Inyecciones de vida, qué importantes son

La vida es dura, la vida es cruel, la vida es todo lo mala que uno quiera. Hoy hablaba con una mujer, cuya vida atormentada pasaba por negar cualquier posibilidad de encontrarle sentido a la vida. Todo era negativo, y todo lo que se le dijese solo iba a remarcar su idea de que la vida no merece la pena.

Esa mujer, naturalmente, no odia la vida. Se odia a sí misma. Y, en ese odio, confunde lo que es el recorrido por este mundo con su experiencia y con lo que ha visto: odio, violaciones, mutilaciones, guerra, hambre, dolor, sufrimiento.

Sí, sé de lo que habla. Hace ya años, cuando recogí a una chica que acababa de ser violada, con una vida destrozada, y cuya identidad se había perdido por la cloaca, y cuando comprobé que sus amigos la abandonaban y dejaban de lado, aquella chica quería morirse. Era algo lógico. Al parecer, era la responsable de que hubiese sido violada, por haberse ido en el coche de un amigo que la había prometido llevarla a casa. «No lo conocías bien, ¿por qué te fuiste con él? ¿Por qué no tienes cuidado? ¿Por qué no estabas en casa? Te mereces haber sido violada».

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Los nuevos dioses

Helen Parker murió cuando se acercaba a los treinta años. Una joven normal, con una vida, normal, y nada destacable en su día a día. Excepto que un cáncer repentino terminó con su futuro. Pero algo ocurrió: alguien hizo una copia de su ADN y ARN, y de sus engramas de memoria, es decir, de sus recuerdos y experiencias.

Años más tarde, su cuerpo es regenerado, y sus recuerdos integrados en el nuevo cerebro. Helen es básicamente la misma persona. No es un clon, porque su memoria es la misma. Y porque el ADN y ARN empleado ha regenerado el mismo organismo con la misma edad que tenía cuando murió.

De hecho, Helen podría volver a usar este procedimiento de forma indefinida. Y sería, desde ese momento, inmortal.

Este caso es una ficción de un libro, nada más. Pero la pregunta que subyace tras esta situación es: ¿será posible llevar a cabo alguna vez un proceso así? Y, si eso es posible, ¿qué hacemos con esos que nos esperan en el cielo?

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Gestión de la tensión emocional; rompiendo mitos

Vamos a comenzar con una frase:

«Los libros son un puñado de emociones volcados en un papel, escondidos para sorprender a la primera mirada que se pose sobre ellos».

Efectivamente, esa es una definición que podría darse por apta de lo que son los libros de ficción. Un libro, como todo elemento artístico, debe emocionar. Tiene que tener una estructura clara y concisa, y una estructura lógica, como ya comenté en otra entrada.

Pero, en esta entrada, me quiero concentrar en las emociones. Y, más concretamente, en la tensión emocional. Todo arte genera distintas emociones, no solo la literatura. Por ejemplo, un cuadro, aunque parezca una imagen única, está compuesta de un sinfín de elementos que, unidos, conforman una emoción.

Correcto, pero eso ocurre con una obra literaria también. Cuando terminamos un libro, tenemos una emoción general. Pero cuadro y libro tienen a su vez un sinfín de emociones medias, entrelazadas, que sumadas, generan la emoción final.

Vamos a verlo con Velázquez y el cuadro de la Venus del espejo. Que traiga este cuadro aquí no es casual; tiene que ver con la clase de historia del arte que nos dio el profesor de dicha materia cuando yo era estudiante, y no estaba perdiendo el tiempo en cualquier esquina (era muy raro de todas formas que me perdiese una clase de historia del arte). Ahora entraré a ello.

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Venus del espejo (Velázquez)
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Fragmento de «Las entrañas de Nidavellir II: Promakhos»

Sigue el trabajo agotador de revisión de «Las entrañas de Nidavellir II: Promakhos». Pero ya se otea el final en el horizonte. El libro estará listo y disponible a lo largo del mes de mayo, eso seguro, sin especificar fecha. Son, entre los dos libros, unas 1.200 páginas en total, de un relato que empezó siendo un texto por entregas para una revista literaria ya desaparecida.

La revista desapareció, no así mi interés por continuar esta historia, basada en el año 2153, aunque, como se puede deducir del fragmento, no es el único año que se vive en sus páginas. Estos dos libros forman parte de la saga Aesir-Vanir, y de la lucha de Sandra por conocer su destino y reencontrar a su padre, aspecto que conforma el hilo a través de 700 años de su historia.

La primera parte fue elegida como número 1 en la categoría general de la red literaria Entreescritores, estando en el momento de escribir estas líneas en segundo lugar. Como siempre, agradecer a los lectores sus votos y comentarios, que son los que lo han hecho posible. Espero que disfruten de esta segunda parte, donde las cosas se complican para Sandra, como no podía ser de otro modo. Muchas gracias.

«Dale a un hombre matemáticas y conocerá el universo. Dale a un hombre filosofía y se conocerá a sí mismo, y con ello, al universo».

(Arístides. Del libro «Las entrañas de Nidavellir II: Promakhos»).

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Dime que me sigues aunque sea mentira

Consejo: se recomienda tomar un antiácido antes de leer este texto.

Decir lo que uno piensa no ha estado bien considerado nunca. Pero mucho menos en estos tiempos de sonrisas eternas, fotos de felicidad con la familia, e imágenes de nuestros pies en la playa. Todos somos amigos en el Facebook, todos reímos esa imagen del amigo tomando una copa en su enésima boda, todos ponemos “me gusta” a tal o cual foto porque oye, si el otro día él o ella puso “me gusta” en mi foto, no vamos a hacerle ahora ese feo, que ha puesto la foto de su hija cayéndose de cabeza a la piscina y hay que reírle la gracia.

No. No todos entramos en ese juego. No todos tenemos las cualidades, la belleza o los medios para tener millones de seguidores en twitter, en Facebook, o en Youtube, ni para ser sociales por el mero hecho de quedar bien con nadie. Algunos nos dedicamos a decir lo que pensamos, y a no preocuparnos ni por un instante por los “followers” de esta o aquella red social, ni por el número de amigos que se supone tenemos en Internet. Yo sé quiénes son mis amigos, y ellos lo saben. Y se cuentan con los dedos de una mano.

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Tampoco tengo tan mal aspecto, normalito tirando a corriente…

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Ama la obra, no al autor

Bien, pongámonos en situación. Un individuo lee la obra de un autor, quien sea. Puede ser un desconocido o el más famoso escritor de la historia. Se enamora del libro, y luego lee otro libro de ese autor, y aún le gusta más. Encontrar un autor nuevo que te enamora es siempre algo fantástico y genial.

A continuación, ante ese interés por la obra, el lector busca datos del autor. Si está ya desaparecido podrá leer biografías, quizás ver vídeos si era contemporáneo, pero poco más. Sin embargo, si el autor está vivo, ¿sería posible contactar con él? ¿Incluso conocerlo personalmente?

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Lectora tras descubrir que su autor favorito es del equipo rival de fútbol

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Siguiente parada: Yggdrasil

Aviso: en esta entrada hablo de mi trabajo literario. Siga adelante solo si está dispuesto a correr el riesgo.

Estoy, cuando escribo estas líneas, repasando las 600 páginas de la segunda parte de «Las entrañas de Nidavellir», con el subtítulo «Promakhos». Un trabajo agotador, incluso más que aquel que me supuso «La insurrección de los Einherjar». Son 1.200 páginas en total, que hay cuadrar con delicadeza, y que a su vez deben cuadrar con los diez libros anteriores. Y, una vez terminado, comenzará el trabajo con un libro que no debía existir: Yggdrasil.

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Yggdrasil no tendrá más de 200 páginas. Ya no tengo edad para escribir tomos de 500 páginas, es muy duro y es agotador. Luego quedará la segunda trilogía, donde cada uno de los libros tendrá unas 150 páginas. En ese momento habrá 16 libros de la saga Aesir-Vanir terminados.

¿Y será eso el fin? Al contrario. Será el principio. Claro que puede que antes me sorprenda la dama de fría mirada abrazándome de nuevo. No sería la primera vez que intenta atraparme, y termino escapando de sus manos. Ese truco funcionó una vez; puede que esta vez la oscura dama haya aprendido la lección.

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Portada provisional Yggdrasil

Revisión de novelas y grandes textos. La regla 3.1.

Eres un escritor que acaba de terminar su próxima novela, o quizás, tu primera novela. Aparte de los clásicos y evidentes signos de alegría, porque escribir una novela completa (hablamos de digamos unas 50.000 palabras o más aproximadamente), tiene un gran mérito, el trabajo está hecho. Pero solo en parte.

Terminar de escribir la novela nunca debe ser sinónimo de haber terminado la novela. Queda la fase de revisión, que algunos escritores suelen no tener muy en cuenta, pero que es primordial para ajustar los mil matices que quieres darle a tu obra. Un escritor que no revisa su trabajo no puede entregar al lector una obra bien acabada. Casi nadie en su primera versión dispone de una novela para que sea leída. ¿Por qué? Por cuestiones obvias de estilo, de argumento, de desarrollo, uso repetido de términos, frases que no sabe nadie quién las dice, otras en las que se dejan poco claras las intenciones del personaje, etc.

Otros escritores, sin embargo, entienden que deben escribir la mejor obra literaria posible, dentro de sus posibilidades lógicamente, y quieren que el lector disfrute de una lectura amena y bien redactada. Entonces comienza un proceso de corrección y corrección en un bucle infinito, que termina con algo casi tan peligroso como no corregir. Y a eso lo llamamos sobrecorrección. Aquel texto, aquel diálogo, aquella descripción, ¿están bien así? ¿La cambio? Llega un momento en el que te das cuenta de que estás queriendo que quede tan perfecto, que en realidad lo estás estropeando.

¿Cómo evitar estas situaciones? Con la regla 3.1. Recibe este nombre derivado del sistema empleado para la corrección. Someterse voluntariamente a esta regla permite librarse de muchos de esos temores de corregir poco, o de pasarse corrigiendo. La regla 3.1 emplea tres pasos importantes, más uno sencillo (de ahí el nombre) para corregir el texto. Vamos a ver estos pasos.

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Siete pasos para descubrir al escritor de tus sueños

Estamos en la era de Internet. Y dicen que Internet ha democratizado la igualdad de oportunidades. Todo el mundo puede expresarse, y todo el mundo puede mostrar ante los demás sus sueños de ser un gran escritor. En el mundo de la literatura, esto ha supuesto una explosión sin precedentes en el número de material publicado cada semana, incluso cada día. Sean novelas, relatos, ensayos, poesía, cualquier forma de expresión literaria cuenta con decenas de nuevas incorporaciones día a día.

Entre tanto material hay obras pésimas, obras de una calidad media, y obras buenas. Y, por supuesto, de vez en cuando se encuentran obras de una calidad magnífica. Existen por ahí escritores con un nivel realmente sobresaliente. Y los lectores, que no nos conformamos con leer los “best sellers” que nos lanzan las grandes editoriales a la cara, que queremos leer literatura de calidad desnuda y sin filtros, ¿qué opciones tenemos de encontrar material interesante? Es difícil, pero no es imposible.

Yo voy a proponer un método que, personalmente, me funciona bastante bien. Es importante remarcar que no estoy inventando nada, solo aplicándolo según mi criterio personal. Puede que a otros les funcione, puede que no. Pero creo que este sistema, al menos, permite reducir el espectro de posibilidades de equivocarse al buscar a algún autor que pueda ser de nuestro interés. Los pasos son:

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Lee mi libro o arderás en el infierno

Esta mañana he despertado con la enésima invitación del enésimo escritor invitándome en un privado de Facebook a que lea su libro, pase por su página, ponga me gusta en la misma, y comparta sus entradas. Y yo he hecho lo acostumbrado: bloquear la página del escritor, y bloquear al escritor.

¿Por qué esa actitud mía tan fría y dura? En realidad, el problema no está en mí. Sí, puede que sea un poco radical, pero algunos de estos individuos, si no respondes, simplemente te van mandando su material, una y otra vez, en un bucle infinito de invitaciones.

Lo curioso es que esto nunca, o casi nunca, lo he visto en otro tipo de artistas. No me han llegado pintores con cosas como «¡mira mi dibujo!» o «¡Fíjate qué colores fantásticos he usado en esta pintura!»

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