La insoportable superficialidad de Facebook (II)

Lo que voy a comentar a continuación es mi experiencia personal. Por ello, no quiero dar a entender de ninguna manera que lo que voy a decir es algo generalizado. Es, simple y llanamente, mi punto de vista. Nada más.

Siempre, ya desde que era un enano, he sido acusado de ser un inadaptado social, y un sociópata. Y es probable que en muchos aspectos mis acusadores tengan razón. Sin embargo, incluso siendo así, creo que tengo motivos suficientes para abandonar Facebook de una forma definitiva. No voy a aburrir el lector con detalles, solo daré la información más básica y relevante.

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Primero: de los amigos que tengo en Facebook, una gran parte de ellos los conocí fuera de Facebook, en una conocida web de simulación aérea y aeronáutica, donde participaba como instructor de vuelo. Allí hice buenos y entrañables amigos, con los que incluso nos reuníamos periódicamente en Madrid, llegando gente de toda España a las reuniones.

Segundo: el otro grupo de amigos que tengo en Facebook son, también, gente conocida en otra web, una red de literatura. Gente con la que también interactúo de forma más o menos constante.

Tercero: tengo, o mejor tenía, una letanía de gente, que no pertenece a los grupos anteriores, con la que nunca he interactuado. Esa gente que, misteriosamente, te manda una petición de amistad desde vaya usted a saber dónde y sin saber por qué, y con la que luego nunca vuelves a contactar. Ellos me ignoraban, yo los ignoraba. Me consta que esto ocurre con mucha gente.

Cuarto: ¿cómo se pueden tener «100 amigos», o «250 amigos»? o ¿»500 amigos»?  ¿Gente con la que nunca hablas, de la que nada sabes, que no te importan, que no les importas, cuyo traspaso de información se reduce a un «me gusta» o dos durante los últimos cinco años? No me refiero a la estrella de cine o de rock claro, o a artistas o científicos consagrados. Me refiero a gente anónima y completamente desconocida como yo, que el único club de fans que he tenido era un grupo de gatos a los que daba de comer cuando era pequeño.

Quinto, y final: dejando aparte el tema de amistades, las fuentes de información en Facebook son, en la mayoría de los casos, falsas, distorsionadas, o simplemente vulgares. Sí, hay gente que escribe cosas interesantes, por supuesto. Artistas, pintores, científicos… Pero a esta gente se la puede seguir perfectamente sin necesidad de hacer nada más que tenerlos en Facebook, y, lo más importante: demostrándoles que valoras su trabajo mediante comentarios. Hablo de comentarios, porque los seres humanos hablamos y escribimos, no ponemos «me gusta» a una pareja o amigo cuando la conocemos. El «me gusta» está bien, pero solo si se complementa con un comentario. Entonces valoras realmente a esa persona. Demasiada gente ve algo, y pone «me gusta» por compromiso sin atender siquiera a lo expuesto. Yo no soporto eso.

La vida no funciona mediante símbolos, mediante dibujos de «me gusta» o caritas. Funciona mediante palabras, y, sobre todo, funciona mediante hechos. El hecho, la acción, es la que define al ser humano. La interacción entre personas no puede, no debe, reducirse a buscar el «me gusta» de los demás. Yo no quiero «me gustas». Yo quiero personas con las que pueda interactuar, hablar, sentir, charlar. Por correo, por Facebook, por WhatsApp, y, por supuesto, de forma personal siempre y cuando sea posible.

Facebook tiene cosas positivas, es indudable, no quiero restar importancia a la utilidad que tiene para personas que tienen familiares y amigos lejanos, y pueden tener un contacto diario. Pero esas personas no basan sus relaciones en Facebook; la red social es un complemento a sus vidas,  no el motivo de estar conectados los unos a los otros.

He conocido a gente muy interesante en Facebook, sin duda. Pero no me voy a dejar llevar por el ruido de la red social, ni por las ataduras que impone. Actualmente tengo un blog de ciencia en Facebook que complementa a este blog, y lo seguiré teniendo por supuesto, porque, como digo, Facebook tiene cosas positivas y útiles, y. no voy a renunciar a ellas. Esa página que tengo en Facebook me permite dar a conocer mis textos científicos, que no literarios. Porque ese es otro aspecto negativo de Facebook: la falta de interés por temas que no sean risas y diversión, y, sobre todo, por temas creativos personales.

Me explicaré: la gente en Facebook, en su gran mayoría, no quiere problemas, ni pensamientos profundos, ni reflexiones. No quiere largas explicaciones. Quiere ruido, noticias rápidas que se leen en diez segundos. Yo no soporto eso. No soporto leer cincuenta noticias absurdas sobre gatitos o sobre viajes en el tiempo o sobre extraterrestres cada hora. Yo quiero material denso, profundo, contrastado, científico, riguroso, que invite a pensar y a reflexionar. No quiero un carrusel de noticias absurdas y distorsionadas, cuando no directamente falsas, cincuenta vídeos de gatitos, y las fotos de los pies de la gente que ha vuelto de vacaciones. Hay gente que se siente feliz con eso, y lo respeto. Yo no me siento feliz. Por otro lado, si escribo una reflexión, o presento algún texto personal, la gente los ignora completamente. Quieren mis chistes, pero no mi mente. Y yo no soy mis chistes, yo soy mi mente, y mis reflexiones. Si no quieres eso de mí, no quieres nada de mí.

Por eso abandono feliz y contento Facebook, aunque sé que por el camino pierdo algunas amistades. Pero las verdaderas amistades de Facebook las conservaré, porque son algo más que un escaparate de falsas risas y falsos «me gusta». Son personas con las que interactúo y con las que disfruto en compañía. Esas personas, seguro, seguirán ahí siempre, porque son amigos, y no necesitan de mis chistes. No quiero sus fotos, ni ellos las mías. Queremos las personas que hay detrás. Y eso es lo que valoro de ellos, y ellos de mí.

He tomado la decisión, y me siento feliz y liberado por ello. Ahora tendré tiempo para reflexionar, para pensar, para salir del ruido de Facebook y volver a experimentar el pensamiento puro y sin esas miles de voces buscando el vídeo del día de la caída del bebé, o de la relación de este con aquel, o del último descubrimiento fantástico que lo cambiará todo, o del agua milagrosa que cura el cáncer. Ahora podré volver a meditar y a sentir que estoy solo, para poder estar en compañía. Aquella compañía que realmente quiera compartir pensamientos y reflexiones. Es hora de volver a usar la mente para la filosofía, la ciencia, y el arte. Es hora de volver a disfrutar de la mente y de la vida. Y no podría haber tomado una mejor decisión.

Nos vemos. Pero, si es posible, no en Facebook, por favor.

Un poco de humor

Siempre hay que creer en el humor. Gestionar un blog de ciencia a veces es complicado, puede el lector estar seguro, y el humor es una válvula de escape muy eficaz. Seguiremos adelante, con pasión y con entusiasmo por la ciencia. Al menos, mientras el cuerpo aguante. Feliz fin de semana, y feliz semana.

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El diario El País desacredita a Einstein

Observo últimamente que está poniéndose de moda, otra vez, desacreditar a Albert Einstein. Hace unas horas he leído un artículo del diario español El País que habla abiertamente cómo un grupo de estudiantes en un experimento demuestran que «Einstein estaba equivocado» en relación a un trabajo realizado en el museo CosmoCaixa de la ciudad de Barcelona.

Evidentemente, ante una afirmación así, que consigue despertarme del tedio de la mañana, leo atentamente la información. Se indica que el experimento tiene que ver con la mecánica cuántica. Como Albert Einstein no creía que la mecánica cuántica fuese una teoría completa, tenemos titular.

Fíjese el lector en cuál es el procedimiento: primero, Einstein no creía en la mecánica cuántica. Segundo, un grupo de estudiantes realizan un experimento en el que interviene la mecánica cuántica. Tercero, el periodista, que de periodista tiene poco, extrae el siguiente titular: si los estudiantes hablan de mecánica cuántica, como Einstein no creía en la mecánica cuántica, los estudiantes están desacreditando a Einstein.

Es decir, el titular de la noticia no es el experimento, más o menos interesante por supuesto, y me parece estupendo y genial que gente joven vea de primera mano experimentos sobre mecánica cuántica. Ojalá se hiciesen más ejercicios como este. El problema es el titular periodístico: no se pretende ensalzar a los estudiantes aplicados, sino remarcar que esos estudiantes están desacreditando a Albert Einstein.

Voy a decir dos cosas: primera: Einstein era un ser humano asombroso. Cometió errores, por supuesto. Pero sus logros son y están ahí, y siguen siendo, cien años después, completamente válidos.

Segundo: este tipo de periodismo hace muchísimo, muchísimo daño a la ciencia y a la cultura científica de los lectores. No podemos dedicarnos a buscar titulares sensacionalistas y tendenciosos. No podemos hacer entender que Einstein se equivocaba. Debemos explicar que Einstein no acertó en la mecánica cuántica, es cierto, pero no diciendo que un grupo de alumnos le desacreditan en una escuela. Eso no es ciencia. Eso es charlatanería y ganas de llenar páginas de sensacionalismo.

Tenemos que explicar a los alumnos los logros, y por supuesto los fracasos, de Einstein. Pero debemos informar de ello de una forma seria y rigurosa. Este tipo de artículos desacreditando a Einstein, o a otros científicos, es un camino hacia el desprestigio de la misma ciencia. Y así no lograremos construir una base de científicos rigurosos y serios con el futuro de cualquier investigación. Tratándose del diario El País, lamentablemente, este hecho se da en demasiadas ocasiones.

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Hola, ¿hay alguien ahí fuera?

Todo el mundo se pregunta dónde están los extraterrestres. La famosa «Paradoja de Fermi» nos explica que en el universo debería de haber miles de especies inteligentes. Y, sin embargo, no tenemos contacto con ninguno de ellos. ¿Dónde están?

Existen varias posibilidades. La más inmediata es que seamos la única civilización inteligente en la galaxia. Al fin y al cabo, el 99,99% del tiempo la Tierra no tuvo capacidad de disponer de seres capaces de comunicarse con otros mundos, aunque sea de una forma digamos «primitiva» como es la radiofrecuencia. Otra posibilidad es que están ahí, pero las comunicaciones tardan siglos o milenios en llegar, y se distorsionan durante el viaje, como el wifi del vecino que nos llega lento y no nos permite bajarnos la película a la velocidad que quisiéramos.

Otra posibilidad es que se oculten, algo que encanta a los conspiranoicos. Los extraterrestres están ahí, pero no se muestran porque la humanidad no está preparada. Esta explicación me parece muy poco probable, pero tampoco podemos descartarla. Podrían estar ahí fuera, pero también podrían estar ahí fuera 300 dragones mágicos escondidos. Es pura especulación.

O podríamos ser los primeros. O los últimos. Alguien tuvo que ser el primero, y alguien será el último. Todo es posible.

Lo que es cierto es que, mientras contestamos a esta pregunta, la investigación sobre posibles mundos sigue. Stephen Hawking declaró poco antes de fallecer que no deberíamos llamarles. Podrían ser violentos. Pero yo creo que una civilización avanzada lo será porque ha dejado la violencia de lado. Claro que esa es solo mi opinión. Quizás hay una Estrella de la Muerte y un Darth Vader ahí fuera. Quién sabe.

Encontrar vida fuera de la Tierra, incluso microscópica, supondría un salto gigantesco para.la humanidad. De repente, no estaríamos solos. Cambiaría nuestra filosofía, nuestra religión, nuestra cultura. Y nuestra visión del universo. Porque, si no estamos solos, si hay alguien ahí fuera, todo es posible. Colaborar, compartir, y crecer juntos. Eso sería genial. Un gran paso para la humanidad. Y para nuestra supervivencia. No estaría nada mal.

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Dime que haces ciencia aunque sea mentira

Continúa la constante cascada de desinformación y mentiras de carácter pseudocientífico en Internet y en Facebook. Noticias que da pena leerlas, no por el tema que tratan, sino por cómo lo tratan y presentan. En esta ocasión, una noticia de Cosmos Magazine, donde “en serio” nos quieren hacer creer que se está trabajando en un motor warp basado en la métrica de Alcubierre. Pero lo peor está al final, y como yo no juego al “clickbait” lo diré ahora: es una noticia de 2014 que se presenta como si fuese de 2016. La fecha del enlace indica 2014. Pero en Facebook lo publican con fecha de noviembre 2016.

Esta noticia no es nueva, pero se reitera y renace de sus cenizas una y otra vez. Vamos pues a dar información real sobre este asunto, una vez más, intentando aclarar la desinformación, o directamente mentiras, que se vierten en el artículo. Vamos a verlo.

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No. La NASA no prepara un motor Warp

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Submarino de la NASA para Titán

Titán, la luna de Saturno, es un cuerpo espacial con características muy interesantes. No solo desde el punto de vista científico, especialmente su geología, su densa atmósfera, y sus mares de metano; también el hecho de que esos mares pudieran albergar algún tipo de vida.

Titán es una especie de minitierra primigenia, que se conserva en lo que fue el estado original de nuestro planeta. Solo por eso la gran cantidad de cosas que podríamos aprender de ese mundo y del nuestro son inimaginables. Y la NASA ha considerado que, además de estudiar su superficie, merece la pena pensar en estudiar sus mares, especialmente el enorme lago Kraken, con una profundidad y tamaño suficientes como para enviar un submarino.

Sí. Aunque suene a ciencia ficción, y de hecho es ciencia ficción, la NASA planea, en un futuro todavía lejano por supuesto, mandar un submarino a Titán. Eso permitiría conocer el interior de tan impresionante mundo, y estudiar si existe algún tipo de vida microscópica en algún hábitat dentro del océano de metano.

Titán contiene además la mayor concentración de hidrocarburos de todo el sistema solar, y es evidente que una empresa minera podría organizar un lucrativo negocio con esos hidrocarburos. Incluso aunque se sustituya la gasolina por otras fuentes de energía, los hidrocarburos, como bien saben los químicos, tienen infinidad de aplicaciones en la industria y en la vida diaria. El acceso a esos hidrocarburos permitiría mantener toda una gigantesca industria durante cientos o miles de años, hasta encontrar algo mejor claro.

Supongo que es de esperar que con estos datos algún escritor de ciencia ficción se motive a escribir alguna historia basada en ese satélite de Saturno, y nos hable de aguerridos mineros y duros jefes de empresas ambiciosos, capaces de cualquier cosa por el control del poder.

Pero mientras esa ficción se convierte en realidad, lo cierto es que Titán promete mostrar sus secretos a los intrépidos que lleguen allá primero, y beneficios a quienes exploten esos secretos. Si a eso añadimos el submarino para hacer turismo, solo falta el spa de metano para tener cubierta una estancia de una semana para los mejores empleados de la empresa y sus familias con todos los gastos pagados. Fabuloso ¿verdad?

Diez errores que no debes cometer al escribir ciencia ficción

La ciencia ficción es para muchos la oveja negra de la literatura. Se encuentra por debajo de cualquier otro género, incluido el género fantástico. Sin embargo, si sueñas con escribir ciencia ficción, quizás algunos de estos diez consejos te podrán ayudar a alcanzar el éxito. Yo no los tuve en cuenta, y por eso he fracasado como escritor de ciencia ficción. Intentaré por ello escribir estas diez ideas para que no te ocurra a ti lo mismo.

Nota: estos consejos son para escritores que escriben en español, el mundo anglosajón, donde la ciencia ficción es muy bien valorada, tiene parámetros muy distintos. Vamos allá.

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Johannes Kepler: de dioses y de ciencia

En esta ocasión he querido traer a este blog la figura de un hombre realmente interesante: Johannes Kepler (1571-1630). Kepler debe ser recordado como uno de los grandes precursores de la ciencia moderna, gracias a las que ahora se conocen como “Leyes de Kepler”.

El propio Newton usó esas leyes como base para escribir su libro “Principia Mathematica”, y revolucionar la física desde entonces. No en vano, cuando Newton dijo la frase “Si he visto más que los demás, es porque estaba apoyado sobre hombros de gigantes” se refería, entre otros, a Kepler.

Pero no es al hombre de ciencia al que me gustaría traer hoy. Sino al místico. Al religioso. Al entregado a Dios. Kepler era un hombre profundamente religioso. Estaba obsesionado con la perfección que Dios había empleado para crear el universo. Pensaba que el sistema solar debía estar basado en los cinco elementos geométricos perfectos griegos (sólidos platónicos), y que las órbitas de los seis planetas conocidos entonces debían encajar con esos cuerpos geométricos. Si Dios era perfecto, y los cinco cuerpos geométricos eran perfectos, las órbitas deberían estar contenidas en esos cuerpos. Cinco cuerpos en órbita de seis planetas. Parecía lógico.

Sin embargo, Kepler no consiguió que los datos de las órbitas de los planetas encajaran con los cinco cuerpos geométricos perfectos. Una y otra vez lo intentó, y fracasó. La obra de Dios no parecía estar en armonía con la naturaleza de los griegos y sus observaciones, ni con el cosmos. ¿Qué ocurría? Kepler sufrió muchísimo con esta contradicción entre suposiciones y realidad.

Y aquí es donde entra a escena el gran salto que Kepler dio con respecto a otros hombres de su época: al final comprendió que, si los cuerpos geométricos no encajaban con las órbitas, quizás era porque, en realidad, el universo no contemplaba esa perfección que pretendía debía tener. Quizás Dios no buscaba la perfección geométrica. Quizás Dios no estaba presente cuando las órbitas de los planetas fueron creadas. Quizás, simplemente, tenía que extraer a Dios de sus observaciones, y reconocer la verdad desnuda del universo: que no obedece a ideas preconcebidas. El universo no atiende a los deseos del hombre. El universo, en definitiva, es como es porque obedece a leyes distintas a las de Dios.

Kepler sufrió muchísimo con esta evidencia. Con este descubrimiento. Pero, a pesar de todo, entendió que debía aceptar la realidad. Su gran logro no fueron las tres leyes de Kepler; su gran logro fue separar ciencia y Dios. Su gran obra fue comprender que la ciencia no requiere de Dios, y es más, que Dios no es necesario para hacer ciencia. Kepler impulsó la idea fundamental de la ciencia: por muchas ideas preconcebidas que tengamos sobre el universo, la realidad es que las observaciones y la experimentación deben prevalecer sobre cualquier idea. No podemos dejarnos influenciar por lo que nos digan, o por lo que creamos. Debemos, simplemente, atender a los hechos. A los datos. A las pruebas.

Kepler rompió la comunión de forma definitiva entre ciencia y Dios, algo que había comenzado con eminentes mentes como Galileo o Copérnico. Eso le hace más grande que cualquier otro logro. Y eso le da un lugar destacado entre los seres humanos más fundamentalmente influyentes en la historia de la humanidad.

Sin duda, Kepler fue el primero. Pero no el último. Hoy día necesitamos nuevos Kepler en el mundo. Gente que nos saque de las ideas y nos lleve a la realidad empírica de la ciencia. Gente que nos enseñe a pensar, a evitar prejuicios, y a ver la verdad desnuda. Una verdad desnuda siempre, cruel a veces. Pero que nos lleve a los hechos, por mucho que nos duelan verlos frente a nosotros. Ese fue el legado de Kepler. Y desde entonces, hemos dado un salto gigantesco. Hora es de dar el siguiente. Antes de que el oscurantismo nos invada de nuevo.

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La insoportable superficialidad de Facebook

Comenzaré diciendo una obviedad: Facebook tiene cosas positivas. Pues bien, esta obviedad, y un millón más, conforman el 98% del panorama del contenido de Facebook. Miles, millones de entradas con obviedades, con tergiversaciones, o con mentiras, sazonadas con vídeos de gatitos, alguna foto de alguna tortura, y los cientos de miles de sueños de artistas fracasados como yo mismo por ejemplo, científicos de tres al cuarto que creen haber descubierto la verdad absoluta, y psicópatas de todo tipo y forma que buscan sangre y vísceras, y sobre todo dolor humano, en cada recoveco de cada perfil que encuentran.

¿Qué le pasa a nuestra sociedad? ¿Es que no hay un espacio para el pensamiento, para la reflexión profunda? ¿Para descubrir la mente y el universo? ¿Podrá la humanidad huir de la superficialidad del pensamiento fácil y rápido, y volver a usar la mente para descubrir conceptos más profundos que algunos absurdos puzles matemáticos que resolvíamos en primaria hace cincuenta años bostezando de aburrimiento?

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Donald Trump, la gran oportunidad de China y Rusia

La llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos no es solo un enorme varapalo para la ciencia y la investigación y el progreso en Estados Unidos. Además de los problemas raciales y xenófobos que supone, y el gigantesco conflicto de intereses comerciales nacionales e internacionales a los que va a someter a su país, tener a una persona ignorante en cualquier aspecto científico, e incluso beligerante con la ciencia, puede permitir que otros países, especialmente China y Rusia, se aproximen, cuando no adelanten a Estados Unidos, en un aspecto que marcará las próximas tres décadas: la conquista del espacio. Si no se hace por evitarlo, Estados Unidos perderá gran parte, sino todas, sus oportunidades.

Veámoslo: Trump es el clásico neoconservador ignorante que ha olvidado las amargas experiencias que su país, y su partido, tuvieron que aprender en los años 30, cuando promulgaban ideas proteccionistas y tenían como lema el famoso “America first”. En aquellos años los conservadores del partido republicano abogaban por una política de no actuación sobre la guerra europea, y de no dar soporte a Reino Unido en su lucha contra Alemania. Roosevelt era consciente no solo de ese error, sino del hecho de que Estados Unidos se vería implicada en la guerra en cualquier momento, y que era cuestión de tiempo que el imperio japonés comenzara una guerra por el control del Pacífico. Incluso después de Pearl Harbor algunos quisieron seguir con esa política, cuando ya era evidente que Estados Unidos estaba implicada en la guerra.

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Vector de lanzamiento CZ-5 de China

 

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