Más allá de la saga Aesir-Vanir

Cuando escribo estas líneas, septiembre de 2016, estoy trabajando en la segunda parte de “Las entrañas de Nidavellir” que se publicará en diciembre de 2016 si no pasa nada, solo en plataformas de pago. En Entreescritores me han tratado de forma maravillosa, pero quien quiera conocer mi trabajo ya tiene ahí material de sobra.

El resto de la saga, tanto esta obra como “Yggdrasil” y la nueva trilogía no estarán en plataformas gratuitas. Claro que habrá que ver si puedo escribir esas obras, ese es otro tema.

¿Y luego? Luego la saga quedará cerrada con quince libros. Me hubiese gustado narrar los hechos acaecidos en los siglos XXIII y XXIV, cuando se enfrentan Zeus y Odín por el control de la Tierra, mientras los androides llevan a cabo su propia guerra, y ello lleva a un conflicto que se extiende por todo el Sistema Solar.

De esas guerras nacen las Crónicas de los Einherjar que se comentan en “La insurrección de los Einherjar”. Sandra preserva a la humanidad en Nueva Zelanda, intentando desesperadamente mantener el número suficiente de humanos como para repoblar la Tierra, siempre luchando contra las ecuaciones de Scott, que sigue viviendo durante esos siglos escondido, tras el fin de la Operación Folkvangr a principios del siglo XXIV.

También escribí un texto sobre el origen del personaje de Scott, ambientado en 1979. Pero se tenía que ceñir a ciertos parámetros editoriales de una obra de varios autores que hicieron que el texto fuese bastante lamentable, y nunca lo publiqué. He pensado en mejorarlo varias veces, pero siempre ha quedado en una idea que no creo que termine siendo real nunca. Por otro lado, la editorial, como todas las editoriales que me han propuesto publicar, que son varias, finalmente dejó el libro de lado. Es curioso, cuántas editoriales, incluso con contratos firmados, han pasado por mi correo, y al final desaparecen en la nada. Firmas el contrato, y ya nunca se vuelve a saber nada de ellos. Misterios de la vida.

Tengo más ideas, pero son bosquejos que no merece la pena comentar aquí. En todo caso, quince es una buena cifra, pero no sé si podré alcanzarla. Mi objetivo es presentar “Las entrañas de Nidavellir II: Promakhos” en diciembre de 2016, y el resto, los otros cuatro, si puedo escribirlos, será sin duda un regalo de los dioses. Yo me sentiré satisfecho, y podré irme tranquilo de este mundo, habiendo terminado “Promakhos”, un libro que está siendo especialmente complejo, y del que no tendré además comentarios por parte de los lectores, por lo que nunca sabré si terminó siendo de interés o no del lector. Será uno de esos misterios que nos llevamos al otro mundo. Pero no importa, habré terminado el trabajo y podré, como suele decirse, descansar en paz.

Sí puedo decir, y eso es verdad, que los pocos lectores que he tenido estos años han sido fieles, y han seguido con interés el desarrollo de la saga. Los comentarios están ahí, en Entreescritores, y no todos son hermanos o primos ansiosos por quedar bien conmigo. Alguno hay que es gente desconocida, pero que tiene una opinión positiva de la saga.

Yo con eso me conformo, y si he podido hacer disfrutar a ocho o diez lectores fuera del círculo familiar, eso es mucho más de lo que podría haber logrado antes de esta era de Internet y comunicaciones. A todos esos lectores les agradezco profundamente el haberse interesado por mi trabajo. Muchas gracias.

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Portadas de “La leyenda de Darwan” que iniciaron la saga

Fanatismos y libros, antónimos por naturaleza

Una interesante reflexión de Voltaire, uno de los principales baluartes de la Ilustración, aquella corriente que, qué locos ellos, promovía la razón como herramienta para la consecución de un mundo mejor.

Hoy, que vivimos una profunda crisis de valores, de cultura y de desarrollo personal e intelectual, propios de situaciones donde el ser humano es arrinconado y tratado como un producto, debemos llamar la atención de la degradación que supone convertir la educación, la cultura, la ciencia, el arte, en meros juguetes despreciados por las masas. Un desprecio que nace de la falta de educación en valores y formación de las personas, algo que gobiernos de todos los colores promueven con entusiasmo. Nada es más fácil de controlar que un individuo que no sabe nada, que no lee nada, y sobre todo, cuyo espíritu crítico y reflexivo es anulado.

Un ejemplo claro es la eliminación de la filosofía de las clases, algo que degrada a un país hasta extremos inimaginables. Los únicos valores son los del poder, el control, el dinero, y la fuerza. Por supuesto, dejando al hombre como un ente superior a la mujer, y a la especie humana como una pretendida elegida por una entidad superior, que es usada para, de nuevo, manipular a las masas.

Nos quieren necios. Nos quieren ignorantes. Las librerías cierran. Las bibliotecas se vacían. Los colegios se llenan de competidores con el único afán de aprender a ser los primeros. Luego en casa la tele se preocupará de terminar de idiotizar al joven con programas que solo pretenden embaucarle en unos valores degradantes.

Los libros yacen solos, llenos de polvo, en las estanterías. Leer es algo incomprensible para la mayoría, y el conocimiento es visto como un peligro, ya que crea “científicos” que son entidades “que engañan y manipulan”.

Luego ellos mismos se sorprenden de los fanáticos y sus fanatismos que ellos mismos han creado. Casas sin libros, que es como decir casas sin alma. Ese es el legado del siglo XXI. Espero que nazca algún día una nueva Ilustración. De verdad que lo espero.

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Cuando le alegran a uno el día

Siempre es agradable que alaben el trabajo de uno, y no nos engañemos: los escritores, como todos los creativos, queremos respuestas positivas de nuestro trabajo. Yo no soy una excepción, ni peco de falsa modestia. Busco siempre el equilibrio entre el entusiasmo y la depresión, algo muy difícil en el mundo del arte. Los creativos somos muchas veces bipolares, y yo me incluyo por supuesto. Y difíciles, y también me incluyo en esa lista.

Soy, sencillamente, un apasionado de la literatura, que escribe con la pasión de contar historias que sean interesantes y amenas. Escribo para los demás. El lector es mi objetivo.

Por supuesto, también recibo comentarios negativos, cómo no, y menos mal, porque si no fuese así, algo raro pasaría. No todos son comentarios de familiares o amigos, tengo incluso algún lector desconocido. Y siempre procuro analizar esos comentarios negativos que, si son con ánimo constructivo, permiten reflexionar sobre los errores cometidos, para intentar evitarlos en el futuro. Es imposible evitar todos los errores, y cada nuevo libro es un borrón y cuenta nueva. Y no me dejo llevar por comentarios con ánimo de hacer daño. Son pocos, pero existen.

Al final, como todo en la vida, el equilibrio es lo importante. Sentirse orgulloso de tu trabajo, sí. Creerte Dios por ello, nunca. Aceptar críticas, siempre. Reconocer las sinceras de las que solo buscan dañar, es algo muy difícil a veces, pero seamos sinceros; sabemos cuándo nos tocan el punto débil. Sentirse deprimido, nunca. Ni somos dioses, ni somos gusanos.

Yo no tengo muchos lectores, pero tengo la suerte de que  los que tengo son en su gran mayoría sinceros y muy claros. No tienen nada que perder criticándome, y yo tengo mucho que ganar leyendo sus críticas. Quizás por eso, al no ser un escritor conocido, el lector que por casualidad lee  un libro que he escrito me dice lo que le sale del corazón. Y eso vale oro.

Cada palabra de ánimo es como llenar el depósito de gasolina del entusiasmo. Con esa gasolina espero llenar muchos libros. Muchas gracias.

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“Los propios dioses”, cuando Asimov toca el cielo

Para estos días de agosto, os voy a recomendar “Los propios dioses” de Isaac Asimov. Aunque el propio Asimov dijo que no estaba satisfecho con el resultado, lo cierto es que ganó los más importantes premios de novela de ciencia ficción.

“Los propios dioses” es una novela que juega con conceptos de mundos paralelos y aproxima conceptos de la teoría de cuerdas, en un momento en el que la teoría de cuerdas sencillamente no existía, excepto por unos estudios preliminares sobre cromodinámica cuántica que permitían gestionar el concepto de campos gravitatorios (que es como comenzó a desarrollarse la teoría de cuerdas).

Una obra sin igual, que es una demostración más de que superar a Asimov se hace imposible para cualquier escritor de ciencia ficción. No veremos a un sustituto de Asimov en muchas décadas. Sus obras son demasiado ambiciosas, demasiado precisas, demasiado detallistas, y la suma de todas sus obras conforman una historia de la humanidad urdida con el detalle de quien teje una delicada tela. Para mí, sin ninguna duda, es el mejor escritor de ciencia ficción de todos los tiempos.

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Nuevo comentario de “La leyenda de Darwan”

Siempre se suele hablar que el éxito de un escritor reside en las ventas y la popularidad de sus obras. Es cierto que es así como funciona el mundo: dinero y fama. También es cierto que a casi nadie le molesta obtener dinero y fama.

Pero no podemos olvidar un aspecto muy importante de la literatura: son muy pocos, realmente muy pocos, los que, gracias a sus libros, van a poder vivir de la literatura. En general, la inmensa mayoría de escritores pasaremos por el mundo literario con pocas o ninguna ventas, con pocos lectores, y sin duda, sin ninguna mención en los libros de la literatura. Observo siempre asombrado cómo mucha gente se enfada cuando ven que sus libros, tras ser presentados, son rápidamente olvidados, cuando no enterrados directamente en el mar de nuevas obras que se presentan constantemente.

Ante esa situación, ¿qué nos queda como escritores? Algo muy, muy importante, realmente fundamental. Nos queda la savia de la literatura, el arjé, el principio básico de todo escritor: los lectores.

Y es que, ante el ansia de ser famosos, de ser conocidos, de vender millones de libros, de firmar autógrafos mientras las masas se arremolinan a nuestro alrededor, nos olvidamos de lo esencial: los comentarios de los lectores. Lectores sinceros, que escriben desde el corazón, que se expresan con total libertad, que no son la madre, el hermano, la pareja. Gente que pueden ser del otro extremo del mundo, y que, gracias a Internet, lee nuestro libro, y expresa las emociones que le ha provocado nuestra obra.

Yo, en ese sentido, y lo digo con total sinceridad, no puedo sino sentirme plenamente satisfecho. La trilogía de “La leyenda de Darwan” fue número 1 en la red literaria Entreescritores, y ahora que vuelve a estar disponible, vuelven los comentarios sobre la obra. Y, sinceramente, no puedo sentirme más satisfecho. Llegar a casa, encontrar un correo, y ver que alguien, al que no conoces de nada, te dice cosas como las que se adjuntan aquí, eso no tiene precio. Ni un millón de ventas pueden igualar un solo comentario como el que han dedicado a trilogía lectores como José.

Terminaré de escribir, y me iré de este mundo en silencio, como he hecho siempre. Pero me iré satisfecho, porque he conseguido llegar a pocas personas. Pero he llegado al corazón de esas personas. Ese es el mérito que estimo debe tener un escritor cuando escribe una obra. Y, en ese sentido, el objetivo está cumplido. Y ha merecido la pena. Sin ninguna duda. Muchas gracias José, por tus palabras.

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Friso de Sandra en Ibosim

“Huevo de pascua” es el término actual que se conoce para aquellos detalles que se introducen en una obra y que hacen referencia a elementos externos, a veces de otras obras del mismo autor, o de otros autores.

Este es el caso de Antonio Rodríguez Cano, dibujante de varias de las portadas de la saga Aesir-Vanir, y de algunas imágenes de diferentes libros de la saga. En una de sus obras ha introducido una imagen en un friso de una de sus obras de Ibosim.

Como siempre, agradecer a Cano este detalle, que hace referencia a una escena de “Las entrañas de Nidavellir”. Alguien se preguntará qué hace una diosa en un libro de ciencia ficción. Le invito a leer la novela para salir de dudas, y verá que tiene sentido, y que además permite introducir luego mejor la situación en la siguiente obra, “La insurrección de los Einherjar”.

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Sandra es Minerva, y Minerva es la versión romanceada de Atenea. El resto se lo dejo al amable lector

Extracto de “La ira de Freyja”, segunda parte de “La leyenda de Darwan”

De pronto, Dituba tuvo una extraña sensación; el tiempo pareció detenerse en su mente.

Era el último de su especie.

Fue un momento. Un momento que pareció eterno, y en la que recordó la historia de su mundo, de su civilización y de sus logros a lo largo de miles de años… Un momento hasta que la primera sombra de la luz oscura comenzó a llegar hacia él. Recordó los miles y miles de años de historia de su pueblo. Cómo se desarrolló desde especies inferiores acuáticas, cómo lograron controlar el mar, cómo crearon sus primeras herramientas, el lenguaje, las primeras ciudades, los primeros documentos escritos, el nacimiento de la cultura, del arte, los sueños de toda una especie…

Toda una civilización. Miles de lenguas, millones de seres, muchos millones de sueños truncados… Todo quedaba borrado, desintegrado, por aquella brutal y monstruosa luz oscura. Por la Muerte Negra.

Maldijo a los humanos y a sus descendientes. Maldijo su nacimiento, maldijo su origen, y maldijo cada átomo de ellos. Maldijo al universo, y maldijo a sus dioses, que no les habían protegido. ¿Dónde estaba Narukke, Dios de los mares y protector de su pueblo? ¿Dónde estaban aquellos que proclamaban que la ira de los dioses caería como fuego y sangre sobre sus enemigos? Y, por último, y una vez más, rogó a sus dioses que dieran caza incansable a esa raza violenta para que les confiriera la peor de las muertes.

Finalmente, llegó, hasta él, la luz oscura. Una luz tenue, suave, delicada. De pronto, no tuvo miedo. Sintió una gran paz interior. De repente, no importaba nada. La muerte venía a recibirle, y él la aceptaría, y se fundiría para siempre con su planeta, con su universo, que tanto había amado.

Y cantó. Un canto profundo se transmitió por el agua. El mismo canto que convocara a sus ancestros para iniciar el viaje anual a miles de kilómetros de distancia para el apareamiento y la celebración de la vida. Cantó por última vez, el canto que durante miles de años llamaba a la paz y la concordia. El canto que celebraba el nacimiento de un nuevo día. El último día de su especie. El último aliento de vida que mostraría para siempre su mundo, olvidado luego, convertido en cenizas, y transformado en un mito de la historia. En una leyenda perdida de un pueblo perdido de la Galaxia.

Mientras cantaba, notó cómo su cuerpo desaparecía. Era casi mágico. Sentía cómo se fundía en un vacío inmenso de nada. Una mezcla de partículas, que antes formaban parte de su cuerpo y del mar que le rodeaba. Era una extraña sensación de fundirse con el mar. Un último regalo de la vida: unirse a lo que más amaba.

Tuvo un último pensamiento: que algún día, de alguna forma, la muerte de su especie fuera vengada. Con ese pensamiento se desintegró finalmente, convertido en partículas simples dispersas por la superficie del planeta. Nunca sabría qué resultado tendría su sentimiento de venganza, y de ira. Nunca.

El eco de su canto se transmitió por el mar. Pero ya nadie podía oírlo. No quedaba nadie para escuchar la última voz de un pueblo condenado. Desde ese momento, sólo el gemir de las olas barrería los mares y las costas.

El silencio dio paso al vacío. Y el vacío, al fin de una civilización. Millones de seres condenados. No hubo canciones que cantaran el último amanecer. Ni hubo ofrendas a los dioses. Ni hubo héroes que pudieran forjar una leyenda para ser narrada a los jóvenes guerreros. Solo un mar muerto, un planeta muerto, y el último día de la historia de un pueblo…

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