Vamos a dar una vuelta por el espacio, primero hasta la Estación Espacial Internacional (ISS), y luego hasta la Luna. De ahí seguiremos hasta Marte, dando una pequeña vuelta por los asteroides para comprar algo para los niños a la vuelta. Sin duda, el futuro tiene varios nombres clave, y de dos de ellos voy a hablar ahora: SpaceX, y la NASA.
En estos días la cápsula Dragon de SpaceX ha conseguido ir a la estación espacial Internacional, llevando un muñeco con sensores que simulaba un ser humano. La idea era probar si la cápsula es apta para llevar vida humana hasta la estación y volver. Es de esperar que, si todo ha ido bien, como parece, en una próxima misión suban ya dos astronautas hasta la ISS, dos astronautas que ya han sido elegidos, y se están preparando para ello.
La cápsula Dragon y el nuevo traje espacial. Si se le añade el símbolo adecuado y unos cañones láser hasta Luke Skywalker podría pilotarla
Seguimos con una nueva entrada de esta nueva serie de artículos «Imposibles ficticios», donde comentamos aspectos de novelas y cine de ciencia ficción que son imposibles o altamente improbables. En este caso, tal como dije en la anterior entrada, seguimos en el universo de las películas de «Alien», y hablaremos de otro elemento que se ha vuelto relativamente popular gracias a Elon Musk y su empresa SpaceX, pero que es, con toda probabilidad, un imposible. Me refiero a la terraformación.
Antes que nada, comentar que también podría haber hablado del propio «alien», del «xenomorfo» como lo llaman en las películas, y de la imposibilidad de un organismo así. Pero he creído que era demasiado evidente. En todo caso, un organismo complejo no podría sobrevivir durante décadas, incluso siglos, en esa vieja nave en aquel planetoide, sin un aporte de alimento para sostener los huevos que mantenían vivos a los «facehuggers», esos encantadores animales que saltan y se te pegan en la cara.
El otro tema con el alien es cómo crece de rápido. Llega a la nave, se escapa del interior de un humano siendo de unos 25-30 centímetros, y de repente mide dos metros y medio. Ese alien debe ser de Bilbao por lo menos, y debe comer fabada asturiana, o no se entiende un desarrollo tan rápido.
Pero vamos con el tema. Y el tema es la «terraformación» del planetoide del nivel 4-26 donde se encuentra la nave alienígena con los huevos de los alien.
Hace tres años publiqué un libro de ensayos sobre ciencia que denominé «Gotas de ciencia». Luego publiqué un conjunto de ensayos sobre literatura (Escritores: 12 consejos a olvidar y tres historias desesperadas), y ahora vuelvo a la carga con un tercer libro de ensayos científicos:
«Principios de física absurda».
Este libro estará disponible a mediados de abril de 2018.
Si el anterior libro trataba aspectos de ciencia actual y verificada, aquí ya pierdo completamente la cabeza y el sentido de la realidad, y me dedico a imaginar posibles escenarios de la física futura. Este libro, prohibido en todas las facultades de física de la Tierra, introduce las ideas que uso en los libros de ciencia ficción, explicando los detalles de los que hago uso para narrar aspectos científicos futuristas. Vida casi inmortal, almacenamiento de la vida, viajes hiperlumínicos, comunicaciones hiperlumínicas, armas avanzadas, robótica, inteligencia artificial, metaversos, y otras locuras diversas.
Por supuesto, este libro no ha de considerarse científico, ni siquiera ha de considerarse serio. Ni yo debo ser considerado en serio, si a eso vamos. Este libro simplemente pretende imaginar escenarios futuristas, posibilidades prácticamente imposibles, y tecnologías que, quizás, algún día podrían ser reales, con ese «quizás» realmente remoto.
Pero se trata de imaginar. Se trata de soñar. Se trata de plantear futuros posibles. Se trata, en definitiva, de crear ideas, que no por absurdas puedan, algún día, ser reales de un modo u otro, probablemente muy distinto del aquí explicado.
Este libro existe porque ustedes, los lectores, se han interesado en estos temas, por lo que son ustedes los responsables de que este libro exista. Así que, si hay que buscar culpables, les diré a los jueces que fueron ustedes, y yo huiré a alguna isla desierta. O casi desierta, espero que tenga un bar al menos.
Muchas gracias por su apoyo, y por animarme a escribir estas locuras, que conforman este nuevo libro. Yo me divierto escribiendo, y espero que ustedes lo hagan leyéndolo.
En cualquier caso, este es un ejercicio de imaginación que pretende hacer pasar un rato divertido y agradable al lector, y no pretende sentar ninguna base de nada. Para eso está la ciencia real, y los científicos. Pero hay que divertirse imaginando futuros increíbles con la ciencia. Y de eso trata este libro. Muchas gracias.
Era de esperar. Tras el éxito relativo del primer vuelo del Falcon Heavy, la NASA ha respondido con un vídeo que constata como ellos sí tienen el cohete más potente: el SLS (Space Launch System) que en sus diferentes versiones tendrá el doble de potencia de puesta en órbita de cargas útiles que el Falcon Heavy, y que sí será capaz de enviar seres humanos a Marte.
Recordemos que el Falcon Heavy puede enviar cargas, pero no podrá enviar seres humanos, por falta de potencia, y porque nunca se diseñó para este fin. De hecho, ni siquiera este primer vuelo tenía como destino Marte, sino una órbita entre la Tierra y Marte, que al final tampoco parece ir al cinturón de asteroides. Tiene una órbita excéntrica que no llega a dicho cinturón.
Los cohetes RS-25, de los que se habla en el vídeo, son unos viejos conocidos. De hecho, son los boosters que utilizó en su día el transbordador espacial, pero modificados y mejorados para el SLS. Estos boosters cuentan con cuatro reactores cada uno, para un total de ocho, a diferencia de los veintisiete del Falcon Heavy. Esto lo remarca bien la NASA, que deja claro que con muchos menos motores, consiguen el doble de potencia que con los veintisiete.
Quién lo iba a decir. La traición de los medios, la complicidad de las masas, y el olvido de los ignorantes, le jugaron una mala pasada. Pero algunos queremos reivindicar la verdad. Que está ahí fuera, nunca mejor dicho. Sobre la Luna.
Rover había sido un coche que había nacido a la luz de una nueva era. La era del espacio. La era de una nueva senda. La era de una humanidad que buscaba viajar a las estrellas. Vino a este mundo para demostrar que los viajes no se hacen solo en la Tierra; que se puede viajar por otros mundos, de forma segura, sin peligros, y con el mejor diseño de los mejores especialistas.
Rover fue el coche eléctrico que fue a la Luna. No una vez, sino tres, en los Apollo XV, XVI, y XVII. Fue diseñado para hacer un trabajo: permitir a los astronautas recorrer distancias que no podrían caminando, y de esta forma analizar mucho mejor las características geológicas de la Luna. Fue una herramienta de trabajo sensacional, que dio un resultado altamente satisfactorio.
Ahora, todo el mundo habla del coche Roadster de Tesla. Un pedazo de hierro inútil que flota en el espacio, y que ni siquiera viaja a donde estaba planificado. Además, se ha calculado que podría estrellarse contra la Tierra, o contra Venus. Un trasto inútil flotando en el espacio para llenar el ego de un hombre, que podría haber lanzado algo útil, como una sonda, o un satélite, o cualquier otra cosa que se le ocurriera a algún genio de la ciencia.
Pero no, había que lanzar un coche que no sirve para nada fuera de la Tierra, con el fin de convertir el espacio en la primera campaña de publicidad de la historia.
Por eso, va aquí, en este pequeño homenaje, mi dedicatoria a Rover. El que sí fue primer coche en el espacio. Y además, diseñado para viajar al espacio. Y que además, dio un servicio al progreso de la ciencia. Queremos trastos útiles flotando en la galaxia. No anuncios de empresas para llenar la galaxia de publicidad. Ya tenemos bastante en la Tierra. Anuncios, y ego. Dejemos eso aquí, y salgamos fuera con un poco más de humildad, y con toneladas de curiosidad por conocer el universo.
Rover fue el primero. Se podrá olvidar. Pero su gran servicio al progreso nadie, nunca, lo podrá negar. Gracias, Rover.
Actualizado 07/02/2018: la fase de escape (propulsión para salir de órbita) ha funcionado demasiado tiempo, y la trayectoria ya no es Marte, sino el cinturón de asteroides. De todas formas, sigue siendo un éxito. Pero esto nos recuerda una cosa: los viajes interplanetarios no son nada sencillos. Cualquier error puede ser fatal. Hablaremos de ello pronto.
Hoy ha sido un día muy emocionante. Cientos de miles de personas, probablemente millones, hemos estado pendientes del despegue del cohete Falcon Heavy, de la empresa SpaceX, que realiza el primer vuelo de prueba, transportando un vehículo de la empresa Tesla. El cohete tiene ahora el destino a Marte, en un viaje que servirá para verificar que la nave es capaz de transportar hasta veinticuatro toneladas de material hasta la órbita de Marte.
Elon Musk, el hombre detrás de SpaceX, y responsable del proyecto, tenía muchas dudas sobre el éxito de este vuelo, ya que el desarrollo del cohete, que es en realidad tres cohetes Falcon 9 unidos en un sistema único, es tremendamente complejo. Sus veintisiete motores eran un reto, y los rusos fallaron varias veces con un sistema similar.
El cohete ha volado perfectamente, sus etapas primeras se han recogido perfectamente, y todo parece haber ido de la mejor manera posible. Esto es un grandísimo éxito, pero no solo para la empresa, sino para la humanidad. Porque el futuro de la humanidad son las estrellas, y el camino empieza en Marte.
Como amante de la astronáutica desde hace décadas, y de recordar la ocasión en que vi la llegada del ser humano a la Luna como uno de los momentos más emocionantes de mi vida, creo que estamos ante un hecho histórico: la preparación, a fin de mes de enero, en la plataforma 39A de lanzamiento de Cabo Cañaveral, del despegue del cohete Falcon Heavy, el más potente desde la época precisamente del Saturno V, el responsable de los viajes a la Luna. Con sus setenta metros y veintisiete reactores, generará una potencia capaz de colocar una carga útil en órbitas LEO (baja altitud) mayor que cualquier otro cohete (64 toneladas). Es capaz, también, de llevar una cápsula a la Luna, e incluso a Marte.
Pero Elon Musk, el padre detrás de la empresa SpaceX, creadora de este gigante, no tiene suficiente, y ya está diseñando otro cohete todavía más potente. La razón: este cohete es una ruina. Puede ser potente. Pero es caro, y complejo. Y ni siquiera hay una confianza en que opere correctamente. Veámoslo.
Me acaban de confirmar que el sábado 25 de marzo a las 18:00 horas hablaré de Marte en la Escuela de Ingeniería Aeronáutica de Madrid, dentro del evento «Madrid Airsim Meeting«. Animo a todos los amantes de la aeronáutica y la astronáutica a ir a esta jornada de puertas abiertas y entrada gratuita, con multitud de actividades y charlas para todas las edades, incluidas actividades infantiles.
Pero ¿por qué hablar de Marte? Porque tenemos que ir allá lo antes posible. ¿Y por qué? Veámoslo.
Vamos a imaginar que tenemos 7.000 millones de euros. Es mucho dinero, incluso para mí. Bien, ahora vamos a imaginar que tenemos que jugar a la ruleta. Debemos apostar el dinero como queramos. De acuerdo. ¿Jugamos los 7.000 millones a un número?
No parece lo más sensato. Si ganamos, desde luego vamos a disponer de una fortuna aún muy superior. Pero ¿y si perdemos? Lo perderemos todo. Absolutamente todo. ¿No sería mejor apostar a dos números? ¿O a tres? ¿Qué tal los 37?
Esto es lo que sucede con la humanidad. Estamos apostando todas las vidas de los 7.000 millones de seres humanos a un número: La Tierra. Si la Tierra cae, cae la humanidad al completo. Llevar seres humanos a Marte aleja ese peligro. Si la Tierra sufre un colapso, la humanidad podría seguir en Marte. Solo por ese motivo se hace evidente que es muy importante que la humanidad se establezca en Marte. Pero hay multitud de otros aspectos positivos del viaje.
De todo eso se hablará en la charla. Agradecer a la Escuela de Ingeniería que por sexto año consecutivo confíen en mí para hablar de ciencia y tecnología. Con lo que me gusta hablar estoy encantado de acudir. Os esperamos en el Madrid Airsim Meeting.
Partiendo de la base de que el ser humano sí llegó a la Luna, y dentro de la enorme cantidad de vídeos inútiles sobre el tema que hay en Youtube, he encontrado uno muy interesante explicando aspectos técnicos, de ingeniería y de carácter político por el que los rusos no llegaron a la Luna en los años sesenta. No entraré a valorar los aspectos políticos, pero sí diré que tuvieron evidentemente consecuencias en los desarrollos de ingeniería necesarios para un proyecto de esa envergadura.
Como anécdota, leer los siempre curiosos, divertidos, e hilarantes comentarios consagratorios de algunos de los comentarios del vídeo. Por lo demás, un vídeo ilustrativo y que en pocos minutos da un repaso general por el mundo de la astronáutica soviética de los sesenta.
El próximo 25 de marzo estaré de nuevo en la Facultad de Ingeniería Aeronáutica y del espacio tras una nueva invitación de la Universidad en su evento del Madrid AirSim Meeting. En esta ocasión hablaré de Marte, y los dos proyectos más importantes para el viaje: el de la NASA, y SpaceX. ¿Qué diferencias tienen? ¿Qué similitudes? ¿Son factibles y cómo? Lo veremos el día 25 de marzo.
Mientras tanto, el lector si lo desea puede escuchar la conferencia que di el año pasado. Muchas gracias a todos los oyentes por sus amables comentarios.
Imagen conceptual del despegue del cohete SLS de la NASA, previsto para 2018
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