Conversación entre dinosaurios

Nadie sabe qué hubiese ocurrido con los dinosaurios si no se hubiesen extinguido por la colisión de un asteroide, hace 65 millones de años. Lo que sí es cierto es que algunas de esas especies, como el famoso velocirraptor, eran sin duda organismos muy avanzados, muy alejados de esa imagen de lagartos que siempre nos habían mostrado años atrás.

La paleontología ha avanzado mucho desde entonces, y hemos visto que sin duda hubiesen podido evolucionar hasta ser inteligentes, entendiendo ese concepto como la capacidad de manipular el entorno, y tener conciencia de aspectos abstractos como la ciencia y el arte. ¿Por qué no? Mucha gente dice que debe haber vida inteligente en otros planetas. Estoy de acuerdo. ¿No hubiesen sido entonces los dinosaurios candidatos a seres inteligentes de nuestro propio planeta?

Nunca lo sabremos, ciertamente. Imaginemos que, poco antes de extinguirse, alguna de esas especies había desarrollado un modelo básico de comunicación. Y que hubiesen pensado en viajar a otros mundos. ¿Absurdo? ¿Por qué? El ser humano lleva siglos y milenios imaginando otros mundos y cómo podrían ser. No ha hecho falta llegar a la era del espacio para imaginar esa posibilidad.

Lo cierto es que ahora hay gente que niega las ventajas de viajar a otros mundos. Pero este mundo, la Tierra, no será eterno. Incluso si se mantiene entero, un asteroide podría provocar una nueva extinción masiva. Y vuelta a empezar. No me gustaría que, dentro de 65 millones de años, palentólogos de una nueva especie inteligente examinen nuestros restos, y se pregunten: «teniendo la tecnología, ¿por qué no buscaron otros mundos donde pervivir?» Es una interesante pregunta. Sin ninguna duda.

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Cuando cultura y ciencia son un producto

Hace un tiempo, por motivos diversos, contacté con varios escritores de distintos géneros literarios, ciencia ficción, aventuras, poesía, y a través de ellos he visto cómo el mundo de la literatura ha cambiado en los últimos cuarenta años, desde los tiempos en los ochenta cuando las editoriales eran empresas que recibían un manuscrito, lo aceptaban o rechazaban, y luego lo publicaban en caso de aceptar el texto.

Hoy en día, los escritores tienen que preocuparse de todo: de escribir lógicamente, pero también tienen que ser, en muchas ocasiones, sus propios editores, sus propios correctores, sus propios gestores, y sus propios publicistas. Al final, el escritor lo es como tal una pequeña parte de su tiempo. El resto de ese tiempo lo dedica a hacer cosas que antes hacían las editoriales. En cuanto a las editoriales, simplemente se han convertido, cada todas ellas, es simples imprentas, donde el escritor ha de pagar para que publiquen su libro.

¿Y en el mundo de la ciencia? ¿Qué ocurre con los científicos? Exactamente lo mismo. Tal como explica Peter Higgs, el descubridor del bosón de Higgs y premio Nobel de física en 2013, los jóvenes científicos se ven abocados a publicar constantemente artículos que de ciencia tienen poco, porque han de competir para obtener dinero para sus estudios, y cuando lo tienen, se ven forzados a realizar publicaciones constantes para demostrar que están invirtiendo ese dinero en productividad. ¿Productividad? La ciencia no puede ser productividad. La ciencia es investigación, que a veces tiene éxito, y la mayoría de las veces no la tiene.

Peter Higgs explica que él solo publicó cuatro artículos, y con ellos ha ganado el premio Nobel, en un clima, en los años sesenta, adecuado para que los científicos hicieran su trabajo de investigación durante años, incluso décadas. ¿Cómo se espera hacer investigación si hay que estar publicando constantemente? Esto es cualquier cosa menos ciencia.

Es un tema preocupante. Los creadores, escritores o científicos, y otras ramas del arte, la cultura y la ciencia, se ven abocados a convertirse en máquinas de producir, en publicistas, en una locura por ser el primero frente a una feroz y durísima competencia. Así no se puede crear nada; ni arte, ni cultura, ni ciencia. Y es una pena, porque la sociedad va a pagar, de forma muy dura, el perder esos principios básicos de concentración, disciplina por el trabajo, y búsqueda de nuevas fronteras. Hoy todo es correr y ser el primero, sin importar la calidad, solo la cantidad.

Esperemos que eso cambie en el futuro. Debemos construir sociedades basadas en el pensamiento, no en en el marketing, o nos veremos abocados a un desastre de consecuencias imprevisibles.

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Peter Higgs

Aspectos jurídicos y sociales de la IA

Como ya comenté recientemente, todo el mundo está entusiasmado explicando diversos fenómenos naturales mediante la presencia de extraterrestres. Cuando hablamos de extraterrestres, siempre por supuesto pensamos en seres inteligentes, no como sucede en la Tierra.

Bueno, dejando aparte esta pequeña broma, nos referimos a seres que son capaces de mostrar signos de comprender aspectos de las matemáticas, leyes de la física, comunicación verbal compleja, e interacción social avanzada. No, no me refiero a ballenas y delfines, que cumplen todos esos requisitos. Falta uno: manipulación del entorno para creación de herramientas, y muy importante: creación de herramientas para crear herramientas. Algunos simios usan palos o piedras, pero no construyen objetos usando otros objetos.

Pero el sueño del ser humano, o a menos de algunos seres humanos, es poder contactar con una civilización extraterrestre, o al menos, verificar su existencia. Sin duda sería probablemente un suceso de proporciones colosales para la humanidad. ¿O existen otras posibilidades?

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Richard Feynman, ese genio desconocido

La frase para hoy es de Richard Feynman. Puede que no le suene ese nombre; le sonarán Einstein, Newton, o Bohr, o también Heisenberg. Pero mucha gente no conoce a Feynman. Sin embargo, es uno de los más importantes físicos de la segunda mitad del siglo XX. Entre sus muchos logros, está la cromodinámica cuántica por supuesto, pero también los diagramas de Feynman, absolutamente revolucionarios.

Sin embargo, a Feynman se le conoce también por su pasión por la física y por la ciencia en general, y por cómo contagiaba a sus alumnos de esa pasión. Ese rasgo, más que otro, es el que más me interesa de su personalidad en cuanto a divulgación científica se refiere. Feynman era capaz de convertir cualquier aburrida clase en una locura, en una fiesta, en pasión pura por el conocimiento.

La frase que acompaña a este texto define muy bien su idea: redescubrir lo descubierto. Experimentar lo experimentado. Solo si recorremos el camino que antes abrieron otros, seremos capaces de abrir nuevos caminos.

Esa es la idea del genial Feynman: explora, investiga, aprende, y disfruta viendo cómo otros obtuvieron esos resultados. Y lo más importante: verifica que esos resultados son correctos. Por ti mismo verás que la ciencia no engaña, porque tú serás capaz de obtener la misma información para los mismos experimentos. Esa es la grandeza de la ciencia. Y sin duda eso abrirá el camino de la curiosidad y la investigación para crear nuevas fronteras.

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La sonda Schiaparelli se ha perdido; conclusiones

La sonda Schiaparelli de la Agencia Espacial Europa (ESA en sus siglas en inglés) se ha perdido cuando realizaba el descenso automático en Marte. Recordemos que no se puede controlar el descenso de forma manual desde la Tierra porque las órdenes tardan varios segundos en llegar, unos 180 (3 minutos) en el mejor de los casos. ¿Qué podemos aprender de este fracaso? Mucho, sin duda.

Otras sondas enviadas a Marte también han corrido la misma suerte. Sin embargo, afortunadamente otras han cumplido con éxito su misión. Pero aterrizar en Marte (amartizar en realidad no es correcto según la R.A.E.) es un proceso altamente complejo y que requiere obtener una gran experiencia. No voy a entrar en los detalles técnicos, aunque sin duda espero escribir una entrada sobre el tema en este blog, pero sí diré ahora que queda mucho trabajo por delante.

Lo que me preocupa de todo esto no son los fracasos. Viajar a Marte es una tarea costosa, y que entraña grandes dificultades. Lo que me preocupa es ese entusiasmo y esa fiebre que de pronto parece haberle entrado a todo el mundo por llevar seres humanos a Marte. Ya hablé del caso que me parece más controvertido, el de Elon Musk, presidente de SpaceX, que dice que no solo va a llevar a cien seres humanos en el primer viaje, sino que hay que estar dispuesto a morir si se participa en su proyecto. ¿Qué es esto, ciencia, investigación, o una película de superhéroes dispuestos a morir por la humanidad?

Seamos serios por favor. Los desarrollos en ingeniería y la experiencia necesarias para llevar seres humanos a Marte solo se conseguirán mediante programas espaciales que, de forma segura y progresiva, vayan quemando etapas para conseguir el propósito buscado: que haya humanos en Marte, y por supuesto, que puedan volver. Es exactamente esa filosofía la que llevó a seres humanos a la Luna. Una Luna por cierto olvidada, por cuanto establecer personal y una base allá sería un paso previo. Se han perdido 40 años dejando a la Luna de lado, ahora es el momento de volver.

Este fracaso permitirá a la ESA obtener mucha información y experiencia, y, como todos los fracasos, es amargo, pero es una fuente de conocimiento. Hay que dar nuevos pasos, crear mejores sistemas, y desarrollar mejores tecnologías. Y eso es lo que debe hacerse para la conquista del espacio, si queremos que sea de una forma controlada, ordenada, y por supuesto, segura para los futuros seres humanos que viajen al planeta rojo. La NASA y su proyecto Orión es un ejemplo de cómo deben hacerse las cosas. Ellos ya lo han dicho: la seguridad de sus astronautas es lo primero. No entendería otra postura ni otra estrategia para el espacio.

Una pena lo ocurrido con la sonda Schiaparelli. Y una lección: cualquier fallo en el espacio es mortal. Seamos cautos, y caminemos hacia el futuro. Pero hagámoslo con sentido de la realidad, y dejando las ambiciones y las palabras huecas a un lado. Le hacen un flaco favor a la humanidad.

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Asgardia, la ciudad de los dioses. Literalmente

Suelo tener fama entre mis amigos y familia de ser como el que siempre tiene que dar el toque negro y el punto oscuro a cualquier tema interesante y prometedor. Pero no puedo permitirme no hablar de aquellas cosas que son evidentemente contrarias al principio que proclaman, cuando observo que el objetivo, y el resultado, pueden ser altamente incompatibles. Yo no niego que podamos tener sueños, solo informo de que esos sueños han de ser realistas, coherentes, y de acuerdo a los principios más básicos de igualdad, equidad, y de paz.

Esto es lo que me ocurre con «Asgardia», una propuesta de ciudad en el espacio, y relacionada con el nombre de la mitología nórdica de Asgard, el hogar de los dioses. Muy bonito, es una idea interesante usar nombres de elementos de la mitología nórdica para nombrar ideas y proyectos y otras cosas, algún día debería yo hacer lo mismo. Mientras tanto, veamos una serie de tres puntos fundamentales:

1.- Asgardia es el nombre de una supuesta nación nueva que existirá en una estación espacial en órbita terrestre. Será una ciudad futurista por supuesto, que velará por la humanidad y su progreso. Suena genial.

2.- El nombre viene de Asgard, el hogar de los dioses. Por el amor de Odín, ¿nadie ve el primer problema? La ciudad de los dioses. ¿Es que no hemos tenido suficiente autocomplacencia con nosotros mismos en los últimos 50.000 años? El lugar de los dioses significa que serán dioses quienes lo habiten. ¿No me cree el lector? No hay problema, voy a demostrar que es así en el punto 3.

3.- Según declaran los iniciadores de esta idea:

If you look at a nation’s population, statistically, 2 percent of the population are creative and productive and progressive, so we hope that looking at the population of Earth, 7.5 billion, we are hoping that 150 million would be those creative progressive people [who become Asgardians].

Y traducido:

Si observas la población de una nación, estadísticamente, el 2 por ciento de esa población son creativos, productivos y progresistas, así que esperamos que, observando la población de la Tierra, que es de 7,7 mil millones de habitantes, creemos que 150 millones serán esas personas progresistas que puedan convertirse en habitantes de Asgardia (Asgardianos).

¿Lo ve el lector? Es muy sencillo: esto es una forma poética de xenofobia. ¿Quién forma parte de ese 2 por ciento? ¿Yo? ¿Usted? ¿Quién elige al que es «creativo, productivo y progresista? ¿Quién viaja a Asgardia y quién se queda en la Tierra? ¿Qué pensarán los rechazados?

Había visto algo similar hace años. Concretamente en el Mein Kampf y en el ideario de los nazis de la raza superior. Esta idea es absolutamente monstruosa y devastadora.

Vamos a dejarlo claro: en la humanidad, NADIE debe ser excluido por su condición: sexo, edad, raza, creencias, o conocimientos. NADIE. Sí, si una persona atenta contra la sociedad ha de ser detenida y juzgada, pero eso conforma una mínima minoría de la sociedad en todos los ámbitos. Una ciudad en el cielo que filtra a las personas por cualquier razón es una irresponsabilidad, una locura, y una monstruosidad que atenta contra los principios más básicos de la humanidad y su diversidad.

Asgardia como concepto está bien. Yo cuando oí la idea pensé en apuntarme. Luego, cuando leí el ideario, pensé que con los nazis y otros personajes similares en esos idearios ya he tenido bastante en mi vida. Asgardia es el sueño de hombres que quieren convertirse en dioses, relegando al resto de la humanidad a vivir fuera de su ciudad sagrada en los cielos. Conmigo que no cuenten. La humanidad somos todos. Un solo excluido, y el próximo seremos nosotros. Qué pena que se olviden tan rápidamente las lecciones de historia que hemos aprendido. E ignorado.

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Marcianos. Marcianos por todas partes

Últimamente, los medios de comunicación, incluso aquellos que se supone son serios y contrastados, se están llenando de noticias en relación a descubrimientos y hechos relacionados con alienígenas. El último, hace un momento cuando escribo esto, en relación a la sonda Voyager 2, que está actualmente saliendo del sistema solar, dirigiéndose al espacio profundo. Se sugiere que los extraterrestres podrían estar detrás de un fallo de la sonda.

Según esta noticia, la sonda comenzó a enviar información sin sentido. Tras investigar, se descubrió que ha habido un desplazamiento de bits, donde el 1 pasa a ser el 0, y el 0 pasa a ser el 1. Debido a la distancia a la que se encuentra, se sugiere, ni más ni menos, que son los extraterrestres los causantes del mal funcionamiento de la sonda, cambiando los bits en una especie de «respuesta». ¿Eso es una respuesta? Son un poco tontos estos marcianos parece ser.

Dejando aparte lo ridículo de esta explicación, se  hace evidente la obsesión de mucha gente por explicarlo todo por acción de los marcianitos de turno, que no tienen otra cosa que hacer que molestar. O, si se descubre algún fenómeno o efecto extraño, se achaca a marcianos enseguida. Tal es el caso de algunas estrellas que, debido a fenómenos difíciles de explicar, tienen su origen en las esferas de Dyson, de civilizaciones muy avanzadas.

Antes, las cosas que no se entendían se explicaban mediante milagros y ángeles. Ahora al parecer todo se puede explicar por acción de los extraterrestres. Pero ¿por qué ocurre esto? Es muy sencillo.

La enorme competencia de los medios de comunicación por atraer a los lectores y obtener los famosos “click” que pagan las facturas mediante la publicidad, abocan a entidades de información antes serias a convertirse en circos ambulantes, intentando desesperadamente, y de forma semanal, o incluso diaria, con traernos la noticia que cambiará la historia de la humanidad para siempre. Es el famoso “clickbait” del que ya hemos hablado en alguna ocasión.

Pero es preocupante que webs serias y rigurosas se dediquen a desinformar al público con teorías de bichos verdes o grises que se dedican a jugar con sondas en el espacio profundo. ¿Es el hijo joven de algún marciano el causante de que la sonda Voyager 2 mande información errónea? ¿Habrá que dejarle sin llevarle de vacaciones a Alfa Centauri por su mal comportamiento? Realmente patético.

Lo cierto es que no hay extraterrestres. No hay ninguna evidencia de extraterrestres. Y es posible que nunca se detecten, si es que se puede conseguir alguna vez. No digo que no existan, probablemente hay vida en otros mundos, por una simple cuestión de probabilidad. Ahora bien, contactar con ellos, incluso poder pasar información, eso ya es otro tema. ¿Debe seguirse la exploración del espacio profundo en busca de pruebas? Sí, naturalmente. Pero hasta que no se encuentre una señal clara y perfectamente identificable, hablar de marcianitos para explicarlo todo es simplemente constatar una profunda ignorancia.

Por cierto, el famoso doctor Stephen Hawking declaró recientemente que, quizás, no sea oportuno dar a conocer nuestra posición a seres de otros mundos. Podrían tener intenciones hostiles, venir aquí y conquistar la Tierra. Con todos los respetos al gran científico, no me imagino a una especie avanzada preocupándose por nosotros. ¿Nos preocupamos nosotros por las bacterias del suelo? Claro que no. ¿Por qué deberían ellos preocuparse por una especie primitiva, perdida en un extremo de la galaxia? ¿Por los recursos? La galaxia está llena de ellos. ¿Por curiosidad? Probablemente haya mucha vida en la galaxia como para preocuparse. ¿Para convertirnos en hamburguesas? Dudo que una especie avanzada no haya superado la etapa de tener que comer el bocadillo de media tarde para sobrevivir.

En definitiva, y como siempre, la idea es llamar la atención. En eso sí que nos diferenciamos del resto de seres de la Tierra; somos los únicos en hacer el ridículo con ideas absurdas a una escala galáctica, cuando no montar guerras fraticidas de niveles inconcebibles. Mira, quizás por eso sí podrían interesarse los marcianos por nosotros. Quién sabe.

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Aquellos chalados en sus locos cacharros

Esta semana se han anunciado nuevas empresas, entre ellas la archiconocida Boeing, que aceptan el reto de Elon Musk de llevar al primer ser humano a Marte, indicando que ellos serán los primeros en llegar al planeta rojo.

Todo esto sin olvidar que la NASA, con el proyecto Orión, también construye un cohete, el SLS, para ir a Marte. China, por su parte, ha anunciado que serán ellos los primeros en llegar, y por supuesto reclamar, el suelo marciano. Y seguramente Rusia se apunte pronto. Solo queda Europa, que colabora con la NASA en el proyecto Orión, pero no tiene un proyecto propio.

Yo, que recuerdo el día en el que el Apollo XI llegó a la Luna, y que vi el alunizaje por televisión junto a millones de seres humanos, no puedo por menos que estremecerme. Tanto en el aspecto positivo, como en el negativo.

En el positivo, porque veo nacer una nueva carrera espacial, y eso siempre es bueno. ¿Por qué? Es muy sencillo: el mundo tecnológico actual, los sistemas médicos modernos, los ordenadores, las telecomunicaciones, no existirían sin la carrera espacial. Apague el ordenador, el teléfono, y decenas de inventos que usamos cada día. Apague la mayoría de sistemas de los hospitales, y de los automóviles y aviones comerciales. Sin la carrera espacial, no existirían. Además, como amante de la astronáutica, me siento feliz de haber vivido dos carreras espaciales. Vi nacer y morir la primera en los sesenta, y veo nacer la segunda.

En el lado negativo, tengo una gran preocupación por el hecho de que ir a Marte no es una vuelta por el campo. Puede hacerse. Debe hacerse. Pero los peligros son casi infinitos. Y veo mucha palabrería, mucho discurso, muchos aplausos, y mucho orgullo en las empresas que prometen ser las primeras en llegar a Marte. ¿Cuántas vidas se pueden perder ante algo así? La idea de Elon Musk y SpaceX de llevar en un primer viaje de solo ida a 100 seres humanos es una completa locura. Se han de cubrir etapas poco a poco, como se hizo con el proyecto Apollo de los años sesenta, que fue precedido de los proyectos Mercury y Gemini.

No lo veo claro. No el hecho de ir, sino toda esa fanfarria y ruido patriótico y de orgullo. No, el espacio no se conquistará con palabras grandiosas y preciosos discursos. Y que nadie lo olvide: morirá gente. Y no pocos. ¿Qué caras pondrán esos orgullosos empresarios cuando su gente, sus pilotos, sus científicos, sus investigadores espaciales, sus colonos, sean cadáveres sobre suelo marciano, o perdidos en el espacio para siempre? ¿Quién tomará la responsabilidad de que eso no ocurra? ¿Cómo justificarlo?

Cuidado. La carrera de los años sesenta fue una locura. Pero se tuvieron en cuenta enormes aspectos de seguridad. Aun así murió gente. Ahora, si no se tiene cuidado, pueden morir muchos más.

Pero, como siempre digo, lo mejor es un ejemplo: Apollo XIII. Estuvieron a punto de perder la vida. Todo estaba controlado, y sin embargo, podrían haber muerto. Se salvaron por equipos de gente brillante que encontraron soluciones brillantes. ¿Dónde está esa gente brillante ahora? Cuidado: el espacio no admite ni un solo error.

Para hacerse una idea, recomiendo la película «Apollo XIII», una verdadera obra de arte del cine. Absolutamente genial. En las imágenes adjuntas pueden verse el cartel de la película, y una foto real de cómo quedó el módulo de servicio del Apollo XIII tras la explosión del tanque de oxígeno.

Hablaré mucho más de estos temas, por supuesto. Es un asunto apasionante. Pero peligroso. Me encanta que haya competencia, y deseos de abrir nuevas fronteras. Pero seamos cuidadosos. El espacio podría llenarse de cadáveres, y morir en un traje espacial perdido en la inmensidad del vacío, o en un planeta frío y sin casi atmósfera, no es precisamente el sueño de ningún hombre o mujer sensatos. Seamos cuidadosos. Nos irá la vida en ello.

Platón y la búsqueda del mundo real

Ya hemos hablado en alguna ocasión de la importancia de la filosofía en la formación del individuo como un todo armónico, en el que la mente no aprende conocimientos más o menos importantes, sino que aprende a valorar y argumentar esos conocimientos, dándole en cada caso la dimensión adecuada. Sin un sistema que permita analizar la información para contrastarla y dimensionarla de forma que sea útil, un ser humano no es más que un ordenador orgánico, es decir, un enorme almacén de datos.

Cualquiera puede memorizar datos. Darles un uso útil es otro tema. La inteligencia no se mide por la cantidad de conocimientos, sino por cómo obtener el máximo provecho de esos conocimientos, y más importante, cómo obtener nuevos y mejores conocimientos a partir de los anteriores.

En esta ocasión, y para dar una dimensión concreta a esa idea, vamos a revisar someramente el pensamiento del que sin duda es uno de los más grandes filósofos de toda la historia: Platón.

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Elon Musk presenta su idea del viaje a Marte

Elon Musk, responsable de la empresa aeroespacial SpaceX, acaba de anunciar que prepara un proyecto para llevar al ser humano a Marte. Y lo ha hecho presentando un vídeo con una infografía sobre cómo pretende convertir ese viaje en una realidad. Podéis ver el vídeo adjunto.

Es interesante comparar este proyecto con el proyecto Orión de la NASA. Y voy a dar mi personal opinión, que es por supuesto la de un lego en la materia. Mi único conocimiento sobre la carrera espacial son los cuarenta y cinco años que llevo siguiendo y estudiando sus progresos, desde aquel famoso día en el que el Apollo XI llegó a la Luna, un evento que tuve la suerte de ver por televisión junto a millones de personas. Pero no soy, en absouto, un experto en la materia, solo un amante de la astronáutica.

Dicho esto, diré que este proyecto tiene más de ciencia ficción que de ciencia. Ya el plan para poner en órbita una masa tan grande, y repostarla de esa forma, me parece una idea arriesgada. Pero lo que más me llama la atención es el desmesurado tamaño de la nave. Si se compara al principio con la silueta de seres humanos, ese cohete es un verdadero monstruo. Ya se ve la gran cantidad de motores que incorpora.

Luego, el segundo problema es el viaje en sí. ¿Cuánta gente viaja? Parece que bastante. ¿Cómo mantener a ese grupo de personas durante el viaje, y una vez en Marte? No se ve. No se explica.

El aterrizaje en vertical es fantástico, pero ya se ha visto que es muy arriesgado. Yo no apostaría a aterrizar esa gigantesca masa así. Montaría un cohete auxiliar de aterrizaje.

Pero lo que más me preocupa es esto: ¿y el viaje de vuelta? Fíjese el lector que se ve a Marte dando muchas vueltas, y TERRAFORMANDO Marte. ¿Qué? ¿Pretenden terraformar Marte? De acuerdo. ¿Cómo? ¿Con esa gente que, aparentemente, no volverá nunca a la Tierra? ¿Alguien tiene una idea de lo que supone terraformar un planeta como Marte?

Como película de ciencia ficción me parece genial. Pero, de momento, si el lector me lo permite, voy a apostar el poco dinero que tengo al proyecto de la NASA. Modesto, sencillo, pero llevado a cabo con la experiencia de 70 años de investigación.

Es, como digo, mi opinión, nada más. Si alguien quiere comentar algo, alguna duda, estaré encantado de atenderle.