Bueno bueno, después de la dosis de adrenalina que he vivido, junto a millones de personas, por el primer vuelo del cohete Falcon Heavy, de la empresa SpaceX, y ahora que me he calmado, y no estoy saltando entre las lámparas de casa cual mono loco, voy a intentar dar una visión general de lo que significa este vuelo, por qué ha causado tanto revuelo, qué resultados se han dado, qué nos queda, y qué tiene que ver con el no viaje a Marte.
Nota: quede claro que aquí publico una reflexión personal sobre Elon Musk, que no tiene ninguna otra intención más que la de expresar mis opiniones sobre la materia. Muchas gracias.
Actualizado 07/02/2018: la fase de escape (propulsión para salir de órbita) ha funcionado demasiado tiempo, y la trayectoria ya no es Marte, sino el cinturón de asteroides. De todas formas, sigue siendo un éxito. Pero esto nos recuerda una cosa: los viajes interplanetarios no son nada sencillos. Cualquier error puede ser fatal. Hablaremos de ello pronto.
Hoy ha sido un día muy emocionante. Cientos de miles de personas, probablemente millones, hemos estado pendientes del despegue del cohete Falcon Heavy, de la empresa SpaceX, que realiza el primer vuelo de prueba, transportando un vehículo de la empresa Tesla. El cohete tiene ahora el destino a Marte, en un viaje que servirá para verificar que la nave es capaz de transportar hasta veinticuatro toneladas de material hasta la órbita de Marte.
Elon Musk, el hombre detrás de SpaceX, y responsable del proyecto, tenía muchas dudas sobre el éxito de este vuelo, ya que el desarrollo del cohete, que es en realidad tres cohetes Falcon 9 unidos en un sistema único, es tremendamente complejo. Sus veintisiete motores eran un reto, y los rusos fallaron varias veces con un sistema similar.
El cohete ha volado perfectamente, sus etapas primeras se han recogido perfectamente, y todo parece haber ido de la mejor manera posible. Esto es un grandísimo éxito, pero no solo para la empresa, sino para la humanidad. Porque el futuro de la humanidad son las estrellas, y el camino empieza en Marte.
El próximo miércoles 7 de febrero, y hasta el domingo 12, estará disponible a coste cero «Escritores: 12 consejos a olvidar» en Amazon. Este libro condensa doce de mis escritos relacionados con el noble arte de las letras, y en el mismo explico mis propias experiencias sobre cómo llevar a cabo el desarrollo y publicación de un libro.
No va a encontrar el lector a un experto en temas de redacción y publicación, pero sí ideas que, siendo personales y subjetivas, pueden ayudar a otros a navegar con algunas ideas sobre este fantástico pero complejo universo de las letras. Son cuarenta años escribiendo, y viviendo muchas y variadas experiencias, con los libros, con las redes sociales, con las editoriales, con otros escritores noveles, y, por supuesto, con los lectores.
El libro también incorpora tres relatos cortos relacionados con el mundo de la literatura, que muestran algunas ideas que tengo sobre estos temas.
Quiero recordar a los lectores que estos textos se encuentran también en este blog, siendo la ventaja del libro que ahí se encuentran condensados y ordenados, lo cual facilita la lectura. Más allá de eso, el lector decidirá cuándo y cómo quiere leer estos textos, si son de su agrado.
Y, como siempre, muchas gracias a todos por su interés.
La frase de la semana es de la eterna y maravillosa Marie Curie. Una mujer que no solo ganó el premio Nobel. Además, ganó dos. Y los mereció sobradamente, porque la suya fue una vida llena de trabajo, de esfuerzo, de sacrificios, y de lucha por el conocimiento.
Curie era una anomalía en su época. Una mujer en un mundo dominado de forma absoluta por hombres, supo sin embargo ganarse el respeto y la admiración de la comunidad científica. Y lo hizo como ocurre tantas veces: demostrando que una mujer puede hacer el trabajo con un nivel y calidad extremadamente altos.
Actualmente, en un mundo donde la situación de la mujer en la vida laboral ha mejorado ligeramente, pero donde la diferencias son todavía muy evidentes, y los prejuicios enormes, son muchos los que reclaman que el puesto de las mujeres es en casa, cuidando los niños, y en la cocina. Y achacan muchos de los problemas de la sociedad precisamente a la revolución de la mujer, cuando, si una sociedad ha de sobrevivir y mejorar, deberá, en primer lugar, hablar de igualdad. A todos los niveles, y también, igualando al hombre y a la mujer.
A veces dicen algunos: «es que el hombre y la mujer no son iguales». Es cierto. No somos iguales. Hay diferencias anatómicas, psicológicas, evolutivas, de desarrollo, e intelectuales. Pero esas diferencias también se dan entre diferentes grupos de humanos, y entre cada ser humano. Yo soy distinto a cualquier otro ser humano, y cada mujer es también distinta a todas las demás, exactamente como ocurre con todos los hombres.
Conferencia Solvay de 1911, con Curie sentada en la mesa. El segundo por la derecha es un joven Albert Einstein, aparte de otros muchos grandes de la época
Al final, las diferencias son la excusa que algunos dan para querer imponer criterios ajenos al progreso social, cuando, en realidad, son esas diferencias las que enriquecen las sociedades a todos los niveles. Si todos fuésemos clones, entonces ¿merecería la pena valorar la vida humana, en su infinita inmensidad de posibilidades? Que cada ser humano sea distinto es, precisamente, el germen del que surge la capacidad de crear cosas nuevas, cosas importantes, nuevas teorías, nuevas creaciones artísticas, y de abrir nuevos caminos.
Si todos fuésemos iguales, todos crearíamos lo mismo, y el mundo sería gris y oscuro. Y aburrido. Ser distintos nos da la oportunidad de ser mejores, aportando cada uno su punto de vista al progreso de la humanidad.
La frase de Curie en cuestión, que puede leerse abajo, nos deja bien claro que es el trabajo, el esfuerzo, la dedicación, la paciencia, la disciplina, y el coraje de perseverar, es el que crea nuevos mundos, nuevas posibilidades, nuevas metas. El camino rápido y fácil no lleva a ningún lado. Las grandes obras, los grandes logros científicos, la apertura de nuevos caminos, solo se hará mediante un trabajo serio y disciplinado, muchas veces de años, cuando no décadas. Ese es el secreto para el éxito. Todo lo demás son atajos que se disuelven en los dedos.
Y, en este mundo donde todo ha de ser instantáneo, mentes como Curie no tendrían cabida. Y eso es muy, muy peligroso. Porque si ignoramos y rechazamos el trabajo disciplinado y riguroso, estaremos sentando las bases para el desastre como sociedad y como especie. Y eso nunca debería ocurrir. Solo que está ocurriendo. Aquí, y ahora.
Algunas veces llegan noticias curiosas, otras sorprendentes. Y otras, muy amargas. Este último caso es el que he tenido que ver hoy, cuando me he enterado de que el gobierno ultranacionalista de Polonia ha firmado una ley que, por decreto, afirma que no hubo campos de exterminio nazis en Polonia. Además, castigará con penas de prisión a quien diga lo contrario. Sea dentro, o fuera del país.
Quisiera dirigirme al gobierno polaco. Oigan bien lo que digo: En Polonia hubo campos de exterminio nazis.
¿Ven qué fácil? Ahora ya pueden venir a detenerme, o mandar una euroorden, o mandarme un batallón acorazado de tanques, si lo desean. Pero nunca, en mi vida, he visto tamaña falacia desde los tiempos de la guerra fría, relacionados con este delicadísimo asunto del holocausto nazi, promovido por un gobierno que tiene la responsabilidad de salvaguardar la verdad de su historia, por dura que esta sea.
Auschwitz: «el trabajo os hará libres»
La historia siempre intenta ser modelada y moldeada por los gobiernos de turno. Cambiada, transformada, tamizada, y olvidada. Y, para ello, se disponen los medios y la represión que sea necesaria. Pero, ante aquella locura y aquel infierno que supuso el holocausto de ocho millones de inocentes, no existe alternativa: o nos enfrentamos a aquellos que pretenden oscurecer la historia, o nos veremos mezclados con aquella historia, y aún peor, seremos responsables de la historia.
En Polonia hubo campos de concentración nazis. Hubo colaboracionistas polacos del gobierno nazi, como ocurrió en muchos otros países. Y hubo una cacería de hombres, mujeres, y niños, amparada en las leyes de Nuremberg, y en la solución final, desarrollada por Himmler.
¿Qué será lo próximo? ¿Negar el holocausto, como quieren hacer los negacionistas? ¿Justificar a Hitler, y a Himmler, y a Goebbels? ¿Hacer entender que no hubo cámaras de gas?
Es muy importante que estos hechos no se olviden, pero también es fundamental que no se distorsionen. O acabaremos sometidos a regímenes no muy distintos de los que se vivieron en los años veinte a cuarenta del pasado siglo XX, cuando toda Europa, y todo el planeta, se sumió en una guerra terrible, que se llevó la vida de muchos millones de seres humanos.
Campos de concentración nazis en Polonia (Fuente: Wikipedia)
No falla: cada vez que un escritor termina de escribir algo, tenga dos líneas, o doscientas mil, ocurre lo mismo: depresión. ¿Cómo soy capaz de escribir esta basura? ¿Por qué he perdido la inspiración? ¿Qué castigo me envían los dioses desde el Hades de la locura?
No a todos los escritores les pasa, pero seamos sinceros: la mayoría pasan por un proceso que es, por lo general, descendente, y que tiene cuatro fases. Son las cuatro fases depresivas del escritor. Vamos a verlas.
Importante: no me voy a andar con tonterías ni con medias tintas en este texto. Ruego me disculpen. Pero tengo poderosas razones, de las que explicaré alguna.
Hoy ha aparecido una noticia que yo personalmente hacía tiempo esperaba: las chicas de la Fórmula 1, y al parecer de otras disciplinas, desaparecerán de la parrilla de salida, o «paddock» como se dice en inglés. Vamos a hablar de ello claramente, porque hay que apuntalar ciertas cosas de una vez.
Hablaban el otro día en un diario de por qué no nos creemos lo que se nos dice cuando se nos dice algo que no queremos creer. Básicamente, los seres humanos tendemos a crear una serie de principios que modelan nuestra vida y nuestra personalidad, y que es fruto de las experiencias, la cultura, y la educación que hemos recibido.
Cuando no se enseña a desarrollar un espíritu crítico adecuado y adaptativo, tendemos a crear nuestro propio modelo crítico, en el que damos valor a aquello que nos hace sentir cómodos, o, como se dice ahora, «en nuestra área de confort».
En los comentarios, mucha gente criticaba un estudio que quería demostrar que solo creemos aquello que queremos creer, con críticas que indicaban que el estudio solo quería hacernos creer en lo que el estudio quiere hacernos creer, demostrando, una vez más, que un estudio que quiere demostrarnos que creemos solo lo que queremos creer, lleva a muchos a no creer en ese estudio que precisamente pretende demostrar que solo creemos lo que queremos creer.
Deberíamos ser cuidadosos con todo lo que escuchamos y leemos, y no creer cosas por el simple hecho de que concuerdan con nuestras ideas, y eliminar aquellas que no lo hacen. Disponer de un espíritu crítico, saber elegir fuentes, y eliminar aquellas que son tóxicas y manipuladoras, es algo sin duda complejo y difícil.
Porque cada fuente tiene sus propios intereses, pero es evidente que algunos tienen tendencias políticas, pero otros tienen tendencias sociales, que pretenden cambiar a la opinión pública mediante la manipulación directa y la mentira. Hay mucha gente ganando dinero ahora mismo con la mentira.
Y ese es, sin ninguna duda, el problema principal a tratar en estas sociedades modernas e hipercomunicadas. Y créame cuando le digo que este problema cambia poderes constantemente. No lo digo yo; lo dice la historia, que tiene ejemplos claros y concisos.
Actualmente, se sigue hablando mucho del peligro que suponen las ondas de radio. De los wifis, del móvil, etc. Es decir, de lo que se denomina ondas electromagnéticas. ¿Qué son esas ondas? Son las mismas ondas que empleamos con nuestros ojos para ver el mundo, solo que de una frecuencia menor.
No existe ninguna diferencia física entre la luz visible, y las ondas del wifi. Son las mismas. Exactamente las mismas. Solo cambia la frecuencia, algo parecido a una ola de gran altura (mucha energía) o una pequeña ola de playa (baja energía) La segunda no nos hará nada. La primera, nos puede arrastrar sin que podamos evitarlo.
Se dice también que la «radiación ionizante» es la causante de que se produzcan daños en el tejido de los seres vivos. Esto lo sabemos muy bien cuando nos hacen una radiografía. En ese momento, nos exponemos a una poderosa radiación ionizante, formada por los famosos rayos X. Son rayos con muchísima energía, que por lo tanto pueden penetrar nuestros tejidos fácilmente. Esos rayos X están formados por fotones, los mismos que los de la luz visible, pero con muchísima más energía.
El problema, por lo tanto, consiste en lo que se conoce como «radiación ionizante», que no comprende solo las ondas electromagnéticas; partículas con masa pueden ser también radiación ionizante (protones, neutrones, núcleos de átomos, otras partículas pesadas). Entonces, ¿qué es, y qué no es, radiación ionizante?
Naturaleza de la radiación ionizante según el tipo de partícula implicada
Este dos de febrero de 2018 se conmemora el 75 aniversario del fin de la batalla de Stalingrado. Esta batalla, de unas proporciones dantescas y brutales desde cualquier punto de vista, demuestran cómo el choque de dos sádicos sanguinarios pueden llevar a sus respectivas sociedades a un caos sin precedentes en los anales de la historia de la humanidad.
Stalingrado es la némesis del Proyecto Humanidad, y el espejo oscuro en el que cada hombre y mujer de la Tierra debería mirarse, para comprender hasta dónde se puede llegar por la obsesión por el poder, el desprecio a la vida, y el ansia por la dominación. Se suele hablar mucho de quién fue peor, Hitler o Stalin. Es una pregunta estéril. Ambos fueron verdaderos depredadores de cualquier atisbo de racionalidad, de sentido de respeto a la vida, y ambos consumaron un desastre de proporciones inimaginables y sin parangón. Sus respectivas carreras lo demuestran, y solo hay que conocer sus acciones durante sus años en el poder para confirmarlo.
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