. Y a eso lo llamamos sobrecorrección. Aquel texto, aquel diálogo, aquella descripción, ¿están bien así? ¿La cambio? Llega un momento en el que te das cuenta de que estás queriendo que quede tan perfecto, que en realidad lo estás estropeando.

¿Cómo evitar estas situaciones? Con la regla 3.1. Recibe este nombre derivado del sistema empleado para la corrección. Someterse voluntariamente a esta regla permite librarse de muchos de esos temores de corregir poco, o de pasarse corrigiendo. La regla 3.1 emplea tres pasos importantes, más uno sencillo (de ahí el nombre) para corregir el texto. Vamos a ver estos pasos.

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Siete pasos para descubrir al escritor de tus sueños

Estamos en la era de Internet. Y dicen que Internet ha democratizado la igualdad de oportunidades. Todo el mundo puede expresarse, y todo el mundo puede mostrar ante los demás sus sueños de ser un gran escritor. En el mundo de la literatura, esto ha supuesto una explosión sin precedentes en el número de material publicado cada semana, incluso cada día. Sean novelas, relatos, ensayos, poesía, cualquier forma de expresión literaria cuenta con decenas de nuevas incorporaciones día a día.

Entre tanto material hay obras pésimas, obras de una calidad media, y obras buenas. Y, por supuesto, de vez en cuando se encuentran obras de una calidad magnífica. Existen por ahí escritores con un nivel realmente sobresaliente. Y los lectores, que no nos conformamos con leer los “best sellers” que nos lanzan las grandes editoriales a la cara, que queremos leer literatura de calidad desnuda y sin filtros, ¿qué opciones tenemos de encontrar material interesante? Es difícil, pero no es imposible.

Yo voy a proponer un método que, personalmente, me funciona bastante bien. Es importante remarcar que no estoy inventando nada, solo aplicándolo según mi criterio personal. Puede que a otros les funcione, puede que no. Pero creo que este sistema, al menos, permite reducir el espectro de posibilidades de equivocarse al buscar a algún autor que pueda ser de nuestro interés. Los pasos son:

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El mapa de la física en el siglo XXI

Para comenzar esta semana me gustaría presentar este gráfico que he encontrado navegando por esos mundos de Internet. Este mapa me ha parecido muy interesante, porque muestra de forma esquemática todos los campos de la física pasada, presente, y lo que se espera encontrar en el futuro, según el conocimiento actual.

Puede verse el grupo de la física clásica, que fue el único grupo hasta el año 1900, cuando Max Planck inauguró la mecánica cuántica con su problema de la radiación del cuerpo negro. La física clásica se usa actualmente en muchísimas situaciones, y sigue siendo útil para una enorme cantidad de situaciones. Sin embargo, existen problemas donde la física clásica sencillamente no funciona. Por eso apareció la físíca o mecánica cuántica y la relatividad general.

La relatividad y la mecánica cuántica son dos mundos todavía separados, y desde hace 70 años se trabaja para unir ambas. Pero ambas son extremadamente eficaces en sus áreas. Por ejemplo, el GPS no podría funcionar si no se aplicase la relatividad general a los relojes que orbitan la Tierra, que se retrasan con respecto a los relojes del suelo. No es que funcionen mal. Simplemente el campo gravitatorio que sufren es menor, y de ahí que funcionen más lentamente. Es así, y si no se tuviese en cuenta, no habría GPS.

La mecánica cuántica, bueno, qué decir. Usted está leyendo esto gracias a la mecánica cuántica. Hace funcionar toda la electrónica actual, y muchos aparatos esenciales en hospitales. Cuando le hagan un TAC o un escáner de positrones o una radiografía o una ecografía o radioterapia o le analicen con un microscopio de efecto túnel entre otros, piense en mecánica cuántica.

Arriba a la derecha está la filosofía. Mucha gente dirá para qué sirve. Respondo rápidamente: sirve para aprender a pensar. La filosofía nos enseña los mecanismos del pensamiento racional. Sin filosofía no hay pensamiento, solo hay datos. La filosofía es la máquina que hace funcionar el cerebro cuando se plantea el universo. De la filosofía nace la ciencia. Sin filosofía, ni hay ciencia, ni hay sociedades, ni hay pensamiento. Es así de sencillo y directo. Así que lo repito: la filosofía es la base de la mente racional.

Y luego queda el abismo de la ignorancia, que es grande, pero se ha estrechado mucho en los últimos tres siglos. Y el futuro, que es apasionante, y que debe responder a muchas preguntas muy importantes. Que serán respondidas, si no hacemos explotar el planeta primero claro. Esperemos que eso no suceda, y podamos crear finalmente una sociedad avanzada y respetuosa con la Tierra y con la vida. Ese sería el mejor colofón para este diagrama, sin ninguna duda.

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