Vamos con otra entrada de «Imposibles ficticios», donde revisamos material de ciencia ficción de calidad, indicando los detalles que hacen imposible, o poco probable, alguno de los aspectos que aparecen. Pero siempre siendo obras maestras que merecen la pena. En este caso hablamos de «La cosa», de John Carpenter (1982).
Vísceras, seres que reptan, cabezas que se abren, y de donde aparecen monstruos… Qué bonito, qué poético. Pero así es la realidad en la Antártida, cuando un grupo de investigadores estadounidenses de una estación científica reciben a un helicóptero escandinavo, que persigue a tiros a un perro, un precioso husky siberiano. Pero el husky es en realidad más peligroso que un submarino descapotable, y cuando te quieres dar cuenta te ha convertido en su merienda de media tarde.
Hubo un tiempo de libertad. Un tiempo donde el tiempo era nuestro. Donde nuestra palabra era nuestra, y era sagrada. Donde podíamos movernos sin miedo al ojo que todo lo ve, y al oído que todo lo oye. Donde no temíamos la mano que roba nuestros sueños, nuestros senderos, nuestra libertad.
Hubo un tiempo para soñar. Un tiempo para sentir que todo lo que quedaba atrás quedaba atrás, sin miedo de que apareciese frente a nosotros de nuevo. Un tiempo en el que podíamos cantar a las estrellas, y saludar desnudos al Sol del amanecer, sin miedo a sentir que éramos culpables de sentirnos felices, de que podíamos reír y bailar, sin pretensiones y sin cadenas, solo por el mero placer de gritar que, un día más, la eterna noche se ha roto con el primer rayo de la mañana, y hemos podido tomar esa mano amiga que nos acompaña, y juntos hemos saltado el último muro de la vergüenza, y hemos encontrado un nuevo hogar, donde poder construir una nueva senda. Donde poder sentir que rostros amigos celebraban nuestra llegada, y abríamos nuevos sueños juntos, sin miedo, sin importarnos nuestros colores, sin que nada importe, excepto el camino que recorremos juntos, para completar nuestras vidas con nuevas formas de trabajar la paz, el amor, el futuro, y el deseo de crear un mundo mejor. Un mundo de libertad.
Hubo un tiempo para crear. Para modelar una vida que ya no volverá más. Ahora esos muros son fríos, son enormes, son de acero y muerte. Ahora esos muros ya no se pueden saltar. Pero lo haremos. Saltaremos los muros que nos enfrentan a nuestro futuro. Que nos roban nuestros sueños de libertad. Y daremos al mundo un ejemplo de lo que es buscar la paz.
Hubo un tiempo de libertad. Ese tiempo pasado, volverá. Y nos verá sonriendo. Nos verán cantando de nuevo. De nuevo, un nuevo mundo para soñar. Y para aquellos que vendrán detrás. Por ellos cantamos de nuevo. Por ellos, los muros caerán.
Cuando escribo estas líneas Boris Johnson, que será el más incompetente de los primeros ministros de Reino Unido en toda su historia, se une al más incompetente presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. ¿Y qué puede pasar cuando los dos países de habla inglesa más importantes del mundo deciden dejar todo tipo de sentido común, y lanzarlo todo al populismo y la demagogia? Puede pasar de todo. Como decía Don Quijote: «Cosas raras viéredes, amigo Sancho».
El caso es que los británicos tomaron un petrolero iraní en Gibraltar, y ahora los iraníes, en represalia, han tomado un barco británico en el estrecho de Ormuz. Era evidente que iba a pasar, recordemos la cita: «ojo por ojo, diente por diente». Los británicos amenazan con represalias, mientras los iraníes se caen de la risa ante las bravatas del antiguo país que dominaba los mares de todo el mundo. Hoy solo tiene una fragata en esas aguas de Ormuz, que ya evitó un secuestro hace unos días, y ahora estaba a una hora para impedir este otro secuestro.
Después de que las risas de los iraníes se calmen, los británicos entienden que están solos. ¿De qué me suena esto? Ah, sí, de 1940 claro. Entonces también estaban solos, aunque las circunstancias fuesen muy distintas. Entonces no les quedó más remedio.
«NOTAM» es una abreviatura de «Note for Air Men» (Nota para pilotos), un antiguo acrónimo que se usaba para los pilotos en los aeropuertos y bases aéreas. Se me ha ocurrido usarlo aquí para apoyar a AlonaDeLark, una compañera bloguera que ha sufrido un plagio, que debe ser debidamente atendido.
AlonaDeLark escribe textos de carácter científico, basados sobre todo en el cerebro humano, pero también en aspectos como el comportamiento, nutrición, y otros, que son de una inmensa calidad. No en vano su blog crece constantemente, y tiene un número de seguidores que disfrutan de sus textos, y de la amenidad de su forma de escribir.
Rusa de origen y afincada en Perú, esta mujer, con una cultura sobresaliente, no merece ser plagiada por nadie. Pero claro, su trabajo es tentador, y gente inútil y sin escrúpulos creen que pueden robar impunemente su trabajo. No es así, y desde aquí, y desde otras plataformas, vamos a denunciar a ese plagiador, para que el mundo sepa que ese bloguero se dedica a robar el trabajo de otros.
Yo desde este modesto blog me siento feliz de poder apoyar su blog, y de denunciar el robo de su trabajo. Muchas gracias Alona por tu esfuerzo diario por traernos los mejores artículos. Todos haremos lo imposible por acabar con esa lacra de plagiadores, para impedir que te copien. Estamos contigo.
Este es un fragmento de «Idafeld», que conformará el libro XV de la saga Aesir-Vanir. A partir de ahora, me dedicaré a terminar esta última obra de la saga Aesir-Vanir, y pondré todo mi empeño en cerrar de la mejor forma posible los quince libros que conforman la saga.
La verdad es que se hace difícil poner una fecha de salida en este momento, pero pienso que un cálculo más o menos correcto lo llevaría a finales de este mismo año, 2019. De todas formas, por causas diversas no sé cuánto esfuerzo y tiempo podré dedicarle, y lo que no pienso hacer es publicar algo inacabado o sin que me convenza de forma razonable. El último juez es el lector, pero antes tiene que pasar mi propio filtro. Y espero ser un buen juez de mí mismo.
Tienen una introducción al libro y personajes, y al prólogo en este enlace. Muchas gracias.
En este 20 de julio de 2019, 50 años tras la llegada del ser humano a la Luna, comenzaré una nueva serie de «Entradas Breves». Porque no siempre es necesario escribir mil o dos mil palabras para describir algo. Al contrario, a veces es mejor ser breve.
Hoy me han preguntado en Twitter por qué hay que creer que la NASA llegara a la Luna.
Le he respondido:
Porque tendemos a creer que nuestra generación es la mejor. En aquellos tiempos se corrían riesgos, se invertía mucho dinero, se buscaban nuevas fronteras. Ahora todo eso está olvidado. Por eso no creemos que se llegara a la Luna: porque nosotros no seríamos capaces de hacerlo.
La última generación siempre se cree la mejor. La más avanzada. La más moderna. La más sofisticada. Sin darnos cuenta de que, en la historia de la humanidad, llegar el último no significa ser el mejor. De eso podrían hablar los últimos habitantes del Imperio Aqueménida, o del Imperio Egipcio, o del Imperio Romano. O de las polis griegas.
Transformar los sueños en metas realizables es difícil y complejo. Pero no imposible. Dedicación, esfuerzo, trabajo, recursos, y ganas de conseguir alcanzar metas. No todos llegaremos a la Luna.
Pero algunos sí lo harán. Y eso, ciertamente, es lo que realmente importa. Nuestros logros son los de todos. Unos ponen la mano, y otros se alzan sobre esa mano. Todos fueron necesarios para cumplir la meta. Y todos serán recordados.
Faltan unos meses para la presentación de «La leyenda de Darwan IV: Idafeld», la obra que culminará la saga Aesir-Vanir, que estará finalmente formada por quince libros, después de muchas ideas y muchas luchas internas conmigo mismo. De todas formas, es normal el caos, porque una obra viva es una obra caótica por naturaleza.
La historia de las dos ramas de la humanidad quedará entonces completamente cerrada, y podrá leerse en el orden recomendado, o bien en el orden que cada cual estime oportuno.
De todas formas, entiendo perfectamente que mucha gente no vaya a leer más de una obra o dos, por eso recomiendo siempre «Operación Folkvangr» como libro para conocer algunos de los aspectos principales de la saga. Es un libro ligero, corto, y dinámico, muy distinto a la trilogía de La leyenda de Darwan, mucho más densa y compleja. Claro que hay gente que precisamente prefiere esa mayor complejidad y profundidad que ofrece la trilogía. Usted elige.
Pero los quince libros, aunque son independientes entre sí, están fuertemente conectados. Existen infinitud de detalles que solo pueden verse y apreciarse si se leen todas las obras. Dicha tarea forma parte de la diversión de la lectura, y está hecho así a propósito, para hacerla más amena. Hay muchos enlaces entre las historias, y guiños, tanto en los textos como en las portadas. Puede que alguien, algún día, descubra esos detalles. O puede que no. Pero seguirán ahí, mientras existan los libros.
Portada final de «La leyenda IV: Idafeld» que sustituye a la anterior
Para terminar este asunto sobre el 50 aniversario del viaje a la Luna, dejo aquí una lista de algunos de los artículos más relevantes publicados sobre la Luna y el viaje espacial, y algún que otro relacionado con el viaje a las estrellas. Incluyendo los dos sobre el especial del aniversario. Muchas gracias.
Nota: hace dos años de mi pequeño accidente, que a punto estuvo de llevárseme al otro barrio. Afortunadamente tengo la cabeza muy dura. Alguien me ha asegurado que me salvó la Virgen del Carmen (16 de julio). No sé si fue ella, pero, si lo fue, que sepa que tiene una cerveza pagada cuando quiera. Fin de la nota.
Vamos ya con la segunda parte de este especial del viaje a la Luna, en el 50 aniversario de la llegada de la NASA a nuestro satélite natural. Para quienes estén interesados, en este enlace se encuentra la primera parte.
El veinte de julio de 1969 la antigua Unión Soviética (URSS) perdió una carrera tremendamente costosa en términos materiales, de recursos, de tiempo, y también humanos, en pos de la llegada a la Luna. En un cara a cara donde se jugaba el prestigio de las dos potencias mundiales del momento, los Estados Unidos fueron los primeros en llegar a la Luna, y los rusos tuvieron que reconocerlo, admitir su derrota, y detener la que, por entonces, ya era una carrera a la Luna llena de dificultades y problemas.
¿Qué tiene de especial esta foto? Que toda la humanidad aparece en la misma. Toda, excepto Michael Collins, el piloto del módulo de mando del Apolo XI, que es quien hizo la foto.
Voy a preparar dos artículos en relación al 50 aniversario de la llegada a la Luna. Un acontecimiento que, lejos de ser una fantasía, pude seguir en directo, y que recuerdo perfectamente como si fuese ayer. Diez mil empresas, y cien mil personas, estuvieron implicadas en aquel gigantesco proyecto, en el que se competía frente a la Unión Soviética por llegar a la Luna.
¿Por qué no se volvió? Porque los grandes proyectos controlados por políticos, y no por la ciencia, tienen como finalidad dar golpes de poder en la mesa, no crear ciencia y progreso. Y porque aquellos vuelos tenían el 50% de salir mal, como ya expliqué en su momento.
En esta primera parte quiero hablar de los ignorantes diplomados. Gente con formación que creen que tienen conocimientos de su entorno, y, en realidad, no saben nada. Gentes cuya manipulación es sencilla, directa, y tremendamente efectiva. Cualquier mentira es reconocida como real de inmediato. Cualquier hecho relevante ignorado y vilipendiado. E incluso se burlan del mundo. En su ignorancia se sienten superiores a los demás. Recordemos la frase:
«La ignorancia es atrevida».
Lo cierto es que sí se llegó a la Luna. Y, como le dije a alguien hace poco, «si te llevaran allá y te mostrasen los restos, seguirías sin creerlo, porque eso rompería tus creencias absurdas e irracionales».
Si usted dice que la foto es falsa porque no se ven las estrellas, estudie «apertura del diafragma y exposición» en un manual de fotografía, o consulte a un fotógrafo. Si usted dice que es falsa porque la bandera ondea, piense que se dejaron la puerta abierta en el set de cine y hacía mucho viento aquel día, y no se dieron cuenta de cerrar la puerta. Tanto esfuerzo por engañarnos y se descubren por una corriente de aire. Menos mal que nosotros estamos aquí para descubrir sus mentiras
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