Ay, qué bonito es el amor. Al principio. Luego, bueno, puede pasar cualquier cosa. Sí, hay relaciones que duran años. Algunas veces. En algunos universos paralelos a este mundo de caos y odios diversos. El amor es una promesa de futuro que se suele romper cuando ese futuro se hace presente.
Pero no quiero ser pesimista. En este miércoles musical solo quiero traer una canción de Phil Collins, y un tema: el de esos amores traidores que nos abandonaron, o que abandonamos, y cuyas despedidas estaban trufadas de frases de dolor y castigo como “nunca más volveré a pensar en ti”, o también “no eres nada para mí”. Por no hablar de aquella tan recurrente y recurrida: “ya te he olvidado”.
Hola madres. Hoy voy a por vosotras, ¡ja ja! Me vengaré por todas esas verduras que me hicisteis comer cuando yo quería tortilla de patatas. A por todas las que decís «qué sabrás tú lo que es criar un hijo si no has tenido ninguno». Es cierto; no he tenido hijos. Pero eso no significa que no pueda hablar de ellos. Al contrario; en muchos aspectos, puedo ser más objetivo, al ver el problema desde fuera.
Decir «no puedes hablar de tener hijos porque no los tienes» es como decirle a un médico que nunca podrá hablar de la muerte porque nunca ha estado muerto, o a un historiador decirle que nunca podrá hablar de la batalla de Maratón porque nunca estuvo allí, o a un físico hablar de lo que es la gravedad cero porque nunca ha estado en el espacio. Naturalmente que puedo hablar de hijos. Llevo más de ochocientos artículos en La leyenda de Darwan hablando de todo un poco, así que hoy toca hablar de niños, y de adolescentes, que son niños crecidos, en tamaño, y en la capacidad de generar problemas.
Vivimos un mundo de rapidez e inmediatez. El mundo parece haberse puesto de acuerdo en que se ha de consumir todo tipo de productos, sean alimentos, ideas, y actividades, de una forma rápida y constante. La noticia que tiene veinticuatro horas es antigua. La que tiene una semana es historia. La que tiene un mes, es prehistoria. Rápido, rápido, la nueva tendencia, la última idea absurda, la última película o libro, que son superados por veinte películas o libros a la semana siguiente.
Las novedades literarias en papel tienen una vida de quince días. Los nuevos temas musicales duran un mes como máximo. La gran idea que cambiará el mundo y con la que abren todos los periódicos es obsoleta en una semana. Cualquier artículo de un blog dura entre veinticuatro y cuarenta y ocho horas como referente. Luego pasa al cajón del olvido para siempre. Muchos son los que ven películas o escuchan podcasts a velocidades superiores para poder ver más contenido en menos tiempo. Los individuos son viejos a los treinta y cinco años, y a los cincuenta son dinosaurios. La civilización actual vive en un presente continuo, donde el pasado no solo no importa; se desprecia constantemente por antiguo y obsoleto.
Dioses y faraones inmortales, enterrados en las arenas para siempre
Se aproxima el final de la saga Aesir-Vanir. Y, aunque podría darse la circunstancia de que escribiese un libro más, sin duda la saga va a contener, finalmente, catorce libros. ¿No eran trece? Sí, pero de nuevo me veo desbordado por las circunstancias, tal como comento a continuación.
Ciertamente, debo decir que últimamente estaba clavado con un problema con la saga. Resulta que «Mensajero del Nastrond» iba a ser una historia más que iría incluida en el libro XII: «Sandra: relatos perdidos». Pero el libro ha ido creciendo hasta un punto en que he decidido convertirlo en un volumen propio. Un libro aparte, que formará parte de la saga Aesir-Vanir por derecho propio. Es lo que ocurre cuando se quiere escribir un pequeño relato, y se termina con una novela completa, o, en este caso, un relato con tintes de novela negra y ciencia ficción. Para bien o para mal, cuando se trata de escribir no tengo freno. Luego juzgará el lector si eso es bueno o es malo, al menos en mi caso.
El jueves 11 de octubre de 2018 se estrena en España «First Man» (Primer hombre), película que trata sobre la llegada del hombre a la Luna, la carrera espacial de los años sesenta, centrándose sobre todo en el primer hombre que pisó la Luna: Neil Armstrong. Evidentemente allí estaré yo para ver la película, con mi vaso de plástico de tres litros de Cocacola, dos kilos de palomitas, y una sonrisa infantil de niño ilusionado. La verdad es que hacía tiempo que no tenía tantas ganas de ir al cine.
Veremos si la película llega al nivel de la maravillosa «Apollo XIII», película que narra la misión a la Luna que estuvo a punto de fracasar, y que, como dijo el director del Centro Espacial de la NASA, «fue nuestro mejor fracaso», en el sentido de que la misión fue terriblemente mal, pero donde se salvaron la vida de los tres astronautas gracias a la pericia de los miles de ingenieros en tierra, y de los tres astronautas de la misión. Ahora mande usted a un turista a la Luna para que haya un problema, como pretende Elon Musk (insisto: un turista, sin tripulación). Las cosas no son tan sencillas señor Musk; en el espacio nadie puede oír tus gritos, y mucho menos los insultos del turista si algo se tuerce. No llame al 911 si se queda en la Luna; no han abierto servicio allá todavía.
Nota: una de las peculiaridades de los blogs es que los autores de los mismos no tenemos que tamizar las palabras, ni intentar quedar bien con nadie. Las palabras surgen espontáneas, y se vuelcan en el papel como se sienten. Y uno de mis objetivos es denunciar los hechos como yo los veo. Sin duda, habrá muchos matices que destacar. Pero cuando veo cómo crecen ciertas actitudes e ideas extremistas y represivas de nuevo en el mundo, me preocupo. Y me preocupo mucho. Porque la caja de Pandora puede abrirse fácilmente. Pero luego cerrarla cuesta muchos años, mucho dolor, vidas, y muerte.
Hoy quisiera dejar de lado el humor, la música, e incluso las letras. Y traer aquí una reflexión. Que no será fácil. Ni cómoda. Ni será trending topic en la redes. Pero que es importante no olvidar. Es importante recordar el pasado doloroso. Porque las risas del hoy serán el llanto del mañana si no hacemos algo pronto.
Vivimos tiempos difíciles. Los rumores de un nuevo fascismo recorren Europa y el mundo. Por todas partes de nuevo se alzan voces proclamando la supremacía de las razas superiores, destinadas a controlar el mundo frente a los pueblos inferiores, que deben ser sometidos, perseguidos, torturados, devueltos a sus países, para que sigan siendo bombardeados. El Ángel de la Muerte sonríe de nuevo. Y la humanidad se acerca de nuevo al abismo.
Toda civilización y toda era de luz tiene su némesis. Los abuelos y los padres que vivieron la guerra civil y la segunda guerra mundial han muerto, y las nuevas generaciones no conocen del dolor de la guerra, del hambre, del sufrimiento, y de la miseria. Los pueblos de occidente han vivido en los restos de la sangre que muchos hombres y mujeres tuvieron que derramar para conseguir una paz precaria, difícil, compleja. Pero real y tangible. Ahora esa precaria paz, ese complejo equilibrio, empieza de nuevo a resquebrajarse. Y observamos cómo las banderas orgullosas de antiguos poderes absolutos se alzan de nuevo, proclamando las mismas premisas que se gritaron y se cantaron en Nuremberg durante los años treinta del siglo XX.
En otro miércoles musical hablaba de la radio y de su magia, y precisamente el tema que traigo hoy aquí se titula «Radio». Es una composición de la banda musical The Corrs, un grupo compuesto por cuatro hermanos originarios de Irlanda. Su gran secreto: cómo saben mezclar con total fluidez la música moderna, de un estilo suave pop con gotas de rock, con el sonido clásico de la música celta propia de su tierra.
Pero esta pieza que traigo aquí tiene otro secreto: es un «unplugged», que se podría traducir literalmente como «desconectado». ¿Qué es un «unplugged»? En el mundo de la música moderna, se llama así a un concierto donde los músicos no utilizan la electrónica para nada. Ni guitarras eléctricas, ni teclados electrónicos, ni bajos eléctricos, ni nada parecido. La única electrónica es la de los micrófonos para poder grabar el sonido.
The Corrs, música moderna y celta en perfecta armonía
¿Cree que se publica mucho? ¿Sí? ¿Está seguro? Pues tiene usted razón.
Cada año se publican en el mundo aproximadamente 2.200.000 libros. Eso son algo más de 183.000 libros al mes, o 6.000 libros al día. De hecho, en un año se publica más material que en toda la historia de la humanidad, desde sus orígenes hasta mediados del siglo XIX. Obviamente no todo es ficción, pero si ponemos que ficción sea un 20%, eso son unos 1.200 libros al día. Siempre son cifras muy redondeadas claro, pero podemos hacernos una idea. En Amazon, en 2014 se publicaba un libro cada cinco minutos. Esto son 720 libros al día. Digamos que unos 250 son de ficción. Esto nos lleva a 7500 libros aproximadamente al mes de ficción en Amazon.
Y, sin embargo, seguimos escribiendo, y publicando libros. A pesar de ese manantial de literatura infinita. Es sin duda una locura. Es imposible mantener un ritmo así. Luego vemos cómo los libros bajan de precio, claro que bajan de precio. Muchos ya se regalan, y no se da dinero porque aún no hemos llegado a eso, pero poco falta.
¿Qué siente un lector ante algo así? Bueno, yo soy lector. Y lo que siento es perplejidad. Asombro. Confusión. Mareo. Y ganas de salir corriendo. Si me pongo en el papel de escritor, lo que siento es que mejor me hubiese dedicado a otra cosa. Pero no está todo dicho en este mundo de las letras. Ni mucho menos.
Cuando se produce el robo de datos de una computadora cuántica en una agencia de la Global Security Agency, Vasyl Pavlov es asignado para investigar un suceso que ha sido llevado a cabo empleando leyes físicas desconocidas. Pavlov es un hombre de mediana edad, y no es un investigador en asuntos de tecnología, ni un experto en software, ni tampoco le importa; Pavlov es un simple asesino pagado por el gobierno para tareas que nadie más quiere llevar a cabo. Pero alguien ha insistido en que sea él quien lleve a cabo la investigación, por motivos también desconocidos.
Pavlov tendrá asignada, muy a su pesar, a una compañera para llevar a cabo su trabajo. Una mujer que parece no llegar ni a los veinticinco años, y que insiste en que estará a su lado en todo momento como apoyo durante toda la misión. La tensión será enorme entre ellos, aunque pronto comprenderán que juntos pueden formar un equipo capaz de superar cualquier obstáculo al que se enfrenten. Aunque tengan que pagar un alto precio por ello.
Hoy voy a hablar de Dios y blasfemos, y de esa relación que llevan ambos manteniendo desde hace milenios. Una relación por la que el Primero ataca a los segundos en su nombre, usando para ello por supuesto a sus representantes. Acciones contra los blasfemos en nombre de Dios, para que purguen sus pecados en la Tierra.
De vez en cuando vemos a personas e instituciones poner demandas civiles, o penales, en relación a terceros que han menospreciado una religión concreta, y han insultado sus costumbres o a sus dioses. En otros países, es el mismo estado el que castiga a los «blasfemos», es decir, a aquellos que atacan verbalmente los conceptos que se consideran sagrados y divinos, y que por ello no pueden ser criticados, menos aún menospreciados. Las penas pueden ser muy duras, incluso la muerte. Parece que a algunos dioses les gusta ver morir a quienes no creen en ellos. Me pregunto qué entidad todopoderosa y divina tiene la necesidad de que un simple mortal muera para satisfacer no sé qué sentimiento, que tiene muy poco de divino, y sí mucho de humano.
¿Quién se otorga el derecho de juzgar a otros en nombre de Dios?
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