Vamos con otro de esos temas tan recurrentes entre las preguntas que se hacen los escritores, y que tiene que ver con la realización de una obra literaria, y, más concretamente, con la finalización de una obra literaria. La pregunta a hacerse es:
¿Cuándo debemos dejar de escribir, y por tanto dejar inacabada, una obra literaria que estamos confeccionando? ¿Qué mecanismos mentales y físicos nos dicen que es mejor dejar una obra de lado? Un tema complejo, que no tiene soluciones fáciles, y que requiere de algo muy básico: sinceridad y honestidad para con uno mismo. Vamos a verlo.
«Mensajero del Nastrond» se quedará para siempre inacabada y sin su segunda parte. Su papel lo tomó en cierto modo «Sandra. Orígenes».
Este es un fragmento de «Sandra: relatos perdidos. Tras los sucesos de «Las entrañas de Nidavellir» las cosas solo han seguido complicándose para Sandra, que debe huir y esconderse constantemente. En ese viaje sin final llega a Lyon, Francia, donde es recibida y acogida por la familia de su amiga Yvette Fontenot.
En ese hogar, oculta en el taller de carpintería de la familia, pasa su primera noche, cuando es invitada por el hijo del matrimonio y su pareja para una sesión de jazz. Sandra acepta, con cierta preocupación, pero debe dar una imagen de normalidad, y de que es una simple refugiada que trata de rehacer su vida…
Hoy vengo con otro tema polémico, que quizás me acarree algún que otro disgusto. Pero, una vez más, en La leyenda de Darwan se comentan temas y asuntos de todo tipo, sin miedo y sin preocupación por el que dirán.
Me refiero, por supuesto, al absurdo y agotador uso del «ellos/ellas», que tanto gusta a los políticos y grupos sociales para darse un aire de modernidad, sin saber que ellos, constantemente, están incumpliendo su propia normativa.
Porque la lengua no es sexista; y, mucho más importante: porque, cuando decimos «los gatos saltaban de la mesa», sí sí, los gatos, no estamos siendo sexistas con los gatos. Y cuando decimos «los niños jugaban en el campo» no estamos siendo sexistas. Cualquiera que haya estudiado los elementos básicos de lingüística lo sabe. ¿Lo sé yo? Después de ocho años casado con una filóloga puedo decir que, al menos, obtuve una buena cantidad de conocimientos sobre estos temas. Y puedo dar fe de ello. Vamos pues a hablar de este tema, y a demostrar que el sexismo no está en el lenguaje, sino en las personas.
Nota: aquí hablo del género y me centro en ese aspecto.
¿Son las palabras más fuertes que el mayor huracán del universo? ¿Puede una palabra, un comentario, una sonrisa, cambiar el mundo de una persona para siempre?
Puede. Y de esas experiencias nacen las letras. Las palabras, y los libros. Y un mar inmenso de sueños.
Recientemente recibí un correo de alguien del pasado. Unas palabras amables, unos cuantos recuerdos de los tiempos que fueron, y un comentario sobre el blog de La leyenda de Darwan. Con un detalle: una pequeña felicitación sobre uno de los relatos, en concreto el que publiqué recientemente sobre Alexa. Con unas palabras: «felicidades. Veo que sigues conservando tu estilo. No lo cambies nunca».
Y eso me llevó a una reflexión. Por un lado, a cómo pueden aparecer a veces voces del pasado, y esas voces traer a su vez un millón de sentimientos, de recuerdos, de emociones que fueron. Que se escondieron entre los recovecos de la mente, pero no desaparecieron. Al contrario, se camuflaron, preparadas para contraatacar de nuevo, a la menor oportunidad.
Nota: esta es la quinta parte del cuarto relato (5/4), que se incluirá junto a los tres anteriores, del libro “La Luz de Asynjur” (descarga gratuita). Este relato narra los hechos anteriores a “La insurrección de los Einherjar”, centrándose en la vida de Skadi, que ahora ya tiene veinticinco años, y es reina junto a su amado rey Njord.
Este relato de “La maldición de Freyr” tiene un tono algo más adulto, es más extenso, y deja de lado el formato relato puro adentrándose en la novela corta. El texto conecta ya de lleno con el estilo del posterior libro en dos partes de “La insurrección de los Einherjar”.
El texto final constará de seis partes, y narrará la historia de Skadi, que con veinticinco años se ve envuelta en una conspiración, con un rumor que implica una maldición a su hijo Freyr.
Cada relato del libro es independiente, y juntos conforman el origen de Skadi, y su destino como princesa y reina del Reino del Sur. Muchas gracias.
Este texto está pensado para poner un punto positivo y de esperanza para todos aquellos que, como yo, no hemos tenido toda la suerte que hubiésemos querido con las letras. Sí, hemos escrito, hemos publicado. Y el mundo ha pasado rápidamente por nuestra puerta sin ni siquiera detenerse un instante a mirar. En mi caso, en la recta final de mi vida, me queda el placer de haber creado una obra que no se conoce, pero que es mía, personal, y original. Es mi legado. Y creo que tengo derecho a sentirme orgulloso de mi trabajo. Luego el lector dirá la última palabra, como ha de ser.
Hay mucha gente joven subiendo con muchas ilusiones, y veo demasiadas decepciones. Eso me duele, y no quiero que ocurra. Por eso, traigo una receta para la frustración. No es milagrosa. Pero puede ayudar.
Los años sesenta supusieron una revolución en la música como no se había visto desde la llegada de Mozart al panorama de la composición. Pero, a finales de aquella década, los modelos y patrones para nuevos sonidos se habían agotado. Bajo, batería, guitarra, piano, y órgano (el famoso Hammond, wah wah wah…), eran ya demasiado recurrentes. Algo de trompeta, de saxo, o trombón por supuesto, en el jazz y otras corrientes. Pero el sonido en el rock no acostumbraba a tener viento metal.
Sin embargo, en aquellos años aparecía una nueva dimensión del sonido, propulsada por la llegada de la electrónica. La analógica por supuesto. Lo digital aún quedaba lejos. Con esa tecnología se construyeron los primeros sintetizadores, instrumentos programables con cables conectados a placas para crear sonidos increíbles, profundos y espesos.
Pero esos teclados eran carísimos y pesados. Solo unos pocos podían permitírselo. Así que, visto el panorama, a alguien se le ocurrió una brillante idea: crear un teclado sintetizador bueno, bonito, barato, y portátil, capaz de ir a conciertos. ¿Estás loco amigo? le dijeron. A ese hombre, un tal Robert Moog, no le preocupaban las críticas. Se puso manos a la obra, y creó el Minimoog. El primer sintetizador con un precio accesible.
El Minimoog original, una maravilla de los setenta.
La frase de la semana de hoy pertenece a Isabel Allende, que creo no necesita presentación. Escritora chilena de gran renombre, tuve el placer de que me firmara un libro en un centro comercial en el verano de 1997. Ella desprendía una poderosa fuerza, tan grande e inmensa que me dejó completamente paralizado. Ella se dio cuenta, aunque nunca supe si se dio cuenta de mi asombro y maravilla por estar ante ella, o pensaba que era alguno de esos muchos locos que andan sueltos por el mundo. Probablemente yo fuese un poco de ambas cosas.
Tras el éxito del artículo del P-51D Mustang, constatado por el hecho añadido de que fuera comentado en Meneame.net, he pensado complementar aquel artículo con un sencillo vídeo de la puesta en marcha y despegue del avión.
En este vídeo lo que quiero destacar son las importantes diferencias que hay con respecto a cualquier avión actual. Aquellos aviones, poderosos y enérgicos, de hecho estaban completamente sobrepotenciados para su peso, lo cual era lógico porque se quería obtener la mayor velocidad y prestaciones posibles. Además, el uso del motor era muy delicado, y una mala gestión terminaba con el motor ardiendo completamente.
También era muy delicado el «torque», esto es, la tendencia de los aviones monomotor de la época de desplazarse hacia el lado contrario de la dirección de la hélice. Esto se entiende por el principio de acción-reacción de Newton, por el cual la hélice, al girar hacia un lado, provoca que el avión se desplace al lado contrario. Actualmente esto se arregla con diseños modernos que compensan ese par de la hélice.
Agradecer a todos los lectores el interés mostrado en este vídeo, y confesarles que yo me siento encantado de ello, porque la aviación siempre ha sido una pasión para mí. Dentro de poco publicaré un artículo sobre cómo profesionalizarse en el mundo de los pilotos de líneas aéreas.
Mientras tanto, les dejo con el vídeo. Muchas gracias.
Para celebrar los mil artículos publicados en el blog, la primera acción es poner durante unos días la obra «La insurrección de los Einherjar I: El manto de Odín» totalmente gratis en Amazon. Recordemos que estos dos libros son la continuación de «La Luz de Asynjur», conjunto de cuatro relatos, de los cuales el cuarto está cerca de ser terminado. Recordemos que «La Luz de Asynjur» se puede descargar gratis siempre desde este enlace.
«La insurrección de los Einherjar» transcurre años después, cuando Freyr es ya un adolescente, y se va a presentar como el que unificará los dos reinos, para de este modo acabar con las eternas disputas, crisis y guerras habidas durante generaciones. Pero los dioses pueden ser quienes elijan, mas los hombres no siempre están deseosos de cumplir los presagios de esos dioses.
Estos dos libros tendrán luego continuación, junto a la trilogía de «La leyenda de Darwan», en el libro final «La leyenda de Darwan IV: Idafeld», donde ambas historias convergen, con resultados inesperados. Pero eso, como suele decirse, es otra historia.
En este fragmento, única parte anterior a «La Luz de Asynjur», se narra el momento en el que Freyr es un recién nacido, y la diosa Atenea, la de los ojos claros, bendice al niño, para que sea fuerte y justo en el futuro que le espera, como rey, y como futura promesa de la humanidad…
Atenea bendice a Freyr, hijo recién nacido de Skadi y Njord
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