Nuevo extracto de «Las entrañas de Nidavellir II: Promakhos»

Sandra y Robert habían sido amantes hace años. Luego, por circunstancias, Sandra abandonó a Robert. Ambos han mantenido una distancia desde entonces. Pero ahora se han reencontrado, y viejas heridas reaparecen. Heridas, y sueños de un amor roto e imposible…

Las entrañas de Nidavellir II es la segunda parte de esta novela, que conforma el duodécimo libro de la saga Aesir-Vanir. Nidavellir narra la historia de Sandra en 2153, cuando un oscuro personaje la invita a unirse a él para investigar un extraño objeto que ha encontrado la Titán Deep Space Company en la luna Titán de Saturno.

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Este libro es una ruina; manual para escritores desesperados

Bien, ya hemos superado todos los obstáculos vistos en entradas anteriores para escribir un libro (dentro de muy poco habrá un pdf de descarga con todo el material reunido). Vamos a imaginar que hemos conseguido destacar por encima de los incontables libros que se publican diariamente. Hemos conseguido una editorial de las de verdad, de las de antes. De esas que hacen el trabajo de un editor. Y hemos logrado conseguir un grupo de interesados en nuestra obra. El mundo nos sonríe, las trompetas suenan, y los ángeles cantan odas a nuestra gloria eterna.

En esa situación, ha llegado el momento de la verdad: el momento de presentar el libro en cualquier evento literario, y mandarlo a imprenta. Dicha imprenta distribuirá nuestro libro ¡por todo el país! Incluso puede que por el extranjero, si la cosa funciona bien.

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Yggdrasil: un salto de mil millones de años

Tenía preocupación por terminar «Promakhos», la segunda parte de «Las entrañas de Nidavellir». No poder terminarlo antes de dejar este mundo suponía no cerrar la línea de tiempo de la subsaga de Sandra, y no me gusta dejar las cosas a medias si puedo evitarlo. La muerte tiene la mala costumbre de presentarse en los momentos más inesperados. Me molesta su eterna falta de educación y su arrogancia.

Pero lo he conseguido, y el libro está ya terminado. Ahora viene «el premio gordo»: terminar los cuatro libros que quedan para cerrar las dos líneas de tiempo, y unir la trilogía de «La leyenda de Darwan» con la subsaga de Sandra, cerrando el círculo de la humanidad de cuatro mil millones de años en el futuro.

Ilusión no me falta, pero la ilusión por sí sola no construye el futuro. Hace falta trabajar duro, y con el tiempo y los recursos necesarios. De todo ello hablo en este enlace, por si alguien quiere conocer la naturaleza de este decimotercer libro.

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Yggdrasil – Saga Aesir-Vanir

«Voices from the past» (voces del pasado)

Actualizado: por fin está disponible «Promakhos». Ha sido un camino largo. Y duro. Pero ha merecido la pena.

Traigo aquí hoy un pequeño homenaje musical a «Las entrañas de Nidavellir II: Promakhos», y más concretamente a la segunda parte, que ya está disponible actualmente. Esta obra ha sido sin duda la más dura, la más compleja, y la única donde realmente me he retrasado con respecto a mis planes iniciales. En parte por mi vida privada, siempre compleja y difícil, pero también en parte porque la obra lo merecía. Es el duodécimo libro de la saga.

Necesitaba darle un componente especial, ya que al fin y al cabo cierra la subsaga de Sandra, y uno de los dos caminos que la humanidad recorre en los cuatro mil millones de años de historia que contempla la saga Aesir-Vanir.

Sin duda el esfuerzo ha merecido la pena. La obra tiene el aspecto que quería que tuviese. Que sea buena, regular, o mala, eso lo decidirá el lector por supuesto. Pero yo he podido dotar a la obra de los elementos que quería, y con la estructura final que había pensado, y que ha requerido un esfuerzo importante. Son 530 páginas esta segunda parte, que con las 600 páginas de la primera parte, conforman sin duda la obra más larga en la saga Aesir Vanir.

El futuro, ahora, es Yggdrasil, la nueva novela, que es el elemento final antes de la segunda trilogía, que dará fin a la saga. O eso espero, poder escribirlo. Quieran los dioses darme tiempo y recursos para ello. Si no, igualmente estoy satisfecho con el trabajo llevado a cabo. Ha sido un sueño. Duro, difícil, tenaz. Pero un sueño. De eso no cabe ninguna duda.

La chica que sale en la imagen representa al personaje de Yvette Fontenot, una de las protagonistas de la historia. Un personaje inspirado en alguien importante de mi vida pasada, con la que comparte aspectos y semejanzas. Pero ¿qué es un libro, sino un retal de los sueños, los miedos, los recuerdos, y las esperanzas de quien lo escribe?

El demonio que vive en las letras

Una amiga se ha dirigido a mí recientemente, sorprendida y extrañada. Se supone que soy una persona tranquila, pacífica, relajada (se supone, la procesión va por dentro como suele decirse). Amante de los animales y de los niños, y abogando siempre por un mundo en paz y mejor para todos. ¿Cómo puede alguien así explicar la vida de un asesino psicópata que es, además, pagado por el gobierno de turno, para realizar operaciones de búsqueda y eliminación de individuos y de sus familias de forma cruel y sin compasión? ¿Cómo puede una persona normal explicar las monstruosidades de las que es capaz un ser humano, sin estar realmente perturbado y enfermo?

La paradoja entre escritor y su literatura es muy concurrente, y la veo en demasiadas ocasiones, no es la primera vez que me pasa que alguien me conoce y se sorprende de esa dualidad. O, al revés, leen la novela, y al conocerme quedan descolocados. La explicación: no somos lo que parecemos. Y la segunda explicación: somos muchas más cosas de las que aparentamos, muchas de ellas horribles; demonios que viven en nuestro interior. Cómo gestionar esos demonios es el tema a tratar aquí.

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Tus demonios son tus enemigos, pero puedes negociar con ellos un acuerdo

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El vacío que deja un libro

Aviso: este es un texto de carácter personal e introspectivo. No hablaré aquí de ciencia o de humanidades, sino de algunas sensaciones personales que recorren mi alma estos días. Este escritor no se hace responsable del dolor de cabeza que pueda sufrir al leer estas líneas, pero puede ofrecerle un gelocatil con agua si lo desea. Muchas gracias.

Ayer terminé de escribir la segunda parte de «Las entrañas de Nidavellir», después de la revisión final. Queda ahora el proceso de retoques y ajustes, que llevará tres o cuatro días máximo, pero el trabajo está hecho. Luego, publicar el libro, y listo. Son, en total, 281.000 palabras, entre la primera y la segunda partes. Además, con este libro concluye lo que he denominado como «subsaga de Sandra», que es esa señorita morena que suele aparecer en la parte superior del blog. Son, en total, ocho libros que explican su historia, y su búsqueda para recuperar a su padre, a lo largo de 700 años de su vida. Los libros no están escritos cronológicamente, y en este ella tiene 104 años.

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Con lectores así, ¿quién quiere editores?

Justo fue la entrada anterior a esta la que hablaba sobre lectores y crítica literaria. Y ahí puse de ejemplo de portada la de la tercera parte de «La leyenda de Darwan», diseño creado y desarrollado por el dibujante Antonio Rodríguez Cano, un viejo amigo que se ofreció a dibujar las portadas a cambio de que no le contara más chistes por Facebook. La casualidad ha querido que, al día siguiente, me llegue uno de los comentarios más bonitos que he recibido nunca de un lector, que es además autor de su propia saga de ciencia ficción.

La verdad es que, tal como comentaba recientemente, uno siempre espera recibir comentarios de todo tipo. Agradeces los positivos, y analizas los negativos, pero todos los comentarios, o digamos casi todos, son útiles y aportan un valor añadido al escritor. Pero a veces llegan comentarios que son tremendamente estimulantes, y que te dan alas para seguir escribiendo. Son gotas de fuerza y aliento que te dan las energías para ese difícil siguiente paso que siempre hemos de dar para no quedarnos quietos. Porque el movimiento es vida, quedarse quieto es morir al instante.

He intentado por supuesto publicar con varias editoriales la trilogía, pero ha sido un fracaso tras otro. Sin embargo, la autopublicación y el boca a boca están funcionando muy bien. Porque de eso se trata: de llegar al lector. De una forma u otra, pero llegar. No voy a compararme con nadie, ni a intentar superar a nadie. Me propongo superarme a mí mismo cada día. Ese es un reto realmente apasionante, y que seguiré cultivando hasta el último día de mi vida.

Agradecer al amable lector sus palabras, tal como le he hecho saber ya, en la idea de que, como decía recientemente, es el lector el que tiene la última palabra. Siempre. Y con lectores así, poco más se le puede pedir a la vida. Muchas gracias.

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Críticas y portadas, cuando el final está cerca

Seguimos nuestra ruta literaria por la publicación de un libro, y sus pasos. Una ruta que es siempre muy personal, pero que requiere de unos elementos fundamentales. De esos elementos estamos tratando de hablar. Ya hemos comentado algunos.

Elementos a tener en cuenta en la confección de una obra literaria:

  • La estructura del libro y su revisión, la famosa regla «3.1» (se me ocurrió ese nombre recordando las notas que sacaba de pequeño en matemáticas).
  • A continuación, hablamos de aquello que el libro debe aportar al lector para emocionarle y llevarle a donde queremos. Al lector hay que hacerle vibrar, tiene que sentir placer y amor, odio o tristeza, melancolía o alegría, pasión o locura, lujuria o muerte. Lo que sea. Pero que sienta algo. Las letras son los cuchillos que has de lanzar al lector para cortar su alma en pedazos, y descubrirle su desnudo interior.
  • Y, por supuesto, debemos olvidarnos de las modas sociales y culturales en las que vivimos. No tenemos que quedar bien con nadie, excepto con el lector. Escribimos ficción, no un ensayo. Soñamos con mundos perfectos, o terriblemente duros y oscuros. Dejemos los cupos de personajes y situaciones que parece necesitar cada época artística. Ciñámonos a escribir. No vivimos en el siglo XXI; somos atemporales. Aunque cueste, debemos retrotraernos del mundo. De nuestra cultura. Es difícil, claro. Pero es importante. Ese es el primer paso para crear una obra que tenga alguna posibilidad de convertirse en inmortal.

Ahora, cuando ha terminado su obra tras los pasos anteriores, es cuando ha de sentirse muy orgulloso de su trabajo. Pero recuerde: la palabra final la tendrá el lector. Y a ellos se debe el escritor.

Y aquí, estimados amigos y amigas, es donde entramos en un terreno difícil y pantanoso: las críticas. Ay, las críticas. Si pudiéramos recoger la ira que ha derramado cada crítica y convertirla en un proyectil, podríamos hacer temblar los cimientos del mismo infierno. Pero hay que saber contenerse. Y escuchar. Veámoslo.

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Un autor captura a un lector que ha hecho una mala crítica de su libro

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Cuando descubres que escribir vale la pena

El oficio de escritor tiene fama de ser solitario y frío. Quizás por eso exista esa necesidad imperiosa por parte de los escritores de darse a conocer en cualquier lado, de cualquier forma, a cualquier desafortunado que se te cruce por delante, y tenga que aguantar una charla sobre tu último libro, antes de escabullirse por alguna esquina pidiendo socorro. Por eso, precisamente, suelo hablar muy pocas veces de mi trabajo literario. De hecho, solo para anuncios de salidas de libros y poco más.

Sin embargo, este fin de semana me he llevado una gran alegría ante el comentario de una lectora, que se ha atrevido a leer uno de mis últimos trabajos. Esta lectora es además una persona experta en el mundo de la literatura, con amplia experiencia como lectora, y con una muy buena reputación en la materia. Independientemente de que se deba valorar cada opinión por igual, cuando recibí el mensaje y vi que era ella, me temí lo peor; iba a despellejarme vivo y a usarme para decorar su ensalada.

Pero no. La sorpresa vino al leer el comentario, y sin duda, este texto es una de esas ocasiones donde sientes que el trabajo ha merecido la pena. Cosas así son las que le animan a uno a seguir adelante en este mundo parco y complejo de las letras. Porque las letras son mi vida, y sin ellas no soy nada. Muchas gracias a Maria del Carmen por sus palabras. Es una bonita forma de acabar el mes, sin ninguna duda.

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Gestión de la tensión emocional; rompiendo mitos

Vamos a comenzar con una frase:

«Los libros son un puñado de emociones volcados en un papel, escondidos para sorprender a la primera mirada que se pose sobre ellos».

Efectivamente, esa es una definición que podría darse por apta de lo que son los libros de ficción. Un libro, como todo elemento artístico, debe emocionar. Tiene que tener una estructura clara y concisa, y una estructura lógica, como ya comenté en otra entrada.

Pero, en esta entrada, me quiero concentrar en las emociones. Y, más concretamente, en la tensión emocional. Todo arte genera distintas emociones, no solo la literatura. Por ejemplo, un cuadro, aunque parezca una imagen única, está compuesta de un sinfín de elementos que, unidos, conforman una emoción.

Correcto, pero eso ocurre con una obra literaria también. Cuando terminamos un libro, tenemos una emoción general. Pero cuadro y libro tienen a su vez un sinfín de emociones medias, entrelazadas, que sumadas, generan la emoción final.

Vamos a verlo con Velázquez y el cuadro de la Venus del espejo. Que traiga este cuadro aquí no es casual; tiene que ver con la clase de historia del arte que nos dio el profesor de dicha materia cuando yo era estudiante, y no estaba perdiendo el tiempo en cualquier esquina (era muy raro de todas formas que me perdiese una clase de historia del arte). Ahora entraré a ello.

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Venus del espejo (Velázquez)
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