Recientemente la Agencia Espacial Europea (ESA) anunció que, mediante el telescopio Hubble, habían descubierto una galaxia en la que la mayor parte de la materia oscura había desaparecido de la misma. Yo entonces les pregunté cómo podía desaparecer algo que no se conoce, y cuya existencia y naturaleza no ha sido verificada.
Naturalmente no me contestaron. Debieron pensar, con razón, que se trataba de «otro de esos pesados, que se dedican a preguntar tonterías y cuestiones sin sentido». Y es verdad: no tiene sentido. Tan poco sentido como todo lo que tenga que ver con la materia oscura.
Pero, dejando aparte mi pregunta absurda y merecedora de una paliza por parte de tres gorilas en un callejón oscuro, ¿podemos seguir insistiendo en la materia oscura? ¿O ha llegado la hora de buscar alternativas? Puede que haya una explicación real.
Si solo se tiene en cuenta la gravedad, las estrellas del borde exterior de las galaxias saldrían despedidas. Algo las retiene; una fuerza gravitatoria creada por un concepto llamado materia oscura. O una modificación de la teoría general de la relatividad.Continuar leyendo «Alternativa a la materia oscura basada en la relatividad general»
«El estudio del universo es un viaje para autodescubrirnos».
Debemos observar esta frase en todas sus dimensiones, nunca mejor dicho. Estudiar el universo, su naturaleza, su origen, su estructura, su destino, es un viaje de autodescubrimiento. Cuanto más conocemos del universo, más aprendemos sobre nosotros mismos. La razón es, por supuesto, muy sencilla: nosotros somos parte del universo. Cuanto más conocemos sobre todo lo que nos rodea, más conocemos de nuestra propia existencia y naturaleza.
El ser humano ha tratado de explicar el universo en libros escritos hace siglos o milenios, que explicaban mediante mitos y leyendas la naturaleza humana. Estos libros son rígidos, inamovibles, y leerlos no nos brinda los secretos del cosmos. Al contrario, nos inducen a creer ideas que ya sabemos son obsoletas desde hace décadas. Y lo sabemos gracias al avance de la ciencia.
Nadie niega la fe de un ser humano. Pero todos debemos entender que la fe no nos va a permitir conocer la naturaleza del universo. Debemos por tanto concluir que deberemos escribir otros libros, que nos enseñen los secretos del cosmos. Y de ahí la frase:
«El libro de la fe se escribió una vez y para siempre. El libro de la ciencia se reescribe cada día».
Vamos con una nueva entrada de física teórica especulativa, en relación a un artículo que me he encontrado sobre una investigación del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España) en base a los límites de la métrica de Alcubierre impuestos por los efectos cuánticos a velocidades relativistas e hiperlumínicas.
Miguel Alcubierre es un físico teórico mexicano, que a mediados de los noventa desarrolló una variante extendida de la teoría general de la relatividad de Albert Einstein. En la misma el doctor Alcubierre propone la idea de poder viajar por el espacio a velocidades hiperlumínicas, requiriendo, eso sí, ingentes cantidades de energía, que además deben generarse mediante materia exótica. Por materia exótica se entiende, en este caso, materia con masa imaginaria, o, dicho de otro modo, materia con masa negativa.
Gráfico de la impulsión de Alcubierre, mostrando las regiones opuestas, contraída y extendida, del espacio-tiempo respecto al sector central en el cual se ubica la burbuja plana de deformación (Wikipedia).Continuar leyendo «Límites cuánticos de la métrica de Alcubierre»
Nota 1. Ante todo, he de dejar claro que todo lo aquí expuesto es un conjunto de elucubraciones que no aspiran más que a imaginar posibles utilidades de la física teórica y sus recientes desarrollos matemáticos sobre los aspectos más profundos de la materia. En ningún momento debe entenderse este texto como ciencia real, sino meramente especulativa.
Nota 2. El principio descrito en este texto es el que se puede ver en las naves humanas de la trilogía de «La leyenda de Darwan», y en la nave de Scott en «Las entrañas de Nidavellir».
Vamos con un nuevo texto sobre física especulativa. Esa parte de la física que ningún físico serio tendría en cuenta, porque es básicamente ciencia ficción. Pero que, sin embargo, nos permite ahondar en posibilidades lejanas para un futuro sistema de transporte interestelar.
He de decir que estas ideas fueron contrastadas por un conocido, que está doctorado en física teórica, y que las conoció a través de la lectura de la trilogía de «La leyenda de Darwan». Su opinión es que no debo olvidar nunca el tomarme la medicación. Y tiene razón: pero también es cierto que, sin un poco de especulación, la vida sería tremendamente aburrida.
Este texto está basado principalmente en los desarrollos sobre estructura del universo desarrollados a partir de la conocida como Teoría de Cuerdas, concretamente en los aspectos finales de la llamada Teoría M y Teoría M(atrix). Toma como base el concepto de multiverso o megaverso que define un modelo matemático por el cual nuestro universo es sólo uno de entre 10 elevado a 500, cada cual con sus propiedades físicas, y cada uno de los cuales creado a partir de estados anteriores más energéticos mediante un proceso conocido en física como efecto túnel cuántico (con importantes aplicaciones actuales, como el microscopio de efecto túnel).
Hace unos días una agencia de publicidad me mandó un correo para que lo contestara, porque querían tener respuestas de respetados «influencers». Yo sonreí, y por supuesto no contesté. Evidentemente, ni yo soy un influencer, ni la agencia que me mandó el correo piensa que lo sea; lo que quiere es obtener información de mí para luego venderme sus maravillosos productos y negocios.
Pero que yo sea un don nadie no significa que no sea capaz de reflexionar, y de argumentar, y de razonar. Es más, me atrevería a decir que incluso podría llegar a superar a algún que otro influencer. Quizás, no lo voy a asegurar. Pero entra dentro de mis posibilidades.
Lo cierto es que mi opinión de no influencer sobre el viaje a la Luna para 2024 por parte de la NASA sigue su curso, en una nueva reflexión que traigo hoy a este pequeño pero coquetón blog de ciencias y humanidades.
Ellos, la NASA, siguen diciendo que irán a la Luna para 2024, llevando seres humanos, gracias al proyecto Artemis, y yo sigo diciendo que tardarán, como mínimo, dos años más, lo cual nos coloca al menos en 2026, aunque fácilmente podríamos irnos a 2027 o 2028.
Yo tengo una ventaja, sin embargo, al pronosticar la fecha: no estoy influenciado por las presiones de la Casa Blanca, y del señor Donald Trump, y por su política de apretar a todos para que digan exactamente lo que Trump quiere oír: que la Casa Blanca es maravillosa, y que les da todo el dinero necesario, y un presupuesto holgado para ir a la Luna.
Lo cierto es que, según lo veo, y esta es mi predicción, toda esa fanfarria sobre 2024 que anuncia la NASA, y que cada vez suena más a publirreportaje de la Casa Blanca, se caerá en pedazos tan pronto como terminen las elecciones. Vamos a verlo.
La vida a veces nos trae sorpresas agradables. Y esta semana he tenido una relacionada con mi gran pasión: la astronáutica. Se trata de una serie absolutamente brillante, que me ha impresionado como pocas recuerdo en mi vida: «Challenger: el Vuelo Final» (Challenger: the Final Flight), que está disponible en Netflix.
Voy a hablar de esta serie, que además he visto tras visualizar la serie de ficción «Away», también de Netflix, sobre el viaje a Marte, y de la que hablé en esta entrada. Y eso ha tenido un poderoso efecto en mí, como explicaré a continuación.
Hace unos días comenté mis impresiones sobre los dos primeros capítulos de la primera temporada de «Away», la nueva serie de Netflix que explica un futuro viaje a Marte por parte de una misión tripulada conjunta y representada por cinco países.
En aquella reflexión ya señalé algunos aspectos interesantes, y ahora que he terminado de ver la serie, he creído oportuno e interesante transmitir mis sentimientos personales sobre esta serie, que ya adelanto me ha gustado mucho. Sí, no es perfecta y tiene aspectos criticables, pero sin duda me ha impresionado muy por encima de ese maremagnum de series que constantemente se estrenan en las principales empresas de streaming.
Estas reflexiones no son escritas. Hoy he querido cambiar, y las he grabado en audio, en algo parecido a un «podcast». No es un «podcast» realmente, simplemente es una grabación hecha tras ver el capítulo diez. Y en esta grabación exploro los aspectos que me han parecido más interesantes de esta serie.
En la noticia rápida de la semana, vamos a comentar el tema de Venus. Recientemente todo Internet se ha llenado con información, muchas veces con titulares fantásticos y muy alejados de la realidad científica, sobre el descubrimiento de un compuesto llamado fosfano en la atmósfera de Venus.
De todas formas, este tipo de noticias «¡Hemos encontrado vida!» son relativamente habituales, y siempre han sido noticias falsas. Sí, un día puede ocurrir que sean verdaderas, pero tenemos que tener claro la famosa frase de Carl Sagan:
Venus tiene una atmósfera con una presión 100 veces la de la Tierra en superficie, 450 grados y una lluvia constante de ácido sulfúrico. Carl Sagan lo denominó «lo más parecido al infierno que conocemos».Continuar leyendo «No hay pruebas de vida en Venus»
Vamos con otra entrada sobre Marte, la última fue muy reciente y sobre un vuelo real que planea SpaceX y el señor Elon Musk.
Pero hoy vengo para comentar los dos primeros capítulos de «Away«, la nueva serie de ficción de Netflix sobre un grupo de hombres y mujeres de varios países que se lanzan en el primer viaje a Marte. Tal como se ha rodado, en un futuro hipotético cercano (pero no tan cercano como algunos creen), se intenta que sea lo más realista posible a nivel técnico, y lo más melodramático posible a nivel de guión. Es normal, es una serie que busca entretener. Si todo sale perfecto y todos son felices sería muy aburrido.
O no. Recordemos «Apollo XIII» de Tom Hanks, increíble película de 1995 que recrea perfectamente el viaje fallido a la Luna. Era prácticamente una reedición de la misión. Y es una película increíble. ¿Quizás lo que ocurre es que hoy día la realidad aburre? ¿Quizás se han de asumir riesgos con elementos poco o nada realistas? Vamos a verlo.
Iba a titular esta entrada «Los cien muertos de Marte«, pero afortunadamente intento por todos los medios no usar técnicas de comunicación de perfiles amarillistas y sensacionalistas para atraer lectores. Pero esta entrada sí tiene algo de alarmista, y debe serlo, al menos desde cierto punto de vista, por cuanto quiere volver, una vez más, a denunciar las palabras de Elon Musk, un hombre que necesita constantemente ser el centro de atención de las masas, y sentirse idolatrado y admirado por sus incondicionales, que aplauden cualquier cosa que diga y anuncie.
Es importante que, aquellos que intentamos (con mayor o menor fortuna) ofrecer entradas informativas rigurosas, sin decoraciones ni aditamentos publicitarios no esenciales, denunciemos actitudes totalmente carentes del más mínimo sentido común. Y anunciar, por parte de Elon Musk, que se van a mandar cien seres humanos a Marte en una primera expedición es de lo menos razonable que he oído en mi vida en relación a proyectos de gran envergadura, como es la conquista de Marte.
Sobre todo si se asegura que muchos morirán en el viaje.
De acuerdo, los cohetes han llegado. ¿Y la vuelta? Por muchos insensatos entusiastas convencidos de que quedarse en Marte será maravilloso, lo cierto es que la gran mayoría colapsarán mentalmente por no poder volver a la Tierra.Continuar leyendo «Las cien vidas de Marte»
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