Dos caminos

Existen dos caminos en la vida para conseguir los sueños y propósitos que cada uno se plantea. Uno es el camino largo, complejo, lleno de baches y dificultades. Es el camino del trabajo honesto y la lucha diaria por ser mejor cada día. Es el camino de la perfección, que nunca se alcanza pero que siempre se espera.

El otro es el camino fácil, por supuesto. El rápido. Aquel en el que embaucamos a personas, manipulamos datos, empleamos la soberbia, y usamos a los demás con una vara muy sencilla: o estás conmigo, o estás contra mí.

Ambos caminos pueden llevar al éxito y a cumplir los sueños personales y profesionales de cada uno. Pero el haber tomado un camino u otro tendrá consecuencias muy distintas una vez alcanzado ese éxito.

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La caída del Imperio Romano, segunda parte

Es curioso observar cómo un gigantesco y poderoso país como Estados Unidos, que ha sido el motor de la industria, la ciencia y la tecnología, se hunde poco a poco en su ostracismo, su abandono de todo aquello que la ha convertido en una gran potencia, y se dirige como un viejo barco sin control a los arrecifes de la costa.

Hay mucha gente que odia a Estados Unidos por su naturaleza de potencia mundial. Sin embargo, desean fervientemente que países como Rusia o China alcancen el poder y el control. Es evidente que algo falla. O se está por una convivencia pacífica entre todos los países, sin que unos dirijan a otros, o se elige un país, el que sea, y se desea que controle el mundo. No se puede jugar a ambos juegos a la vez. Pero los seres humanos suelen terminar decidiendo que es mejor controlar a los demás, que no permitir que el mundo sea orgánico y equilibrado en su poder. La idea de un mundo justo e igualitario es fantástica, pero no parece factible hoy por hoy. Ojalá eso cambie algún día. El sueño de Star Trek, de un mundo unido en una causa única, el bien de la humanidad, parece todavía lejano.

Mientras tanto, una ola de extremismo recorre el mundo. Se cierran puertas, se levantan muros, se establecen fronteras armadas hasta los dientes, y se recrimina a aquellos que han nacido bajo el fuego de las bombas que han construido los mismos que niegan a esos exiliados cualquier oportunidad de vivir.

No, el mundo no funciona. La gente ha olvidado la guerra. Se ha olvidado lo que ocurrió entre 1914 y 1918, y luego entre 1939 y 1945. Se ha olvidado lo que fueron las persecuciones, las masacres, los genocidios. Se ha olvidado que la chispa del odio, del racismo y la xenofobia crecen y se expanden rápidamente, y luego es muy difícil de detener.

Siento tristeza por Estados Unidos. Siento que esos argumentos fáciles, demagogos y populistas hayan llevado a un nefasto ignorante al poder. Y siento que ese hombre esté arrasando con la ciencia y la tecnología, con la cultura y el arte. Y, lo que más siento, es que se ataque la dignidad de las personas inocentes, sospechosas de terrorismo porque hablan algún idioma concreto, o procesan alguna religión determinada.

La chispa que hoy se enciende será el fuego donde arderán todos, los que encendieron la mecha, y los que eran el objetivo de la misma. El fuego no entiende de capas. Ningún muro detiene el odio y la rabia, la sinrazón y la muerte.

Por supuesto, no está todo perdido. Después de la insidia y la destrucción que hombres como Donald Trump suponen, otros vendrán para reparar ese daño. No me importa si son republicanos o demócratas. Me importará que sean políticos razonables y entendendores de que gobernar un país no supone criminalizar al mundo, ni levantar odios y pasiones viscerales es el camino para conseguir una convivencia mejor entre todos. Ese es mi deseo. Espero que el daño no sea demasiado grande. Eso espero.

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Por qué tenemos que viajar a Marte

Me acaban de confirmar que el sábado 25 de marzo a las 18:00 horas hablaré de Marte en la Escuela de Ingeniería Aeronáutica de Madrid, dentro del evento «Madrid Airsim Meeting«. Animo a todos los amantes de la aeronáutica y la astronáutica a ir a esta jornada de puertas abiertas y entrada gratuita, con multitud de actividades y charlas para todas las edades, incluidas actividades infantiles.

Pero ¿por qué hablar de Marte? Porque tenemos que ir allá lo antes posible. ¿Y por qué? Veámoslo.

Vamos a imaginar que tenemos 7.000 millones de euros. Es mucho dinero, incluso para mí. Bien, ahora vamos a imaginar que tenemos que jugar a la ruleta. Debemos apostar el dinero como queramos. De acuerdo. ¿Jugamos los 7.000 millones a un número?

No parece lo más sensato. Si ganamos, desde luego vamos a disponer de una fortuna aún muy superior. Pero ¿y si perdemos? Lo perderemos todo. Absolutamente todo. ¿No sería mejor apostar a dos números? ¿O a tres? ¿Qué tal los 37?

Esto es lo que sucede con la humanidad. Estamos apostando todas las vidas de los 7.000 millones de seres humanos a un número: La Tierra. Si la Tierra cae, cae la humanidad al completo. Llevar seres humanos a Marte aleja ese peligro. Si la Tierra sufre un colapso, la humanidad podría seguir en Marte. Solo por ese motivo se hace evidente que es muy importante que la humanidad se establezca en Marte. Pero hay multitud de otros aspectos positivos del viaje.

De todo eso se hablará en la charla. Agradecer a la Escuela de Ingeniería que por sexto año consecutivo confíen en mí para hablar de ciencia y tecnología. Con lo que me gusta hablar estoy encantado de acudir. Os esperamos en el Madrid Airsim Meeting.

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Vivir con miedo por ser como se es

Es difícil vivir con miedo. Es difícil comprobar cómo tus ideas son el camino que puede llevarte a sentirte amenazado y perseguido. O que por el hecho de haber nacido en un país determinado, tener un color de piel concreto, tener unas ideas políticas democráticas concretas, o por disponer de vulva en el cuerpo, debas estar sometido a la voluntad de otros. O por hablar de libertad y de justicia para todos.

Yo, ahora que no nos oye nadie, diré que, en una ocasión, durante el servicio militar, fui interrogado por un señor que tenía no sé cuántas estrellas de cuatro puntas en cada hombrera. Este señor ordenó que me llevaran hasta su despacho para un interrogatorio. Una vez allí, aquel hombre me hizo una serie de preguntas de carácter político y en relación a unos hechos derivados de unas actuaciones que yo había llevado a cabo con respecto a mis ideas. Las razones son complejas y no importan. Pero tuve miedo por haber actuado en libertad, y por haber sostenido que la libertad y la justicia deben prevalecer siempre.

Desde el momento que supe que era llamado para el interrogatorio sabía por qué querían hablar conmigo. Y desde ese momento, supe que siempre diría la verdad: que creo en la justicia, que creo en la libertad, y que creo que todo hombre y mujer dispone de derechos humanos que deben ser respetados en cualquier momento y circunstancia. Y si eso iba a ser un problema para mí, estaba completamente dispuesto a acatarlo.

Afortunadamente para mí, eran tiempos de cambio, y el asunto se cerró sin más consecuencias. Lo que no se cerró es mi dolor por ver cómo puede un ser humano ser sometido al miedo y a la tensión por sus ideas, y por expresarlas libremente.

Hoy hay hombres y mujeres que viven con esa angustia no un día, una semana, o un mes. Sino toda la vida. Puedo hacerme cargo, perfectamente, de su angustia, de su dolor, de su miedo. Y creo que debemos trabajar todos juntos para que todos los seres humanos, sin excepción, sean libres en sus pensamientos, en sus ideas, y su capacidad de expresar esos pensamientos. Incluso si son erróneos, eso no implica que no puedan expresarlos. Eso se llama libertad de expresión, y es un derecho que debe estar garantizado. Como el derecho a la vida, a la libertad, al trabajo, al hogar, y a poder vivir dignamente.

Mientras existan ciudadanos con esos derechos, y otros carentes de los mismos, podremos hablar y hablar, pero no estaremos construyendo mejores sociedades. Cómo se llega a eso es algo a discutir, pero debemos tomar el camino ya. Porque hay mucha gente sufriendo. Mucha gente con hambre de libertad, y de justicia. Hora es de que se les escuche ya.

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La lectura, la última salida a los sueños

Hoy un autobús ha estado a punto de arrollarme, mientras circulaba marcha atrás en sentido contrario y pasando sin mirar sobre un paso de cebra. Suerte que aún me queda algún que otro reflejo de otros tiempos, y he podido evitarlo. El posterior comentario que le he ofrecido al conductor, recriminándole su conducta, ha tenido como respuesta: «vamos hombre, que es un día precioso que comienza, no lo estropee». Le he respondido: «comienza para usted. Para mí casi termina».

La vida es eso que tenemos planificado hasta que la perdemos de cualquier forma y en cualquier momento. Luego vienen los comentarios de siempre: «era un/a buen/a chico/a» etc etc. Pero lo importante es que ese día fue el último. ¿Cuántos planes quedarán sin llevar a cabo? ¿Cuántos sueños no cumplidos?

Decía alguien que, si cada noche cuando te miras al espejo crees que lo que has hecho ese día no te llena, y si eso es recurrente, entonces tienes un problema. ¿Para qué vivimos? ¿Para cumplir con nuestras obligaciones? Nuestras obligaciones deberían robarnos el tiempo justo para poder atender esas obligaciones. Y ni un minuto más. Luego tenemos que llevar a cabo esa cartera llena de sueños que llevamos encima. Y si no tenemos sueños, los inventamos. Pero debemos salir del tedio, de la rutina, y viajar a las estrellas, conocer nuevos universos, luchar contra dragones, y conquistar galaxias.

Sí, es cierto: todo eso, o es caro, o es imposible. Pero existe una solución: si no puedes viajar, si no puedes ser tus sueños, viaja en los sueños de otros. ¿Cómo? Fácil: ve a la librería más cercana, o a la biblioteca, y pide que te den un buen libro. El que sea. Uno bueno. O hazte con un lector de libros y descarga los muchos gratuitos que hay por ahí.

¿Quieres soñar pero no tienes casi tiempo? ¿Quieres viajar al pasado, al presente, al futuro? ¿Quieres ser lo que nunca podrás ser? Lee. La excusa «no tengo tiempo para soñar» no vale. Los libros son el viaje perfecto para los sueños, y se pueden llevar a todas partes, y leer en cualquier momento.

No lo dudes. La lectura te hará vibrar. Y si, algún día, tienes la desgracia de que un autobús se te lleva por delante, se te llevará a ti. Pero no los sueños que has vivido en los libros. Y la vida habrá sido un poco más dulce. Un poco más plena. Un poco más completa. No perfecta, lo sé. Pero el viaje habrá merecido la pena.

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Virgin Galactic, otra forma de explorar el espacio

Recientemente he preparado varias entradas críticas sobre Elon Musk y su visión del futuro en el espacio. La última, relacionada con su idea de llevar a dos turistas a la Luna en 2018, es decir el año que viene. Algún lector podría pensar que tengo una visión negativa de las cosas. Puede ser, pero yo personalmente no creo que sea así. Creo que soy realista.

Y, hablando de realismo, y de hacer las cosas poco a poco y paso a paso, me gustaría hablar de otro hombre, Sir Richard Branson, y de otra empresa, Virgin Galactic. Branson es un viejo conocido en la industria del arte y la tecnología, y su sueño es llevar también al ser humano al espacio.

Pero hay diferencias entre Branson y Musk. Diferencias muy notables. Branson no va haciendo anuncios sonoros y estridentes. Branson no habla de imposibles. Branson sí está trabajando, en silencio, dando los pasos necesarios para llevar al ser humano al espacio. Sí, hace conferencias, da charlas, realiza presentaciones. Pero con mesura, y con propuestas realistas.

Recuerdo la presentación de la nave VSS Unity, apadrinada por el científico Stephen Hawking, y que está actualmente en fase de desarrollo para llevar turistas, no a la Luna, sino al borde del espacio exterior y solo durante unos minutos. Una propuesta realista, clara, lógica, evidente, dentro de los muchos pasos a dar en el desarrollo de la astronáutica civil privada. Pasos coherentes con el primer principio de la ingeniería: si no tienes un plan creíble, no tienes nada. Porque la ciencia puede hablar de sueños. Pero la ingeniería debe convertir esos sueños en realidad. Si no puede, todo son palabras huecas.

Pero hay algo muy importante que Branson tiene y Musk no: Branson perdió un piloto hace tres años. Aquel fue un tremendo golpe para Virgin Galactic, y fue producido por algo que siempre trae fatales consecuencias en el espacio: las prisas. Las ganas de ir más rápido de lo que se puede. La falta de tests y de pruebas. Branson perdió a un piloto, y a un amigo, y aprendió una dolorosa lección: no puedes anunciar lo que no puedes llevar a cabo. Te arriesgas a perder credibilidad, y mucho más importante, a perder vidas.

Por eso, cuando critico a SpaceX, lo hago en el deseo de que tenga cuidado. Todos queremos conquistar la Luna y Marte, pero todos queremos estar vivos para verlo. Los que nos quedamos en la Tierra, y los que vayan de viaje.

La nave VSS Unity es lo que se conoce como nave suborbital. Luego vendrán los vuelos orbitales. Y luego, ya más adelante, dejar la órbita de la Tierra, y entonces sí, ir a la Luna, y luego a Marte. Y a las estrellas, por qué no, en un futuro todavía lejano. Yo estoy dispuesto a soñar con ello.

Pero los sueños se construyen paso a paso, no a golpe de discursos y vídeos espectaculares. Eso no es ciencia. Y eso cuesta vidas. Creo que Virgin puede darnos sorpresas importantes en el futuro, pero sobre todo creo que están haciendo las cosas como corresponde a un proyecto de esta envergadura. Y Branson lo sabe. Lo tuvo que aprender del modo más duro. Pero no ceja en su empeño. Espero ver sus naves pronto cruzando los cielos. Ese será el mejor regalo para la memoria de ese piloto fallecido, y para la de todos los que soñamos con las estrellas.

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Quino, qué grande eres

Me confieso ser un gran admirador de Quino (Joaquín Salvador Lavado Tejón, Mendoza, Argentina). Junto a Forges, Quino ha sabido plasmar la naturaleza humana en sus viñetas como pocos han conseguido hacerlo.

Quino es conocido sobre todo por Mafalda, pero sus trabajos van mucho más allá de este grandísimo personaje. Su especial cualidad para analizar el carácter humano y las infinitas formas de la naturaleza y de las sociedades modernas no tiene parangón actualmente. Su obra es eterna, y sigue tan viva hoy como cuando empezó a trabajar en distintos periódicos argentinos.

Esta viñeta es un simple ejemplo. Dios se ríe de un manual de física general. Y tiene razón para hacerlo; los seres humanos hemos avanzado mucho en el conocimiento de la naturaleza, pero nos queda un largo, larguísimo camino por recorrer.

Esto no significa que el conocimiento adquirido no tenga un enorme valor. Usted está leyendo esto porque muchas generaciones de seres humanos han trabajado para poder crear el mundo tecnológico que hoy tenemos, que tantas protestas produce en muchos, los mismos que usan esas tecnologías y conocimientos científicos constantemente.

Dios era el centro del universo. Luego pasó a serlo el ser humano. Y ahora le toca al cuanto subatómico, esas pequeñas partículas son las que gobiernan la base de todo cuanto existe. Son el origen y el fin de todo lo que conocemos, y a través de ellas hemos construido el mundo actual.

Pero el mundo subatómico es solo un escaparate. Dentro, pasando por la puerta del espacio y del tiempo ,entramos en una estantería llena de incontables universos, cada uno con sus leyes, con sus orígenes, y con su destino. ¿Llegaremos a convertir los multiversos, o metaversos como también los llaman, en el centro de nuestro propio universo? Está por verse. Pero las posibilidades, si llegamos a conseguirlo, son prácticamente ilimitadas.

Controlar esos universos, incluso crearlos artificialmente, nos convertiría en dioses. Entonces ¿qué necesidad habría de creer en Dios? Si creamos universos, ¿no estamos siendo los nuevos dioses de la creación, aquel nuevo espacio-tiempo que hemos creado con nuestras propias tecnologías? ¡Blasfemia! Dirán algunos. Pero prefiero hacerme preguntas que sean blasfemas, a no hacer ninguna. Eso sí es una verdadera blasfemia.

Quién sabe. Quizás somos un experimento olvidado por un escolar en un colegio de algún universo alternativo. Todo es posible. O casi todo. Quino probablemente no tenga la respuesta. Pero una cosa puedo asegurar sin dudarlo: la intuye. Y eso es lo que hace grandes a los hombres como él. Siempre en mi corazón, Quino. Qué grande eres.

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Dos turistas perdidos en la Luna

Elon Musk, presidente de la compañía espacial SpaceX, acaba de anunciar que piensa enviar a dos turistas al otro lado de la Luna (y hacerlos volver) para 2018. Si no sé contar mal, 2018 es el año que viene. Los dos turistas ya han pagado una considerable cantidad de dinero, e irán solos, sin tripulación. Nada de viajes suborbitales, nada de órbitas bajas. Directamente a la Luna, sin tripulación, y dentro de un año y medio como máximo. Claro que sí.

Reconozco que tenía mis dudas con Elon Musk, el presidente de SpaceX. El gran alabado, ejemplo de emprendedor, y capaz de romper todas las barreras del progreso. Sus ideas y comentarios, cada vez más absurdos, comenzaban a hacerme dudar de su capacidad de distinguir lo que son sueños de proyectos reales. Porque, no lo olvidemos: los proyectos se construyen a partir de sueños, pero son los segundos los que deben prevalecer en el mundo real, o entraremos en una peligrosa vorágine de megalomanía y frases grandilocuentes, anuncios de imposibles, y palabras que terminan por pasar factura a la realidad.

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Estados Unidos, año 2024: muros por doquier

La ciencia ficción tiene como uno de sus objetivos imaginar diferentes aspectos y formas del futuro de la humanidad. No trata tanto de intentar adivinar qué va a suceder, sino de las consecuencias que pueden darse de las acciones que se tomen en cada caso.

En Star Trek han acertado a veces, y otras no tanto. Pero ahora me gustaría recordar un capítulo de la temporada 3 de DS9 titulado «Past Tense», que se podría traducir como «pasado tenso» aunque es un juego de palabras, ya que también es una forma verbal.

El episodio se emitió en enero de 1995, y el argumento de este episodio doble se desarrolla en el año 2024. Dicho argumento es el siguiente:

«La tripulación de la nave Defiant se desplaza atrás en el tiempo hasta 2024 en la Tierra. Los Estados Unidos de América han intentado resolver el problema del paro, la inmigración y los indocumentados levantando enormes muros que ellos mismos llaman «distritos santuarios» donde los refugiados, aquellos sin documentación, los desempleados y / o los enfermos mentales se colocan en guetos improvisados. Esas personas son allí prácticamente olvidadas, y mantenidas bajo estrecha vigilancia mediante una red policial represora y un sistema donde la supervivencia conlleva constantes conflictos. Finalmente, estalla una revolución que pone en jaque a todo el sistema estadounidense».

Naturalmente, es solo ciencia ficción. Nadie, en su sano juicio, podría imaginar que algo así pudiera llegar a pasar de verdad. ¿Levantar muros? ¿Condenar a gente simplemente por ser indocumentados? ¿Abandonar a familias enteras a su suerte por haber perdido un trabajo? Ah, estos de Star Trek, cuánta imaginación tienen, cómo se les ocurre imaginar un mundo así…

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Escena del capítulo

Mi opinión sí importa, su valor, depende

Todos tenemos derecho a opinar. Todos podemos expresar nuestras ideas y puntos de vista sobre cualquier tema, y eso se llama libertad de expresión. La libertad de expresión nace de la idea de que cualquier individuo es libre de comunicar a los demás sus sentimientos, sus puntos de vista, su forma de ver el mundo.

Sin embargo, la libertad de expresión, como todo, ha de usarse con criterio. En demasiadas ocasiones podemos ver a gente opinando sobre temas de los que desconoce gran parte o toda la metodología usada para obtener ese conocimiento, o directamente no tiene formación en ese tema. Entonces, puede criticar, por supuesto, pero sus argumentos no tendrán la solidez necesaria como para que sean creíbles.

Todo es criticable. Todo puede ser y debe ser juzgado. Pero deberíamos pensar en la imagen que damos a veces cuando realizamos aseveraciones y afirmaciones tajantes y absolutas del tipo “esto es una pérdida de tiempo”, “y esto para qué sirve”, o “están tirando el dinero cuando hay cosas más importantes”. ¿De verdad están tirando el dinero? ¿Hay cosas más importantes? ¿El qué, los niños del África?

¿Sabe usted que gran parte de los tratamientos que reciben los niños del África, y por extensión del mundo, son en muchos casos obtenidos por investigaciones llevadas a cabo por la física teórica, esa que supuestamente no sirve para nada? ¿Es usted consciente de que muchos de los aparatos usados en hospitales basan su funcionamiento en la mecánica cuántica, esa teoría que decían era un conglomerado de números absurdos e inútiles?

¿Se da usted cuenta de que muchos de los sistemas de obtención de energía renovables y medicamentos se han desarrollado gracias a la carrera espacial? ¿Sabe usted que su GPS funciona gracias a la teoría de la relatividad general de Einstein? ¿Es consciente de que un día, algunas personas dijeron que el teléfono era un invento inútil que jamás tendría un uso práctico? ¿Conoce usted que las bombillas eléctricas fueron criticadas por las empresas de iluminación de ciudades como Nueva York o Londres? ¿Se da usted cuenta de que está leyendo esto gracias a los desarrollos en informática distribuida y al proyecto Arpanet de los años sesenta y setenta, y que Internet fue tildado de un invento absurdo hecho para cuatro entusiastas hippies de las telecomunicaciones?

¿Sabe usted que estudiar la Tierra desde el espacio ha mejorado los sistemas de control y seguimiento de huracanes y tifones, salvando miles o cientos de miles de vidas? ¿Es consciente de que el estudio de otros planetas nos está dando información fundamental sobre cómo salvar el nuestro, por analogía y comparación de los mundos? ¿Sabe que algunos experimentos de nuevos medicamentos revolucionarios solo se pueden hacer en la Estación Espacial Internacional porque requieren de gravedad cero?

Podría seguir durante horas, pero creo que la idea está ya dibujada. Antes de criticar algo, intentemos ir más allá de lo básico, de lo fundamental. No nos quedemos en la superficie; ahondemos en la problemática, estudiemos el tema, analicemos con algo de detalle los distintos aspectos de algo, antes de empezar a criticarlo. Podremos aprender mucho en ese proceso. Y, muchas veces, dejar de lado un poco esa necesidad de arrasar con todo lo que no se comprende. Porque, suele decirse, lo que no se comprende se teme. Y decía Madame Curie, que las cosas no hay que temerlas, hay que entenderlas. Creo que es un buen consejo de una gran científica. Pongamos pues en práctica su idea. Será mejor para nosotros, y para la ciencia.

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