Hace unos días publiqué un artículo titulado «La gran mentira de la Inteligencia artificial«. En el mismo comentaba cómo se está empleando este término para aplicarlo a absolutamente todo lo que pueda ser vendido como tal. Una falacia, una mentira, que solo pretende bautizar con un título fastuoso a tecnologías y sistemas que, de ningún modo, disponen de inteligencia artificial, sino que solo consisten en sistemas avanzados de tomas de decisiones, y nada más.
Hoy vengo con otro artículo, muy relacionado con el primero. Me baso en este artículo del diario El Mundo, dentro de una corriente que se ha puesto de moda, y que consiste en hablar del futuro de los robots en una faceta agresiva y bélica. Me refiero, se refieren a los «robots asesinos». Robots que, de forma autónoma, deciden a quién matar, cómo, y cuándo. Por supuesto, nunca por qué. Porque no pueden. Vamos a verlo.
Algunos parecen haber abusado de la ciencia ficción y se han creído sus historias
Ya está a la venta «Sandra: relatos perdidos«, el Libro XII de la Saga Aesir-Vanir. Mientras tanto, el blog de literatura «Pescando entre libros», se ha hecho eco de la salida del libro. Por supuesto, un blog altamente recomendable, lleno de material muy diverso de cientos de escritores de todo el mundo y condición.
Una vez más, agradecer al responsable de «Pescando entre libros» el haber tenido la amabilidad de publicar una entrada sobre este evento. Se agradece cada gesto de apoyo, en un trabajo que es solitario y cuyos resultados son, sobre todo, para disfrute de los lectores. Porque escribimos para vivir lo que contamos. Pero publicamos para transmitir emociones y sensaciones. Que lo consigamos o no, esa es otra historia. Pero el esfuerzo y la ilusión están ahí.
Hay mucha gente que odia a Steve Jobs. Nunca he entendido la razón de tener que odiar a una persona o a una empresa. Sí entiendo que si no te gusta esa persona, o esa empresa, existen otras opciones. Personalmente creo que Steve Jobs era un ser humano, con sus defectos y sus virtudes. Sí, evidentemente era un hombre difícil, pero ¿quién no lo es? Habría que verme a mí en ciertos momentos.
Todos tenemos personalidades complejas, y todos tenemos malos momentos. Pero hoy me gustaría traer un discurso de Steve Jobs que sin duda contiene elementos fundamentales para conocer su carrera, su historia, y su modo de actuar. Y también, aspectos clave sobre cómo desarrollar estrategias para salir adelante en la vida.
No se trata de odiar o admirar a Steve Jobs, o a cualquier otra persona. Se trata de valorar sus aspectos positivos, y ser comprensivo con sus aspectos negativos. Porque todos tenemos dos lados, todos tenemos elementos brillantes, y también elementos no tan brillantes. Todos somos, en definitiva, humanos. Creo, de todos modos, que de este discurso se pueden extraer lecciones e ideas muy interesantes para la vida. Y así lo entienden en muchas universidades y centros avanzados de formación empresarial.
Por cierto, Steve Jobs no tenía ninguna carrera universitaria. Y sabía reconocerlo con una sonrisa. Como su competidor, Bill Gates, el antiguo presidente de Microsoft, que tampoco tenía ninguna carrera (aprobó la asignatura que le faltaba 32 años después). No tener estudios universitarios no te hace tonto, como tener tres carreras no te hace un genio. Es la persona lo que vale. Y es a la persona a la que hay que valorar. Sin títulos, y sin adornos. Solo la persona. Porque es la persona la que marca el rumbo de su vida.
El vídeo está subtitulado, es corto, y creo que merece la pena.
Hoy vengo con una reflexión personal, basada en mi experiencia de cincuenta años escribiendo, y de lo que he visto en mí mismo, y también en otros escritores: fábricas de imaginación, que pretendemos saltarnos las leyes básicas del universo, y llegar lejos, tan lejos como nos lo permita nuestra locura y nuestros sueños.
Es mi reflexión personal, nada más, pero así es como lo siento, y así es cómo me siento.
Vamos a hablar de finales. De esa temida parte del libro donde tenemos que buscar cómo salir del enredo en el que nosotros, como escritores, nos hemos metido. Por encima del hombro, el ojo implacable del lector nos observa, con el látigo en la mano. Que no acabemos con la espalda marcada consiste en darle a ese lector lo que pide. Pero, ¿qué es lo que pide? Depende del lector claro, pero se pueden establecer unos criterios mínimos, para que su furia no caiga sobre nuestra dolida piel. Vamos a verlo.
«Y fueron felices, y comieron perdices. Fin».
Efectivamente, conseguir un buen final para un relato, o una novela, no es nada sencillo, y sí algo que vuelve loco a muchísimos escritores. Para conseguir un final bueno han de confluir mil factores, unos objetivos, y otros muchos subjetivos. Pero no lo olvidemos. La frase «la historia está bien, pero el final es malísimo» se pronuncia con demasiada frecuencia. Todos hemos visto una película, o leído un libro, cuya trama es buena o excelente, pero que tiene un final que nos deja fuera de lugar, y con una sensación amarga. ¿Y por qué ocurre esto?
La frustración forma parte del proceso creativo, no te lo recrimines
Hoy vuelvo a hablar de editoriales (sonido de película de terror y truenos lejanos).
Ya he hablado en otras ocasiones de ese mundo oscuro que se alimenta de pobres escritores distraídos, pero no comenté que existen empresas que, sencillamente, se dedican a aprovecharse del trabajo ajeno para su propio beneficio, y a las que ni siquiera se les puede otorgar la categoría de editoriales. Es un caso reciente el que voy a narrar que he vivido, pero esto se da con frecuencia, y por eso quisiera comentarlo aquí.
Que nadie me malinterprete. Hay buenas editoriales, pero últimamente han proliferado entidades que se hacen llamar así, y no lo son. Eso da muy mala imagen al sector, y las editoriales profesionales ven indirectamente dañada su imagen.
Bien, no voy a redactar una historia completa porque no quiero aburrir al lector, pero tengo todos los datos, detalles, y pruebas, en mi poder. En todo caso, eso es lo de menos. Lo importante es dejar constancia de los hechos.
Hace poco me di de alta en Bloguers.net, una web donde los blogueros podemos subir nuestros artículos, para que sean leídos por lectores diversos. Este servicio gratuito tiene la ventaja de ofrecer una ventana abierta a todos los que nos dedicamos a esto de escribir en blogs, sea para hablar de física cuántica, de literatura, de actualidad, o de recetas de cocina.
Me he fijado que muchas de esas entradas tienen relación a cómo monetizar el blog. Es decir, cómo ganar dinero. No hay nada malo en eso, por supuesto. Pero, cuando entro en muchas páginas que, en principio, se notan que son páginas personales, me veo rodeado de páginas que se abren, invitándome a darme de alta en su blog, a seguirlo, a poner me gusta, a compartir sus textos, y a entrar en algún concurso para ganar no sé qué oferta maravillosa.
Yo entiendo y comprendo que la gente quiere ganar dinero, pero creo que se está yendo un poco lejos, y uno se siente acosado ante tanta ventana y tanta oferta maravillosa y que no puedes dejar de aprovechar. Yo también quiero ganar dinero, y tengo un blog de empresa que gestiono para ese fin. Pero aquí, en el blog que es mi hobby, lo único económico que tengo son los libros, que la gente puede comprar si quiere, pero sin ventanas emergentes que inviten a ello, ni ofertas fantásticas que no puedes dejar escapar.
Discutía hace poco, una vez más, con alguien de Estados Unidos, sobre su imperiosa necesidad, nunca mejor dicho, de seguir usando sistemas de medidas que están fuera del sistema internacional, como son las millas o las libras. Esta discusión venía en relación a que la NASA sigue dando la información en valores fuera del sistema internacional de medidas.
Esta persona me comentó que la NASA es americana y escribe para americanos. Yo le contesté que las entradas de la NASA son para ser leídas en todo el mundo, y, mucho más importante, la Estación Espacial Internacional es internacional, por lo que debería tenerse en cuenta el sistema de medidas internacional.
De hecho, una sonda enviada por la NASA a Marte se estrelló porque una parte de los cálculos estában hechos con el sistema métrico internacional, y otra parte con el sistema de medidas de millas americano, que son aproximadante 1,6 kilómetros. Cuando la computadora de la NASA recibió los datos, los esperaba en kilómetros, pero se le entregaron en millas. Resultado: la nave se estrelló contra el suelo de Marte, perdiendo todo el proyecto, además de una cantidad de dinero muy importante.
Pero no hay forma de convencer a muchos americanos de este asunto. América está primero. Su sistema de medidas debe ser comprendido por el resto del mundo. ¿Por qué? Porque es la nación más poderosa de la Tierra. Pueden imponer los sistemas que estimen necesarios y oportunos a las demás naciones. Y punto. No hay más razonamientos posibles.
Todo ello forma parte de un argumento muy simple, de una conocida frase muy popular. El argumento dice así:
«Mi país, con razón o sin ella» (My country, right or wrong).
Hace tres años publiqué un libro de ensayos sobre ciencia que denominé «Gotas de ciencia». Luego publiqué un conjunto de ensayos sobre literatura (Escritores: 12 consejos a olvidar y tres historias desesperadas), y ahora vuelvo a la carga con un tercer libro de ensayos científicos:
«Principios de física absurda».
Este libro estará disponible a mediados de abril de 2018.
Si el anterior libro trataba aspectos de ciencia actual y verificada, aquí ya pierdo completamente la cabeza y el sentido de la realidad, y me dedico a imaginar posibles escenarios de la física futura. Este libro, prohibido en todas las facultades de física de la Tierra, introduce las ideas que uso en los libros de ciencia ficción, explicando los detalles de los que hago uso para narrar aspectos científicos futuristas. Vida casi inmortal, almacenamiento de la vida, viajes hiperlumínicos, comunicaciones hiperlumínicas, armas avanzadas, robótica, inteligencia artificial, metaversos, y otras locuras diversas.
Por supuesto, este libro no ha de considerarse científico, ni siquiera ha de considerarse serio. Ni yo debo ser considerado en serio, si a eso vamos. Este libro simplemente pretende imaginar escenarios futuristas, posibilidades prácticamente imposibles, y tecnologías que, quizás, algún día podrían ser reales, con ese «quizás» realmente remoto.
Pero se trata de imaginar. Se trata de soñar. Se trata de plantear futuros posibles. Se trata, en definitiva, de crear ideas, que no por absurdas puedan, algún día, ser reales de un modo u otro, probablemente muy distinto del aquí explicado.
Este libro existe porque ustedes, los lectores, se han interesado en estos temas, por lo que son ustedes los responsables de que este libro exista. Así que, si hay que buscar culpables, les diré a los jueces que fueron ustedes, y yo huiré a alguna isla desierta. O casi desierta, espero que tenga un bar al menos.
Muchas gracias por su apoyo, y por animarme a escribir estas locuras, que conforman este nuevo libro. Yo me divierto escribiendo, y espero que ustedes lo hagan leyéndolo.
En cualquier caso, este es un ejercicio de imaginación que pretende hacer pasar un rato divertido y agradable al lector, y no pretende sentar ninguna base de nada. Para eso está la ciencia real, y los científicos. Pero hay que divertirse imaginando futuros increíbles con la ciencia. Y de eso trata este libro. Muchas gracias.
Nota: un reciente artículo sobre el fraude de la IA en este enlace.
En pleno siglo XXI, la información es poder. Este principio, que ha sido válido siempre, ahora es un aspecto fundamental de la vida de cada ser humano. Paradójicamente, el conocimiento se obtiene mediante la transferencia de datos a eso que hoy en día se llama «big data», concepto que, en realidad, es muy antiguo, aunque este nuevo nombre le da un carácter de novedoso. Porque, no lo olvidemos: si queremos presentar una idea como nueva, nada como inventar un nombre sonoro y espectacular. Uno de esos nombres que hoy en día visten todo es el de la «inteligencia artificial» (IA). Si no tiene IA, no es útil.
Cada vez más, empresas y organizaciones de todo tipo se visten con el anagrama “Yo trabajo en inteligencia artificial” o “mis productos incorporan inteligencia artificial”. Los periodistas nos hablan de que la inteligencia artificial está aquí para quedarse, y si algo no incorpora ese argumento se entenderá desfasado e inútil.
Bien, pues hoy traigo una mala noticia. La mala noticia es:
Frase corta: la inteligencia artificial no existe.
Frase larga: la inteligencia artificial es un conjunto de técnicas, basadas en hardware y software, que emplean algoritmos basados en lo que se conoce como redes neuronales, y que pretenden simular el funcionamiento del cerebro humano. Claro que nadie sabe cómo funciona realmente la conciencia en el ser humano, y nadie se pone de acuerdo en qué es exactamente inteligencia. Hace un tiempo se hablaba de inteligencia emocional, antes se hablaba del coeficiente intelectual, y mañana se hablará de cualquier otro invento que permita vender ideas y productos. Vamos pues a ver por qué no podemos hablar de inteligencia artificial, en el actual estado de las cosas.
La IA no existe. Bienvenidos al mundo real de un fraude que mueve millones de dólares
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