Nueva Zelanda. Finales del siglo XXVII. Algo increíble ha sucedido, y la propia diosa Atenea ha anunciado una buena nueva que ha de llegar, y que asegurará la paz entre los Reinos del Norte y del Sur. el rey Njord viaja con el joven príncipe Freyr camino del templo situado en las faldas del Monte Sagrado Aoraki…
Este es un fragmento del primer volumen de «La insurrección de los Einherjar».
Njord llevó a Freyr al galope, hasta que éste se quejó débilmente.
—Padre, necesito que nos detengamos. ¡Estos caballos nunca se cansan!
—Sí se cansan —comentó Njord mientras disminuían la velocidad y seguían al trote—. Pero son más duros que un joven guerrero como tú —afirmó mientras miraba sonriente a Freyr. Y añadió:
—Vamos a parar a refrescarnos en una posada cercana. El posadero es amigo mío desde la juventud, y es hombre de mi plena confianza.
Njord y Freyr se dirigieron a la posada. El rey Njord sabía que allí podrían sentirse tranquilos un rato, ya que era segura y discreta. Además, quería saludar al posadero. Luego seguirían la marcha.










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