Cuando escribo estas líneas es 1 de noviembre, día de todos los santos, y, como cada año desde hace siglos, la gente acude a los cementerios para dejar flores y recordar a los que se fueron. Costumbres religiosas y costumbristas que yo no sigo, aunque sí mi entorno familiar, en general bastante religioso. Yo soy la oveja negra de la familia (y de la humanidad, dirían algunos). También es un día triste en lo personal, porque casualmente también es el día en que perdimos a un ser muy querido, al que recuerdo todos los días.
Pero heme aquí que yo siempre intento ver el lado positivo de las cosas, y que no me gusta recordar a los muertos, sino a los vivos que se fueron, que no es lo mismo. No visito tumbas, sino que sonrío recordando a los seres queridos cuando estaba con ellos. Por supuesto mis padres, que se fueron de mi lado hace ya décadas. Y a dos seres de mi pasado lejano, que también se fueron en circunstancias difíciles. A una solo pude conocerla brevemente, para vivir el amor más intenso. A otra ni siquiera pude tenerla en mis brazos. Son las cosas de la vida, que lo endurecen a uno, pero que también enseñan a apreciar la vida de forma intensa.
Hoy, como no me gusta todo este ambiente de cementerios y recuerdos, me gustaría traer aquí, como suelo hacer de vez en cuando, algo de música. Trata de una mujer que ha perdido a su padre, y que está sola en el bosque. Le han robado lo poco que tenía, y busca un camino nuevo en su vida.
Se trata de una escena de «Yentl», película de Barbra Streisand, que en su momento me encantó, y lo sigue haciendo ahora. La historia de una mujer que lucha por su derecho a poder estudiar como estudian los hombres, en un mundo donde el conocimiento les está vedado por leyes religiosas que no tienen nada de sagradas, ni de divinas.
Una película con un mensaje importante de superación, y con una voz impresionante como es la de Streisand.
La vida, como vino se va. Pero eso no es lo que importa. Lo que importa es vivirla con amor, con pasión, y con intensidad. Luego lo que venga está por ver, no importa. No deje que los sueños de una vida eterna conviertan esta vida en una pesadilla. Para el otro mundo ya habrá tiempo. Ahora toca vivir este mundo. Disfrútelo. Cada segundo de la vida merece la pena.
Traigo hoy un pequeño comentario de Medea, personaje de «Las entrañas de Nidavellir II: Promakhos». Medea es la madre de Fidias, y ambos se encuentran en un campamento de refugiados tras la destrucción de Atenas por las tropas persas del emperador Jerjes I, en el 480 a. C.
Sandra contacta con ellos en una pequeña tienda una noche, mientras viaja a Atenas junto al general Arístides. Allí conocerá a Medea, y a su hijo Fidias, que quedará prendado de su belleza, y le prometerá crear la más hermosa estatua del mundo si les ayuda en la lucha contra los persas. La madre, mientras tanto, teme que su hijo lleve a cabo su promesa de ir a luchar contra las tropas invasoras, al haber perdido ya a su marido.
Promakhos es la segunda parte de «Las entrañas de Nidavellir» y duodécimo libro de la saga Aesir-Vanir.
Hablando con mi hermana, le comentaba el viejo chascarrillo que dice que, para convertirse en un escritor inmortal, primero debes morirte, y así podrás disfrutar del éxito que siempre estuviste esperando en vida.
Y es verdad que, en más casos de lo que podríamos esperar, escritores, y otros artistas, y también otras personas que han tenido una actividad importante en la vida en forma de contribución a la humanidad, son reconocidos solamente tras la muerte. «Qué gran artista ha perdido el mundo» se dice, mientras en vida fue ignorado.
Es algo eterno, e inmortal, en el ser humano. La necesidad de perpetuarse en el tiempo se consigue mediante las obras, porque el cuerpo desaparece para siempre. Pero, abriendo un libro de un antiguo escritor ya desaparecido, lo traemos de vuelta. Nos habla, nos enseña, y nos guía en sus enseñanzas, en sus logros, en sus miedos, y en sus sueños.
Al fin y al cabo, los muchos miles (miles) de escritores que constantemente aparecen en las redes sociales presentando su magnífico libro, irrepetible y que no podrás dejar de leer, con una historia diferente que te atrapará de principio a fin, no esperan otra cosa más que la inmortalidad. La inmortalidad y un reconocimiento que, en la inmensa mayoría de los casos, nunca llegará.
Yggdrasil, el árbol que une los nueve reinos del universo en la mitología nórdica
Desde hoy (viernes 20 de octubre) y hasta el domingo, está disponible para descarga gratuita la versión ebook de «Escritores: doce consejos a olvidar, y tres historias desesperadas». Se trata de una recopilación de los textos sobre literatura que más han interesado a los lectores, más tres relatos relacionados con el mundo de la literatura.
En este libro puede tenerlos a mano en un solo documento, lo cual siempre es una comodidad para llevar en el lector de libros, si usted gusta de estos dispositivos. Yo siempre lo digo: no elija entre papel y electrónico: use el que quiera, o use ambos, porque ambos tienen sus ventajas y desventajas.
Yo ahora tengo que empezar el decimotercer libro de la saga, pero por temas profesionales y personales no he podido. Comenzar a escribir un nuevo libro es una ceremonia, y requiere de un estado mental que yo ahora mismo no poseo. Pero no importa, los libros que faltan de la saga ya están escritos. Solo espero poder vivir lo suficiente para poder transcribirlos a un medio de lectura. Pero eso, como ocurre con el futuro, es un misterio.
De momento, la saga está completa en gran parte, y eso ya es una gran alegría y fuente de satisfacción para mí. No quería marchar de este mundo sin dejar al menos una parte de la saga Aesir-Vanir terminada. Ahora están terminadas dos partes de las tres. ¿Es suficiente? No, pero tampoco está nada mal.
Como siempre, gracias a todos los lectores por sus comentarios y opiniones. Son la savia que hace vivir a un escritor. Un abrazo.
Mi país es el infinito. Y mi momento es ahora. No porto banderas ni estandartes. No creo en dioses que ocultan el miedo del ser humano al futuro y a su confianza en sí mismo.
Mi único compromiso es con la verdad y el conocimiento. Mi único enemigo, la ignorancia y la arrogancia. Y mi camino es un océano infinito donde no existen las fronteras. Puedo caminar junto a miles, o puedo caminar solo. Pero nadie adoctrinará mis pensamientos, ni mis ideas.
Cuando marches, no andes el camino; sé tú mismo el camino. Abre nuevas rutas por ti mismo, y verás cosas que nadie ha visto. Ese es mi sueño. Esa es mi meta.
Hoy estoy vago, más incluso de lo habitual. Estaba repasando los artículos de este año más leídos. Por cierto, hace un mes que hemos superado las lecturas de todo el año pasado, así que no puedo más que agradecer a los lectores su interés por esta página. Si ahora me invitan a una cerveza y olivas mi felicidad será total.
Es broma. Pueden saltarse las olivas. En cualquier caso, como hoy no estoy inspirado, creo que es bueno recordar ese texto, que habla de cómo fracasar como escritor. Yo, como experto en fracasar como escritor y como persona, puedo dar fe que fracasar es un trabajo duro, que requiere constancia y dedicación.
Este texto se basa en mis tiempos cuando aún estaba metido en grupos de literatura de Facebook, de los que ya me he borrado, en un ejercicio de limpieza mental que me era muy necesario.
Puede leer el lector el artículo en este enlace. Fracase en la vida de vez en cuando. Es bueno para darnos cuenta de que el fracaso enseña muchas cosas, generalmente más que el éxito. Fracase; dese de bruces contra el suelo y la realidad, y habrá dado el primer paso para el éxito. El segundo paso lo explicaré cuando yo mismo lo haya averiguado. Feliz semana.
Bueno, pues después de que Cataluña celebrara su no sé sabe muy bien la independencia en forma de República, que puede que sí, que puede que no, que puede que un ratito, que puede que si eso ya luego lo veremos, vamos a poner un poco de música para este puente del 12 de octubre, que no sé si es día de la Hispanidad o si es bueno o es malo, pero por lo menos es festivo y puedo estar con mi perrita y pasear por la playa, que con eso y a mi edad ya estoy más que satisfecho.
Siempre he dicho que cuantas menos banderas y más libros mejor funcionará el mundo. No quiero decir que haya que eliminar todas las banderas, pero todo en exceso es demasiado, sean banderas, o sean libros. Y, en el caso de las banderas, sean del color que sean, veo demasiadas últimamente. Cuando tenemos que andar ondeando la bandera en respuesta a otros ondeando otras banderas, es que tenemos un problema. Esto es así, y es un síntoma de que algo definitivamente no funciona. Los pueblos estamos para estar unidos, para viajar juntos y progresar juntos, para que nuestras banderas nos unan, no para que nos separen. Cada uno por su senda, pero todos en la misma dirección: la del progreso, la de un mundo mejor, la de mayor prosperidad para todos. Sea en catalán, en español, en inglés, o en la lengua que usted desee.
Como algunos de los lectores saben, vivo en Cataluña, y conozco a algunos independentistas que han quedado profundamente decepcionados por lo ocurrido el pasado día 10 de octubre, cuando se suponía que se declaraba la independencia. E iba a ser así, pero Puigdemont recibió una serie de llamadas, y es evidente que cambió el discurso. Ya lo dije en una entrada anterior: no es España, sino Europa, quien marcará el rumbo de este asunto. No porque yo quiera o deje de querer, yo lo que quiero es que nos entendamos todos. Pero Europa no puede abrir la caja de Pandora con Cataluña, porque eso supone iniciar un proceso en otros puntos del continente. Por eso el President Puigdemont tuvo que frenar, y hacer algo que considero absurdo: proclamar la no independencia de Cataluña. O proclamarla pero poquito. O proclamarla en diferido. O yo qué sé qué hizo, de hecho no lo sabe nadie, incluyendo a su propia gente.
Hay mucha decepción por aquí en Cataluña entre los independentistas, lo sé porque he hablado con varios de ellos, que estuvieron durmiendo en las escuelas y portando urnas y controlando que no llegara la guardia civil. Ahora se sienten desamparados y, por supuesto, traicionados. Como decía mi madre, «para este viaje no hacían falta alforjas».
Yo sigo con mi tesis: vamos a ver si nos entendemos todos, y volvemos a la senda del diálogo, y a cambiar una constitución que, después de 40 años, se ha quedado obsoleta en ciertos aspectos. No en todos, pero el mundo ha cambiado mucho. Yo recuerdo el día en que se votó aquella constitución. En 1978 no se podía pedir más, se salía de un régimen dictatorial y ya era mucho tener una constitución que declarase aspectos clave de un pueblo libre.
Todo eso estuvo bien dentro de lo que se podía hacer. Claro que no era perfecta, claro que hubo que hacer concesiones. Ya hubo dos golpes de estado, uno de ellos era muy poderoso y organizado que no llegó a activarse, la «Operación Galaxia». El otro fue más incluso más patético, el de Tejero. Ambos eran signos de que las cosas se podían torcer en cualquier momento. Por eso, insisto: se hizo lo que se pudo. Ahora toca mejorar, porque nada es eterno, y todo puede y debe mejorarse. Con democracia, con parlamento, con acuerdos, y con ganas de crear un país mejor para todos, y donde todo el mundo quepa y tenga su sitio.
Una última cosa: mucha gente dice que las autonomías son el motivo de todos estos problemas, el origen de todos los males. No, sinceramente creo que no es exactamente así. Lo que creo es que es la gestión que se ha hecho de las autonomías lo que ha fallado. Las autonomías son un remedo de un estado federal, y fíjese usted, algunos de los países más importantes del mundo son federales. Eso no quiere necesariamente decir que España deba ser un estado federal, pero sí quiere decir que un estado federal tiene unos mecanismos de organización por territorios que son funcionales y operativos. El ejemplo clásico es Estados Unidos, pero podemos poner otros, como Alemania o Suiza.
Sea como sea, el tipo de organización política que nos pongamos debe ser siempre el de tener objetivos muy claros: vivir con concordia, con acuerdos, con diálogo. Vamos a construir un país que funcione, que sea moderno, culto, educado, formado, con industrias modernas y sofisticadas, con investigadores que puedan hacer su trabajo en condiciones, y con un desarrollo artístico y cultural de gran nivel, porque tenemos artistas de renombre, y los hemos tenido siempre. Un poco de voluntad, de entusiasmo, de ganas de arrimar el hombro todos juntos, con nuestras diferencias, que siempre existirán, pero unidos en el deseo de construir un mañana mejor para todos.
¿Sueños? ¿Fantasías? No. Eso no son sueños. Eso son deberes que debemos ponernos todos ya. Para evitar seguir en estas eternas peleas que no llevan a ningún lado.
Y vamos con la música. En esta ocasión, algo de Sheryl Crow, la banda sonora original de «Cars», de Pixar, que ella interpreta exquisitamente. Ya sabe el lector que estoy enamorado de ella. Cómo no estarlo siendo la artista que es.
Feliz 12 de octubre, y celébrelo como quiera, o no lo celebre. Pero en paz y con alegría, que de eso trata la vida. Un abrazo.
Cuando era pequeño, los chavales coleccionábamos cromos, algo que también se hace ahora, aunque ahora son casi siempre digitales. Aquellos eran de papel, y se pegaban con pegamento en pequeños libros, donde había que ir coleccionando cada uno de ellos, hasta completar el álbum.
En el autobús, de camino al colegio, o en el patio, intercambiábamos cromos. Pero atención, no todos los cromos valían lo mismo. La empresa que los fabricaba sabía y conocía la ley de la oferta y la demanda, y fabricaba más de unos tipos, y menos de otros. Finalmente, algunos eran muy difíciles de encontrar, y podíamos dejarnos una buena cantidad de dinero comprando sobres, hasta dar con el preciado cromo casi imposible. Si alguien lo tenía repetido, tenía un tesoro en sus manos. Podíamos darle hasta tres o cuatro canicas, pero no cualquier canica, de las de cristal con dibujos dentro, todo un tesoro del que nos desprendíamos para conseguir el preciado cromo.
El mundo se mueve así. Todo es intercambio, y hay más recursos de un tipo que de otro, y cuantos más chicos interveníamos en ese intercambio, mayor cantidad de posibilidades de que todos acabásemos con nuestros libros de cromos completos. Un tesoro de un valor incalculable. Con aquello aprendimos que terminar una obra lleva tiempo, cuesta dinero, cuesta un esfuerzo, y requiere el intercambio de cuantos más coleccionistas mejor. En definitiva, aprendimos que, cuanto mayor es un mercado, y cuanto más dinámico es, mayores posibilidades de obtener triunfos. Además, aprendíamos en el camino. Había una colección llamada «El por qué de las cosas» que explicaba cosas curiosísimas, como que Marte era un planeta, o que el Sol era realmente una estrella. ¡Maravilloso! En muchos nacía el interés por la ciencia y la naturaleza.
Hoy en día, al parecer, los países quieren coleccionar sus álbumes encerrados en ellos mismos. Quieren comprar sus cromos ellos solos, no compartirlos, y no admitir los cromos de otros, aunque en muchas ocasiones, esos otros tengan los cromos que nos faltan. Pero esos países no admiten esos cromos, porque vienen de fuera. Son «extranjeros», y aunque les demuestres que tus cromos son tan válidos para terminar el álbum como los cromos del otro, muchos países han decidido dejar de compartir cromos. Creen, en una falacia absurda, que tiene más valor terminar de rellenar el álbum sin ayuda. No saben que las posibilidades de rellenar el álbum sin ayuda de otros compañeros es muy difícil, y que, si se consigue, el coste va a ser enorme.
Compartir riqueza, conocimientos, e ideas, entre pueblos de todo el mundo, permite a cada país crecer de forma armónica y constante. Tender puentes entre pueblos ayuda a desarrollar nuevas ideas, porque cada parte aporta su visión concreta de un problema, y, entre todos, un problema determinado se soluciona antes, en menos tiempo, con menores costes, y con mejores resultados.
¿Por qué no se hace así, entonces? Porque los niños-países se han vuelto egoístas y egocéntricos. Les han explicado que los cromos auténticos son los suyos, y los otros, imitaciones sin valor, simplemente, porque vienen de fuera. Les han explicado que hay que hacer las cosas solos, sin ayuda, sin compartir nada, sin buscar una mano de fuera que pueda aportar lo que nos hace falta.
Tenemos que cambiar eso. Tenemos que convencer a esos niños-países que intercambiar cromos es una buena idea. Que los álbumes se han de rellenar con el menor esfuerzo posible, y el menor coste posible. Y eso solo se consigue hablando con los demás, y viendo sus cromos, y mostrando los nuestros. Entonces, todos tendremos nuestros álbumes terminados, y podremos disfrutar de una obra construida entre todos.
Volvamos a los cromos compartidos. Y construiremos un mundo mejor para todos. Dejemos los muros y las alambradas. Tendamos puentes de intercambio de ideas y sentimientos. Ganaremos todos. No perderá nadie. Y mostraremos nuestro álbum de cromos con orgullo.
No creo que sea tan difícil. Lo hacen difícil, pero no es así. Nos quieren engañar con que compartir no es bueno. Con que hay que ser autosuficiente. Mentira. Somos más cuando más somos. Somos más cuando más abrimos nuestras ideas y nuestros sueños a otros, y otros hacen lo mismo con nosotros. En un mundo unido que comparte un futuro común y mejor para todos.
Vamos a compartir cromos. En el patio. En el autobús. Y en la vida. Ese es mi sueño.
Yvette debe dar un discurso a toda la galaxia. Para ello, debe conectarse, en una sala especial de comunicaciones, a miles de millones de seres de toda la galaxia. La guerra continúa, y sus consecuencias destrozan millones de vidas. Ella ha sido elegida para demostrar que la humanidad no es ese monstruo que parece ser. Que la humanidad tiene también un lado positivo, una peculiaridad de bondad, de paz, de progreso.
Yvette está desesperada. Se suponía que ella iba a trabajar un año en Titán, en un proyecto de ingeniería muy bien pagado. Pero las cosas se habían complicado. Ahora debe mostrar su mente y su alma a toda la galaxia, y la galaxia hará lo mismo con ella…
Este es un fragmento de «La leyenda de Darwan III: los dientes de Fenrir». En el mismo, el Presidente, el líder de una sociedad increíblemente avanzada, habla con Helen, proclamada líder de un grupo de seres humanos, que luchan en una guerra casi eterna y desesperada. Ambos mantienen una conversación sobre las causas de la guerra, y sobre todo, sobre las consecuencias.
— No estoy bromeando – prosiguió el Presidente. — Pero hay una diferencia importante: tú eres una líder innata. Y un ser razonable.
— ¿Un ser razonable? Ahora es cuando empiezo a preocuparme de verdad, Presidente. Si dices eso de mí, es que estás realmente desesperado. – El Presidente se mantuvo en silencio unos instantes, mirando fijamente a Helen, que sintió una fuerza enorme, pero que no venía ni tenía nada que ver con poderes mentales.
— Sal de esa coraza, Helen – dijo finalmente el Presidente. – Sal ya de esa coraza. Tú quieres la paz tanto como nosotros. – Helen se quedó fría.
— ¿La paz? ¿La paz has dicho? – gritó Helen. – ¡Naturalmente que quiero la paz! ¡Y unas vacaciones en las Islas Maldivas! ¡La paz! ¿Eres capaz de entender, con esos dos maravillosos cerebros que tienes, que llevo tres mil millones de años viviendo en una situación de guerra constante? Perseguida, acosada, torturada por tu gente… ¿Recuerdas que me trajeron a este universo desde la tumba para combatir contra tus antepasados? ¿Crees que estamos satisfechos, o contentos, o que somos felices, con todo esto? —gritó Helen. La sala quedó completamente muda. Ni siquiera el resto de LauKlars se atrevieron a comentar nada mentalmente. Karl miraba asombrado a Helen.
— Lo sé – respondió al cabo de unos instantes el Presidente tranquilamente. – Sé todo eso. Sé lo que quieres decir.
— ¿Estás seguro? ¿Completamente? – preguntó Helen con ira.
— Completamente. Por eso, por ti, y por tu gente, y por todo lo que habéis pasado, vas a tener que dar un paso adelante. Por ti, y por tu pueblo. Vas a tener que aceptar la paz con los LauKlars, y con el resto de especies de la Galaxia. Debes saber que, habiendo creado el caos y traído el dolor a mi especie como nunca lo hubiera imaginado, mi primer impulso sería llevar la guerra a la especie humana hasta sus últimas consecuencias. Y es entonces, cuando pienso en las últimas consecuencias, cuando veo, y entiendo, que es necesario terminar con todo esto. Porque las últimas consecuencias son tan horribles, tan horrendas, que la conclusión lógica es esta: solo la paz puede ser menos dolorosa que continuar una guerra que terminaría con cualquier esperanza para toda la Galaxia.
Helen suspiró. Y luego, al cabo de un momento, susurró una frase: “no hay un camino para la paz; la paz es el camino”.
— ¿Qué decías, Helen? – preguntó el Presidente.
— Nada, recordaba una frase de un antiguo líder humano de la Tierra en lo que llamamos el siglo XX.
— Debes escuchar a esa voz.
— ¿Escuchaste la frase?
— Naturalmente, Helen, podemos leer vuestros pensamientos formados. ¿Acaso lo has olvidado?
— No. No lo he olvidado.
— ¿Y qué vas a hacer?
— ¿Quién me va a convencer de algo así, Presidente? ¿Quién me va a convencer de que un hipotético camino a la paz es mejor que la guerra, especialmente cuando Deblar tiene en este momento el triunfo tan cerca?
— Yo lo voy a hacer. Y además, tú lo vas a aceptar, y vas a luchar por ello, con todas tus fuerzas y todas tus energías. Deblar no tiene tan cerca su triunfo. No estamos en una posición fácil. Pero tenemos opciones.
— ¿Qué opciones?
— ¿No lo ves, Helen? Que estemos aquí, hablando, es lo peor que le puede pasar a Deblar. Esa es ya una opción. Pero hay más.
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