Operación Fólkvangr en inglés y epílogo extendido

La novela «Operación Fólkvangr» de la saga Aesir-Vanir ha superado las 3.000 descargas, y para celebrarlo estoy preparando una versión en inglés, que tendrá algún texto adicional, y un final algo más largo también. A continuación presento el epílogo. extendido en español. Pero la versión española no tendrá este epílogo incluido, será un texto aparte. La versión inglesa sí lo contendrá.

Operación Fólkvangr es una novela que explica el origen de Sandra y de Vasyl Pavlov, personaje que goza de popularidad entre los lectores de la saga Aesir-Vanir. Es una novela clásica de ciencia ficción, donde el robo de información de una computadora cuántica inicia una serie de investigaciones que llevan a contratar a Vasyl Pavlov, un simple mercenario que trabaja para el gobierno como asesino a sueldo. Pavlov tendrá la ayuda de un androide, Sandra, y ambos buscarán una solución al problema, que se irá complicando poco a poco…

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Diez errores que no debes cometer al escribir ciencia ficción

La ciencia ficción es para muchos la oveja negra de la literatura. Se encuentra por debajo de cualquier otro género, incluido el género fantástico. Sin embargo, si sueñas con escribir ciencia ficción, quizás algunos de estos diez consejos te podrán ayudar a alcanzar el éxito. Yo no los tuve en cuenta, y por eso he fracasado como escritor de ciencia ficción. Intentaré por ello escribir estas diez ideas para que no te ocurra a ti lo mismo.

Nota: estos consejos son para escritores que escriben en español, el mundo anglosajón, donde la ciencia ficción es muy bien valorada, tiene parámetros muy distintos. Vamos allá.

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Johannes Kepler: de dioses y de ciencia

En esta ocasión he querido traer a este blog la figura de un hombre realmente interesante: Johannes Kepler (1571-1630). Kepler debe ser recordado como uno de los grandes precursores de la ciencia moderna, gracias a las que ahora se conocen como “Leyes de Kepler”.

El propio Newton usó esas leyes como base para escribir su libro “Principia Mathematica”, y revolucionar la física desde entonces. No en vano, cuando Newton dijo la frase “Si he visto más que los demás, es porque estaba apoyado sobre hombros de gigantes” se refería, entre otros, a Kepler.

Pero no es al hombre de ciencia al que me gustaría traer hoy. Sino al místico. Al religioso. Al entregado a Dios. Kepler era un hombre profundamente religioso. Estaba obsesionado con la perfección que Dios había empleado para crear el universo. Pensaba que el sistema solar debía estar basado en los cinco elementos geométricos perfectos griegos (sólidos platónicos), y que las órbitas de los seis planetas conocidos entonces debían encajar con esos cuerpos geométricos. Si Dios era perfecto, y los cinco cuerpos geométricos eran perfectos, las órbitas deberían estar contenidas en esos cuerpos. Cinco cuerpos en órbita de seis planetas. Parecía lógico.

Sin embargo, Kepler no consiguió que los datos de las órbitas de los planetas encajaran con los cinco cuerpos geométricos perfectos. Una y otra vez lo intentó, y fracasó. La obra de Dios no parecía estar en armonía con la naturaleza de los griegos y sus observaciones, ni con el cosmos. ¿Qué ocurría? Kepler sufrió muchísimo con esta contradicción entre suposiciones y realidad.

Y aquí es donde entra a escena el gran salto que Kepler dio con respecto a otros hombres de su época: al final comprendió que, si los cuerpos geométricos no encajaban con las órbitas, quizás era porque, en realidad, el universo no contemplaba esa perfección que pretendía debía tener. Quizás Dios no buscaba la perfección geométrica. Quizás Dios no estaba presente cuando las órbitas de los planetas fueron creadas. Quizás, simplemente, tenía que extraer a Dios de sus observaciones, y reconocer la verdad desnuda del universo: que no obedece a ideas preconcebidas. El universo no atiende a los deseos del hombre. El universo, en definitiva, es como es porque obedece a leyes distintas a las de Dios.

Kepler sufrió muchísimo con esta evidencia. Con este descubrimiento. Pero, a pesar de todo, entendió que debía aceptar la realidad. Su gran logro no fueron las tres leyes de Kepler; su gran logro fue separar ciencia y Dios. Su gran obra fue comprender que la ciencia no requiere de Dios, y es más, que Dios no es necesario para hacer ciencia. Kepler impulsó la idea fundamental de la ciencia: por muchas ideas preconcebidas que tengamos sobre el universo, la realidad es que las observaciones y la experimentación deben prevalecer sobre cualquier idea. No podemos dejarnos influenciar por lo que nos digan, o por lo que creamos. Debemos, simplemente, atender a los hechos. A los datos. A las pruebas.

Kepler rompió la comunión de forma definitiva entre ciencia y Dios, algo que había comenzado con eminentes mentes como Galileo o Copérnico. Eso le hace más grande que cualquier otro logro. Y eso le da un lugar destacado entre los seres humanos más fundamentalmente influyentes en la historia de la humanidad.

Sin duda, Kepler fue el primero. Pero no el último. Hoy día necesitamos nuevos Kepler en el mundo. Gente que nos saque de las ideas y nos lleve a la realidad empírica de la ciencia. Gente que nos enseñe a pensar, a evitar prejuicios, y a ver la verdad desnuda. Una verdad desnuda siempre, cruel a veces. Pero que nos lleve a los hechos, por mucho que nos duelan verlos frente a nosotros. Ese fue el legado de Kepler. Y desde entonces, hemos dado un salto gigantesco. Hora es de dar el siguiente. Antes de que el oscurantismo nos invada de nuevo.

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La insoportable superficialidad de Facebook

Comenzaré diciendo una obviedad: Facebook tiene cosas positivas. Pues bien, esta obviedad, y un millón más, conforman el 98% del panorama del contenido de Facebook. Miles, millones de entradas con obviedades, con tergiversaciones, o con mentiras, sazonadas con vídeos de gatitos, alguna foto de alguna tortura, y los cientos de miles de sueños de artistas fracasados como yo mismo por ejemplo, científicos de tres al cuarto que creen haber descubierto la verdad absoluta, y psicópatas de todo tipo y forma que buscan sangre y vísceras, y sobre todo dolor humano, en cada recoveco de cada perfil que encuentran.

¿Qué le pasa a nuestra sociedad? ¿Es que no hay un espacio para el pensamiento, para la reflexión profunda? ¿Para descubrir la mente y el universo? ¿Podrá la humanidad huir de la superficialidad del pensamiento fácil y rápido, y volver a usar la mente para descubrir conceptos más profundos que algunos absurdos puzles matemáticos que resolvíamos en primaria hace cincuenta años bostezando de aburrimiento?

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Donald Trump, la gran oportunidad de China y Rusia

La llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos no es solo un enorme varapalo para la ciencia y la investigación y el progreso en Estados Unidos. Además de los problemas raciales y xenófobos que supone, y el gigantesco conflicto de intereses comerciales nacionales e internacionales a los que va a someter a su país, tener a una persona ignorante en cualquier aspecto científico, e incluso beligerante con la ciencia, puede permitir que otros países, especialmente China y Rusia, se aproximen, cuando no adelanten a Estados Unidos, en un aspecto que marcará las próximas tres décadas: la conquista del espacio. Si no se hace por evitarlo, Estados Unidos perderá gran parte, sino todas, sus oportunidades.

Veámoslo: Trump es el clásico neoconservador ignorante que ha olvidado las amargas experiencias que su país, y su partido, tuvieron que aprender en los años 30, cuando promulgaban ideas proteccionistas y tenían como lema el famoso “America first”. En aquellos años los conservadores del partido republicano abogaban por una política de no actuación sobre la guerra europea, y de no dar soporte a Reino Unido en su lucha contra Alemania. Roosevelt era consciente no solo de ese error, sino del hecho de que Estados Unidos se vería implicada en la guerra en cualquier momento, y que era cuestión de tiempo que el imperio japonés comenzara una guerra por el control del Pacífico. Incluso después de Pearl Harbor algunos quisieron seguir con esa política, cuando ya era evidente que Estados Unidos estaba implicada en la guerra.

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Vector de lanzamiento CZ-5 de China

 

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Entrelazamiento cuántico y el experimento EPR

Un poco de humor para encarar la nueva semana con ganas. Mi perrita Lyra desde pequeña fue muy inquieta para la ciencia. Su hermanito es, digamos, algo más práctico…

Lo cierto es que el entrelazamiento cuántico es uno de esos fenómenos de la naturaleza que más sorprenden a los físicos de partículas. El propio Einstein quiso demostrar que la mecánica cuántica y el entrelazamiento cuántico iban en contra del principio de localidad de la teoría de la relatividad, un aspecto básico que nos dice que todo fenómeno tiene una causa, y la causa un efecto, que solo se puede transmitir a como máximo la velocidad de la luz.

Sin embargo el entrelazamiento cuántico funciona, y se ha demostrado muchas veces ya. Eso sí: no se transmite información de forma instantánea. Si lo hiciese, la teoría de la relatividad caería como un castillo de naipes.

Actualmente, a los medios de comunicación pocos serios les ha dado por llamar a este efecto «teletransporte cuántico». No lo es, en absoluto, y como digo, no se transmite información. El experimento EPR sí nos dice algo: la incompatibilidad entre mecánica cuántica y relatividad general implica que una teoría mayor, más completa, debe ser descubierta. Se han propuesto varias, entre ellas la teoría de cuerdas, pero ninguna de momento está demostrada empíricamente.

Eso sí, los medios de los que hablaba antes nos pondrán imágenes de Star Trek, y de personas viajando de un punto a otro al instante. Genial, pero imposible de momento. Si algún día puede hacerse está por verse, pero algo así requeriría transmitir trillones de estados de información de cada partícula a otro punto. Algo que sin duda va a tardar mucho, mucho tiempo en ser posible.

Pero quién sabe las sorpresas que nos depara el futuro. Quizás la respuesta esté ahora mismo en los recientes experimentos del CERN que actualmente se analizan. Esperemos que así sea. Pero, de un modo u otro, haremos ciencia, no conjeturas sin base y con el único fin de llenar periódicos y webs sensacionalistas.

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Homeopatía y la constante de Avogrado

Voy a hablar de homeopatía, e intentaré explicarlo de forma gráfica. Un día mi padre me preguntó: “¿cuántas veces puedes cortar un trozo de un papel hasta que no se pueda repetir la operación, teniendo en cuenta el tamaño del papel y el tamaño de los átomos?” Yo alcé los hombros mientras bostezaba (era realmente torpe con la ciencia, y en muchos aspectos lo sigo siendo) y respondí: “bueno, si son tan pequeños tienen que ser muchas. ¿Un millón de veces? ¿Cinco millones?”

Mi padre, que se esperaba esa respuesta, respondió: “no; muchas menos veces. Concretamente, 22 veces”. La respuesta, por supuesto, me sorprendió. Podríamos seguir cortando el papel, pero con una pequeña sorpresa: no sería papel. Estaríamos cortando átomos y moléculas, y por lo tanto estaríamos trabajando en el mundo de las partículas subatómicas.

¿Qué tiene esto que ver con la homeopatía? Muchísimo. Los productos homeopáticos dicen que están diluidos a 30X, 40X, incluso 100X, 200X. Es decir, se han realizado disoluciones de un producto en agua, luego se ha vuelto a diluir por la mitad, luego otra vez por la mitad… Así hasta el número indicado: 30X sería 30 veces, 40X sería cuarenta veces.

Pero un momento: hemos visto que una hoja, o un producto disuelto en agua, deja de ser lo que es tras 22 disoluciones, o “cortes” como ocurre en el papel. Ya no tenemos el producto, tenemos átomos. Esto nos plantea un problema: ¿cómo pueden los químicos que preparan los productos homeopáticos conseguir disoluciones de 30X, 40X, incluso 300X, etc? La respuesta es muy sencilla:

A partir de un punto, el producto disuelto está tan disuelto que, en una botella de agua por ejemplo, encontrar un solo átomo de la sustancia disuelta va a ser casi imposible. Y estoy hablando de un solo átomo. ¿Puede un átomo de algo disuelto en agua curar una enfermedad? Por supuesto que no.

Los químicos de la homeopatía, que por cierto no saben nada de química, porque ni siquiera conocen la constante de Avogrado, dicen que el agua “tiene memoria”. Y que por eso es efectiva. ¿Memoria? ¿Recuerda el agua lo que han disuelto en ella? ¿Recuerda también entonces el agua todos los elementos que han ido disolviéndose en ella en los últimos millones de años? Hablamos de todo tipo de productos, incluso algunos que vemos en el cuarto de baño.

No. El agua no tiene memoria.  El agua es una molécula de dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno. Y nada más. Un producto disuelto más de 22 veces en agua desaparece, y esa agua será eso: agua. Nada más que agua.

Eso sí, la homeopatía funciona a veces por el llamado efecto placebo. Cuando yo tenía pesadillas de pequeño, y tenía muchas, mi madre me daba una cucharada de agua. Me decía que era medicamento, e incluso el agua me sabía amarga. Yo me quedaba dormido, y mi madre me había engañado hábilmente, como hacen las buenas madres para ayudar a sus hijos.

La homeopatía no funciona. Luego podemos hablar de la industria farmacéutica y lo mala que es, de acuerdo. Pero por favor: ya que unos son malos, no dejemos que otros nos engañen y nos cobren por agua con azúcar. Ni lo uno, ni lo otro. Busquemos soluciones claras, científicas, y serias. Ese es el camino para hacer ciencia. El único camino.

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La constante de Avogrado está muy solicitada

Supernovas y catálogo NGC

La imagen del día es para una imagen de una galaxia que recibe el nombre técnico de NGC 4526. ¿Qué tiene de especial esta imagen? La estrella brillante de la parte inferior izquierda. Es una supernova. Esta estrella brilla más que el resto de estrellas de la galaxia.

Dicho de otro modo: una estrella supernova, cuando explota, emite durante un corto periodo de tiempo más luz que las doscientos mil millones de estrellas restantes. Esto puede dar una idea de lo que supone que una estrella explote convirtiéndose en supernova.

¿Puede ocurrir con el Sol? No, no puede. Se requiere una masa al menos diez veces superior a la del Sol para que pueda convertirse en supernova. Nuestra estrella, dentro de unos 5.000 millones de años, se hinchará, convirtiéndose en una gigante roja, y probablemente se trague a la Tierra. Una Tierra, por cierto, que hará millones de años que es un trozo de roca muerta. De hecho dentro de unos 1,5 mil millones de años la Tierra será ya incapaz de soportar vida. Ya hablaremos de eso en otro momento, creo que puede ser de interés para el lector.

Por cierto, muchos objetos astronómicos disponen de un código, como una matrícula. Las letras NGC en español significan «Nuevo Catálogo General» (New General Catalogue), seguido de un número.

Otro sistema mas antiguo es el «M» del Catálogo Messier, un astrónomo que creó el primer catálogo moderno. Por ejemplo M31 es «Messier 31», que indica la galaxia de Andrómeda. Galaxia que antes se creía era una nebulosa de gas, no fue hasta los años 30 del siglo XX cuando se vio que era una galaxia distinta a la nuestra. Pero eso también es otra historia interesante para hablar con calma.

El universo es impresionante. Y las maravillas que encierra casi infinitas. Pocas cosas hay mejores en la vida que salir una noche cerrada sin nubes a contemplar el firmamento. Unos ven a Dios. Otros la maravilla del conocimiento. Pero todos se asombran ante la majestuosidad del universo. Eso es común para ambos.

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Supernova en proceso de explosión

Manipulación genética y libre albedrío

¿Ha engañado usted a su pareja alguna vez? ¿Tiene adicción al alcohol o los juegos de azar? Si la respuesta es positiva, no se preocupe; no está todo perdido. Puede usted responsabilizar de ello a la dopamina, y concretamente, a un receptor de la dopamina, el D4 (DRD4).

Al parecer, las personas que disponen de una variante concreta del gen DRD4 son más dados a ser infieles a su pareja, también a sufrir adicción a juegos y al alcohol. Esto nos plantea dos preguntas: ¿es cierto que existe el libre albedrío? En este caso puede parecer que no. Si somos infieles, no es porque queramos, es porque no podemos evitarlo. Si somos adictos al juego, es porque así lo marca nuestro código genético. Y si eso es así, ¿se nos puede hacer responsable de nuestros actos?

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Asimov y la democracia

La frase de la semana nos la trae Isaac Asimov. El gran escritor, humanista y científico ya había visto en el siglo XX el problema que supone que la democracia esté gestionada por gente ignorante y sumisa a cualquier regalo que le dé cualquiera que le diga lo que quiere oír.

Los griegos, inventores de la democracia, solo permitían votar a aquellos que eran cultos, formados, y conocedores de lo que elegían. ¿Significa eso que hemos de erradicar la democracia como forma de gobierno? Al contrario: significa que debemos formar hombres y mujeres con los conocimientos, la cultura, y la capacidad crítica para votar en las mejores condiciones. La ignorancia no vota por sí misma; su mano es guiada por aquellos que saben manipular a quienes no han tenido la oportunidad de disponer de una formación.

Democracia sí, siempre. Pero ignorancia no; nunca. Esa es la idea que Asimov transmitió durante toda su vida. Y el viejo sabio sabía muy bien lo que decía.

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