La sutil manipulación de los medios de información

No nos damos cuenta muchas veces, pero está ahí: los medios de comunicación, en su inmensa mayoría, nos manipulan constantemente. No todos, pero sí muchos de los más importantes, sean nacionales o extranjeros. Pero no, no me refiero a manipulación política. No me refiero a que favorezcan a un partido determinado, o a una empresa determinada. Eso ocurre también, pero eso siempre ha ocurrido, y ese es otro tema debate sin duda.

Lo que Internet nos ha traído, de una forma muy evidente, es la obsesión maniaco-compulsiva por conseguir «clicks». Por conseguir visitas. Por conseguir que los lectores permanezcan más tiempo en una página.

Entras en una página, e inmediatamente comienza un bombardeo de ventanas que se abren. En muchas de esas páginas, cada vez que entras, atención, cada vez, se abren las mismas ventanas, ofreciendo esto o aquello. Ya entré la primera vez  y dije: NO. ¿Por qué insistes? No vuelvo a entrar a esa página. El problema es que, al ritmo que vamos, no vamos a entrar en casi ninguna página. Porque casi todas nos bombardean con ventanitas y más ventanitas, para que compremos esto o aquello, o nos inscribamos, o entremos en un concurso. Es agobiante. Es realmente desesperante.

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Amazon, Booktubers y promociones literarias

Nota: este es el artículo 700 de «La leyenda de Darwan». Agradecer a todos los que estos años han estado apoyando y apoyan, de una forma u otra, este proyecto. Porque este blog trata sobre una saga literaria. Pero también quiere tratar del ser humano, de su naturaleza, y de su presente y futuro. Un futuro que deberemos construir entre todos. Porque todos somos protagonistas del futuro de nuestra especie. Muchas gracias.

Me han preguntado varias veces, la última hace solo unos días, cómo se ha de proceder para poder poner a la venta un libro en Amazon. La verdad es que actualmente es sencillo. Cuando comencé a subir los primeros libros, había que subir el libro electrónico a Amazon, y el de papel a otra web, y luego se fusionaban, y otros efectos cuánticos que había que tener en cuenta. El proceso era bastante engorroso, a veces no funcionaba bien, y solía ser tedioso.

Todo eso pertenece al pasado, y actualmente la plataforma de Amazon permite dar de alta y gestionar los libros, tanto en papel como electrónicos, de una forma sencilla y cómoda. Eso incluye las temidas portadas de los libros, que ahora son muy fáciles de preparar, ya que incorporan plantillas muy interesantes, o se puede subir la de uno mismo. En los modelos prediseñados solo hay que añadir el texto, la foto de la portada, y la de la contraportada, que normalmente se emplea para la imagen del autor. Yo esta última no la pongo porque quiero entretener a los lectores, no aterrorizarlos.

El sistema, en el caso del libro electrónico, toma automáticamente el índice que habremos creado con el word, o con la herramienta compatible que usemos (yo recomiendo word al menos para subir el libro), y en el caso del papel, nos permite elegir varios tamaños y formatos, nos informará si los bordes se salen del papel y otros errores, y nos permitirá ver un libro virtual, un diseño de cómo quedará el libro final. La verdad es que es muy potente y cómodo.

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Una profunda herida en el alma

Hoy iba a publicar un nuevo artículo relacionado con ideas, consejos, y puntos de vista centrados en el mundo de la literatura, y en cómo promocionar una obra literaria, y del uso de Amazon. Está escrito con un tono de cierto humor, y, sobre todo, intentando aportar datos que puedan servir a los escritores, sobre todo a aquellos que comienzan su andadura en las letras.

Pero no puedo. Hoy no puedo publicarlo. Hoy no cabe en este blog. Saldrá a la luz seguro, pero no hoy. Mañana, o pasado. Hoy quiero hablar de esos monstruos que se dedicaron a destrozarle la vida a una joven en los sanfermines de 2016. Y a esos otros monstruos de la justicia, que, tras una retahíla enorme de pruebas que, sin dejar un margen de duda, demuestran que la chica fue violada de una forma brutal, han dejado de lado todas esas pruebas, incontestables, para decir que no hubo violación. E incluso uno de esos jueces pretendía dejar en la calle a esos monstruos. ¿Por qué no encierran a la joven, por ser mujer? Porque dentro de poco, vamos a llegar a eso.

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Star Trek: el mensaje del futuro

Vamos con algo de música, que al fin y al cabo es miércoles, y con reivindicaciones sociales, porque, al fin y al cabo, soy uno de esos idealistas que cree que un mundo mejor es posible, pero también, que no tenemos la eternidad para solucionar este mundo.

Mucho se ha hablado de Star Trek como utopía imposible de conseguir: la de un mundo unido, que camina hacia las estrellas. Son esos los mismos que dicen que el mundo es así porque no puede ser de otro modo. Que debemos conformarnos con las desigualdades, las guerras, y el dolor y sufrimiento de millones de seres humanos. Claro que siempre lo dicen esos que, casualmente, no necesitan de un mundo mejor para vivir.

Y yo digo que eso es falso; que podemos, y debemos, crear un mundo mejor. Y el mensaje de Star Trek es precisamente ese: vamos a crear un mundo mejor para todos.

En un mundo dividido, con fronteras que marcan territorios e ideas, donde las lenguas son instrumentos políticos, y en el que los muros detienen la desesperación de millones de seres humanos, Star Trek es una utopía que muestra una humanidad unida, luchando unos con otros por crear un mundo mejor.

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La primera Enterprise, del siglo XXII, antes de la Unión Federal de planetas

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Ernesto Sabato, directo al alma

La frase de esta semana es de Ernesto Sabato (1911-2011), escritor, ensayista, físico y pintor argentino. Estaba yo tan feliz y contento pensando que, al fin y al cabo, la literatura es un hobby y un pasatiempo, cuando leo esta frase demoledora y certera del gran literato. ¿Y qué puedo hacer ante una frase tan directa y clara? Reflexionar, por supuesto. Siempre, reflexionar.

Por supuesto, no puedo por menos que establecer que toda literatura es, por su mera condición de serlo, un viaje a lo más profundo del alma del ser humano. La literatura busca la verdad que se esconde tras esas verdades oscuras y plagadas de mentiras que llenan cada hueco de las sociedades humanas. Es como un filtro mágico que elimina toda hipocresía y toda mentira, y deja desnuda el alma de quien escribe, y por supuesto, de quien lee lo escrito. Es, por lo tanto, una comunión directa y sincera entre escritor y lector. No puede, no debe haber tamices, porque entonces la letra se degrada, se corrompe, y se destruye, y ya no es literatura.

¿Significa eso que no me tomo la literatura en serio? En cierto modo, puede que haya algo de eso. Cuando digo que, para mí, la literatura es un pasatiempo, quizás esté cometiendo un error; quizás no le esté dando la importancia que tiene el mismo acto creativo de ver cómo un libro nace, se desarrolla, y se publica. Independientemente del éxito que tenga, el acto en sí es lo que importa, y por lo que escribimos, cuando queremos transmitir ese grito que nace de nuestro interior, y que debe ser expresado en palabras, para que alguien nos dé la mano, desde el otro lado de las blancas hojas del libro.

Es, por lo tanto, la literatura en su esencia, un camino de autoconocimiento, de desarrollo personal, de estímulo continuo por conocerse a uno mismo. Es, en definitiva, un viaje a nuestros miedos, a nuestros temores, y a nuestras pesadillas. Por todo ello, las palabras del gran escritor Ernesto Sabato son más ciertas de lo que nunca podríamos imaginar, antes de haber entrado en la profundidad de los secretos de las letras.

Una lección de humildad, en definitiva, que recibo con alegría y esperando me dé unas gotas de su sabiduría, porque son las manos de los grandes las que nos acompañan en nuestro camino. Tanto en la vida, como en las letras. Gracias, Ernesto. Gracias por tus palabras, siempre sabias y ciertas.

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Diplomas para escritores: una reflexión

Pues aquí está, por fin, después de mucho trabajo y esfuerzo, mi título de escritor pésimo, en la especialidad de ciencia ficción. Han sido cinco años de estudios intensos y de mucho trabajo, pero ha merecido la pena. A partir de ahora, podré ir presumiendo por la calle de ser un perfecto inútil escribiendo, y además, con titulación oficial. Me espera un futuro brillante. Quizás incluso algún puesto importante en algún partido político, que es la ilusión de mi vida…

Bueno, pasando ahora a hablar en serio, la verdad es que este asunto de la idea de un «diploma de escritor», que de vez en cuando aparece de nuevo por las redes y blogs, es un tema que siempre he creído interesante. ¿Hace falta un «diploma» para los escritores? Yo daré mi personal reflexión, que es eso, una idea subjetiva y nada más.

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Soy una hoja de papel

¡Hola! ¿Cómo están? ¿Bien? Me alegro. Soy una hoja de papel. De papel del bueno, no crean.

Nací en un bello bosque, dentro de un majestuoso árbol que cubría un lado de una colina. Un día cortaron el árbol, que era mi sustento, y me dieron un nuevo trabajo como hoja de papel. Procesaron químicamente mi cuerpo, y pronto pasé a la imprenta, donde era la hoja ochenta y nueve, de un libro de cuentos infantil, de una joven escritora maravillosa. En mi página, los piratas se hacían con el tesoro, mientras el malvado pirata Carmesí reía malévolamente. ¡Qué suerte ser esa página!

El libro salió a la venta, y yo estaba entusiasmada con mi trabajo. ¡Nada más y nada menos que ser parte de un libro! Pero el libro se mantuvo tres semanas en la librería. Algunos nos hojearon, a mí y a mis hermanas, pero luego nos dejaron de nuevo en la repisa.

Pronto vino un hombre, con un aspecto siniestro, y nos llevó a un lugar todavía más siniestro. Era la trituradora de papel. Me trituraron, y me convirtieron en polvo. Creí que mi vida estaba acabada.

Pero no fue así; me reciclaron, y volví a ser hoja de nuevo. Me imprimieron, esta vez en un libro de amores y sentimientos. Yo era la hoja donde ella descubre que él tiene una amante, y llora desconsoladamente. De nuevo tenía un papel en la vida. Su autor, un hombre de cierta edad, explicaba sus relatos amorosos con gran maestría, llegando al corazón de seres sensibles. El libro llegó a la misma librería, y de nuevo estaba feliz, mientras la gente me ojeaba. Pero nadie se decidía a llevarnos. Siempre volvíamos a la repisa.

Tras unos días, de nuevo apareció aquel malvado ser, y se repitió la historia. De nuevo me procesaron, y me llevaron a la imprenta. Ahora era la hoja donde un mago muy poderoso lanzaba un hechizo para salvar su mundo de las garras de alguna profecía. Me sentí orgullosa de ser la hoja de tan importante momento, y de nuevo volví a la librería.

Han pasado los días, y la gente nos mira, a mí y a mis hermanas, pero nos deja de nuevo en la repisa. Ahora solo espero la llegada de ese ser oscuro, que… ¡Esperad! ¡Alguien nos está comprando, a mí y a mis hermanas! ¡Nos llevan en un bolso a un nuevo mundo! ¡Por fin vamos a ser leídas!

Han pasado dos años. Nadie nos ha leído. ¿Por qué? Solo sé que quien nos trajo dijo algo similar a «este hace juego con la pared de la sala», y nada más. ¿Qué significará eso? ¡Eh! ¡Hola! ¡Estamos aquí! ¡Somos una maravillosa aventura de fantasía! ¡Léenos, por favor! ¡Léenos! Da un poco de sentido a nuestras vidas. Por favor. Lee nuestras páginas, antes de que aparezca de nuevo el malvado hombre, y muramos de nuevo, para volver a la vida…

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Los recuerdos que trae una canción

Hoy iba en el tren, con el retraso de media hora de costumbre, y ha aparecido en la radio «Streets of London» (calles de Londres) del autor Ralph Mctell, un cantautor inglés. Ello ha provocado una cascada de recuerdos en mi mente.

Durante mi época de instituto, tras salir de clase, iba a las típicas clases de inglés «porque el inglés es el futuro». Allí, en una pequeña fiesta de fin de curso, uno de los profesores interpretó esta pieza musical, lo cual atrajo inmediatamente mi atención. Es una canción sencilla para tocar en guitarra, con una letra que se usa, o al menos se usaba, para las clases.

La música tiene la capacidad de traer a la mente viejos recuerdos de tiempos pasados. A mí esta canción me recuerda a una compañera de clase, dos años menor que yo, con la que trabé una profunda amistad. Era una niña encantadora (ella tenía entonces 15 años, yo 17), y era el ser humano más inocente que he conocido en mi vida. Ataviada con su uniforme de colegio religioso, todo le sorprendía, todo le parecía maravilloso, y todo era asombroso para ella. Trabamos una profunda amistad, que se prolongó varios años.

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La chaqueta metálica, cuando matar es un placer

Me encanta Stanley Kubrick. Creo que es uno de los mejores directores de cine de todos los tiempos. Obviamente hay trabajos del director que me gustan más y otros menos, pero en general sus cintas me parecen sobresalientes. Ya hablé en su momento de «2001: una odisea del espacio» y del impacto que me produjo cuando fui al estreno.

Hoy, recordando al personaje del sargento Hartman, interpretado por el recientemente fallecido R. Lee Ermey, me gustaría hablar del mensaje de su obra: «La chaqueta metálica» (Full metal jacket).

Ermey iba a trabajar como asesor técnico de la película, pero, dadas sus cualidades como actor, y a que había sido realmente sargento de artillería de los marines durante once años, Kubrick vio que podría hacer el papel del sargento instructor. Dejó a Ermey que cambiara diálogos e improvisara, y realmente Ermey hizo un trabajo soberbio. Al fin y al cabo, se estaba interpretando a sí mismo.

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Ermey en el impresionante papel del sargento Hartman

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Ser quien eres, y no quien serás (Kafka)

La frase de la semana es de Kafka, ese extraño y oscuro personaje con el que me siento plenamente identificado. En este principio de siglo XXI, estamos constantemente planificando llegar a ser ese sueño que los demás quieren que seamos, y las redes sociales son un medio de cultivo perfecto para ello. A través de Facebook, Instagram, y otras redes sociales, nos vemos empujados a dar una imagen de perfección, con sonrisas perfectas, familias perfectas, viajes perfectos, y sueños perfectos. Todo es de algodón de azúcar, y las sonrisas aparecen por todas partes. Hijos maravillosos, parejas encantadoras, y fotos arrebatadoras.

Frente a ese mundo de perfección, donde estamos constantemente planificando nuestra próxima entrada en la red social de turno para conseguir «me gustas» y «compartir», debemos reivindicar una manera de ver la vida que se acerque a la realidad. Y la realidad es tan sencilla como una cafetería, un grupo de amigos, unas sonrisas sinceras, y, sobre todo, nuestras imperfecciones ante ellos. Imperfecciones reales, para un mundo real.

Debemos comenzar a admitir que somos seres reales, no entradas en el Facebook, y cambiar los «me gustas» por sonrisas y besos, los «compartir» por abrazos, y las fotos perfectas por lágrimas sinceras de impotencia, cuando ese amigo nos tiende la mano por algún dolor que nos acecha.

Esa es la esencia de la vida. Reír, por supuesto. Pero debemos dejar un tiempo y un espacio al dolor. A las lágrimas. Al llanto. Quien solo ríe no tiene nada de qué reír. La vida son sonrisas, pero son también lágrimas. Quien quiera eliminar estas, dejará huecas y vacías aquellas.

Yo quiero volver a reír con amigos de verdad, no con muros de redes sociales. Quiero gente a mi lado a la que pueda tocar, a la que pueda besar, a la que pueda abrazar. Quiero seres humanos, con sus cosas buenas y sus cosas malas. Con sus imperfecciones y sus miedos, para que los compartamos juntos. Quiero una mirada sincera, una sonrisa, y una lágrima que nos una para siempre.

Volvamos a ser seres realmente sociales. Y a ser lo que somos. No lo que debemos ser.

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