Del éxito al fracaso, pasando por la experiencia

La frase de la semana es de Niels Böhr, el padre de la mecánica cuántica en muchos sentidos (es una paternidad compartida en todo caso, donde él fue un elemento clave).

En un mundo donde parece que el fracaso no se admite, se persigue, y se critica duramente, y en donde nos exigen siempre lo mejor de lo mejor cada día, Böhr nos dice claramente que fracasar no solo es una opción; es además una necesidad. Fracasar nos permite valorar los errores, medirlos, cualificarlos y cuantificarlos, y someterlos a nuestra crítica personal, que ha de ser siempre la primera, la más dura, pero también la más abierta.

Por supuesto que nadie quiere fracasar. Pero el camino al éxito, si este llega, está plagado de fracasos que nos han ayudado a comprender qué pasos hemos de dar. Cuando alguien vive el éxito, mucha gente quiere imitar ese éxito; no saben que esa persona antes tuvo que pasar, casi siempre, un calvario de fracasos y de decepciones. Y, sin embargo, no cejó en su empeño.

Una cosa es importante: el fracaso no garantiza el éxito, por supuesto. Muchas veces no triunfaremos en ningún caso. Pero eso es también un triunfo, si comprendemos por qué ha ocurrido. Ahora bien, el éxito casi nunca está aislado del fracaso. Ambos van de la mano, y ambos se necesitan.

También es importante valorar qué es éxito y qué es fracaso. Si quieres vender mil unidades de algo y lo consigues, habrás triunfado. Si eran un millón, habrás fracasado. ¿Eras realista en tu cálculo? No pretendas crear imposibles. Sé realista.

Examina tus posibilidades. Escucha las críticas. Razona tus pensamientos, y sé extremadamente sincero contigo mismo. La jactancia, la presunción, la arrogancia, solo te harán fracasar hasta el infinito. Sé modesto, y sé claro, y puede que triunfes un día. Puede. No es seguro. Pero habrás iniciado el camino, eso sí puede garantizarse, sin ninguna duda.

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Aspectos jurídicos y sociales de la IA

Como ya comenté recientemente, todo el mundo está entusiasmado explicando diversos fenómenos naturales mediante la presencia de extraterrestres. Cuando hablamos de extraterrestres, siempre por supuesto pensamos en seres inteligentes, no como sucede en la Tierra.

Bueno, dejando aparte esta pequeña broma, nos referimos a seres que son capaces de mostrar signos de comprender aspectos de las matemáticas, leyes de la física, comunicación verbal compleja, e interacción social avanzada. No, no me refiero a ballenas y delfines, que cumplen todos esos requisitos. Falta uno: manipulación del entorno para creación de herramientas, y muy importante: creación de herramientas para crear herramientas. Algunos simios usan palos o piedras, pero no construyen objetos usando otros objetos.

Pero el sueño del ser humano, o a menos de algunos seres humanos, es poder contactar con una civilización extraterrestre, o al menos, verificar su existencia. Sin duda sería probablemente un suceso de proporciones colosales para la humanidad. ¿O existen otras posibilidades?

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Richard Feynman, ese genio desconocido

La frase para hoy es de Richard Feynman. Puede que no le suene ese nombre; le sonarán Einstein, Newton, o Bohr, o también Heisenberg. Pero mucha gente no conoce a Feynman. Sin embargo, es uno de los más importantes físicos de la segunda mitad del siglo XX. Entre sus muchos logros, está la cromodinámica cuántica por supuesto, pero también los diagramas de Feynman, absolutamente revolucionarios.

Sin embargo, a Feynman se le conoce también por su pasión por la física y por la ciencia en general, y por cómo contagiaba a sus alumnos de esa pasión. Ese rasgo, más que otro, es el que más me interesa de su personalidad en cuanto a divulgación científica se refiere. Feynman era capaz de convertir cualquier aburrida clase en una locura, en una fiesta, en pasión pura por el conocimiento.

La frase que acompaña a este texto define muy bien su idea: redescubrir lo descubierto. Experimentar lo experimentado. Solo si recorremos el camino que antes abrieron otros, seremos capaces de abrir nuevos caminos.

Esa es la idea del genial Feynman: explora, investiga, aprende, y disfruta viendo cómo otros obtuvieron esos resultados. Y lo más importante: verifica que esos resultados son correctos. Por ti mismo verás que la ciencia no engaña, porque tú serás capaz de obtener la misma información para los mismos experimentos. Esa es la grandeza de la ciencia. Y sin duda eso abrirá el camino de la curiosidad y la investigación para crear nuevas fronteras.

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Dos sencillas luces en el camino

El ser humano no ha tenido grandes oportunidades de recibir educación a lo largo de la historia. Siempre fueron pocos los elegidos, y la mayor parte de la humanidad vivía en completa ignorancia.

Hoy eso ha mejorado, pero bien sabemos que queda un gran camino por delante. Por otro lado, también observamos que muchos jóvenes no se interesan por la ciencia, por la cultura, por el arte. Por el conocimiento en general. ¿Por qué?

En mi opinión, es el sistema. Yo, por ejemplo, sufrí situaciones difíciles durante mi juventud, hasta el punto de negarme a todo, enfrentarme a todo, y discutirlo todo. No era un problema de capacidad; no era falta de interés. Era, simplemente, una falta de motivación por aprender. Sin embargo, aquello que me interesaba, especialmente la astronomía, era mi pasión.

Todo aquello cambió con un libro y una serie: el libro fue «Nueva guía de la ciencia» de Isaac Asimov. La serie fue «Cosmos» de Carl Sagan. Ambas obras me transformaron completamente. A partir de entonces comencé un largo y difícil camino para poder sacar mi vida adelante. ¿Qué había ocurrido? Había ocurrido que había encontrado dos grandes maestros del conocimiento, que además eran maestros en transmitir ese conocimiento con arte, con pasion, con dulzura, envolviéndote en sus conocimientos, en sus datos, en sus sueños.

Hoy muchos jóvenes viven situaciones similares. Lamentablemente, muchos de ellos no encontrarán su libro y su serie que les dé una oportunidad. Las escuelas no son lugares donde se aprende a aprender. Solo se dan datos y más datos, sin pasión, sin calor, sin amor. Aprender es belleza. Aprender es pasión. Aprender es un sueño. Y quien practica la enseñanza debe entender este principio básico. Solo así podrá transmitir conocimiento real a los jóvenes.

Un libro. Y una serie de ciencia. Dos elementos tan sencilos, y tan complejos, cambiaron una vida, la mía, y muchas vidas. Porque muchos ingenieros y físicos de la NASA, del MIT, y del CERN, declaran haberse sentido motivados a ser lo que son gracias a estos materiales. ¿Dónde están hoy los sueños del conocimiento? ¿Dónde está hoy la aventura del saber? Hay que buscarlas. En cualquier esquina, de cualquier lugar…

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Asgardia, la ciudad de los dioses. Literalmente

Suelo tener fama entre mis amigos y familia de ser como el que siempre tiene que dar el toque negro y el punto oscuro a cualquier tema interesante y prometedor. Pero no puedo permitirme no hablar de aquellas cosas que son evidentemente contrarias al principio que proclaman, cuando observo que el objetivo, y el resultado, pueden ser altamente incompatibles. Yo no niego que podamos tener sueños, solo informo de que esos sueños han de ser realistas, coherentes, y de acuerdo a los principios más básicos de igualdad, equidad, y de paz.

Esto es lo que me ocurre con «Asgardia», una propuesta de ciudad en el espacio, y relacionada con el nombre de la mitología nórdica de Asgard, el hogar de los dioses. Muy bonito, es una idea interesante usar nombres de elementos de la mitología nórdica para nombrar ideas y proyectos y otras cosas, algún día debería yo hacer lo mismo. Mientras tanto, veamos una serie de tres puntos fundamentales:

1.- Asgardia es el nombre de una supuesta nación nueva que existirá en una estación espacial en órbita terrestre. Será una ciudad futurista por supuesto, que velará por la humanidad y su progreso. Suena genial.

2.- El nombre viene de Asgard, el hogar de los dioses. Por el amor de Odín, ¿nadie ve el primer problema? La ciudad de los dioses. ¿Es que no hemos tenido suficiente autocomplacencia con nosotros mismos en los últimos 50.000 años? El lugar de los dioses significa que serán dioses quienes lo habiten. ¿No me cree el lector? No hay problema, voy a demostrar que es así en el punto 3.

3.- Según declaran los iniciadores de esta idea:

If you look at a nation’s population, statistically, 2 percent of the population are creative and productive and progressive, so we hope that looking at the population of Earth, 7.5 billion, we are hoping that 150 million would be those creative progressive people [who become Asgardians].

Y traducido:

Si observas la población de una nación, estadísticamente, el 2 por ciento de esa población son creativos, productivos y progresistas, así que esperamos que, observando la población de la Tierra, que es de 7,7 mil millones de habitantes, creemos que 150 millones serán esas personas progresistas que puedan convertirse en habitantes de Asgardia (Asgardianos).

¿Lo ve el lector? Es muy sencillo: esto es una forma poética de xenofobia. ¿Quién forma parte de ese 2 por ciento? ¿Yo? ¿Usted? ¿Quién elige al que es «creativo, productivo y progresista? ¿Quién viaja a Asgardia y quién se queda en la Tierra? ¿Qué pensarán los rechazados?

Había visto algo similar hace años. Concretamente en el Mein Kampf y en el ideario de los nazis de la raza superior. Esta idea es absolutamente monstruosa y devastadora.

Vamos a dejarlo claro: en la humanidad, NADIE debe ser excluido por su condición: sexo, edad, raza, creencias, o conocimientos. NADIE. Sí, si una persona atenta contra la sociedad ha de ser detenida y juzgada, pero eso conforma una mínima minoría de la sociedad en todos los ámbitos. Una ciudad en el cielo que filtra a las personas por cualquier razón es una irresponsabilidad, una locura, y una monstruosidad que atenta contra los principios más básicos de la humanidad y su diversidad.

Asgardia como concepto está bien. Yo cuando oí la idea pensé en apuntarme. Luego, cuando leí el ideario, pensé que con los nazis y otros personajes similares en esos idearios ya he tenido bastante en mi vida. Asgardia es el sueño de hombres que quieren convertirse en dioses, relegando al resto de la humanidad a vivir fuera de su ciudad sagrada en los cielos. Conmigo que no cuenten. La humanidad somos todos. Un solo excluido, y el próximo seremos nosotros. Qué pena que se olviden tan rápidamente las lecciones de historia que hemos aprendido. E ignorado.

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Marcianos. Marcianos por todas partes

Últimamente, los medios de comunicación, incluso aquellos que se supone son serios y contrastados, se están llenando de noticias en relación a descubrimientos y hechos relacionados con alienígenas. El último, hace un momento cuando escribo esto, en relación a la sonda Voyager 2, que está actualmente saliendo del sistema solar, dirigiéndose al espacio profundo. Se sugiere que los extraterrestres podrían estar detrás de un fallo de la sonda.

Según esta noticia, la sonda comenzó a enviar información sin sentido. Tras investigar, se descubrió que ha habido un desplazamiento de bits, donde el 1 pasa a ser el 0, y el 0 pasa a ser el 1. Debido a la distancia a la que se encuentra, se sugiere, ni más ni menos, que son los extraterrestres los causantes del mal funcionamiento de la sonda, cambiando los bits en una especie de «respuesta». ¿Eso es una respuesta? Son un poco tontos estos marcianos parece ser.

Dejando aparte lo ridículo de esta explicación, se  hace evidente la obsesión de mucha gente por explicarlo todo por acción de los marcianitos de turno, que no tienen otra cosa que hacer que molestar. O, si se descubre algún fenómeno o efecto extraño, se achaca a marcianos enseguida. Tal es el caso de algunas estrellas que, debido a fenómenos difíciles de explicar, tienen su origen en las esferas de Dyson, de civilizaciones muy avanzadas.

Antes, las cosas que no se entendían se explicaban mediante milagros y ángeles. Ahora al parecer todo se puede explicar por acción de los extraterrestres. Pero ¿por qué ocurre esto? Es muy sencillo.

La enorme competencia de los medios de comunicación por atraer a los lectores y obtener los famosos “click” que pagan las facturas mediante la publicidad, abocan a entidades de información antes serias a convertirse en circos ambulantes, intentando desesperadamente, y de forma semanal, o incluso diaria, con traernos la noticia que cambiará la historia de la humanidad para siempre. Es el famoso “clickbait” del que ya hemos hablado en alguna ocasión.

Pero es preocupante que webs serias y rigurosas se dediquen a desinformar al público con teorías de bichos verdes o grises que se dedican a jugar con sondas en el espacio profundo. ¿Es el hijo joven de algún marciano el causante de que la sonda Voyager 2 mande información errónea? ¿Habrá que dejarle sin llevarle de vacaciones a Alfa Centauri por su mal comportamiento? Realmente patético.

Lo cierto es que no hay extraterrestres. No hay ninguna evidencia de extraterrestres. Y es posible que nunca se detecten, si es que se puede conseguir alguna vez. No digo que no existan, probablemente hay vida en otros mundos, por una simple cuestión de probabilidad. Ahora bien, contactar con ellos, incluso poder pasar información, eso ya es otro tema. ¿Debe seguirse la exploración del espacio profundo en busca de pruebas? Sí, naturalmente. Pero hasta que no se encuentre una señal clara y perfectamente identificable, hablar de marcianitos para explicarlo todo es simplemente constatar una profunda ignorancia.

Por cierto, el famoso doctor Stephen Hawking declaró recientemente que, quizás, no sea oportuno dar a conocer nuestra posición a seres de otros mundos. Podrían tener intenciones hostiles, venir aquí y conquistar la Tierra. Con todos los respetos al gran científico, no me imagino a una especie avanzada preocupándose por nosotros. ¿Nos preocupamos nosotros por las bacterias del suelo? Claro que no. ¿Por qué deberían ellos preocuparse por una especie primitiva, perdida en un extremo de la galaxia? ¿Por los recursos? La galaxia está llena de ellos. ¿Por curiosidad? Probablemente haya mucha vida en la galaxia como para preocuparse. ¿Para convertirnos en hamburguesas? Dudo que una especie avanzada no haya superado la etapa de tener que comer el bocadillo de media tarde para sobrevivir.

En definitiva, y como siempre, la idea es llamar la atención. En eso sí que nos diferenciamos del resto de seres de la Tierra; somos los únicos en hacer el ridículo con ideas absurdas a una escala galáctica, cuando no montar guerras fraticidas de niveles inconcebibles. Mira, quizás por eso sí podrían interesarse los marcianos por nosotros. Quién sabe.

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Aquellos chalados en sus locos cacharros

Esta semana se han anunciado nuevas empresas, entre ellas la archiconocida Boeing, que aceptan el reto de Elon Musk de llevar al primer ser humano a Marte, indicando que ellos serán los primeros en llegar al planeta rojo.

Todo esto sin olvidar que la NASA, con el proyecto Orión, también construye un cohete, el SLS, para ir a Marte. China, por su parte, ha anunciado que serán ellos los primeros en llegar, y por supuesto reclamar, el suelo marciano. Y seguramente Rusia se apunte pronto. Solo queda Europa, que colabora con la NASA en el proyecto Orión, pero no tiene un proyecto propio.

Yo, que recuerdo el día en el que el Apollo XI llegó a la Luna, y que vi el alunizaje por televisión junto a millones de seres humanos, no puedo por menos que estremecerme. Tanto en el aspecto positivo, como en el negativo.

En el positivo, porque veo nacer una nueva carrera espacial, y eso siempre es bueno. ¿Por qué? Es muy sencillo: el mundo tecnológico actual, los sistemas médicos modernos, los ordenadores, las telecomunicaciones, no existirían sin la carrera espacial. Apague el ordenador, el teléfono, y decenas de inventos que usamos cada día. Apague la mayoría de sistemas de los hospitales, y de los automóviles y aviones comerciales. Sin la carrera espacial, no existirían. Además, como amante de la astronáutica, me siento feliz de haber vivido dos carreras espaciales. Vi nacer y morir la primera en los sesenta, y veo nacer la segunda.

En el lado negativo, tengo una gran preocupación por el hecho de que ir a Marte no es una vuelta por el campo. Puede hacerse. Debe hacerse. Pero los peligros son casi infinitos. Y veo mucha palabrería, mucho discurso, muchos aplausos, y mucho orgullo en las empresas que prometen ser las primeras en llegar a Marte. ¿Cuántas vidas se pueden perder ante algo así? La idea de Elon Musk y SpaceX de llevar en un primer viaje de solo ida a 100 seres humanos es una completa locura. Se han de cubrir etapas poco a poco, como se hizo con el proyecto Apollo de los años sesenta, que fue precedido de los proyectos Mercury y Gemini.

No lo veo claro. No el hecho de ir, sino toda esa fanfarria y ruido patriótico y de orgullo. No, el espacio no se conquistará con palabras grandiosas y preciosos discursos. Y que nadie lo olvide: morirá gente. Y no pocos. ¿Qué caras pondrán esos orgullosos empresarios cuando su gente, sus pilotos, sus científicos, sus investigadores espaciales, sus colonos, sean cadáveres sobre suelo marciano, o perdidos en el espacio para siempre? ¿Quién tomará la responsabilidad de que eso no ocurra? ¿Cómo justificarlo?

Cuidado. La carrera de los años sesenta fue una locura. Pero se tuvieron en cuenta enormes aspectos de seguridad. Aun así murió gente. Ahora, si no se tiene cuidado, pueden morir muchos más.

Pero, como siempre digo, lo mejor es un ejemplo: Apollo XIII. Estuvieron a punto de perder la vida. Todo estaba controlado, y sin embargo, podrían haber muerto. Se salvaron por equipos de gente brillante que encontraron soluciones brillantes. ¿Dónde está esa gente brillante ahora? Cuidado: el espacio no admite ni un solo error.

Para hacerse una idea, recomiendo la película «Apollo XIII», una verdadera obra de arte del cine. Absolutamente genial. En las imágenes adjuntas pueden verse el cartel de la película, y una foto real de cómo quedó el módulo de servicio del Apollo XIII tras la explosión del tanque de oxígeno.

Hablaré mucho más de estos temas, por supuesto. Es un asunto apasionante. Pero peligroso. Me encanta que haya competencia, y deseos de abrir nuevas fronteras. Pero seamos cuidadosos. El espacio podría llenarse de cadáveres, y morir en un traje espacial perdido en la inmensidad del vacío, o en un planeta frío y sin casi atmósfera, no es precisamente el sueño de ningún hombre o mujer sensatos. Seamos cuidadosos. Nos irá la vida en ello.

Vientos fríos recorren Europa

Dicen que el ser humano no puede viajar en el tiempo. Y es cierto, hoy por hoy es imposible, y quizás nunca podamos. Pero hay una entidad en la Tierra que sí puede viajar en el tiempo: las sociedades, o, en general, los países. Pongámonos en escena:

Te levantas por la mañana. Pones la tele, o te conectas a Internet, y entre sorbo y sorbo de café escuchas a la ministra del interior británica decir que quiere listas de extranjeros en las empresas de su país, y que hay que controlar los flujos de emigrantes para poder controlar la delincuencia, mientras quieren que el máximo porcentaje de trabajadores del país sean británicos, impidiendo la entrada a extranjeros, o eliminando a estos a favor de trabajadores británicos. Y empiezas a plantearte si están poniendo alguna película de ciencia ficción en lugar de las noticias.

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Platón y la búsqueda del mundo real

Ya hemos hablado en alguna ocasión de la importancia de la filosofía en la formación del individuo como un todo armónico, en el que la mente no aprende conocimientos más o menos importantes, sino que aprende a valorar y argumentar esos conocimientos, dándole en cada caso la dimensión adecuada. Sin un sistema que permita analizar la información para contrastarla y dimensionarla de forma que sea útil, un ser humano no es más que un ordenador orgánico, es decir, un enorme almacén de datos.

Cualquiera puede memorizar datos. Darles un uso útil es otro tema. La inteligencia no se mide por la cantidad de conocimientos, sino por cómo obtener el máximo provecho de esos conocimientos, y más importante, cómo obtener nuevos y mejores conocimientos a partir de los anteriores.

En esta ocasión, y para dar una dimensión concreta a esa idea, vamos a revisar someramente el pensamiento del que sin duda es uno de los más grandes filósofos de toda la historia: Platón.

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No hay marcianos en Europa; hay géiseres

El pasado día 26 la NASA informó de que iba a hacer un importante anuncio en relación a la luna Europa de Júpiter. Mucha gente introdujo el famoso término: “aliens”. Pero, por mucho que cada semana parezca que se han descubierto marcianos en algún lugar del universo, no se trata de aliens, por la sencilla razón de que se requiere una sonda en el satélite para poder confirmar un dato así, al menos con la tecnología actual.

El satélite Europa de Júpiter es una luna compleja y dinámica, algo menor que la Luna, y de la que se sospecha que dispone de una estructura interior que podría albergar agua en un océano interno. Esas condiciones y las particulares características del satélite, similares en composición a la de la Tierra, podrían haber permitido el desarrollo de vida microscópica, de forma parecida a lo que ocurrió en la Tierra. El descubrimiento de la NASA es, sin embargo, muy importante. Se trata de geiseres, es decir, chorros de vapor de agua que emanan del interior del satélite. Eso quiere decir que dentro hay agua, y, quizás, un océano líquido, como se viene sospechando. Esto de ningún modo significa vida, pero los exobiólogos, es decir, los biólogos especializados en estudiar posibles formas de vida en otros mundos, creen que Europa es un gran candidato a contener vida.

Si se confirmase que hay vida microscópica, ello daría pie a pensar que la vida como tal aparece cuando y al poco de que se den las condiciones adecuadas, como pasó en la Tierra, que, geológicamente hablando, dispuso de vida desde prácticamente los primeros instantes en los que la Tierra pudo albergarla. Si se confirmase que no hay vida, se tendrá que seguir trabajando en modelos bioquímicos y biofísicos planetarios que permitan deducir cuáles son las condiciones para la aparición de vida microscópica.

Por cierto, y como curiosidad, estos exobiólogos que estudian la vida de otros mundos no tienen aparentemente nada que estudiar de momento. Entonces, ¿para qué sirven? Su utilidad es enorme; estudiando otros mundos, y calculando las probabilidades de vida de esos mundos y sus posibles desarrollos en base a la composición de esos mundos, su temperatura, atmósfera, y otros elementos, pueden imaginar posibles formas de vida, y con ello, entender mejor la propia vida en la Tierra. Por cierto, ya hubo noticias de algo así en 2013. Ahora se confirman con más detalle.

De todas formas, una cosa está clara: si algún día se llega a detectar vida en Europa, o en alguna de las otras lunas de Júpiter y Saturno candidatas a poseer vida, ello significará un salto enorme en la historia de la humanidad. No solo a nivel científico, sino también desde el punto de vida humano. Si no estamos solos, si en otro cuerpo del sistema solar también hay vida, parecerá lógico pensar que esta es más común de lo que habíamos pensado, y ello abrirá un sinfín de posibilidades. Por no hablar del impacto a nivel social y cultural de saber que no estamos solos. Las opciones son enormes. Encontrar vida sería uno de los mayores pasos de la humanidad en la búsqueda de dos preguntas eternas: qué somos, y por qué estamos aquí. Esperemos descubrirlo tarde o temprano.

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Europa, Luna de Júpiter