Hay libros que nacen por necesidad. Otros nacen por casualidad. Y otros surgen como un simple complemento a un proyecto principal, al cual preteden dar más amplitud. Este es el caso de «Mensajero del Nastrond«, que existe porque estaba integrado dentro de un proyecto informático para un videojuego. Curiosamente, el videojuego pasó a mejor vida, quedando en un proyecto terminado pero abandonado por razones diversas, mientras que el libro, aunque renqueante y no sin muchos problemas, siguió adelante, tomando forma y su propio camino.
La historia que explica ese libro fue cambiando en consonancia con los cambios en el proyecto informático, de tal forma que el motivo de su existencia dejó de tener sentido, por lo que el libro tomó su propio camino. Y, como suele ocurrir tantas veces, cuando un proyecto se libera, y toma su propia personalidad, es cuando se desarrolla en consonancia de forma sólida y segura. «Mensajero del Nastrond» se encuentra en ese espacio.
Hoy, como llega un nuevo miércoles musical, y estamos a punto de entrar en la Navidad, iba a poner una canción ambientada en la temática. Pero me he dicho que para qué voy a hacerlo, si soy un simple ateo, con una reserva hotelera en una de las mejores habitaciones de los fuegos del infierno. Así que he traído un tema de una mujer que me recuerda, en ciertos aspectos clave, a alguien que supo sacarme de otro infierno: el que vivía en vida tras un fracaso amoroso que marcó una parte importante de mi vida.
El amor es algo complicado. Y complejo. Y para volverse loco. Pero no podemos dejar de amar, como no podemos dejar de respirar. Porque si dejamos de respirar, muere el cuerpo. Pero si dejamos de amar, lo que muere es el alma, y entonces el cuerpo no es más que una funda vacía que camina sin sentido por la vida.
¿Había hablado alguna vez de Sheryl Crow en estos miércoles musicales? Claro que sí. Y lo que me queda. Al fin y al cabo, Sheryl es la música que me acompaña en los mejores momentos de mi vida, que no son muchos, y en los peores, que son más frecuentes, pero lo son menos cuando conecto el iPod y ella empieza a sonar por los auriculares.
Si en otras ocasiones he descubierto a la Sheryl dura, la guerrera, la fortaleza, la que demuestra el poder, hoy traigo a la Sheryl dulce, serena, blanca, eterna. Es tal su poder de poder convocar la tormenta en una canción, y luego la calma y la brisa fresca en otra, que no me explico cómo puede conseguirlo. Supongo que los dioses a veces no tienen escrúpulos en dotar a un ser humano de sus poderes y su templanza.
Pero lo consigue. Consigue pasar desde la noche eterna hasta la luz infinita con una sola mirada. Y solo los grandes artistas son capaces de lidiar con los demonios de la noche un día, y con los ángeles de la mañana después.
Esa es Sheryl Crow. La luz de la música hecha voz. Y no diré más, porque no hay palabras para describirla. Dejemos que sea ella la que hable del amor. Porque ella es, ante todo amor.
El antropomorfismo es el hábito del ser humano de dotar de capacidades humanas, sean físicas o psicológicas, a entidades que no son humanas, y que disponen de sus propias pautas de comportamiento y desarrollo. El ejemplo más habitual se da con las mascotas. Por ejemplo, la tendencia de los veganos a dar solo vegetales a los animales es algo que se podría considerar maltrato animal, ya que los perros, y los gatos, son carnívoros, y pretender que sean veganos es como pretender que un tigre haga amistad con una cebra y se vayan de fin de semana al campo.
La naturaleza es como es, pero el ser humano pretende cambiarla y adaptarla a sus creencias, y además dice que eso es estar en comunión con la naturaleza. Eso es evidentemente falso. La naturaleza es brutal y no contempla ningún tipo de moral humana, y convertir a los animales en meras réplicas del comportamiento humano es una muestra de las muchas limitaciones de la moral y el comportamiento humanos, que se considera un ser avanzado, cuando no es más que un conjunto de reglas morales y éticas que cambian con los años y los siglos, y que nada tienen que ver con el universo y su naturaleza.
Hoy, miércoles musical, me va a permitir el lector que me ponga un tanto nostálgico y melancólico, y espero que me perdonen. El caso es que hoy me han dado una sorpresa en forma de esas fotos traidoras del pasado, que aparecen después de décadas, y despiden miles de recuerdos del pasado. Muchos recuerdos y miles de sentimientos. Pero termino esta entrada con música de calidad, así que espero que esta entrada, después de todo, tenga algún valor añadido.
Hoy traigo una foto que me ha hecho mucha ilusión ver después de tantos siglos. Se trata de una imagen que tenía mi hermano (qué diablos hace mi hermano con esta foto), y que corresponde a un concierto que dimos en el instituto donde estudiaba. En aquella época aún tocaba con mi primer bajo eléctrico, que tengo todavía guardado en su funda, y cuya calidad y sonido no eran precisamente los mejores del mundo. Pero era el primero, y para mí era un sueño poder siquiera tenerlo.
¿Cómo se llamaba ese grupo? Tuve el honor de ponerle el nombre. Ahí es donde les voy a pedir que se sienten, respiren hondo, y comprendan la edad que tenía. El grupo se llamaba SS-20. Por supuesto, la «SS» no tiene nada que ver con la infame organización nazi. No. SS-20 era el nombre de unos misiles de alcance medio soviéticos que apuntaban a distintas ciudades de Europa, entre ellas una ciudad que se encontraba muy cerca de donde yo vivía.
Concierto en el instituto, yo soy el del colgante y el chalequito
Miércoles, y música. Estaba dándole vueltas a varias piezas musicales que podía incluir en esta entrada, cuando me dije a mí mismo: «¿y por qué no pongo algo propio?» No se trata de agobiar al lector con mi trabajo por supuesto, pero pienso que no hago daño a nadie si una vez cada tanto pongo alguna pieza musical personal.
Así que me he atrevido a traer a este miércoles musical esta pieza inspirada en uno de los personajes de la trilogía de «La leyenda de Darwan». Concretamente el personaje es Yolande Le Brun, una mujer de treinta y tantos originaria de Amiens, Francia, donde llevaba una vida tranquila como profesora de inglés. Luego, bueno, su vida se complica, tal como se narra en los libros. Por cierto, Yolande tendrá un papel importante en el Libro XIII «Idafel».
En esta pieza trato de traer los recuerdos de Yolande sobre su querida Amiens, ciudad a la que añora y a la que querría volver con toda su alma junto a su familia. Pero es imposible, por las circunstancias que se explican en la trilogía.
La pieza está compuesta de forma casera, utilizando programas sencillos y accesibles para la composición musical, además de mi guitarra. Obviamente eso se nota en la calidad del sonido, que es la que se puede conseguir con medios baratos. Pero los medios escasos se suplen con imaginación y entusiasmo.
Mapa de un momento narrado en el libro III «Los dientes de Fenrir», en el que Yolande Le Brun tendrá un papel crítico
Miércoles, o sea, música. Vamos a hundirnos un poco en el mundo de lo real, al estilo Matrix.
Los ambientes degradantes, llenos de personajes perdidos, de seres fracasados, de almas arrojadas del Paraíso, han sido siempre mis lugares preferidos. Siempre me he inspirado en esos mundos para escribir, y siempre he creído que de esos ambientes nacen obras increíbles y que perdurarán para siempre. Un ejemplo de la literatura: Edgar Allan Poe. Otro del cine: Blade Runner.
Es en esos ambientes decadentes del mundo real donde siempre he encontrado la humanidad auténtica, los sentimientos reales, la amistad real, el amor real, y por supuesto, el odio y la ira más auténticos. Es en esos ambientes donde he podido saborear lo mejor y lo peor que puede aportar un ser humano a su existencia. Y en donde he aprendido a sobrevivir a la vida, y a mí mismo.
Son los otros escenarios, los del glamour, los de la alfombra roja, los de los aplausos, llenos de sonrisas blancas y perfectas, rostros inmaculados, y luces de cristal, son esos los que siempre he querido evitar, porque en ellos solo he encontrado hipocresía, frialdad, y una total falta de empatía. Seres vivos que lo están porque no saben que están muertos en vida.
Dos cosas me asombran de los americanos (estadounidenses): su falta del sentido del ridículo, y su capacidad para montar shows impresionantes, para bien o para mal, pero siempre increíbles. Y lo digo con el mayor de los respetos y admiración.
En cuanto al sentido del ridículo, últimamente por motivos de trabajo vuelvo a tener contacto con estadounidenses, y todos los correos son ¡Wow! ¡Yeah! ¡Genial! ¡A tope! ¡Increíble! ‘Me encanta! ¡Alucinante! Si no escribes alguna de estas palabras cada dos líneas creen que estás deprimido, o que no merece la pena mantener una conversación contigo.
Solo hay que ver cómo son los empresarios americanos, que muchas veces parecen más estrellas del rock, ahí está el propio Elon Musk, que en realidad es un inmigrante, ¿lo sabía usted, señor Donald Trump? que ha creado miles de puestos de trabajo. Montan espectáculos llenos de luces, colores, y todo tipo de parafernalia. Si no pasan unos cuantos cazas de combate por encima durante el show aquello parece que no funciona.
En esa línea, cuando Hillary Clinton se presentó a presidenta por primera vez, compitiendo con Obama, eligió una canción de la cantante canadiense Shania Twain titulada «Rock this country» (algo así como «enróllate con tu país»), una canción destinada a entusiasmar a los oyentes por el amor a Estados Unidos. Shania Twain cedió los derechos de la canción a Hillary Clinton, aunque al parecer no sirvió de mucho. Siendo como es canadiense, sin embargo se hace claro que su estilo es cien por cien estadounidense.
Shania Twain es la única cantante femenina con tres discos de diamante en Estados Unidos, y segunda cantante con más discos vendidos tras Celine Dion. Sin duda un éxito impresionante, en una carrera en la que prima el espectáculo visual y la fuerza sonora sobre todo.
Hoy me ha parecido interesante traer «Rock this country» y ver cómo la gente disfruta de estos espectáculos impresionantes que montan los americanos en sus shows. Se les puede criticar lo que se quiera, pero a la hora de hacer saltar a la gente de sus sillas no tienen parangón, y Shania Twain es sin duda una muestra evidente de ello.
Una música muy alejada de mi querida Sheryl Crow, pero no niego que en un directo con esta música hasta yo sería capaz de contagiarme de ese entusiasmo, e incluso hasta podría llegar a sonreír. Sin duda, un show cien por cien «country», como la música de Shania Twain. Directo y al corazón, de eso no cabe ninguna duda.
Tal como comenté en la anterior entrada, donde explico los objetivos y naturaleza del Proyecto Hipatia, traigo aquí el primer vídeo con la presentación de los objetivos de esta idea, y en donde se detallan los aspectos generales del proyecto. Podemos ver al comienzo la Estación Espacial Lorine, donde se encuentra la Sala Hipatia, lugar principal donde se darán las conferencias, aunque habrá otros escenarios, donde se van a comentar las diferentes ramas de la ciencia, el arte y las humanidades que se van a tratar.
También conocemos en este vídeo a Sandra, que en la sala se encuentra de pie, a mi derecha. Ella colabora gustosamente, siempre que su perfil en las presentaciones sea bajo, no en vano es un androide de infiltración, y no gusta de protagonismo. Pero si nueve de los libros de la Saga Aesir-Vanir la tienen a ella como protagonista, creo que su presencia está más que justificada.
Es miércoles, y esta entrada, que era para la semana pasada, quedó a la espera de mejor momento. Ahí va.
Lo cierto es que Sheryl Crow puede darnos conciertos intimistas, suaves, de aquellos que notas cómo respiras el mismo aire que los músicos, en un ambiente cercano. Y luego, de pronto, Sheryl nos trae conciertos multitudinarios, llenos de luces y de fuerza. Espectáculo puro para miles de entusiastas que disfrutan en las sombras del poder de su música. Uno sale de este tipo de conciertos multitudinarios caminando sobre las nubes, y esa noche no toca dormir, toca irse con los amigos a un pub, a terminar la velada jugando al billar, hasta ver el Sol amanecer. Qué noches aquellas en las que no pisaba mi cuarto y me iba a trabajar directamente, para escándalo de mi madre.
Bueno, que me estoy desviando. El tema que traigo, «You’re an original» (Eres muy original), nos trae la esencia más pura de Sheryl Crow, con su sonido más clásico, pura fuerza y energía. El tema tiene un elemento fundamental, que es el rift de la guitarra, acompañado por el bajo, que se va repitiendo hasta llegar a los chorus. Ese rift dota al tema de una verdadera personalidad, siendo como parece muy sencillo, pero, como siempre, lo aparentemente sencillo guarda un secreto, que es la implicación que el oyente tiene nada más comenzar los primeros compases.
Un diez para el montaje del vídeo, muy adecuado, y muy bueno para ir contemplando detalles de los músicos, bien combinados con los planos generales. Rock del puro, del de ayer, del de hoy, del de siempre. Solo los grandes músicos saben hacer grande el directo. Y Sheryl reina como nadie en el directo.
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