Entrelazamiento cuántico y el experimento EPR

Un poco de humor para encarar la nueva semana con ganas. Mi perrita Lyra desde pequeña fue muy inquieta para la ciencia. Su hermanito es, digamos, algo más práctico…

Lo cierto es que el entrelazamiento cuántico es uno de esos fenómenos de la naturaleza que más sorprenden a los físicos de partículas. El propio Einstein quiso demostrar que la mecánica cuántica y el entrelazamiento cuántico iban en contra del principio de localidad de la teoría de la relatividad, un aspecto básico que nos dice que todo fenómeno tiene una causa, y la causa un efecto, que solo se puede transmitir a como máximo la velocidad de la luz.

Sin embargo el entrelazamiento cuántico funciona, y se ha demostrado muchas veces ya. Eso sí: no se transmite información de forma instantánea. Si lo hiciese, la teoría de la relatividad caería como un castillo de naipes.

Actualmente, a los medios de comunicación pocos serios les ha dado por llamar a este efecto «teletransporte cuántico». No lo es, en absoluto, y como digo, no se transmite información. El experimento EPR sí nos dice algo: la incompatibilidad entre mecánica cuántica y relatividad general implica que una teoría mayor, más completa, debe ser descubierta. Se han propuesto varias, entre ellas la teoría de cuerdas, pero ninguna de momento está demostrada empíricamente.

Eso sí, los medios de los que hablaba antes nos pondrán imágenes de Star Trek, y de personas viajando de un punto a otro al instante. Genial, pero imposible de momento. Si algún día puede hacerse está por verse, pero algo así requeriría transmitir trillones de estados de información de cada partícula a otro punto. Algo que sin duda va a tardar mucho, mucho tiempo en ser posible.

Pero quién sabe las sorpresas que nos depara el futuro. Quizás la respuesta esté ahora mismo en los recientes experimentos del CERN que actualmente se analizan. Esperemos que así sea. Pero, de un modo u otro, haremos ciencia, no conjeturas sin base y con el único fin de llenar periódicos y webs sensacionalistas.

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Homeopatía y la constante de Avogrado

Voy a hablar de homeopatía, e intentaré explicarlo de forma gráfica. Un día mi padre me preguntó: “¿cuántas veces puedes cortar un trozo de un papel hasta que no se pueda repetir la operación, teniendo en cuenta el tamaño del papel y el tamaño de los átomos?” Yo alcé los hombros mientras bostezaba (era realmente torpe con la ciencia, y en muchos aspectos lo sigo siendo) y respondí: “bueno, si son tan pequeños tienen que ser muchas. ¿Un millón de veces? ¿Cinco millones?”

Mi padre, que se esperaba esa respuesta, respondió: “no; muchas menos veces. Concretamente, 22 veces”. La respuesta, por supuesto, me sorprendió. Podríamos seguir cortando el papel, pero con una pequeña sorpresa: no sería papel. Estaríamos cortando átomos y moléculas, y por lo tanto estaríamos trabajando en el mundo de las partículas subatómicas.

¿Qué tiene esto que ver con la homeopatía? Muchísimo. Los productos homeopáticos dicen que están diluidos a 30X, 40X, incluso 100X, 200X. Es decir, se han realizado disoluciones de un producto en agua, luego se ha vuelto a diluir por la mitad, luego otra vez por la mitad… Así hasta el número indicado: 30X sería 30 veces, 40X sería cuarenta veces.

Pero un momento: hemos visto que una hoja, o un producto disuelto en agua, deja de ser lo que es tras 22 disoluciones, o “cortes” como ocurre en el papel. Ya no tenemos el producto, tenemos átomos. Esto nos plantea un problema: ¿cómo pueden los químicos que preparan los productos homeopáticos conseguir disoluciones de 30X, 40X, incluso 300X, etc? La respuesta es muy sencilla:

A partir de un punto, el producto disuelto está tan disuelto que, en una botella de agua por ejemplo, encontrar un solo átomo de la sustancia disuelta va a ser casi imposible. Y estoy hablando de un solo átomo. ¿Puede un átomo de algo disuelto en agua curar una enfermedad? Por supuesto que no.

Los químicos de la homeopatía, que por cierto no saben nada de química, porque ni siquiera conocen la constante de Avogrado, dicen que el agua “tiene memoria”. Y que por eso es efectiva. ¿Memoria? ¿Recuerda el agua lo que han disuelto en ella? ¿Recuerda también entonces el agua todos los elementos que han ido disolviéndose en ella en los últimos millones de años? Hablamos de todo tipo de productos, incluso algunos que vemos en el cuarto de baño.

No. El agua no tiene memoria.  El agua es una molécula de dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno. Y nada más. Un producto disuelto más de 22 veces en agua desaparece, y esa agua será eso: agua. Nada más que agua.

Eso sí, la homeopatía funciona a veces por el llamado efecto placebo. Cuando yo tenía pesadillas de pequeño, y tenía muchas, mi madre me daba una cucharada de agua. Me decía que era medicamento, e incluso el agua me sabía amarga. Yo me quedaba dormido, y mi madre me había engañado hábilmente, como hacen las buenas madres para ayudar a sus hijos.

La homeopatía no funciona. Luego podemos hablar de la industria farmacéutica y lo mala que es, de acuerdo. Pero por favor: ya que unos son malos, no dejemos que otros nos engañen y nos cobren por agua con azúcar. Ni lo uno, ni lo otro. Busquemos soluciones claras, científicas, y serias. Ese es el camino para hacer ciencia. El único camino.

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La constante de Avogrado está muy solicitada

Manipulación genética y libre albedrío

¿Ha engañado usted a su pareja alguna vez? ¿Tiene adicción al alcohol o los juegos de azar? Si la respuesta es positiva, no se preocupe; no está todo perdido. Puede usted responsabilizar de ello a la dopamina, y concretamente, a un receptor de la dopamina, el D4 (DRD4).

Al parecer, las personas que disponen de una variante concreta del gen DRD4 son más dados a ser infieles a su pareja, también a sufrir adicción a juegos y al alcohol. Esto nos plantea dos preguntas: ¿es cierto que existe el libre albedrío? En este caso puede parecer que no. Si somos infieles, no es porque queramos, es porque no podemos evitarlo. Si somos adictos al juego, es porque así lo marca nuestro código genético. Y si eso es así, ¿se nos puede hacer responsable de nuestros actos?

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Trece días: thriller con aires de catástrofe

Para hoy en la sección de cine quisiera hablar de la película “Trece días”, largometraje del año 2000 que tiene a Kevin Costner y Roger Donaldson como protagonistas. Un film que sin duda me entusiasmó en su momento, y que considero una de las mejores obras de ficción sobre un hecho real: la crisis de los misiles de Cuba.

“Trece días” narra el episodio que se dio entre Estados Unidos y la extinta Unión Soviética en octubre de 1962. En esos años, la tensión entre ambos países era enorme con la llamada “guerra fría”, y ambos ejércitos jugaban a un peligroso juego del gato y el ratón, donde la posibilidad del uso de armas nucleares era constante. En esa época ya se habían desarrollado las temibles bombas termonucleares, o “bombas H”, poco conocidas, pero muchísimo más potentes que las bombas nucleares, del orden de 50 a 500 veces más potentes que la bomba de Hiroshima. Era obvio que ese juego, de acabar mal, terminaría con la historia de la civilización humana sobre el planeta.

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Escena de la película

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La ciencia del ciclo y la victoria de Donald Trump

Contra todo pronóstico, Donald Trump ganó las elecciones en Estados Unidos. Tal como ocurrió este mismo año de 2016 con el Brexit y con el voto por la paz de las FARC en Colombia, ha ganado la opción que no era candidata al éxito. Pero vamos a concentrarnos en Trump. ¿Por qué ha ganado? ¿Y qué consecuencias tendrá a largo plazo?

Trump ha ganado por un término bien conocido: populismo. El mensaje fácil y directo a una masa que entiende poco o nada de ciencia, de política, y de geoestrategia. Y que lo único que quiere es luchar contra el “establishment”, es decir, contra los poderes ocultos que gobiernan el mundo. Para ello, votan a un hombre sin formación, sin educación, y que solo sabe usar bien el lenguaje del miedo y del nacionalismo, de la ira y de la confrontación. A los que ya tenemos ciertas edades ese lenguaje no nos es desconocido; lo hemos escuchado ya en Europa, y no una vez, sino varias.

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Conversación entre dinosaurios

Nadie sabe qué hubiese ocurrido con los dinosaurios si no se hubiesen extinguido por la colisión de un asteroide, hace 65 millones de años. Lo que sí es cierto es que algunas de esas especies, como el famoso velocirraptor, eran sin duda organismos muy avanzados, muy alejados de esa imagen de lagartos que siempre nos habían mostrado años atrás.

La paleontología ha avanzado mucho desde entonces, y hemos visto que sin duda hubiesen podido evolucionar hasta ser inteligentes, entendiendo ese concepto como la capacidad de manipular el entorno, y tener conciencia de aspectos abstractos como la ciencia y el arte. ¿Por qué no? Mucha gente dice que debe haber vida inteligente en otros planetas. Estoy de acuerdo. ¿No hubiesen sido entonces los dinosaurios candidatos a seres inteligentes de nuestro propio planeta?

Nunca lo sabremos, ciertamente. Imaginemos que, poco antes de extinguirse, alguna de esas especies había desarrollado un modelo básico de comunicación. Y que hubiesen pensado en viajar a otros mundos. ¿Absurdo? ¿Por qué? El ser humano lleva siglos y milenios imaginando otros mundos y cómo podrían ser. No ha hecho falta llegar a la era del espacio para imaginar esa posibilidad.

Lo cierto es que ahora hay gente que niega las ventajas de viajar a otros mundos. Pero este mundo, la Tierra, no será eterno. Incluso si se mantiene entero, un asteroide podría provocar una nueva extinción masiva. Y vuelta a empezar. No me gustaría que, dentro de 65 millones de años, palentólogos de una nueva especie inteligente examinen nuestros restos, y se pregunten: «teniendo la tecnología, ¿por qué no buscaron otros mundos donde pervivir?» Es una interesante pregunta. Sin ninguna duda.

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«Un mago de Terramar», fantasía de alta calidad

Hace unos meses un importante escritor de ciencia ficción declaró que esta, la ciencia ficción, es mejor que la fantasía, porque la ciencia ficción debe explicar científicamente lo que sucede, y la fantasía se puede inventar cualquier cosa.

Es una pena que la gente insista, una y otra vez, en decirnos qué es mejor o qué es peor en el mundo de la literatura y del arte en general. Lo mejor es aquello que nos motiva, que nos emociona, que nos lleva a otros mundos. Sea ciencia ficción, fantasía, poesía, pintura, cine, o lo que sea. Todo vale si emociona.

Yo hoy quisiera recomendar un grandísimo libro de literatura publicado por primera vez en 1968: «Un mago de Terramar», de la escritora Úrsula K. Le Guin. Pertenece a la saga «Historias de Terramar», un mundo imaginario lleno de islas, que explica la historia de un joven mago que inicia su andadura.

«Un mago de Terramar» fue un regalo que alguien especial me hizo hace muchos años, y sin duda acertó de pleno. Disfruté con una maravillosa historia llena de imaginación y apta para todas las edades. Si te gusta la fantasía, y no lo has leído, sin duda lo recomiendo. Creo que el lector disfrutará. Literatura de fantasía de una gran calidad, llena de amor y de vida.

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Extracto de «Las entrañas de Nidavellir»

Para el 1 de noviembre, un pequeño extracto de Deblar, personaje de «Las entrañas de Nidavellir». Creo que define lo que muchos pensamos sobre la vida, y las prioridades que asignamos a las cosas que creemos más importantes.

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Cuando cultura y ciencia son un producto

Hace un tiempo, por motivos diversos, contacté con varios escritores de distintos géneros literarios, ciencia ficción, aventuras, poesía, y a través de ellos he visto cómo el mundo de la literatura ha cambiado en los últimos cuarenta años, desde los tiempos en los ochenta cuando las editoriales eran empresas que recibían un manuscrito, lo aceptaban o rechazaban, y luego lo publicaban en caso de aceptar el texto.

Hoy en día, los escritores tienen que preocuparse de todo: de escribir lógicamente, pero también tienen que ser, en muchas ocasiones, sus propios editores, sus propios correctores, sus propios gestores, y sus propios publicistas. Al final, el escritor lo es como tal una pequeña parte de su tiempo. El resto de ese tiempo lo dedica a hacer cosas que antes hacían las editoriales. En cuanto a las editoriales, simplemente se han convertido, cada todas ellas, es simples imprentas, donde el escritor ha de pagar para que publiquen su libro.

¿Y en el mundo de la ciencia? ¿Qué ocurre con los científicos? Exactamente lo mismo. Tal como explica Peter Higgs, el descubridor del bosón de Higgs y premio Nobel de física en 2013, los jóvenes científicos se ven abocados a publicar constantemente artículos que de ciencia tienen poco, porque han de competir para obtener dinero para sus estudios, y cuando lo tienen, se ven forzados a realizar publicaciones constantes para demostrar que están invirtiendo ese dinero en productividad. ¿Productividad? La ciencia no puede ser productividad. La ciencia es investigación, que a veces tiene éxito, y la mayoría de las veces no la tiene.

Peter Higgs explica que él solo publicó cuatro artículos, y con ellos ha ganado el premio Nobel, en un clima, en los años sesenta, adecuado para que los científicos hicieran su trabajo de investigación durante años, incluso décadas. ¿Cómo se espera hacer investigación si hay que estar publicando constantemente? Esto es cualquier cosa menos ciencia.

Es un tema preocupante. Los creadores, escritores o científicos, y otras ramas del arte, la cultura y la ciencia, se ven abocados a convertirse en máquinas de producir, en publicistas, en una locura por ser el primero frente a una feroz y durísima competencia. Así no se puede crear nada; ni arte, ni cultura, ni ciencia. Y es una pena, porque la sociedad va a pagar, de forma muy dura, el perder esos principios básicos de concentración, disciplina por el trabajo, y búsqueda de nuevas fronteras. Hoy todo es correr y ser el primero, sin importar la calidad, solo la cantidad.

Esperemos que eso cambie en el futuro. Debemos construir sociedades basadas en el pensamiento, no en en el marketing, o nos veremos abocados a un desastre de consecuencias imprevisibles.

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Peter Higgs

Ya disponible Civilization VI

Suele decirse que los videojuegos son malos. Como casi todas las generalizaciones, esto es verdad solo a veces. Depende del juego, depende del uso, depende del tiempo de uso, y depende de la edad. He visto a mucha gente aprender mucho más con un videojuego que con años yendo al colegio. Si alguien desea un ejemplo de juego educativo, se lo voy a decir: la saga Civilization.

Acaba de ponerse a la venta Civilization VI, un juego de estrategia por turnos orientado a jóvenes desde los doce años y mayores que, como los anteriores, nos lleva a recorrer la historia de la humanidad, desde la “edad de piedra” hasta el futuro. Debemos elegir una nación, y desarrollarla a nivel cultural, social, político, religioso, y también militar por supuesto. Porque el mundo también es guerra, y otras naciones podrían declararnos la guerra, dependiendo de su líder.

¿Qué tiene Civilization de educativo? La lista de cosas es casi interminable. Este juego enseña a gestionar recursos, planificar el futuro, dirigir proyectos, proyectar ciudades, gestionar diplomacia, y tener en cuenta que las relaciones con otros no van a ser siempre agradables, pudiendo incluso entrar en guerra.

En este aspecto de la guerra, podemos hacer una sociedad que sea pacifista, avanzada científica y culturalmente, y amable con otras naciones. Pero ¿qué ocurre si alguna de esas otras naciones decide que hemos prosperado mucho, y que es hora de que se queden con nuestras ciudades, con nuestros recursos, con nuestro futuro? O hemos organizado un ejército moderno y de carácter defensivo, o perderemos la partida. También podemos ser nosotros los belicosos, y ver qué consecuencias tiene eso. No son agradables, eso seguro. Como la vida misma.

Civilization VI está recibiendo muy buenas críticas, y en algunas universidades de economía y de administración de empresas se usa para enseñar a los estudiantes sistemas y modelos de gestión que sean factibles y útiles para su futuro como profesionales en la gestión de empresas, gobiernos, y de su vida personal. Para eso, la saga Civilization es una herramienta imprescindible.

El juego está en español, y si le parece caro, puede optar por la versión anterior, Civilization V, que sigue siendo un juego genial y a muy buen precio actualmente. Y conste que yo no gano un euro con esto; solo soy un entusiasta desde hace veinte años, y espero seguirlo siendo lo que me queda en este mundo.